TRABAJO – WORKAHOLIC. Una novela sobre la libertad y la esclavitud

Habrá que estar atento. La autora parece tener una cabeza ricamente amueblada. JS

Natalia Gauna, escritora:

Workaholic: “En alguna medida, somos lo que hacemos”

 

POR PABLO E. CHACÓN / TÉLAM

En Workaholic o la rebelión de los mediocres, la escritora y periodista Natalia Gauna arma una ficción donde la rutina de las tareas que se cumplen avanzan corroyendo el carácter de los protagonistas que cultivan algún ideal de libertad que para cumplirse deberá exceder el esfuerzo cotidiano en el que han acomodado su confort.
El libro, publicado por la editorial Milena Caserola, supone una petición de principio sobre la alienación laboral a la que el mundo formal de la burocracia hace de palanca central. Gauna nació el 17 de octubre de 1985 en Tres Arroyos. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y es técnica superior en Artes de Teatro. Ha trabajado en las revistas culturales Tónica y Alrededores. Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : ¿En qué ambiente situaste la novela, y por qué ese subtítulo?

NG : La novela se sitúa en una oficina administrativa de una clínica. La protagonista narra cada una de las tareas que tiene que realizar a diario y que la van sumiendo en una decepción constante. El trabajo rutinario la degrada, siente que el tiempo pasa, nada cambia y teme morir ahí, varias situaciones se desencadenan que la llevan a pensar esto. Nada de lo que le sucede a este personaje está lejos de lo que nos pasa a cada uno de nosotros, que trabajamos y que muchas veces detestamos el mundo laboral que nos convierte en seres de oficina con vidas monótonas y sueños por cumplir -algún día. Por eso, Workaholic puede transcurrir en cualquier oficina de cualquier empresa o institución. Sea donde sea, el ambiente es el laboral en cualquiera de sus formas. Workaholic o la rebelión de los mediocres es un título extraño y casi contradictorio. Creo que por eso es interesante. Al menos para mí, claro. En una conversación con el editor de Milena Caserola, Matías Reck, surgió el título. Workaholic no tiene una acepción tan exacta en castellano ya que es algo más que un adicto al trabajo. De hecho la definición en inglés dice que workaholism is not the same as working hard y eso creo que define la novela. A su vez, el subtítulo es todavía más contradictorio. La verdad, me vino a la mente una noche antes de dormir y pensé: Si mañana lo recuerdo es que ése es el subtítulo de la novela. Me acordé y ahí está.  ¿Cómo nos rebelamos al deber de trabajar? ¿Cómo lo hace la protagonista de mi libro? Ella intenta romper con el mandato, con la obligación de tener que trabajar. Lo intenta tanto que cree lograrlo. La rebelión está en los pequeños actos de aquel que puede desentenderse de las obligaciones diarias, dice. La rebelión es intentar escapar del deber casi todo el tiempo aunque sea una liberación relativa porque a la mayoría (a la media) el trabajo nos vuelve a cooptar y, finalmente, nos define. En alguna medida, somos lo que hacemos.

T : Supongo habrás hecho trabajo de campo. ¿Supongo bien? ¿O no es necesario el trabajo de campo?

G : No sé si es necesario un trabajo de campo. Tendría que tener más sistematizado y comprendido mi proceso de escritura para responder esta cuestión. Yo no sé qué es lo necesario para escribir pero sí puedo asegurar que para mí es necesaria la experiencia. Todo lo que escribo me pasa por la piel, por el cuerpo, me refleja. Algo de mí está contado en Workaholic y en cada una de las cosas que escribo. Después esa experiencia, aunque sea mínima, dispara cientos de personajes y situaciones posibles. Toda mi imaginación se desprende de algo que me atravesó primero, que me dejó una sensación. En ese sentido, sí hice un trabajo de campo. Justamente, trabajé en un lugar así con personas parecidas a mis personajes -otros no los conocí ni remotamente-, historias que escuché o viví -y otras que jamás oí ni sucedieron-. Para mi escribir tiene mucho que ver con la catarsis pero si a eso no se suman personajes y conflictos no hay literatura, no hay novela. Podría ser un diario íntimo -o nada- pero literatura seguro que no.

T : Pregunto esto porque en un momento en que el modo de producción administrativo parece estar en decadencia, a mí no me parece que sea tanto así. ¿Cuál es tu opinión?

G : No creo que el modo de producción administrativo esté en decadencia ¡Ojalá estuviera! Creo que estamos lejos de eso. Pueden existir algunos intereses de cambiar las relaciones de trabajo y los modos. Home-office, Free lance, etc. son algunos de esos intentos, apenas chispazos. Nada demasiado importante. De todos modos, trabajar es trabajar. Y de la forma que sea, inmersos en este sistema de trabajo, siempre hay una situación de sometimiento que nos molesta. El problema es que cuando renunciamos, cuando elegimos corrernos y hacer la nuestra: viajar por el mundo, trabajar en el exterior de lo que sea o trabajar independiente, nos falta algo. Siempre nos falta algo. Yo renuncié varias veces. Hoy tengo suerte de trabajar como periodista y manejar mis tiempos. Soy free lance ¡con todo lo que eso implica! Inestabilidad económica, largas horas improductivas y deudas.

T : ¿Y sobre la borradura que amenaza al tiempo de trabajo del tiempo de ocio?

G : Si se puede ser ocioso en el trabajo es gratificante. Una pequeña rebelión. De eso se trata si queremos sobrevivir en una oficina y no pasarla mal ¿Para qué vamos a trabajar mucho si haciendo poco igual nos acreditan el salario? Eso narra Workaholic en un sentido irónico del mundo laboral. La novela, algo que no dije antes, se ríe y se burla ese mundo. El ocio es tan necesario como el trabajo sino sería imposible. Diría que son casi la misma cosa, las dos caras de la moneda.

T : Los personajes de la novela (que parecen, literalmente, estereotipos), ¿cómo los construiste?

G : Un poco lo decía antes pero algunos de esos personajes los conocí. En realidad y para ser más exacta, algo de ellos conocí. La Obesa Depresiva, que es uno de los personajes que más quiero de la novela, tiene mucho de alguien real pero tanto más de imaginario. Al igual que La Nueva o El Doctor. Creo que lo que sustraje de la realidad es la forma de esos personajes, el contenido -el carácter y conflicto- deviene del proceso creativo. Es cierto que tienen algo de estereotipos pero, justamente, por eso se nos hacen familiares. Y, me pregunto: ¿Acaso no somos un poco un estereotipo en nuestros trabajos? ¿No asumimos un rol? No creo que seamos quienes somos realmente.

T : ¿Sobre qué horizonte social te parece estamos condenados a sobrevivir?

G : Es una pregunta compleja y tampoco soy una estudiosa en el campo de la sociología del trabajo. Sólo puedo hablar desde mi experiencia y conocimiento. En ese sentido, quiero creer que no estoy condenada a nada y que siempre queda un hilo para la elección. Ahora bien, es cierto que elegir es imposible para todos. Un privilegio de unos pocos. En lo particular, tuve la suerte de elegir dónde vivir, qué estudiar y muchas veces de qué trabajar. Claro, tuve las herramientas y el sostén familiar para hacerlo. Otros, no tienen esa suerte y en esos casos sí existe cierta condena pero, ya sabemos, el mundo no es justo. Muchos optan por el conformismo, otros por la revolución y otros buscamos rebelarnos en la manera de lo posible, cuando y como podemos, y así, sobrevivir. No por eso, somos menos felices.

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