Una mirada sobre el conflicto entre la Presidenta y la CGT

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Interesante análisis de Nacho Fidanza, más allá de que la comparación entre Moyano y Ongaro pueda sonar un poco forzada. Pero lo cierto es que las críticas a Moyano y los suyos, hechas desde la UIA o al lado de antiguos menemistas como Lingieri y el delator (del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército) Gerardo Martínez, no suenan ecuánimes. Ojalá Fidanza se equivoque y haya pronto una recomposición, porque el movimiento nacional no puede existir al margen del movimiento obrero organizado. Que es, entre otras cosas, como dice Boot, la única fuerza organizada propia, no alquilada.

Cristina frente al coctel Molotov del recorte de subsidios y la pelea con Moyano

El gobierno decidió combinar un plan de ajuste con la confrontación con el líder de la CGT. El climax de la pelea coincidirá con el impacto pleno del recorte de subsidios que podará de manera importante los ingresos de los trabajadores sindicalizados. Porqué Moyano puede terminar siendo el Raimundo Ongaro de Cristina más que el Vandor de Perón.
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Es un lugar común comparar a Hugo Moyano con Augusto Timoteo Vandor. El líder metalúrgico chocó con Perón cuando pactó con el dictador Onganía y se imaginó líder de un peronismo sin Perón. Pero acaso si se busca un paralelo histórico Moyano termine siendo el Raimundo Ongaro del actual proceso histórico.

Es que el camionero ha decidido plantarse frente al gobierno porque sabe que se inicia una etapa de ajuste con creciente conflicto social. Es decir, se paró a la izquierda del poder para enfrentarlo desde esa posición. Lo contrario de Vandor que se abrazó al gobierno de Onganía.

Moyano fue durante ocho largos años el Vandor de los Kirchner –sobre todo de Néstor-, pero la torpeza o la convicción de Cristina lo empujaron a la vereda de enfrente, en el preciso momento en que debían abrazarlo para compartir los costos del ciclo descendente del «modelo».

El líder de la CGT se prepara entonces para liderar el conflicto social y por su peso específico –controla la logística que mueve la economía del país-, no sería extraño que hasta las expresiones más a la izquierda del sindicalismo argentino, terminen atrapadas en su dinámica.

Dicho de otra manera ¿Si Moyano convoca a un paro contra el ajuste de Cristina, qué hará la CTA de Víctor de Gennaro? ¿Van a pedir prudencia? Lo más posible es que coincidan desde lo táctico, sino termina confluyendo en una alianza más o menos explícita como sucedió en los noventa.

Moyano además hace tiempo que viene preparando el terreno. No parece casual que cuando asesinaron al militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, Moyano haya firmado un contundente comunicado de repudio saltándose a todo el consejo directivo de la CGT y hasta sus propios aliados como Omar Maturano de La Fraternidad, que libran hace años una batalla cuerpo a cuerpo con los delegados de base de izquierda.

El gráfico Ongaro creó a fines de los sesenta la CGT de los Argentinos que excedió su rol de reclamo gremial y se transformó en un aglutinador político y hasta cultural de todos los sectores del centro a hacia la izquierda que se oponían al gobierno de Onganía.

Rodolfo Walsh fue uno de los más activos intelectuales de esa experiencia y no parece casual que hoy sea uno de sus más lúcidos discípulos, el periodista Horacio Verbistky, quien desde el núcleo duro del kirchnerismo alce una voz disonante al advertir por lo menos en dos de sus últimas columnas de Página 12, sobre la inconveniencia de extremar la pelea con Moyano.

Creer que Moyano jamás podría ocupar una posición a la izquierda del gobierno por su pasado en el peronismo de derecha, es una subestimación peligrosa. De hecho, es este mismo Moyano el que creó el MTA en los noventa para combatir el neoliberalismo de Menem y el que denunció la Banelco de la reforma laboral de Fernando de la Rúa. Hay una coherencia en su trayectoria política, que frente al ajuste, acaso le permita argumentar: «Yo sigo en el mismo lugar, ellos cambiaron».

Algo de esto están viendo los eternos opositores a Moyano que no casualmente han empezado a deslizar la posibilidad de que continúe al frente de la CGT, como hicieron este fin de semana Andrés Rodríguez de UPCN y Gerardo Martínez de la Uocra. Si vienen momentos de confrontación con el gobierno que mejor que el camionero para encabezarlos, puede ser el razonamiento que explique el viraje.

No hay muchos actores en la política actual que tengan la espalda del camionero en términos de recursos económicos, capacidad política y poder de movilización. Por eso, acaso sea imprudente descartar a priori que Moyano se vaya convirtiendo en el eje aglutinador de la oposición a Cristina en su segundo mandato. Como lo fue Saúl Ubaldini con Raúl Alfonsín, para continuar con las comparaciones.

De hecho, Moyano no sólo tiene avanzados diálogos a nivel sindical con anteriores rivales como Luis Barrionuevo y Gerónimo Venegas; sino que mantiene diálogos frecuentes con Daniel Scioli y Sergio Massa y con el propio Mauricio Macri. Tres de los políticos argentinos con mayor potencial electoral.

La agenda compartida

Es que más allá de los resquemores que el camionero causa entre propios y extraños, la agenda que va construyendo es de una contundencia inapelable para sus pares de la CGT, en términos de intereses. Cristina, que se declaró «fanática» de la realpolitik debería atender esos intereses, más que sus recelos personales, si eso es lo que explica la pelea con Moyano.

El camionero rechaza que le pongan un techo a las paritarias –se supone que en torno al 18 por ciento-, en el mismo momento que descargan sobre sus representados el costo pleno de los servicios públicos y mientras la inflación sigue en torno al 20 por ciento y se multiplican las alzas de impuestos y tasas.

«Son de 100 a 200 pesos más por servicio, los muchachos dicen que la patrona ya les advirtió que si antes llevaban 4000 pesos por mes, ahora van a hacer falta 6000», es la cuenta práctica que están sacando en muchos gremios, con su machismo genético. Es que el gobierno se metió en una camisa de once varas al combinar en el tiempo un freno a los aumentos salariales con la eliminación de los subsidios.

Hoy no sólo los privilegiados camioneros ganan 4.000 pesos, hay cada vez más gremios que alcanzan esa cifra y la superan incluso. De ahí que esta situación se combina mal con otro reclamo no atendido: la suba del mínimo no imponible de ganancias. Si el grueso del aumento que eventualmente se consiga se lo va a comer el impuesto, la situación para Moyano y sus pares de la CGT es explosiva.

No parece una buena idea acorralar a un tigre por el simple deporte de hacerlo. Pero aún peor es provocarlo una vez que se lo tiene ubicado contra la pared. Cristina no sólo se encarga de dedicarle a Moyano y los sindicalistas en general alguna frase hiriente día por medio, sino que además les pisa los fondos de las obras sociales, como se sabe la glándula más sensible de los jefes gremiales. Sólo a camioneros le deben 600 millones, pero en total la cifra que retiene el Estado a las obras sociales ya alcanza los 12 mil millones.

Se suman así agravios que en rigor trascienden al camionero y acaso estén logrando lo que el personalismo de Moyano no conseguía: abroquelar en torno suyo a sindicalistas que hace rato se lo quieren sacar de encima. Es que ante un gobierno que no ofrece más que negativas, acaso lo mejor es hacerse los distraídos y dejar al camionero para que se inmole en la pelea y de paso fuerce una negociación, que tarde o temprano se impondrá.


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