URUGUAY. Si no gana hoy el balotaje, la derecha está dispuesta al golpe de Estado

Comenzando por el desconocimiento del resultado. El centro que agrupa a los militares retirados del Uruguay difundió la nota editorial de una revista que dirige el coronel que preside dicho centro, cagándose olímpicamente en la veda electoral. Se trata de una proclama explícitamente golpista que adelanta la conformación de un verdadero “Ministerio de la Venganza” contra los frenteamplistas (a los que llama sin ambages “marxistas”, ignorando a los demás componentes del Frente Amplio que no lo son) si como auguran las encuestas hoy la coalición encabezada por el blanco neoliberal Luis Lacalle Pou gana el balotaje (ya el 12 de octubre ese mismo militar había dicho que el gobierno frenteamplista no era democrático sino comunista y merecía ser depuesto por un golpe de Estado)  lo que dejó claro que aun en el caso de que la izquierda ganara hoy el balotaje, está claro que, tal como mpasó en Bolivia, la ultraderecha no reconocería ese triunfo y buscaría voltear al gobierno por la fuerza. El virulento panfleto (ver su texto más abajo) considera que los gobiernos democráticos de los últimos 14 años fueron “una asonada frenteamplista”. La central obrera PIT-CNT salió al paso de la proclama golpista, de la que dijo que “refleja un discurso de odio que atenta contra la convivencia democrática de las uruguayas y los uruguayos”. Exhortó seguidamente “al conjunto de fuerzas democráticas y patrióticas” a repudiar “estos pronunciamientos inadmisibles en una democracia plena como la nuestra” y ratificó su compromiso “de defenderla movilizados”.

En medio de este negro panorama, el veterano periodista Federico Fasano (78 años, nacido en Buenos Aires pero montevideano por adopción desde su juventud), un gran hacedor de medios (creo y dirigió el diario La República desde 1988 a 2012) alza su voz en un tan emocionado como fundamentado canto a lo hecho por los gobiernos frenteamplstas. En una “Carta abierta a los 200 mil frenteamplistas que se alejaron” advierte lo que les espera los orientales si triunfa una derecha que ya se ha hecho con el control de ambas cámaras del Congreso. (En la foto, Daniel Martínez, candidato a la Presidencia por el Frente Amplio).

Dime a quién votas y te diré quien eres

 

General (R) Guido Manini. Lo llaman “el Bolsonaro” uruguayo.

POR FEDERICO FASANO MERTENS

El desenlace entre el pasado de la escasez social y la escasez ética y el presente productivo e igualitario de hoy, lo deciden el domingo los 184.811 frentistas que el 27 de octubre, por primera  vez en los últimos 4 comicios, decidieron no votar al Frente Amplio.

Bastaría que la mitad de esa falange de ciudadanos que ayudaron a construir en estos 15 últimos años, el país más próspero e igualitario de América Latina, según la CEPAL, decidiera no acompañar con su voto al partido de la restauración,  para que el retroceso histórico no se consumara.

La mitad de los desencantados tienen el domingo en sus manos la posibilidad de impedir que la corporación neo liberal- militar-conservadora, sume el Poder Ejecutivo al dominio absoluto que obtuvo en el Senado y en Diputados.

Tiene en sus manos la posibilidad de impedir que la coalición Medusa, animal de muchas cabezas, creada con el único fin de interrumpir el proceso de justicia social pacífico y en democracia, que asombró al mundo, obtenga el monopolio del ejercicio del poder.

Cada sociedad elige a su minotauro

Hoy cuando todas las encuestas pronostican el triunfo del pasado contra el presente, no quisiera estar en los pliegues de la conciencia de muchos desencantados.

Ya ejercitaron el voto castigo que le expropió legítimamente las mayorías parlamentarias a la izquierda nacional. Ahora deben decidir si el voto castigo se transforma además en un voto suicida que siente en el sillón presidencial a la fórmula de la restauración conservadora: Lacalle-Manini.  El ex Comandante en Jefe (el general Guido Manini, N. del E.), redivivo Dracón a la uruguaya, es el verdadero compañero de la fórmula, dado que sus 14 legisladores son los que garantizan la mayoría parlamentaria para gobernar.

Sabido es que cada sociedad elige siempre a su Minotauro, pero esta vez la monstruosa cabeza del mito,  pende de la decisión de sólo el 5% del electorado. Que además siempre votó con el Frente Amplio y ahora se le estruja el alma al tener que poner en la urna la efigie de Lacalle acompañado de su aura  con charreteras.

Aun es posible evitar el retorno del modelo ruín que pergeñó un Robin Hood al revés, que le quitó a los pobres para ensanchar las arcas de los ricos. Modelo, no olvidarse, que llamaba a los pobres, despectivamente, menesterosos. Modelo que desdeñó la inversión social, creando un millón de “menesterosos”, ubicando a nuestro país en los últimos lugares de la igualdad social, en el lugar 122 en el 2004 según el Indice de Desarrollo Humano de la ONU para vergüenza de nuestro orgullo nacional. Orgullo rescatado por el Estado progresista que consagró a nuestro país ante el aplauso mundial, situándolo entre las 50 mejores Naciones del Mundo y primero en América Latina en el torneo de la igualdad y la justicia social.

Aun es posible evitar que todo el poder recaiga en las manos de esta coalición  neo liberal-militar, políticamente inaceptable y económicamente insostenible.

A esos 184 mil  ex sufragantes del Frente , fiel de esta balanza, dirijo mis preguntas:

¿Qué les dirán a sus nietos dentro de 5 años cuando constaten que Uruguay dejó de ser el país más igualitario de América Latina y tengan que confesarles, que votaron a la fórmula de la desigualdad?

Entiendo las 10 razones por las que se alejaron, aunque no comparta sus conclusiones, comprendo que querían la alternancia, que no deseaban un gobierno con el poder absoluto de las mayorías parlamentarias, que protestaban por el aumento de las tarifas públicas, entiendo que sufrían el aumento del delito, que no soportaban la carga impositiva, que no toleraban un déficit fiscal del 4,8%, que les preocupaba la pérdida de empleos registrada desde el año pasado, que se enfadaban con el aumento de funcionarios públicos, que discrepaban con el aumento de la deuda externa y que no admitían ni un desliz en ningún integrante de la impoluta izquierda ejemplo de austeridad, transparencia y honestidad en el mundo entero. Y vaya a saber cuántas razones más podría agregar para el desencanto, tras 15 años de desgaste, con las luces y sombras de una gestión que asombró al mundo pero que obviamente  aun no completó sus objetivos. Esas 10 razones no resisten la menor comparación con el pasado.

Pero el corazón del problema no es recordarle a los 184 mil desencantados  las innumerables acciones de estos tres lustros que culminaron en una transformación social, política y económica que no tuvo precedentes en la historia del país desde 1915 hasta nuestros días, cuando José Pablo Torcuato Batlle y Ordoñez dejó la presidencia de la República.

La pregunta que dirime la incógnita es si la fórmula Lacalle-Manini  puede resolver el desencanto o puede transformarlo en pesadilla.

Reciben el país con los más elevados guarismos de toda su historia en casi todos los ítems examinados por los 18 organismos internacionales.  ¿Creen acaso los desencantados que la cofradía neo liberal- militar devolverá intactas esas cifras que asombraron al mundo? Me atrevo a dudarlo. Es inevitable un retroceso social. Está escrito en la lógica de la identidad del Uruguay del siglo XXI que el neo liberalismo propone. La eutanasia de los pobres es condición necesaria para el modelo de desarrollo sin equidad que desde Mont Pellerin hasta el presente proclaman sin pudor. Basta mirar su aplicación en la Argentina de Macri, en el Brasil de Bolsonaro, en el Chile de Piñera, en la Bolivia racista y golpista que acaban de fundar por la fuerza, por hablar solo de nuestros vecinos, para imaginar el futuro que nos espera.

Y no estoy afirmando que van a incendiar la pradera. No son tontos. Son hábiles. Y si ganan obtendrán la mayor herencia que un gobierno de signo contrario le deja a su rival en toda la historia del país. Se fueron dejando a una Nación con solo 600 millones de dólares de reservas y si ganan recibirán 18 mil millones de dólares. La pregunta es cuál será el destino de esa riqueza. Se fueron con un PBI de 20 mil millones de dólares, lo reciben, si ganan, con 54 mil millones de dólares.  Si triunfan recibirán un país con el grado inversor que nunca pudieron obtener y con un nivel de inversiones que no se conocía desde el fin de la segunda guerra mundial. El país de mayor PBI per capita de América Latina y el de mayor inversión extranjera, no lo van a dilapidar, lo van a utilizar para desandar el camino de la equidad. Si ganan van a recibir un país en pleno desarrollo y se aprovecharán de ese regalo. Pero su desarrollo no será el del Uruguay igualitario, será a la chilena, un desarrollo sin equidad en la distribución de la riqueza. O peor, a la paraguaya, sin carga tributaria dejando en la desprotección más absoluta al mundo del trabajo, a los desamparados, a los desheredados de la tierra. No se puede reducir el déficit fiscal, ahorrando 900 millones de dólares, sin aumentar la desigualdad, sin ensanchar la brecha que separa a los débiles de los fuertes.
Lo peor para los desencantados es que ninguno de los encantos propuestos por la fórmula blanca-colorada-militar, mitigarán el descontento.

Ni siquiera si gana Lacalle, los desencantados habrán obtenido su deseo de un gobierno sin mayorías parlamentarias, obligado a la negociación, ya que la derecha política ya obtuvo el control de ambas cámaras y solo le basta triunfar el domingo para completar la suma del poder público.

Tampoco estará garantizada la disminución del déficit fiscal. Basta recordar que en 1989 el presidente Lacalle Herrera gobernó con un déficit fiscal del 6,3% del PBI con el agravante de un gasto público social irrisorio. En el 2004 el Frente Amplio recibió un Gasto Público Social de 2.669 millones de dólares y el año pasado, 2018, lo elevó a 9.951 millones de dólares, clave del galardón recibido por el Legatum de Inglaterra que lo condecoró como el país más próspero de América Latina. Vaya desencanto el que nos espera.

¿EL NIVEL EDUCATIVO QUE OTORGA EL PASAPORTE INDISPENSABLE PARA CIRCULAR POR LA SOCIEDAD, VOLVERÁ A SER PROPIEDAD DE UNA MINORIA?

Y ni hablemos de seguridad pública. ¿Qué clase de seguridad pueden garantizar si ya están anunciando que tienen que ahorrar 900 millones de dólares?. Para tratar de contener el delito se necesita mantener la constante inyección de recursos e inteligencia aportados durante estos 15 años  por el Frente Amplio. Sin esos recursos materiales, que superaron todos los precedentes anteriores, el delito seguirá aumentando. La fórmula multicolor no cree en el gasto en esa área problemática. Cree que se resuelve con mano dura, fórmula que ha fracasado en todos los países que la aplicaron. Ya probaron lo que les importa la seguridad. Cuando se fueron, dejaron un presupuesto policial de solo 180 millones de dólares, con policías haciendo colectas para comprar las balas. La izquierda no dudó en destinar 800 millones de dólares para proteger a la población, invirtiendo en innovación tecnológica, cámaras de vigilancia, chalecos antibalas, nuevo armamento, flota automotriz, helicópteros, infraestructura edilicia, tobilleras, especialización policial, salarios dignos a los guardianes de la seguridad, creación de un cuerpo especializado de 1.500 policías distribuídos en zonas calientes. Por algo el BID calificó a Uruguay como el país más seguro de América Latina.

Sigamos deshaciendo falacias. ¿Creen acaso los desencantados que la alianza conservadora va a disminuir los impuestos?.  No lo hicieron cuando gobernaron, no lo van a hacer ahora. Es impensable que eso ocurra si no quieren ingresar en una emergencia social sin salida. Basta con observar lo que hicieron durante sus 20 años de gobierno: Impuestos a los salarios, sin tocar al poder económico que los mandataba. El candidato frentista ya lo declaró con firmeza: salvo el impuesto a las herencias de las grandes fortunas, no habrá nuevos gravámenes, incluso algunos serán reducidos. La política impositiva del Frente Amplio si bien no disminuyó el volumen total de los impuestos promulgados por los anteriores gobiernos conservadores, tampoco los aumentó, ni un solo peso, solo los modificó, sustituyó y racionalizó. Esa política tributaria fue calificada por Alicia Bárcenas, directora de Cepal, “como un ejemplo de equidad y de promoción inteligente de inversiones”. Esa es la política que quiere cambiar la fórmula Lacalle-Manini, con el agravante de reorientar el destino de esa carga tributaria, hoy al servicio del pueblo uruguayo. Acaso piensan desmantelar la Salud Pública, que hoy atiende a 2.530.000 seres humanos. Acaso piensan retornar a las cifras del 2004 donde solo se atendían 749.000 personas. O apuntan a frenar la educación donde cada vez más estudiantes nacidos en la pobreza egresan de la Universidad. De los 17.346 que ingresaron en la Universidad en el 2004 hoy son 47.969 los que ingresaron el año pasado y de los 3.714 que egresaron en el 2004, en el 2018 se recibieron 11.723, gracias a las políticas inclusivas del FA y a la buena aplicación de las políticas tributarias.  Y lo mismo podemos decir de la enseñanza primaria y secundaria, donde niños y adolescentes que estaban fuera del sistema educativo, desbordaron las aulas, obligando a contratar a 2 mil maestros más en los últimos años y a construir o contratar 101 establecimientos más en Secundaria.

La izquierda uruguaya logró lo que parecía imposible, que los marginales de la educación superaran la barrera que les imponían  los capitalistas del conocimiento. Una minoría acumulaba  años de estudios mientras sectores vulnerables no alcanzaban la secundaria. El nivel que otorga el pasaporte indispensable para circular por la sociedad, solo era obtenido por una minoría. Eso ya es parte del pasado. El Frente Amplio lo devolvió a las cloacas del viejo régimen.

LA FORMULA MEDUSA LO SABE: NO PUEDE VENIR EL REMEDIO DE DONDE VINO LA ENFERMEDAD

O, cuidado, ¿piensan acaso reducir el déficit fiscal tocando las jubilaciones?. Obviamente si ganan no van a restaurar la injusta anulación de los aguinaldos para los jubilados decretada por la dictadura militar, que el candidato frentista se comprometió a revertir. Dada la presencia imprescindible del General Manini en la coalición conservadora, tampoco serán tocadas las privilegiadas jubilaciones militares. Pero la revolución social que el Frente Amplio llevó a cabo en el sistema previsional del país transformándolo según la OCDE en el primer país de América Latina en cobertura de seguridad social y el primero también en el ranking de menor cantidad de jubilados pobres, va a ser una apetecible tentación para el modelo neo liberal de la fórmula medusa, como lo ha sido en todos los regímenes de ese signo ideológico desde Macri hasta Bolsonaro. Esperemos que no se lancen como mástines sobre ese hueso que preserva la dignidad de nuestros mayores.

Decíamos que los desencantados protestan por el aumento de funcionarios públicos. No advierten que solo aumentaron en las áreas esenciales de nuestro desarrollo: salud, educación y seguridad pública. Solo médicos, maestros y policías aumentaron el número de servidores públicos. En el resto de las áreas la disminución fue un hecho cierto, registrándose 19.000 bajas. Incluso en las Fuerza Armadas, pese a la oposición tenaz de éstas, y al aumento de sus efectivos por los gobiernos colorados y blanco, el Frente Amplio redujo un 11.71% de empleos militares del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y otras unidades ejecutivas. Prescindió de 3.143 efectivos en un total de 26.831. Ignoramos cuál será la política de austeridad del General Manini en este tema, si Lacalle alcanza el sillón presidencial.

Mejor no hablar de otra de las falacias que prendió en muchos desencantados: el aumento de las tarifas públicas. Las cifras son claras, todas las tarifas públicas del período progresista fueron menores a los aumentos salariales, a diferencia del período neo-liberal donde las tarifas aumentaban más que los salarios.

Otra de las imposturas que compraron algunos desencantados fue el aumento de la deuda externa. No hubo aumento, todo lo contrario, disminuyó notoriamente esa carga. Al finalizar los gobiernos colorados y blanco, todos los uruguayos debíamos al exterior el 102% del PBI, hoy debemos el 42%.

Es cierta la preocupación de los desencantados por la pérdida de 70 mil puestos de trabajo en los últimos dos años ante la grave crisis regional. ¿Pero acaso ignoran que el Frente Amplio creó en estos años  350 mil nuevos puestos de trabajo, elevando su calidad que elevó el ingreso medio mensual del hogar de los U$S 553 por familia en el 2004 a los U$S 1.646 del año pasado, y con un salario mínimo nacional que se multiplicó casi por 10 veces, pasando de los U$S 51 del 2004 a los U$S 479 del 2018, el más alto de América Latina, superando incluso a Chile?. Con el agregado del compromiso de Daniel Martínez de crear 90 mil nuevos empleos. Y lo dice un gestor que siempre cumplió sus promesas, tanto en Ancap como en la Intendencia de Montevideo. Cómo pueden creer los desencantados que el problema del empleo va a ser resuelto por los mismos partidos que instalaron en el pasado esa pústula infamante en el rostro de una sociedad uruguaya horrorizada por las cifras tremendas del infame castigo de la desocupación.

Nos queda decir unas palabras sobre el desencanto de algunos votantes del FA sobre hechos de corrupción. Es imposible evitar que en 15 años no haya existido alguna falta ética en este tema, del cual la izquierda ha hecho un principio fundacional y piedra angular de su existencia en el mundo.
Los casos que se denunciaron han sido escasos, menores y en ninguno de ellos se comprobó que hubo dinero mal habido en beneficio personal. Basta con exhibir la ética del Frente Amplio, que llevó nada menos que a un vicepresidente de la República a dimitir por comprar un traje de baño, un colchón u otras chucherías para invitados, con una tarjeta corporativa  que ciertamente debía tener otro destino, para darse cuenta de la impecable acumulación ética de la izquierda uruguaya.  Que los desencantados prefieran votar a Lacalle como presidente por esta razón, no parece razonable. Los gobiernos colorados y blanco sufrieron una cleptocracia singular que se llevó decenas de procesados a la cárcel. Tampoco afirmamos que su política fue mafiocrática, lo que decimos es que fueron diezmados por numerosos dirigentes infieles que aprovecharon las políticas neo liberales que flexibilizan la ética pública.

Ardua tarea tuvo que abordar el Frente Amplio al alcanzar por primera vez el gobierno, procurando desarmar las enormes redes capilares de la corrupción enquistada en los aparatos públicos y privados. Por lo tanto no mentemos la soga en la casa del ahorcado.

NO SE TRATA DE CAMBIAR DE COLLAR, SE TRATA DE DEJAR DE SER PERRO

 

Nos encontramos a escasas horas de una encrucijada histórica.

Los 184 mil desencantados tienen la palabra.

Ellos definirán no solo el próximo lustro de nuestra historia, sino  la interrupción o continuidad de un proceso que asombró al mundo.

No es un voto cualquiera. Es un voto de calidad de imprevisibles consecuencias. El voto hace a la persona. Dime a quien votas y te diré quién eres, parece reclamar la historia de los errores humanos.

La fórmula de la restauración neo liberal con el inesperado apoyo militar, se siente cual gigante ganador, pletórica de entusiasmo, gozando las futuras mieles del poder absoluto para derogar todo lo que se le antoje.

Conviene recordarle el añejo proverbio alemán: “cuando veas a un gigante, examina antes la posición del sol, no vaya a ser la sombra de un enano”.

Por mi parte quiero recordarle a los desencantados que ayudaron durante 15 años a construir el país de la equidad y la igualdad, que, como decía Jorge Luis Borges, cualquier destino por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento, el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Ha llegado para el desencantado que ya emitió su voto en octubre, el momento de saber quién es.

Ha llegado el momento de recordarle que cuando se comenzó en el 2004 a restaurar la dignidad de un país en ruinas, fue convocado por el Frente Amplio no para hacer realidad el apotegma del mismo perro con distinto collar. No se trataba de cambiar de collar, se trataba de dejar de ser perro. Y todos juntos lo logramos. También con los 184 mil desencantados.

Que los ladridos no vuelvan a escucharse.

………………..

Centro Militar difunde editorial de revista Nación

En la tarde de este viernes, el Centro Militar difundió la nota editorial de la revista Nación, financiada por diferentes instituciones militares. Según explicó a Revista Martes el presidente del Centro Militar, Carlos Silva Valiente, a su vez miembro de la redacción de Nación, no se trata de un comunicado oficial de la institución pero se tomó la decisión de difundirlo. Pretexto que suena a tomadura de pelo. Aqui esa editorial completa:

Foto: Mathías Olivera

 

Este domingo culminará el proceso de redención de los derechos y valores del pueblo oriental, heridos, socavados, despreciados por 15 años de asonada frenteamplista. Será ese día el punto de llegada de muchos sacrificios, de la lucha despareja contra la arbitrariedad de un poder que se quiso total y absoluto para imponerle al Uruguay un perfil del todo ajeno a su historia, a sus más queridas tradiciones, a sus más profundos principios; pero también será el inicio de un compromiso en favor de la restauración de los vínculos que desde siempre unieron a los uruguayos y que la larga prédica y praxis del marxismo casi ponen al borde de la irremediable bancarrota.

Los marxistas finalmente se irán del poder y con ellos felizmente se irá el largo rosario de ofensas a la Constitución, el desorden y despilfarro en todos los niveles de la Administración, el consentimiento y estímulo al delito, el intento claro de destruir la familia tradicional, la voluntad por envilecer las relaciones sociales en base al resentimiento y a divisiones artificiales, la corrupción sin límites que le costó al país miles de millones de dólares que fueron a engrosar cuentas personales o arcas partidarias, los oscuros manejos de una política exterior corrupta y obsecuente dictada desde la Habana y financiada con el dinero sucio de la corrupción venezolana, el destrato a las buenas formas, la ordinariez de varios dirigentes que en su soberbia creyeron que podían imponer su credo de suciedad, dejadez y malas palabras.

Cuando el último de los gobernantes del Frente Amplio deje el poder veremos la estela de varios crímenes cometidos contra el pasado y contra el futuro del país y nos lamentaremos una y otra vez pensando cómo fue que permitimos tanta maldad impunemente por tanto tiempo.

Lo acontecido con la enseñanza, que ha dado los peores resultados de toda la historia, dejando a los niños y jóvenes inermes para luchar en un mundo serio y competitivo; lo acontecido con la pobreza, que se apostó a perpetuarla por todos los medios; lo que ocurrió en materia de seguridad pública condenando a los habitantes honestos del país al horror del miedo, de la muerte, de la pérdida de sus bienes y de sus libertades; lo que se hizo con la salud, que convirtió los hospitales no en centro de atención y cura de enfermedades sino en cajas de financiamiento de los inmorales dirigentes comunistas; lo que se perpetró contra el Derecho y la observancia de las normas son todas injurias que no será fácil reparar. El tamaño y la hondura del mal perpetrado son tan grandes, tienen tal volumen que a priori parece imposible siquiera ponerse a limpiar tanto desastre y empezar a crecer con esperanza.

Sería una enorme injusticia que todos los responsables de esta tragedia que apestó las relaciones y enajenó buena parte del porvenir de los uruguayos puedan irse para sus mansiones y gozar viciosamente de sus comodidades mal habidas sin que nada los conmueva o distraiga de sus goces. Para que esto no vuelva a repetirse, para que nadie se crea que en el Uruguay es posible destruir y menoscabar y humillar sin tener que pagar nada y encima ser premiados con pensiones, puestos en el exterior o asesorías en empresas amigas, algunos tendrán que ser alcanzados por la mano de la ley y deberán dar cumplida cuenta de tales crímenes.

No estaría bueno tapar con disimulos o postergaciones una acción del Estado que, en la recuperación de sus valores esenciales, debe dar ejemplo de transparencia, rectitud y fiel observancia de sus deberes.

Queremos decir:
la ley debe caer no suave sino implacablemente sobre los corruptos de toda condición; caer sobre los que entregaron las calles y barrios enteros a los delincuentes para que los administraran a su antojo, sin ninguna molestia; debe caer sobre los que vilmente vendieron en parcelas la política exterior a los intereses de la narcodictadura de Caracas; caer sobre los que fundieron las empresas estatales, sobre los que estuvieron en negocios turbios sirviéndose del Estado y, principalmente,
caer sobre los que, como el actual presidente de la República, sistemáticamente violaron la Constitución y los límites que esta impone a su cargo.

Solo así, pensamos, podremos empezar a recuperar la confianza y construir vínculos sinceros y perdurables entre la sociedad y el Estado y entre los ciudadanos entre sí; dos puentes que el marxismo deliberadamente dinamitó en su afán por crear las condiciones propicias para la disolución revolucionaria. Hay que tener firmeza y ser coherentes; no sea cosa que en nombre de una concordia que nunca fue tal, perdamos el derecho a hacer lo que corresponde para terminar definitivamente con las muchas dolencias que nos habrá de dejar esa terrible pesadilla llamada Frente Amplio.

El próximo domingo hay que sellar el camino de un nuevo amanecer. El Marxismo debe empezar a ser definitivamente extirpado del horizonte de nuestro destino nacional.
¡Viva la Patria!

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