YPF, la Revolución de Mayo y el duelo Kiciloff-Morales

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Preguntas sin respuesta 
Por Teodoro Boot

Kiciloff según Pagni, por Augusto. Los héroes del kirchnerismo son elegidos por sus enemigos
En el curso de una larga sesión de la comisión de presupuesto del Honorable Senado, el viceministro de Economía Axel Kicillof se vio obligado a responder una pregunta imposible, algo así como: “¿Por qué se tomó en este momento la decisión de expropiar las acciones de YPF y no antes?”.
El viceministro respondió con otra pregunta, aún más retórica que la anterior, que, dicho sea de paso, fue jacarandosamente festejada por la número doce kirchnerista y hasta parafraseada por la Presidenta. Esto es siempre aproximadamente lo que Kicillof respondió: “¿Y por qué la Revolución de Mayo fue en 1810 y no en 1812 o en 1808?”.
A lo que podría agregarse: ¿y por qué fue en mayo y no en julio o en agosto?
Los ya de por sí desconcertados senadores quedaron apabullados mientras, como se dijo, la hinchada festejaba la ocurrencia. Ocurrencia que no respondió nada y que es en realidad una verdad de Perogrullo, una tautología muy similar a la muletilla made in Menem “Nadie muere en la víspera”, a raíz de la cual el ex presidente fue tenido, por su propia parcialidad y la prensa que le batía el parche como una suerte de filósofo budista, un Dalai Lama de los llanos riojanos.
Ahora bien, el Dalai Lama riojano había dicho una obviedad, que viene a ser la forma fina de llamar a una estupidez, toda vez que uno muere cuando muere, ni un minuto antes ni uno después. Lo mismo puede decirse también de la llegada del colectivo 132, que tampoco llega en la víspera y siempre lo hace en forma perfectamente puntual: ni un segundo antes ni un segundo después del momento en que llega.
Por obra de su propia tautología, en fracción de segundos y en una sola sesión del Senado, el desdichado Kicillof ha pasado de ser rabino marxista y bestia negra que puebla las pesadillas de Marcelo Bonelli y de Carlos Pagni, a sex symbol y filósofo kirchnerista capaz de enloquecer a sus acríticos parciales como de perturbar las húmedas siestas de Joaquín Morales Solá, Luis Majul y Elisa Carrió.
Sin embargo, de obviarse su carácter retórico, la pregunta/respuesta del viceministro tiene respuesta. Mejor dicho, respuestas, en virtud de que es materia de interpretación en casi todos los casos excepto en uno: la Revolución de Mayo no se produjo en 1812 porque ya había tenido lugar en 1810. Pero fuera de esta evidencia, bastaría casi la elemental versión de un manual de Historia para enterarse de que un año antes se había producido en Chuquisaca, llamada  anteriormente La Plata y más anteriormente en Charcas –la misma ciudad que sería luego conocida como Sucre–, centro intelectual del virreinato, una revolución semejante a la que un año después tendría lugar en Buenos Aires, a raíz del llamado “silogismo de Chuquisaca”. Es que los intelectuales de la universidad dieron a interpretar a su modo la noticia traída a estas tierras por Goyeneche, el enviado de la Junta Central de Sevilla, quien había dado en Buenos Aires la noticia de la captura del monarca sin que al cabildo local se le ocurriera pensar que éstos eran dominios del rey y no de España, y que en consecuencia correspondía formar una junta propia, desconociendo la autoridad de la sevillana. Poco después, se formó en La Paz una “junta tuitiva”. Y poco después, ambas, la de La Pazy la de Chuquisaca, fueron reprimidas a sangre y fuego y con abundancia de crueldades ejemplificadoras por las facciones absolutistas de estos dominios.
Ahí hay, por decirlo mal y pronto, una pista de las razones que provocaron que la revolución tuviera lugar, primero, en Buenos Aires, el puerto, y no en el centro cultural del virreinato, donde los patriotas regionalistas y liberales habían sido masacrados, encarcelados y escarmentados.

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