Militar uruguayo habla de la nuera de Juan Gelman y otros desaparecidos

Este Vázquez es el milico que se ocultaba usando una peluca de mujer, como si fuera un rockero.
Me imagino la impresión que le habrá dado a Macarena Gelman leer sus declaraciones.
Sin embargo, no creo que los restos de su madre, Claudia García Iruretagoyena, hayan sido renovidos en el curso de la mentada «Operación Zanahoria». Si hubiera sido así, los represores lo hubieran dicho antes.
Es muy llamativo el último párrafo de este despacho. En relación a las cárceles de la dictadura (como la de la Libertad, donde hay ahora un paseo de compras) las de la democracia les parecen a los represores algo así como Disneylandia.
Por eso mismo no se entiende a quienes estuvieron presos en condiciones horripilantes hoy no quieren que sus verdugos estén presos.

Publicado en el diario «Últimas noticias» de Montevideo

UN EX JERARCA MILITAR URUGUAYO RECONOCIÓ LAS DESAPARICIONES (

«La orden fue que cuando muriera alguno, no apareciera»

El ex coronel Gilberto Vázquez, preso en una cárcel de Montevideo, admitió y justificó las desapariciones ocurridas durante la dictadura porque «se necesitaba dar una sensación de tranquilidad para favorecer la inversión». En una entrevista publicada por el diario uruguayo Últimas Noticias, dijo que los restos de los desaparecidos fueron quemados y sus cenizas arrojadas a un arroyo. Además, habló de una «guerra» y de «daños colaterales», al tiempo que afirmó que «no había más remedio» que aplicar torturas a los prisioneros.

«La orden fue que cuando muriera alguno, no apareciera», dijo Vázquez en declaraciones efectuadas desde la cárcel. Respecto de las torturas, las justificó diciendo que emplearlas «era útil». Vázquez dijo que «no había más remedio» que recurrir a ese método de interrogación aunque reconoció que «con algunos» se les fue la mano y le provocaron la muerte.

Preguntado sobre cómo torturaban, detalló que «antes de aplicar la tortura entera» ellos mismos se daban unos choques eléctricos. «Nos metíamos picana para ver lo que era y no es tanta cosa. Lo que pasa es que era entre nosotros. Uno sabe que no lo van a matar pero cuando es el enemigo, la cosa cambia radicalmente. Uno no va a traicionar las ideas y los compañeros por un dolorcito, pero cuando la cosa viene de que lo van a matar, cambia».

Las desapariciones «fueron casos mínimos» dijo el coronel retirado, que marcó diferencias con los mecanismos de represión que se usaron en otros países de la región. «En Chile los mataban, en Argentina el sistema era hacer desaparecer. Acá está (José) Mujica presidente, el Ñato (Eleuterio Fernández Huidobro) senador, (Eduardo) Bonomi de ministro (del Interior)».

«Con algunos se nos fue la mano y otros eran tipos enfermos, que de repente llegaban y sin tocarlos, les daba un infarto. El tema fue que entre miles de tipos, alguno se quedaba. Ese desaparecía», recalcó. Según Vázquez, los cuerpos no fueron entregados a sus familiares porque «los altos mandos» decidieron que, ante el «drama económico» que vivía el país en esos años, «se necesitaba dar una sensación de tranquilidad para favorecer la inversión» extranjera.

«¿Quién va a invertir en el Congo? Entonces, la orden fue que cuando muriera alguno, no apareciera. Eso vino de arriba. Fue por razones económicas y parecía razonable», justificó.

Vázquez reconoció su participación en el traslado, en diciembre de 1976, de Pilar Nores Montedónico, una uruguaya que residía en la Argentina pero que fue denunciada posteriormente como colaboradora de las fuerzas armadas urugurayas y argentinas.

El coronel retirado se refirió también al secuestro y la desaparición de la nuera del poeta argentino Juan Gelman y el secuestro de su hija, Macarena, que nació en cautiverio en Uruguay. «Eso fue una cosa rara. Cuando nosotros teníamos a un argentino, se lo dábamos a ellos porque les podía servir como fuente de información y nos traíamos a los uruguayos pero traerse a una argentina para acá, no tiene la menor lógica», dijo.

Y explicó que «esas cosas pasan en la guerra. Son daños colaterales, como cuando tiramos para matar en un lado y uno se tara o le erra y encaja un bombazo en una escuela. Son cosas que salen del objetivo militar. Nunca pude entender para qué la trajeron».

Los desaparecidos «no están», afirmó categóricamente el ex jerarca militar uruguayo. Dijo que la llamada «Operación Zanahoria» se realizó a fines del año 1984 y consistió en desenterrar los restos que había, quemarlos y tirar las cenizas a un arroyo. «No hay nada. Lo saben en las Fuerzas Armadas, en el MLN (Movimiento de Liberación Nacional «Tupamaros», actualmente en el gobierno) y en el Partido Comunista (PCU)», dijo Vázquez.

Algunos restos han aparecido y esta semana empezará a excavarse en predios militares en busca de otros. Vázquez opina que algunos restos quedaron fuera de esa «operación de limpieza» porque «como todas las cosas, nunca es perfecto». «No hay más (restos). Los reclamos son por desaparecidos en Argentina, que tenían otro sistema. Ahí desaparecían», dijo.

Reveló que la orden para esa operación la dio el general Washington Varela, que era el director del Servicio de Información y era el que sabía los detalles. «Ahora está muerto. Éramos amigos y en aquel momento me dijo que era una decisión política porque había gente que ya estaba muy cerca y entre los militares algunos querían seguir y volver a la democracia. Había políticos muy próximos a la gente que quería volver a la democracia».

Gilberto Vázquez aseguró no estar arrepentido de todo lo que hizo en aquellos años y sostuvo que no merece estar preso porque dio «lo mejor» de sí mismo, hizo lo mejor que pudo y asumió «responsabilidades». Además, se burló de las condiciones actuales de reclusión. «Es una fantasía, una payasada» porque el lugar donde se encuentra «no es una cárcel». «Acá estamos como en un geriátrico», concluyó.

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