Spinetta, una buena síntesis

Publicado en  Hamartia.

Luis Alberto Spinetta:

Mañana es mejor


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En últimas horas de la tarde del miércoles 8 de febrero de 2012 Luis Alberto Spinetta, una de las figuras más determinantes, innovadoras e influyentes de la cultura popular argentina, dejaba este mundo para convertirse en parte del aire. Varios meses antes del desenlace, su estado de salud ya era un secreto a voces entre amigos, colegas y el periodismo especializado. Sin embargo, cumpliendo un pacto tácito nacido del amor y el respeto a quien tanto diera, ninguna voz se alzó para dar tan desagradable “primicia”. Sin embargo, mercenarios disfrazados de periodistas tomaron sus armas y empezaron a descargar munición gruesa. Primero fue el pasquín sensacionalista “Muy” que, el 23 de diciembre de 2011, se refirió al “cáncer avanzado” del músico. Enseguida, la novedad corrió por los medios y obligó al Flaco a difundir un comunicado donde, si bien confirmaba la enfermedad, traía tranquilidad a sus seguidores al señalar que se encontraba “en pleno tratamiento hacia una curación definitiva”. En la misma esquela, recomendaba no tener en cuenta las noticias informaciones generadas por “los buitres de turno”. Pero las aves carroñeras tenían preparada otra jugada execrable. Apenas cuatro días después, la revista “Caras” publicó una serie de fotos del compositor, “robadas” de la puerta de su casa, en las que se lo veía desmejorado. La condena a tan cobarde accionar no se hizo esperar. De todas formas, el daño estaba hecho. El 5 de enero pasado, Spinetta fue internado en el Hospital Universitario CEMIC por una perforación intestinal. El 30 de enero fue dado de alta y regresó a su hogar donde pasó sus últimos nueve días.

Confirmado el deceso, los canales de televisión y las radios hicieron algo infrecuente: empezaron a difundir sus temas. La pantalla, y el éter, se pobló de testimonios de las más diversas índoles. Al día siguiente, diarios y revistas ilustraron sus páginas con reseñas biográficas y columnas de opinión variopintas. En casi todos los casos, no faltaron gruesos errores informativos. Ni siquiera semejante leyenda se salvó de los improvisados que pululan en los medios de difusión. Para quienes no conocen la carrera del autor de “Alma de Diamante”, lo que sigue es la síntesis de una trayectoria sin par.

Sueña un sueño

A mediados de los ’60, la luz creadora irradiada por Los Beatles a todo el planeta había llegado al barrio de Belgrano. Un Spinetta adolescente se conmovía hasta las lágrimas cuando, a través del programa de radio “Modart en la noche”, escuchaba a los genios de Liverpool. Esas canciones le inyectaban una rebeldía que lo liberaba de las ataduras impuestas por la estricta disciplina del Colegio San Román. Las jornadas en la escuela de curas eran un oprobio, pero al menos habían servido para conocer a dos compañeros apasionados por la música: el bajista Emilio del Guercio y el guitarrista Edelmiro Molinari quienes pertenecían a “Los Sbirros”. El baterista Rodolfo García estaba en “Los Larkins” al que se sumó el Flaco como guitarrista y cantante. En agosto de 1967 ambos combos se fusionaron y meses después, tras barajar diferentes nombres, bautizaron al grupo como Almendra. A mediados del año siguiente, los muchachos se contactaron con el productor Ricardo Kleiman quien, tras presenciar un ensayo, decidió contratarlos para Vik, sello subsidiario de RCA Argentina. El 20 de septiembre de 1968 se publicó el primer simple con las piezas: “Tema de Pototo” y “El mundo entre las manos”. Antes de cerrar el año aparecería el segundo y diez meses después, el tercero. Los mismos, no tuvieron ventas extraordinarias pero sí las suficientes como para que la compañía subiera la apuesta. Entonces, entre enero y octubre de 1969, el cuarteto alumbró un puñado de composiciones formidables. Las mismas aparecerían en el primer trabajo, lanzado el 15 de enero de 1970.

La obra mostraba un amplio abanico estilístico. La potencia rockera de “Ana no duerme”, convivía con la melancolía tanguera de “Laura va”, la psicodelia hendrixiana de “Color humano”, los aires jazzeros de “Que el viento borró tus manos” y la impronta bossa novística de “Fermín”. Las melodías iban, desde la belleza despojada de “Muchacha (ojos de papel)” hasta la complejidad armónica de “A estos hombres tristes”. Todas, acompañadas por cuidados arreglos vocales y sutilezas instrumentales. Aquellos sonidos, combinados con letras tiernas, oníricas, existencialistas y surrealistas daban como resultado un nuevo tipo de canción urbana. A tres meses de su salida, gracias a la difusión de “Muchacha (ojos de papel)”, la placa superó las 20.000 unidades vendidas. Luego, el grupo comenzó a darle forma a una ópera – rock. Pero la idea se frustró y aceleró cierto desgaste interno que, meses después, provocó la separación. Antes, el conjunto grabó un disco doble y se despidió de su público con dos recitales en el Cine Pueyrredón de Flores, el 25 de diciembre de 1970.

Abrázame, madre del dolor

Para curar las heridas provocadas por la disolución de Almendra, y por el final de la relación con la musa inspiradora de “Muchacha” (ojos de papel)”, Spinetta decidió viajar a Europa. Antes, movido por obligaciones contractuales, entregó a la discográfica una placa de carácter experimental con colaboraciones de Pappo y Miguel Abuelo. El trabajo fue publicado bajo el engañoso título de “Almendra” pero luego, tras un juicio hecho al sello por Del Guercio y García, el álbum pasó a llamarse “La búsqueda de la estrella”. Finalmente, en la era del cd fue lanzado con el nombre elegido por su creador: “Spinettalandia y sus amigos”. Tras varios meses de vagar por el Viejo Continente, el Flaco volvió al país con la idea de formar una nueva agrupación. Convocó al baterista Juan Carlos “Black” Amaya y al bajista Osvaldo “Bocón” Frascino y con ellos dio forma a Pescado Rabioso. Si el norte musical de Almendra eran Los Beatles, el de Pescado Rabioso fue Led Zeppelin. La distorsión de las guitarras y las melodías, que alternaban pasajes dulces con momentos de furia eléctrica, remitían al grupo de Page y Plant, influencia ineludible para los rockeros vernáculos de la época.

El 5 de mayo de 1972, el trío debutó con un show en el Teatro Metro. Cuatro meses después apareció su primer long play: “Desatormentándonos”, un compendio de rock y blues donde brillaban “Blues de Cris”, la balada “Dulce 3 nocturno” y “Serpiente (viaja por la sal)” en donde se sumaba el tecladista Carlos Cutaia que luego se unió formalmente a la agrupación. Tras la salida del disco, Frascino abandonó el proyecto y fue reemplazado por David Lebón quien, además de tocar el bajo, dominaba la guitarra, cantaba y componía. La incorporación de Cutaia y Lebón le aportaron nuevas sonoridades al conjunto expandiendo así sus posibilidades. A principios de 1973 el cuarteto editó un simple con: “Post – crucifixión” (portador de uno de los riffs más emblemáticos del rock criollo) y “Despiértate nena”. Luego apareció “Pescado 2”, un álbum doble que reflejaba la eclecticidad del combo. Desde rocks y blues (“Nena boba”, “Como el viento voy a ver”), piezas acústicas (“Credulidad”) y extensas zapadas (“¡Hola, pequeño ser!”) hasta un opus de ocho minutos (“Aguas claras del olimpo”) en el que Cutaia dirigía a una orquesta de músicos del Teatro Colón. En la plenitud de su capacidad artística, Pescado Rabioso terminó separándose a mediados de ese año por diferencias entre sus miembros.

Mañana es mejor

Entre septiembre y octubre de 1973, Spinetta realizó dos presentaciones como solista en el Teatro Astral. Cuando el público ingresaba a la sala se le entregaba un manifiesto escrito por el compositor llamado: “Rock: música dura, la suicidada por la sociedad”. En él denunciaba a sellos y productores por transformar al género en un negocio y se oponía al rótulo que desde diversos sectores, tanto de izquierda como de derecha, etiquetaban a esa expresión como “extranjerizante”. En aquellos encuentros se adelantaron temas que verían la luz a fin de año en: “Artaud”. El trabajo, cuya tapa no era el cuadrado de cartón típico sino una especie de trapecio deforme, fue publicado bajo el rótulo de Pescado Rabioso pero ningún integrante de la agrupación participó en él. La obra estaba inspirada en los libros “Heliogábalo, el anarquista coronado” y “Van Gogh, el suicidado por la sociedad” del poeta francés aludido en el título. Así también como el volumen compilatorio de las cartas de Van Gogh a su hermano Theo. Las nueve canciones del álbum, de carácter folk, eran marcadamente existencialistas. La conjunción de una poética profunda y una música inspirada alumbraron un disco sin paralelos en la historia del rock local. La ternura de “Todas las hojas son del viento” se combinaba con la atmósfera opresiva de “Cementerio club” y la electricidad de “Bajan” y “Las habladurías del mundo”. Mención especial para la conmovedora “A Starosta, el idiota” y “Cantata de puentes amarillos”, una pieza de nueve minutos portadora de la sentencia que Spinetta hizo carne toda su vida: “Mañana es mejor”.

Ahí va el Capitán Beto

Con “Artaud” aún siendo novedad, Spinetta ya estaba lanzado a su próxima aventura. Esta vez los socios fueron el bajista Carlos “Machi” Rufino y el baterista Héctor “Pomo” Lorenzo. Invisible debutó el 23 de noviembre de 1973 en el Teatro Astral y rápidamente se ganó el fervor del público. La música del trío era compleja, con extensos pasajes instrumentales apoyados por la solvencia de “Machi” y “Pomo”. A mediados de abril de 1974, apareció el primer trabajo titulado con el nombre del conjunto. Los puntos altos de la entrega eran los aires jazzeros de “Jugo de lúcuma”, la travesía sonora de “El diluvio y la pasajera” y el riff punzante de “Suspensión”. El long play venía acompañado de un simple con otros dos temas determinantes: “La llave del mandala” y “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”, ambos muy festejados en vivo.

En septiembre de 1975, Invisible lanzó su segunda entrega: “Durazno sangrando”. La música era igualmente compleja, provista de grandes arreglos y con el lirismo característico de Spinetta. En este caso, las letras de las canciones estaban influenciadas por el libro “El secreto de la flor de oro”, de Carl Jung y Richard Wilhem, que el Flaco devoró con avidez. Se destacaban la suite de quince minutos que abría el trabajo (“Encadenado al ánima”) y el tema del título que se convirtió en un clásico en forma instantánea. En julio del año siguiente, se sumó al proyecto el guitarrista Tomás Gubitsch. Ya como cuarteto convocaron más de diez mil personas en el Luna Park para presentar su tercer opus: “El jardín de los presentes”. Las melodías, de singular belleza, no eran intricadas como en las producciones anteriores y atrapaban desde la primera escucha. La melancolía tanguera de “Los libros de la buena memoria” y “Las golondrinas de Plaza de Mayo” convivían con la dulzura de “Que ves el cielo” y el viaje cósmico de “El anillo del Capitán Beto”. Por ese entonces, existían tensiones en el seno del combo y el ingreso de Gubitsch las acentuó. Por eso, en pleno pico de popularidad, el grupo decidió separarse. La despedida fue el 10 de diciembre de 1976 en un Luna Park a pleno.

Tengo que aprender a volar

En 1977, Spinetta experimentó un nuevo cambio estilístico. Se despojó de toda impronta rockera y abrazó el jazz fusión. Junto al tecladista Diego Rapoport, el bajista “Machi” y el baterista Osvaldo López entregó: “A 18′ del sol”. El vinilo respiraba una atmósfera relajada, entregaba momentos de gran swing, como el instrumental “Telgopor”, y rescataba una pieza de la frustrada opera de Almendra: “Canción para los días de la vida”. La crítica, acaso desorientada por la transformación, trató duramente al disco. Al año siguiente, el poeta comenzó una amistad con Guillermo Vilas. Esta derivó, gracias a los contactos del tenista, en un contrato con el sello Columbia Internacional para la publicación de un álbum en Estados Unidos. El músico devolvió gentilezas con la musicalización de una letra del deportista. En “Only love can sustain” participaron sesionistas de la talla de Abel Laboriel, Alex Acuña y Terry Bozzio. Sin embargo, la superproducción desdibujada la esencia del compositor. Escucharlo cantar en inglés aumentaba cierta sensación de extrañeza. El trabajo disgustó a la prensa, al público y al propio Spinetta. De común acuerdo, la compañía rescindió el contrato y así terminó “el sueño americano” del Flaco.

Hilando fino

Luego de la experiencia fallida del disco en inglés, Spinetta volvió al barrio. En agosto de 1979 la noticia cayó como una bomba: ¡regresaba Almendra!. El retorno comenzó a mencionarse en cartas que Del Guercio y García, instalados en España desde 1975, intercambiaban con el Flaco. Sin embargo, recién se concretó cuando Alberto Ohanian, abogado y amigo del compositor, formalizó la propuesta. Por entonces, el bajista y el baterista estaban nuevamente en Argentina. Y Molinari, radicado en Los Estados Unidos, regresó al país para sumarse al proyecto. Al principio, se pautaron dos presentaciones en el Estadio Obras para el mes de diciembre. Pero el público arrasó con las localidades y ese par de funciones se convirtieron en seis. A ellas se agregaron dos más en el Lawn Tenis Club. Después de los shows en Buenos Aires se sumaron otros en Rosario, Córdoba, Mendoza, La Plata y Mar del Plata. El cuarteto deleitó a los fanáticos tocando sus viejas creaciones, pero no se dejó atrapar por la nostalgia y entregó cuatro piezas nuevas de claro sonido contemporáneo. En marzo de 1980 aparecieron dos álbumes que reflejaban aquellos conciertos de Obras y en noviembre el conjunto viajó a Los Ángeles donde registró “El valle interior”. El trabajo fue presentado en una gira nacional que abarcó treinta y dos ciudades. Tras ella, los músicos retomaron sus respectivas actividades.

Con tu dulce voz

Desde 1980 y hasta 1985, intercalado con el retorno de Almendra y dos álbumes solistas, el Flaco comandó Spinetta Jade. A lo largo de su historia, diferentes músicos integraron la formación. Los tecladistas Juan del Barrio, Diego Rapoport y Leo Sujatovich, el bajista Beto Satragni, el guitarrista Lito Epumer y el baterista “Pomo” fueron algunos de ellos. El primer vinilo, “Alma de diamante”, fue editado en 1980 y ahí el escritor que sirvió de inspiración fue Carlos Castaneda. Las imágenes poéticas de “Dale gracias” y “Con la sombra de tu aliado (el aliado)” estaban conectadas con la pluma del antropólogo. Aparte de los temas mencionados, se destacaba la bella perla que titulaba al trabajo.

El 5 de diciembre de 1981, el grupo llenó el Estadio Obras para el estreno de su segunda producción: “Los niños que escriben en el cielo”. En esa entrega, el jazz fusión presente en el debut fue combinado con cierto matiz pop. Despuntaban: “No te busques ya en el umbral (umbral)” y “Contra todos los males de este mundo (El antídoto)”. A finales de 1983 fue el turno de “Bajo Belgrano”, una obra de carácter urbano donde el compositor se conectó con la realidad de un país devastado por la dictadura. “Resumen porteño” aludía a la represión policial y cerraba con una mención al accionar asesino de los militares. “Maribel se durmió” estaba dedicada a las Madres de Plaza de Mayo y “Mapa de tu amor” recordaba que la vida aún seguía siendo bella. En diciembre de 1984 se publicó “Madre en años luz”, donde la incorporación de la batería digital provocó un notable cambio sonoro. El disco fue presentado el 10 de mayo de 1985 en el Luna Park. Al tiempo, por problemas internos, el conjunto se separó.

El noble kamikaze

A principios de 1982, Spinetta grabó “Kamikaze” un disco acústico y de carácter retrospectivo. Se trataba de un puñado de bellas canciones, creadas mayoritariamente entre 1969 y 1978, que hasta entonces eran inéditas. La producción fue alabada por crítica y público convirtiéndose en otro de los puntos altos de su carrera. “Ella también”, “Quedándote o yéndote” y, sobretodo, la zamba “Barro tal vez” (¡compuesta por el Flaco a los quince años!) se convirtieron en nuevos clásicos. El vinilo fue presentado con dos funciones, en agosto de ese año, en el Estadio Obras. En 1983 salió “Mondo di cromo”, un álbum de impronta pop y espíritu “casero” basado en demos hechos con una máquina de ritmos. Fueron de la partida: el guitarrista David Lebón, el tecladista Leo Sujatovich y la base de Invisible: “Machi” y “Pomo”. Aunque el trabajo fue portador de dos éxitos contundentes, “Yo quiero ver un tren” y “No te alejes tanto de mí”, el resultado no satisfizo a su creador.

Si acaso me quisiste

Tras la separación de Spinetta Jade, el rock vernáculo se conmocionó con la noticia de que El Flaco y Charly García estaban pergeñando un disco juntos. Lamentablemente, diferencias de criterios un proyecto que sin dudas hubiera marcado un hito. Para la posteridad quedaron tres canciones compuestas a medias y una presentación televisiva donde estrenaron una de ellas: “Rezo por vos”. La frustración de la reunión fallida fue el motor que impulsó “Privé”, lanzado en febrero de 1986. La obra marcó un nuevo quiebre en la música del poeta gracias a la incorporación de técnicas de sampleo y el uso de batería electrónica. La mayoría de las piezas ostentaban un ritmo frenético como “Alfil, ella no cambia nada” y “No seas fanática”. Las secuelas del desencuentro con García estaban presentes en “Pobre amor, llámenlo” y en la inclusión de la mencionada “Rezo por vos”. León Gieco, Osvaldo Fattoruso, Andrés Calamaro y Fito Páez participaron en la producción. El rosarino fue con quien Spinetta pudo concretar un álbum a dúo. “La la la”, editado como vinilo doble, contenía veinte temas de los cuales once eran del Flaco, seis de Páez y solo uno estaba firmado en conjunto. Quizá, una mayor interacción compositiva entre ambos hubiera redundado en una propuesta más sólida. De toda maneras, la entrega trajo perlas spinettianas como “Todos estos años de gente”, “Cuando el arte ataque” y una refinada versión del tango “Gricel”. El trabajo fue presentado con 3 funciones en el Estadio de Obras en diciembre de 1986.

Divino presagio

A mediados de 1988, Spinetta dio a conocer otra producción excelsa: “Tester de violencia”. Varias de las letras del disco estaban inspiradas en “Historia de la sexualidad” y “Vigilar y castigar”, libros del filósofo Michel Foucault. La joya del vinilo era “La bengala perdida”. Una pieza climática creada a partir de la muerte del joven Roberto Basile ocurrida luego de que una bengala le impactara en el cuello, un lustro atrás en la cancha de Boca Juniors. En el álbum se produjo el debut de los hijos del Flaco (Dante, Catarina y Valentino) quienes fueron los autores, y las voces, de “El mono tremendo” una fábula acelerada y sanguinolenta. El trabajo, registrado junto a Juan Carlos Fontana, “Machi”, Guillermo Arrom y “Jota” Morelli, fue presentado en noviembre de ese año con tres shows en el Teatro Broadway. Con el mismo grupo de apoyo, salvo el reemplazo del bajista “Machi” por Javier Malosetti y la suma del tecladista Horacio Faruolo, el compositor volvió a grabar. En noviembre de 1989, “Don Lucero” ya estaba en las bateas. Esta vez fue “Fina ropa blanca” la canción que se llevó todos los elogios. Aunque también se destacaban la intrigante “Es la medianoche” y los aires exóticos de “Cielo invierto”. Tras cambiar tecladista y baterista (ocupan esos puestos Claudio Cardone y Marcelo Novati), Spinetta brindó dos conciertos en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires durante agosto de 1990. Uno de ellos fue inmortalizado para “Exactas”, el segundo opus en vivo de su carrera. El repertorio echa un vistazo a su ilustre pasado revisitando tesoros ocultos de Almendra, Pescado Rabioso e Invisible. También había un par de estrenos: “Frazada de cactus” y “Sicocisne”.

Ya llega la aurora

Muchas de las canciones de “Peluson of milk”, editado en 1991, estaban signadas por el nacimiento de Vera. Conmovido por la llegada de su hija, Spinetta concibió un disco íntimo, lírico y sutil. Con excepción de algunas intervenciones de sus músicos de entonces, el autor se encargó de la mayoría de los instrumentos y arreglos. “Lago de forma mía”, “Cielo de ti” y “La montaña” eran exquisitas. Pero la estrella fue “Seguir viviendo sin tu amor”, una conmovedora declaración hacia su mujer que rápidamente ganó gran difusión y se convirtió en su última pieza verdaderamente popular. Dos años después apareció la banda de sonido de “Fuego gris”, una película surrealista del director Pablo César que contaba la historia de una joven alienada por un entorno asfixiante. El film no poseía diálogos y eran los temas del Flaco los encargados de desarrollar la línea argumental. La furia de “Cadalso temporal”, el pulso firme de “Dedos de mimbre” y el desamparo de “Penumbra” se desmarcaban del resto del material. Tras la salida del álbum, y desencantando por el trato recibido por parte de algunas discográficas, el poeta desapareció de la escena un largo tiempo.

Jardín de gente

El silencio se rompió el 18 de noviembre de 1994 cuando, en el Velódromo Municipal, Spinetta presentó a su nueva agrupación: “Los Socios del Desierto”. Se trataba de un “power trío” completado con Marcelo Torres en el bajo y Daniel Wirtz en batería. La música era una bola de adrenalina rockera, por momentos hardcore, con reminiscencias a Jimi Hendrix Experience y Cream. Al prescindir de otros guitarristas o tecladistas, el Flaco volvió a abrazar las seis cuerdas y así redescubrió al virtuoso instrumentista que anidaba en él. Tras algunas presentaciones en el interior, la banda tocó cuatro noches en el Teatro Opera en noviembre de 1995. La crítica cayó a sus pies y los fans quedaron extasiados ante una propuesta que les recordaba momentos de Pescado Rabioso e Invisible. El 22 de septiembre de 1996, el trío convocó 50.000 personas en un concierto gratuito en el Parque Chacabuco. Pero aunque las reseñas periodísticas eran elogiosas y la gente respondía a cada convocatoria, ninguna discográfica quería editar al combo. La excusa esgrimida era que Spinetta pedía mucho dinero por el master del disco y los sellos estaban para hacer negocios y no para difundir belleza. Esta situación motivó un comunicado del artista donde denunciaba el estado de cosas y, entre otros conceptos, advertía: “mi vida creativa y la llama rebelde y artística que siempre me guió no sufrirá merma alguna de no publicarse éste, mi último trabajo”. Finalmente, Sony Music aceptó las exigencias del músico y, a fines de abril de 1997 el nuevo opus vio la luz. Se trataba de un álbum doble con treinta y tres temas. Había rocks furibundos (“Cheques”, “Las olas”), canciones de amor (“Diana”, “Jazmín”) y claras tomas de posición contra: lo absurdo de la guerra (“Bosnia”), la destrucción del medioambiente (“Paraíso”) y la propensión al consumismo (“Cuenta en el sol”) típico de los años menemistas. En síntesis, un regreso a la altura de su leyenda.

En septiembre de 1997, Spinetta viajó a Miami para grabar un “unplugged” para la cadena MTV. En esa ocasión, el trío estuvo apoyado por el tecladista Juan Carlos Fontana, el percusionista Nico Cota y el pianista Carlos Franzetti quien dirigió los arreglos de cuerdas para algunas canciones. Ante semejante oportunidad, otro artista hubiese armado un catálogo con sus grandes éxitos. Pero el Flaco descartó cualquier actitud complaciente y entregó una lista de temas que eludía los hits. Además, estrenó siete piezas entre las que se destacaban: “Fuji”, “Tu vendrás a juntar mis días” y “La miel en tu ventana”, un inédito de la época de Almendra. Con el mismo grupo de apoyo, se presentó en noviembre de ese año en el Teatro Gran Rex para promocionar la salida de “Estrelicia”, cd que recogía momentos del show para la cadena norteamericana. Acaso para contrarrestar los efectos de su actuación “desenchufada”, el compositor volvió al rock duro. En agosto de 1998, otra vez en formato “power trío”, dio una serie de conciertos en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. “San Cristóforo” fue el souvenir de aquellos encuentros. Su subtítulo (“Sauna de lava eléctrico”) definía la propuesta. En el álbum había un par de novedades y un rabioso cover de Los Ratones Paranoicos: “Sucia estrella”. El 12 de diciembre de 1999 salió a la venta “Los ojos”, una producción con Los Socios del Desierto y la colaboración de otros músicos como Claudio Cardone y Javier Malosetti. El disco estaba atravesado por la ruptura del poeta con su pareja de entonces, la modelo Carolina Peleritti. El resultado fue un trabajo melódico, introspectivo, por momentos doloroso, y con una sublime retórica amorosa. “Ven vení” y “Ave seca” eran momentos destacables. Para cuando el cd estuvo en la calle, Los Socios del Desierto ya eran un recuerdo.

Nada detendrá mi amor

En junio de 2001 Spinetta dio a conocer “Silver Sorgo”, una producción que remitía a Spinetta Jade. Canciones preciosistas, meticulosos arreglos y la colaboración de grandes músicos hicieron de éste un cuidado trabajo. Los aires folklóricos de “El mar es llanto” y “Llama y verás” se entremezclaban con la sutil melodía de “Abrázame inocentemente”. “El enemigo”, toda una declaración de principios, fue el tema más difundido. El 29 de diciembre de ese año, el cantautor volvió al Estadio de Obras para presentar formalmente el opus. En ese concierto, homenajeó a George Harrison (fallecido un mes atrás) interpretando una sentida versión de “Don’t bother me”. “Argentina Sorgo Films presenta: Spinetta en Obras” fue el álbum en vivo correspondiente. El 26 de agosto de 2002, el Flaco tocó por primera vez en el Teatro Colón. Con una minuciosa selección de piezas (que otra vez eludió los clásicos) deleitó a los 3500 privilegiados que presenciaron aquél mítico desembarco. Volvería al gran Coliseo en el 2003 y 2006.

En julio de 2003 fue el turno de “Para los árboles” otro trabajo de orfebre que seguía la línea de regreso a las armonías jazzeras de Jade, aunque también traía sorpresas con el blues electrónico de “Yo miro tu amor”. A finales del año siguiente, apareció “Camalotus” un EP de cuatro temas en sintonía con el disco anterior. La perla del cd era “Crisantemo”, una conmovedora pieza escrita por Spinetta para “Flores de septiembre”, documental sobre los alumnos desaparecidos del colegio Carlos Pellegrini durante la última dictadura militar. En marzo de 2006 salió “Pan”, continuador de la senda musical de su antecesor. Esta vez lo distintivo radicaba en algunas letras que hacían referencias a otras escritas en los ’70. “Sinfín” y “Proserpina” son un claro ejemplo de ello. Ahí debutó la última formación comandada por el poeta: Claudio Cardone en teclados, Nerina Nicotra en el bajo y Sergio Verdinelli en batería. Con ese personal el compositor entregó, en junio de 2008, “Un mañana”. El mismo resumía diferentes momentos de su trayectoria. “Canción de amor para Olga”, remitía a la complejidad sonora de Invisible. “Hiedra al sol” tenía la impronta acústica del disco “Kamikaze”. La referencia a Jade, con sus aromas jazzeros y poperos, reaparecía en “Preso ventanilla”. Con la potente “Tu vuelo al fin”, el Flaco regalaba una nueva maravilla.

El 4 de diciembre de 2009, Spinetta le brindó a sus feligreses la noche soñada. Para festejar cuarenta años de carrera, y sesenta de vida, el poeta reunió en el Estadio de Vélez Sarfield a: Los Socios del Desierto, Invisible, Pescado Rabioso y Almendra. También estuvieron presentes: Gustavo Cerati, Juanse, Fito Páez, Ricardo Mollo y Charly García, entre muchos otros músicos. Durante las cinco horas y media de show sonaron cincuenta y dos temas para dicha y asombro de las 35.000 almas convocadas. Exactamente un año más tarde, se editó una lujosa caja con tres cds, tres dvds y dos libros que atesoraron ese instante irrepetible. El Flaco siguió presentándose en vivo hasta mediados de 2011, pero es inevitable considerar ese concierto como su portentosa, desmesurada y amorosa despedida.

Con la partida de Luis Alberto Spinetta, Argentina pierde a un artista único. El vacío provocado por su ausencia es solo comparable al que dejaron estrellas como Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui, Osvaldo Pugliese y Mercedes Sosa. Todos ellos seres que, como el Flaco, hicieron de este planeta un lugar más bello y luminoso.

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