Vergéz, un monstruo que cumplió un pacto

Días atrás leí cosas horribles del capitan Héctor Pedro Vergez, alías «Vargas», alías «Gastón». Creo que fue en el testimonio de Teresa Meschiatti. De cómo al recibir a «La negrita» Santucho en La Perla tomándola de la cara y mirándola a los ojos le dijo que lástima que fuera tan linda porque le iba a meter a «Margarita» (una picana directa, de 220 w) en la vagina… y de como mató a un soldado que había abierto un cuartel a sus compañeros del ERP luego de indecibles torturas, atándolole una resistencia de plancha a la cara y enchufándola. Me gustaría decir que ojalá arda en el infierno pero no creo en esas cosas. O, mejor dicho, no creo que haya infiernos fuera de la tierra. Por lo pronto, lo hubo en La Perla. verga es un monstruo, pero aun así, cumplió el acuerdo que hizo con Coccoz. Esto produce malestar. Y es que ni siquiera en este caso extremoi, aunque lo sea en un 99 por ciento, el negro es negro en totalmente negro. JS

Javier Coccoz junto a su hijo Raúl. Un instante en la frágil patria de la Felicidad

 La víctima era la esposa de Javier Coccoz, a cargo de la inteligencia del ERP 

Cristina Zamponi acusó a Vergez de secuestro domiciliario con violaciones incluidas

TÉLAM, MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

(Por CLM y JJS).-Cristina María Isabel Zamponi declaró por videoconferencia desde Barcelona, donde vive hace más de tres décadas,en el juicio que se le sigue al capitán (R) Hector Pedro Vergéz por crímenes de lesa humanidad cometidos en el área del Primer Cuerpo de Ejército. Cristina es la esposa de Javier Ramón Coccoz, el «teniente Pancho», que estaba al frente de la inteligencia del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Narró como los hombres de Vergez, después de secuestrar a Javier, allanaron la casa de sus padres, a la que ella se había mudado, convirtiéndola en una «ratonera», y de cómo Vergéz la violó.
Como ya se informó en estas páginas, Coccoz, de 26 años, fue secuestrado el 11 de mayo de 1977 en Lanús. A partir de ese momento, dijo Cristina, «solo tenía dos opciones, o me ‘chupaban’ o nos sacaban del país»,  en referencia a un ERP que desde el fallido asalto al cuartel de Monte Chingolo (23 de diciembre de 1975) estaba herido de muerte y no supo o no pudo hacerlo.

Cristina y su marido vivían con su pequeño hijo, Raúl, de dos años y ocho meses, en Lanús. Cuando Javier fue secuestrado, ella se alojó en la casa de sus padre, un departamento en el séptimo piso de un edificio sito en Florida, al norte de la ciudad de Buenos Aires, donde días más tarde llegó a allanar el Ejército. El suyo fue un secuestro atípico porque se produjo en su propio domicilio.

Recuerda con angustia la primera vez que Vergéz entró en tromba en medio de una patota. «Corrí a una ventana que daba a la calle para gritar mi nombre. Esa era la consigna en ese momento: gritar el nombre y que te estaban secuestrando para que alguien se enterara.de lo que estaba sucediendo. Mi madre lloraba, mi padre, que sufría del corazón, se descompuso y Raúl gritaba y lloraba. Él se  presentó como «capitán Rodolfo». Me dijo que era el interrogador de Javier, y que en una hora él me iba a llamar. Efectivamente Javier llamó y me dijo que había caído todo.  Entonces «Rodolfo» se acercó a Raúl y acariciándole  la cabeza dijo ‘Cabezón como su papá'».

«Esa imagen, que haya tocado a mi niño con esas manos tan sucias de sangre todavía me causa dolor».

Cristina dijo que quedó presa en su casa, con custodia en la puerta. Cuando la patota se fue, siguió diciendo, «saqué la señal de seguridad (un trapo de color colgado en el balcón que le indicaba a los militantes del ERP que podían subir) y quemé los microfilms que Javier escondía en unos juguetes de Raúl.  Horas después me llamó una compañera que conocí en Devoto y le digo mi nombre legal, que habían estado los que tenían a Javier, le aviso lo que estaba pasando».
«Estábamos secuestrados, escapar era imposible. No tenía dinero, no tenía donde ir, no podía ir a la casa de compañeros ya que me podían seguir y mis padres y mi hijo se quedaban en la casa como rehenes. Era una situación de absoluta vulnerabilidad.

Le dijeron que se estaba efectuando una negociación con Javier. Aunque Cristina no lo dijo expresamente, parece claro que Javier consiguió que Vergéz le prometiera que la sacaría a ella y al pequeño Raúl del país.

Cristina dijo que al principio le dijeron que «la negociación» iba a durar diez días, pero que se prolongó mucho mas. Sin nombrarlo directamente nunca, Cristina dijo que «el imputado» iba cada vez más seguido a su casa, siempre en un auto con custodios.

También contó que Vergéz le propuso traerlo a Javier si ella concertaba una cita con «Paco», Rolo Díaz, quien había quedado como a cargo de la inteligencia a partir de la desaparición de Javier (el mismo que luego, en el exilio mexicano, escribió un libro imprescindible sobre esa experiencia, «Los Compañeros») pero que ella no aceptó.

Las visitas de Vergez se hicieron cada vez más frecuentes. Un día Vergéz le dije que la iba a «sacar a dar un paseo», la llevó a un hotel y la violó.

Se le quiebra la voz. Dice que ocurrió otras veces, dos veces más. Que se consolaba pensando que mientras estaba con ella no estaba con sus padres y con su hijo.

«Es la primera vez que lo digo en público. Y a mi hijo se lo conté recién hará unos dos meses. El horror, la suciedad, la muerte todo esta presente dentro mío… Necesité hacer mucha terapia para poder decirlo… No podía negarme. En la correlación de fuerza, no eramos iguales. Para nada. No había ni atisbos de simetría. La desigualdad era absoluta. Él tenía en sus manos el poder de la vida de todos los míos, joder», explicó con vos entrecortada.

Raúl, hoy de 38 años, escucha inquieto el relato en el Consejo de la Magistratura, acompañado de dos primas, una tía y un tío, el hermano mayor de su padre.

Le preguntaron A Cristina si no podía negarse a dar esos «paseos». «¿Saben cuál era la consecuencia? Se hacia lo que era su voluntad. La relación de poder era absolutamente asquerosa», expresó.

Retomó el relato. Dijo que el 1º de Julio de 1977 todo se puso en movimiento. Les sacaron fotos para sus pasaportes ahí mismo, en su casa. Después se enteraría de que Vergéz había extorsionado a su suegro, Julián Coccoz, exigiéndole dinero a cambio de su hijo.

También recordó que le llevaron el pasaporte a domicilio y que se lo entregaron envuelto en el papel de «una especie de boletín oficial del Batallón de inteligencia 601». Recordó que Vergéz (al que jamás nombró directamente) le decia que era un «hombre de inteligencia» y que sus tratos con Javier eran «de hombre de inteligencia a hombre de inteligencia».

Cristina recordó que el 9 de julio de 1977 ella y Raúl salieron hacia Ezeiza, que los metieron en la parte de atrás de un auto en el que Vergéz iba en el lugar del acompañante y que detrás iba un auto de custodia. Que los coches no tenían identificaciones y que en todos los controles mostraban credenciales. Que no realizó abslutamente ningun tramite para salir del país y que Vergéz le dio 200 dólares.

«Me metieron en el un avión y me expulsaron del país, no es que salí al exilio, esto debe quedar claro», destacó. Así llegaron a París, y dos días después a Barcelona, dónde la recibió su cuñada.

«Quiero que se imaginen el horror y el infierno que vivieron mis viejos», dijo, y contó que mientras tanto Vergéz seguía visitándolos.

Como se dijo, Cristina no mencionó a Vergéz ni por sus nombres ni por su apellido. Apenas lo mencionaba como «el imputado». Hasta que el fiscal le preguntó si veía en la sala a su violador. Entonces, estalló: «Vergez, Vergez, Vergez. Es ese señor que esta ahí, lo identifico al cien por ciento. Es él. Ni en cuatro vidas me olvidaría de su cara». Contó que había vuelto a verla cuando una ex mlitante del ERP, Silvia Hodgers, la visitó llevándole una fotocopia del libro «Yo fui Vargas» y, espantada, lo reconoció en las fotos de tapa (dónde Vergez aparece como jinete en el acto de saltar) y contratapa.

«Hace 35 años que espero esto, justicia», dijo.

Y remató su declaración con un «Javier, va por vos».

Ocurrió el viernes pasado, y ningún medio de prensa se hizo eco.

 

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