Noruega, la antítesis de EEUU luego del 11-S

No perderemos nuestro paraíso noruego

Hay una forma de claudicar frente a un ataque como este: dejando de confiar los unos en los otros, permitiendo que la sospecha se instale donde antes vivía la confianza.

ÅSNE SEIERSTAD /El País
Hasta el pasado viernes, Utøya tenía un sabor dulce para la mayoría de los noruegos. Pero esta isla de rocas y pinos, en la que crecen flores silvestres entre los caminos, era, en particular, un paisaje fundamental para los políticos que gobiernan Noruega.
En nuestras conversaciones sobre cotilleos políticos es frecuente oír anécdotas sucedidas en Utøya en el pasado. En esa isla recibieron nuestros ministros socialistas sus primeros besos, tuvieron noviazgos adolescentes y debates de los de «quedarse levantados toda la noche salvando el mundo». «Esta isla es el paraíso de mi juventud», dijo el primer ministro, Jens Stoltenberg, en el discurso que dirigió a la nación la noche del ataque. «Ahora se ha convertido en un infierno».
La isla, en la que murieron al menos 68 jóvenes a manos de un loco, fue un regalo de una poderosa confederación de sindicatos a las juventudes del Partido Laborista tras la Segunda Guerra Mundial. Y este año, por 60ª vez, los jóvenes socialistas de la Liga Juvenil de Trabajadores estaba celebrando allí su campamento político de verano.
El ala juvenil del Partido Laborista ha estado siempre enfrentada a la dirección del partido. Los jóvenes militantes son más verdes y más rojos y, sobre todo, defienden el multiculturalismo y una política de inmigración más abierta y liberal en Noruega.
De ahí que Anders Behring Breivik los considerara sus principales enemigos. Quería herir al Partido Laborista y su capacidad de reclutar gente de la peor forma posible, dice su abogado.
Breivik se proclama salvador de la nación y quiere restablecer una Noruega blanca como aquella en la que crecimos él y yo. En los años setenta y ochenta, era muy poco frecuente ver a una persona de piel oscura, tanto para mí, que crecí en una ciudad de provincias, como para él, en un barrio de clase alta de Oslo. Breivik es un cristiano extremista de esos que planean un «martirio de masas» en una iglesia. Pero nos recuerda a los extremistas musulmanes que, con sangre fría y cegados por la religión, escogen la yihad.
En Noruega, como en el resto de Europa, la inmigración es un tema controvertido. En los países del norte, que no suelen ser el primer punto de entrada y que carecen de pasado colonial, las comunidades de inmigrantes tardaron mucho tiempo en aparecer. Pero ahora, a medida que crecen, lo hace también el racismo. En los últimos años han surgido grupos nacionalistas y páginas web extremistas. Breivik intervenía de forma activa en varias de ellas, y veía sus ideas alimentadas y reforzadas por los elogios de personas con las mismas opiniones, si bien la mayoría de sus amigos cibernéticos se sentirán hoy asqueados.
Si su locura asesina ha aportado algo al debate sobre la inmigración, es probablemente que, a partir de ahora, será más difícil expresar opiniones violentas, y más fácil que otros las refuten. Esperemos que quienes viven en esa zona gris entre la pura derecha y el nacionalismo extremista, avergonzados, rechacen esos foros racistas, después de saber adónde conduce el lenguaje desatado.
Breivik afirma que cuenta con seguidores, pero la reacción del pueblo noruego ha sido uniforme. En Twitter, Facebook e innumerables blogs, todos escriben que quieren luchar por los valores que hacen que Noruega sea Noruega. En la gasolinera de mi calle, o cuando hablo con un vecino con quien, hasta ahora, apenas había intercambiado una palabra, el mensaje es el mismo: no dejaremos que el terror nos cambie.
La respuesta de Jens Stoltenberg es típica del estilo de la sociedad noruega. Mientras que George Bush, al referirse a los terroristas del 11-S, dijo que Estados Unidos iba a «perseguirlos y atraparlos», nuestro primer ministro declaró: «Responderemos a este ataque con más democracia y más apertura». Porque no se ha atacado sólo a nuestro Gobierno o nuestro sistema político, sino también a nuestro modo de pensar, nuestra actitud abierta, inocente y confiada. Hay una forma de perder frente a un ataque como este, y es dejando de confiar unos en otros, permitiendo que la sospecha se instale donde antes vivía la confianza.
Mi editorial tiene las oficinas junto a la zona de la explosión, en el corazón de Oslo. Mi editor estaba en la calle esperando a sus hijas cuando estalló la bomba. «Que le den un buen abogado, un juicio largo y justo y un castigo humanitario», escribió esa misma noche en su blog. «Entonces haremos frente a esta situación como una sociedad civilizada. Así venceremos».
Un colega escritor, consciente de que, en ocasiones, le pasaban por la cabeza ideas despectivas sobre sus vecinos inmigrantes, ha dicho que quizás ha llegado el momento de que todos examinemos el virus del racismo que llevamos en nuestro interior, lo saquemos a la luz y los estudiemos desde todos los ángulos.
Los noruegos, a veces, pensamos que nuestro Estado socialista, con su sanidad gratuita y su educación para todos, es más bien aburrido; tal vez nos parece que los impuestos son demasiado altos, pero nos encanta cuando lo necesitamos. Sin embargo, este viernes maldito nos enteramos de que había una persona para quien este Estado y la gente que lo forma no eran aburridos, ni mucho menos; eran, éramos, el enemigo.
Nuestro Gobierno de coalición entre rojos y verdes ha sufrido críticas cada vez más duras de la extrema derecha por ser demasiado blando en materia de seguridad. Noruega es un país en el que hay que buscar mucho para encontrar a un policía armado. Es un país en el que uno puede pasear por los jardines del Rey a todas horas. Hasta el viernes por la tarde, en que saltó por los aires, también se podía entrar sin más hasta la recepción del edificio que alberga las oficinas del primer ministro.
Si el atentado hubiera sido obra de extremistas musulmanes, las críticas a la ingenuidad del Gobierno se habrían disparado. Se habrían oído sonoras exigencias de más vigilancia, más seguridad, más policía, más verjas y puertas, menos acceso a nuestras autoridades e instituciones y más distancia entre los gobernantes y los gobernados. La página web en la que intervenía Anders Behring Breivik se apresuró a acusar a terroristas musulmanes. Dos horas después del primer atentado, el responsable escribió: «Noruega está en guerra. El Gobierno ha fracasado. ¿Por qué no dice nada el primer ministro?».
Su exigencia no tuvo eco. Por el contrario, el líder de la Liga Juvenil dijo ayer, tras la pérdida de tantos de sus amigos: «Nuestras ideas siguen vivas. Volveremos a Utøya».
Utøya, esta isla de rocas y pinos, es un lugar que el asesino nunca volverá a pisar. Aunque la pena máxima en Noruega para cualquier delito es de 21 años, para obtener la libertad, el criminal debe demostrar que ha cambiado verdaderamente y no va a volver a delinquir. Noruega tiene una política liberal en materia de crimen y castigo, pero existe otra pena más que a Breivik le resultará especialmente severa: tendrá que permanecer, probablemente el resto de su vida, en el más multicultural de los lugares: una prisión noruega.
Åsne Seierstad es una periodista residente en Noruega. Es autora de El librero de Kabul y El ángel de Grozni. © 2011, Åsne Seierstad Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Publicaciones Similares

  • MUNDIAL-CARTA ABIERTA: Importante pronunciamiento

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace La encrucijada Argentina ​No es con poca frecuencia que surge este dilema de fuerte raigambre en todas las épocas, recordable en las grandes jornadas del siglo XX, particularmente en Latinoamérica y Europa, que es parte de un llamado urgente y a la vez de una inevitable vocación de activismo. Un puñado de protagonistas ha organizado un cepo táctico-mediático vigorosamente comprometedor…

  • DEA. De la Sota procura ganar más apoyo de Washington con zalamerías a los adminitradores del comercio de drogas ilícitas

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Los caballos de Troya del imperialismo están, todavía, dentro del PJ. Narcotráfico De la Sota quiere una DEA como en EE.UU., pero en la Argentina Por Martín Dinatale | LA NACION Comentá118 inShare El gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota , consideró ayer que en la Argentina "es necesario un organismo de coordinación nacional contra el narcotráfico como la DEA en…

  • Chica de La Cámpora

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Luciendo una remera de Montoneros (¿es cool?), el pelado Marchetti, líder del conjunto Falopa, canta «Chica de La Cámpora» en el Tasso. El post incluye la letra, supongo que de Marchetti, novio de Victoria Donda, que no hace tanto fue una chica de la Cámpora o algo muy similar (y que por eso está dónde está, gracias al dedo de…

  • Estuvimos ahí, con él.

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Hagan de detectives y miren a minutos 10:07 y 10:22. Tengo hoy exactamente el mismo sentimiento que tuve entonces. Cuanto había puesto en en él. Acaso tanto que se le rompió el corazón. COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace

  • - - -

    EUROPA- AUGE DE LA EXTREMA DERECHA : Cómo afrontará Cataluña la entrada de Vox en el Parlamento

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace ¿Qué se puede hacer una vez que la extrema derecha entra en un Parlamento?   En las recientes elecciones del 14 de febrero, la formación ultraderechista Vox ha conseguido entrar en el Parlamento catalán con 11 diputados (sobre 135)  tras presentarse por primera vez en Cataluña. No es ninguna sorpresa ya que hundió a sus contrincantes de derecha (PP y Ciudadanos), junto…

  • Atentado a la Embajada de Israel / 2: No será un aniversario más.

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace De una nota de José Petrosino que me llegó via e-mail. Suelo disentir muy mucho con su orientación política y sus adjetivaciones, pero quitándoselas, librando su texto de ripios, ruidos y furias, queda esto, y es muy interesante. A dos semanas del XXI aniversario del atentado a la Embajada de Israel Para alquilar balcones El discurso de la Presidenta en…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *