MUJER DEL AÑO: Julia Ruiz Biscontini fue distinguida como tal

Nos conocemos de purretes. Su ex, Enrique «Keny» Berroeta -desaparecido en la ESMA y padre de cuatro de sus cinco hijos- fue mi mejor amigo de la secundaria y a ella la conozco de antes. Hace once días pusimos una baldosa por los desaparecidos del Colegio Nacional Juan Martín de Pueyrredón, balsosa en la no sólo está Keny (también conocido como Polo) sino también su hermano Oscar -que desapareció antes del golpe de estado- y en el acto ella fue una de las oradoras.

PUBLICADO EN EL DIARIO LA REPUBLICA (SAN LUIS)

Provincia – | 29-06-2014 | 08:54 | 0

Fue detenida en la dictadura, presidió la APDH e hizo radio. Hoy trabaja en una biblioteca y lee cuentos en escuelas primarias. Otras 23 villamercedinas también recibieron la distinción.

  • 1/1 Fue reconocida por «sus destacadosvalores, virtudes y acciones en bien de la comunidad».» .
Tiene una dura historia de vida y sufrió los mecanismos del terrorismo de Estado, pero no se amedrentó, sino que siempre luchó por los Derechos Humanos y por el rol de la mujer. Julia Ruiz Biscontini tiene 65 años y supo transformar experiencias fuertes en compromiso para luchar por los demás y la comunidad. Esa entrega y acciones le valieron la distinción y el reconocimiento como «Mujer Mercedina del año» por parte del Concejo Deliberante local, junto a otras 23 villamercedinas.

«Siempre corrí detrás de las necesidades y los derechos de la gente más vulnerable, porque creo que todos los demás tenemos los mismos derechos pero también tenemos más facilidad de defendernos. Los grupos de riesgo son por lo general, y desde siempre, las mujeres, los niños y la gente que está más desprotegido económica y socialmente», sostiene con firmeza Julia.

Aunque nació en Buenos Aires, está radicada en Villa Mercedes desde finales de la década del ’70, cuando huyó de la gran urbe para garantizar la tranquilidad de sus cuatro pequeños hijos. Decidió vivir junto a su madre, que era oriunda de La Toma.
Desde la secundaria comenzó a militar en la Juventud Peronista, luego estudió Ciencias Políticas y se casó con Enrique Berroeta. En 1976, los militares secuestraron a su cuñado que tenía 21 años y un año después a su marido; ambos están aún desaparecidos. «Poco después de mi  marido, me secuestraron a mí y me llevaron a la Mansión Seré (centro clandestino de detención en el partido de Morón). En ese lugar alcancé a ver con vida a mi marido, y luego desapareció», recuerda Julia. Por entonces, ella tenía una niña de tres años y trillizos de un año y tres meses. Estuvo detenida más de un mes y la liberaron, pero no la dejaron en paz. «Durante el cautiverio me obligaron a vender un departamento y entregarle el dinero a los secuestradores. Después me liberaron, pero me perseguían, me acosaban, llamaban todas las madrugadas a casa, era insoportable», relató.
Así, decidió viajar a la provincia natal de su madre, y junto a ella, radicarse en Villa Mercedes. En esta ciudad fue presidenta durante muchos años de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y trabajó en distintos ámbitos, sin atemorizarse por lo vivido.
«Yo creo que al pasado hay que tomarlo, no olvidarlo, exigir justicia, pero trabajar el pasado en función del futuro. Me hubiera vuelto loca pensando solamente en todo lo que había sufrido, entonces eso había que transformarlo en algo positivo porque tenía que seguir viviendo», explicó la licenciada en Ciencias Políticas.
Ya en la ciudad, conoció a una nueva pareja, tuvo otra hija y comenzó una serie de programas en radio. Osvaldo Pedro Herón fue el amor que encontró  por estas tierras, periodista al que Julia ayudaba en su programa de radio, hasta que, un tiempo después, logró su propia emisión radial. «La Caja de Pandora» se llamó el programa que Julia realizó junto a Susana Crinó en LV 15, un espacio desde el que también luchó como mujer. «Había regresado la democracia y se discutía sobre el divorcio. En esos años la sociedad no concebía cómo dos mujeres podían estar al frente d e un programa, hablar de política, de economía y también dar una receta de cocina, nos decían que teníamos que ir a lavar los platos. Después de una dura campaña que nos armaron nos levantaron el programa», recordó. A pesar de ello, tiempo después Julia pudo desarrollar otros programas y hoy asegura, ya sin estar en el aire,  «que la radio te atrapa y pude sembrar semillas que vi varios años después».
Está jubilada pero no puede quedarse sin actividad y sobre todo sin hacer algo por los demás. Desde hace dos años es secretaria de la Biblioteca Antonio Esteban Agüero, en Belgrano 123, y se sumó a las «Abuelas cuenta cuentos» que leen para los chicos de los colegios de la periferia de la ciudad.
«Soy muy feliz con mi trabajo en la biblioteca, rodeada de libros, y también con el grupo que va por las escuelas. Leer cuentos no es un trabajo, es un gusto, y llegamos a la población de la periferia, que tiene quizá menos posibilidades que los chicos del centro de la ciudad. Les enseñamos que en los libros hay un mundo por descubrir, no todo es la tele, internet o la computadora», concluyó la mujer que tiene cuatro hijos, nueve nietos y sigue pensando en cómo construir y colaborar con la comunidad.

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