Libia-Confirmado: El jefe de los rebeldes libios es de la CIA

De cómo el comandante en jefe de los rebeldes libios, el general Galifa Hifter, es, claramente, un hombre de la CIA.


Armas para los rebeldes

Por Alberto López Girondo / Tiempo Argentino

Ni la OTAN ni Washington cuentan con información confiable sobre quién es quién en ese mosaico de intereses unidos por el deseo de expulsar a Khadafi. Por eso dudan sobre la entrega de armamento a la oposición.

Curiosidades de la Historia. Rudolph Hess, uno de los máximos jerarcas nazis, había nacido en la ciudad egipcia de Alejandría, aunque recibió una educación rígidamente germánica. Conoció a Hitler al fin de la Primera Guerra Mundial y adhirió de inmediato a su proyecto. Pero por eso de que algunas fidelidades no incluyen el acompañamiento hasta la sepultura, mientras Alemania preparaba lo que sería la desastrosa invasión a la Rusia soviética, Hess burló las patrullas británicas en un bimotor y cruzó el Canal de la Mancha, en mayo de 1941. Cuando se le terminó el combustible, se tiró en paracaídas. Estaba cerca de Glasgow, Escocia. Fue detenido, condenado por crímenes de lesa humanidad y murió en 1987. Para entonces era el único habitante de la prisión de Spandau, Berlín.

Nunca se confirmó si quiso abandonar al Führer o pretendía negociar una paz con el Reino Unido en su nombre.

El miércoles, el canciller libio Musa Kusa y parte de su familia llegaron a Londres, luego de cruzar la frontera con Túnez subrepticiamente con la excusa de tratarse de la diabetes. En la capital inglesa dijo que renunciaba a seguir representando al gobierno libio. Para la diplomacia occidental es una muestra más de la debilidad de Muammar Khadafi, que no está en condiciones de mantener a su lado a colaboradores tan cercanos como antiguos. Porque Kusa, como se comenta en los corrillos internacionales, es una suerte de “caja negra” de lo que ocurrió en estos 42 años en Libia.

Al igual que Hess, Kusa era la cara amable del régimen y negoció con los países europeos indemnizaciones por el atentado de Lockerbie, Escocia, en 1988, contra un avión de la desaparecida compañía Pan Am en el que murieron 270 personas. Luego acordó las condiciones para que Gran Bretaña entregara al autor del atentado y, de paso, para desactivar el programa de “armas de destrucción masiva” de Libia, lo que le franqueó las puertas de Europa. El problema es que Kusa fue el jefe de los servicios secretos libios entre 1994 y 2009. Por lo tanto sabe muy bien cómo se organizó el golpe y quién lo ordenó, lo que significaría que puede aportar data para un eventual juicio contra Khadafi en La Haya.
 

Por eso el hombre no respira tranquilo, a pesar de que es difícil saber a qué acuerdos podría haber llegado con los británicos para dar semejante salto. Por lo pronto, los familiares de las víctimas de aquel atentado exigen a las autoridades que sea llevado ante la justicia. En el mismo sentido se expresó Mahmud Shamam, ministro de Información del consejo rebelde, con sede en Benghazi, quien además le pide rendir cuentas sobre los crímenes cometidos en suelo libio mientras comandó a los espías nativos. Kusa debería responder por el asesinato de figuras de la oposición que vivían en el exterior y por la represión interna durante todos esos años.

El mismo día se conoció una información publicada por The New York Times acerca de la participación de la CIA en Libia, que según una orden secreta de Barack Obama, incluye la posibilidad de entregar armas a la oposición. También el MI6 británico, para no ser menos, hace de las suyas en las arenas libias, según revelaron los medios internacionales.

La alianza de potencias que intervienen en el conflicto libio no pudo aún avanzar militarmente sobre las tropas leales a Khadafi. Porque la cobertura aérea es un buen escudo para evitar ataques khadafistas, pero no alcanza para torcer el poderío terrestre, habida cuenta de que las milicias rebeldes son un grupo disímil y más voluntarioso que preparado, cuando no escaso en cantidad y calidad militar. Y, además, que ni la OTAN ni Washington cuentan con información certera y confiable sobre quién es quién en ese mosaico de intereses unidos sólo por el deseo de expulsar a Khadafi. Por eso prometen pero dudan sobre la entrega de armamento al Consejo rebelde.

Está fresco en ellos que el apoyo que le dieron a la resistencia afgana contra la invasión soviética a finales de los ’80, que devino en el ascenso al poder de los talibán, un grupo integrista que tiene en vilo a las tropas estadounidense desde hace diez años. Sin hablar del escándalo Irán-Contras.

Pero hay otros personajes emblemáticos que intervienen en este galimatías en que se convirtió Libia. Porque el mando militar de las fuerzas opositoras estuvo hasta hace un par de semanas en manos del general Younes Abdel Fattah, que fue ministro del Interior y un colaborador clave de Khadafi hasta el 22 de febrero, cuando renunció pidiendo a sus colegas que se unieran a la gente para “responder a sus legítimas demandas”. Ex ministro de Seguridad Pública, Fattah trabó una relación privilegiada con los británicos en 1992, a raíz de un incidente diplomático.

No era hombre a quien encomendarse demasiado, de modo que tuvo que dejar su puesto al general Khalifa Hifter o Haftr, según la grafía. Él sí sería de fiar para los gobiernos occidentales. Como que, si bien no hay confirmación oficial sobre su relación con la agencia de espionaje estadounidense –estas cosas no se publican en el Boletín Oficial– pasó los últimos 20 años de su vida con su numerosa familia en Fairfax, Virginia, Estados Unidos. A 20 minutos de Langley, la sede central de la CIA, y a 25 del Pentágono.

La principal ventaja de Hifter es que no es un converso reciente, puesto que abandonó a Khadafi hace mucho. Y que no se fue por apoyar manifestaciones callejeras. Su historial –revelado por el periodista Chris Adams, de McClatchy Newspapers– dice que comandó las tropas libias en la desastrosa aventura en Chad de finales de los ’80. Hifter, por entonces coronel del ejército, fue capturado en 1987 cuando combatía en una rebelión respaldada por Libia contra el gobierno de Hissène Habré, apoyado por los Estados Unidos. En 1990 se trasladó a Virginia y, según testimonia Adams, llegó a ser el comentario de sus vecinos, que no se explicaban cómo hacía para mantener su nivel de vida sin contar con ningún trabajo conocido. Incluso, se recuerda en las crónicas periodísticas, se lo mencionó como líder de la oposición libia en el The Washington Post del 26 de marzo de 1996 durante una revuelta contra Khadafi en Trípoli.

“Los esfuerzos de la CIA son un intento tardío de reunir información básica sobre los rebeldes, que antes de los levantamientos en el norte de África apenas aparecían en las pantallas de los radares de los servicios secretos”, escribió el mismo diario, pero hace unos días.

“Sabemos en contra de qué están”, explicó Mike Rogers, presidente de la comisión de los Servicios Secretos en la Cámara de Representantes estadounidense. “Pero no sabemos realmente a favor de qué están”, concluyó. Entregarles armas a los rebeldes en estas circunstancias sería, aun para un republicano como lo es él, “una idea terrible”.

“El general Khalifa Hifter, el comandante del autoproclamado Ejército Libre de Libia, no se viste para la batalla. En los días recientes, después de que sus fuerzas habían recuperado gran parte del territorio que habían perdido, el militar llevaba un traje a rayas y un suéter de cuello negro.” Así lo describen Alexander Marquardt y Mark Mooney en un artículo para ABCNews.
Quizás aquí podría buscarse alguna explicación a esta carencia de información. Hifter estaba demasiado cómodo en Virginia. Y la CIA también.

Ni la OTAN ni Washington cuentan con información confiable sobre quién es quién en ese mosaico de intereses unidos por el deseo de expulsar a Khadafi. Por eso dudan sobre la entrega de armamento a la oposición.

Curiosidades de la Historia. Rudolph Hess, uno de los máximos jerarcas nazis, había nacido en la ciudad egipcia de Alejandría, aunque recibió una educación rígidamente germánica. Conoció a Hitler al fin de la Primera Guerra Mundial y adhirió de inmediato a su proyecto. Pero por eso de que algunas fidelidades no incluyen el acompañamiento hasta la sepultura, mientras Alemania preparaba lo que sería la desastrosa invasión a la Rusia soviética, Hess burló las patrullas británicas en un bimotor y cruzó el Canal de la Mancha, en mayo de 1941. Cuando se le terminó el combustible, se tiró en paracaídas. Estaba cerca de Glasgow, Escocia. Fue detenido, condenado por crímenes de lesa humanidad y murió en 1987. Para entonces era el único habitante de la prisión de Spandau, Berlín. Nunca se confirmó si quiso abandonar al Führer o pretendía negociar una paz con el Reino Unido en su nombre.

El miércoles, el canciller libio Musa Kusa y parte de su familia llegaron a Londres, luego de cruzar la frontera con Túnez subrepticiamente con la excusa de tratarse de la diabetes. En la capital inglesa dijo que renunciaba a seguir representando al gobierno libio. Para la diplomacia occidental es una muestra más de la debilidad de Muammar Khadafi, que no está en condiciones de mantener a su lado a colaboradores tan cercanos como antiguos. Porque Kusa, como se comenta en los corrillos internacionales, es una suerte de “caja negra” de lo que ocurrió en estos 42 años en Libia.

Al igual que Hess, Kusa era la cara amable del régimen y negoció con los países europeos indemnizaciones por el atentado de Lockerbie, Escocia, en 1988, contra un avión de la desaparecida compañía Pan Am en el que murieron 270 personas. Luego acordó las condiciones para que Gran Bretaña entregara al autor del atentado y, de paso, para desactivar el programa de “armas de destrucción masiva” de Libia, lo que le franqueó las puertas de Europa. El problema es que Kusa fue el jefe de los servicios secretos libios entre 1994 y 2009. Por lo tanto sabe muy bien cómo se organizó el golpe y quién lo ordenó, lo que significaría que puede aportar data para un eventual juicio contra Khadafi en La Haya.

Por eso el hombre no respira tranquilo, a pesar de que es difícil saber a qué acuerdos podría haber llegado con los británicos para dar semejante salto. Por lo pronto, los familiares de las víctimas de aquel atentado exigen a las autoridades que sea llevado ante la justicia. En el mismo sentido se expresó Mahmud Shamam, ministro de Información del consejo rebelde, con sede en Benghazi, quien además le pide rendir cuentas sobre los crímenes cometidos en suelo libio mientras comandó a los espías nativos. Kusa debería responder por el asesinato de figuras de la oposición que vivían en el exterior y por la represión interna durante todos esos años.

El mismo día se conoció una información publicada por The New York Times acerca de la participación de la CIA en Libia, que según una orden secreta de Barack Obama, incluye la posibilidad de entregar armas a la oposición. También el MI6 británico, para no ser menos, hace de las suyas en las arenas libias, según revelaron los medios internacionales.

La alianza de potencias que intervienen en el conflicto libio no pudo aún avanzar militarmente sobre las tropas leales a Khadafi. Porque la cobertura aérea es un buen escudo para evitar ataques khadafistas, pero no alcanza para torcer el poderío terrestre, habida cuenta de que las milicias rebeldes son un grupo disímil y más voluntarioso que preparado, cuando no escaso en cantidad y calidad militar. Y, además, que ni la OTAN ni Washington cuentan con información certera y confiable sobre quién es quién en ese mosaico de intereses unidos sólo por el deseo de expulsar a Khadafi. Por eso prometen pero dudan sobre la entrega de armamento al Consejo rebelde.

Está fresco en ellos que el apoyo que le dieron a la resistencia afgana contra la invasión soviética a finales de los ’80, que devino en el ascenso al poder de los talibán, un grupo integrista que tiene en vilo a las tropas estadounidense desde hace diez años. Sin hablar del escándalo Irán-Contras.

Pero hay otros personajes emblemáticos que intervienen en este galimatías en que se convirtió Libia. Porque el mando militar de las fuerzas opositoras estuvo hasta hace un par de semanas en manos del general Younes Abdel Fattah, que fue ministro del Interior y un colaborador clave de Khadafi hasta el 22 de febrero, cuando renunció pidiendo a sus colegas que se unieran a la gente para “responder a sus legítimas demandas”. Ex ministro de Seguridad Pública, Fattah trabó una relación privilegiada con los británicos en 1992, a raíz de un incidente diplomático.
No era hombre a quien encomendarse demasiado, de modo que tuvo que dejar su puesto al general Khalifa Hifter o Haftr, según la grafía. Él sí sería de fiar para los gobiernos occidentales. Como que, si bien no hay confirmación oficial sobre su relación con la agencia de espionaje estadounidense –estas cosas no se publican en el Boletín Oficial– pasó los últimos 20 años de su vida con su numerosa familia en Fairfax, Virginia, Estados Unidos. A 20 minutos de Langley, la sede central de la CIA, y a 25 del Pentágono.

La principal ventaja de Hifter es que no es un converso reciente, puesto que abandonó a Khadafi hace mucho. Y que no se fue por apoyar manifestaciones callejeras. Su historial –revelado por el periodista Chris Adams, de McClatchy Newspapers– dice que comandó las tropas libias en la desastrosa aventura en Chad de finales de los ’80. Hifter, por entonces coronel del ejército, fue capturado en 1987 cuando combatía en una rebelión respaldada por Libia contra el gobierno de Hissène Habré, apoyado por los Estados Unidos. En 1990 se trasladó a Virginia y, según testimonia Adams, llegó a ser el comentario de sus vecinos, que no se explicaban cómo hacía para mantener su nivel de vida sin contar con ningún trabajo conocido. Incluso, se recuerda en las crónicas periodísticas, se lo mencionó como líder de la oposición libia en el The Washington Post del 26 de marzo de 1996 durante una revuelta contra Khadafi en Trípoli.

“Los esfuerzos de la CIA son un intento tardío de reunir información básica sobre los rebeldes, que antes de los levantamientos en el norte de África apenas aparecían en las pantallas de los radares de los servicios secretos”, escribió el mismo diario, pero hace unos días.
“Sabemos en contra de qué están”, explicó Mike Rogers, presidente de la comisión de los Servicios Secretos en la Cámara de Representantes estadounidense. “Pero no sabemos realmente a favor de qué están”, concluyó. Entregarles armas a los rebeldes en estas circunstancias sería, aun para un republicano como lo es él, “una idea terrible”.

“El general Khalifa Hifter, el comandante del autoproclamado Ejército Libre de Libia, no se viste para la batalla. En los días recientes, después de que sus fuerzas habían recuperado gran parte del territorio que habían perdido, el militar llevaba un traje a rayas y un suéter de cuello negro.” Así lo describen Alexander Marquardt y Mark Mooney en un artículo para ABCNews.

Quizás aquí podría buscarse alguna explicación a esta carencia de información. Hifter estaba demasiado cómodo en Virginia. Y la CIA también.

Publicaciones Similares

  • LIBIA II. La OTAN arroja unas 15 bombas sobre Trípoli

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Trípoli sufre bombardeos más intensos de la OTAN Prensa Latina Al menos tres personas murieron hoy y 150 resultaron heridas en una cadena de bombardeos aéreos de la OTAN sobre esta capital, en la jornada de ataques más intensos contra el líder libio, Muamar El Gadafi. Los aviones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) provocaron alrededor de…

  • Libia: Tiempo de leones

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Por Guadi Calvo / ZOOM / Loboalpha Sobreviviré a mi verdugo.Omar al-Mukhtar Quizás la suerte de Muamar Gadafi comenzó a sellarse hace más de treinta años en las intricadas montañas afganas, donde fundamentalistas seguidores de un santón llamado Abdulá Azzam obedecían coordenadas con el equipo que le facilitaban los asesores norteamericanos para resistir la invasión de las Spetsnaz soviéticas. Por…

  • - -

    LIBIA. Un coronel gadafista encabeza la resistencia con el apoyo de Rusia

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Una nota de un medio ruso que no hace el menor esfuerzo por parecer neutral. Aun así, contiene una gran noticia, al menos para quienes somos orgullosamente nacionales y peronistas: la emergencia del neogadafismo laico en andas de los restos del ejercito nacional libio. ¿Será Libia el segundo frente de Rusia en Oriente Próximo? ¿Qué hay de cierto en las…

  • LIBIA III. Human Rigth Watch falsea fotos para acusar a Gadafi de usar bombas-racimo contra la población

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace  Wag the dog El pasado día 16 de abril la prensa se hizo eco de un artículo publicado en el New York Times que acusó al gobierno libio de atacar el 15 de abril a la población civil de Misrata con bombas de racimo. Según el NYT, la organización Human Right Watch había podido fotografiar y verificar el suceso. En su…

  • OLA MIGRATORIA: Gadafi la había profetizado

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace «Somos una puerta hacia Occidente, a través de la cual millones de africanos tratan de ingresar a Europa. Si la situación se vuelve inestable, entonces Libia se transformará en un segundo Afganistán: millones de inmigrantes se dirigirán a Europa, lo cual repercutirá en toda la región del Mediterráneo», dijo el asesinado lider libio en 2011.  Foto: Saif Al-islam, condenado a…

  • El «top 10» del «Amanecer de la Odisea»

    COMPARTIR 🟢 WhatsApp ✈️ Telegram 📘 Facebook 🔗 Copiar enlace Hola. No dejen de leer lo que cuenta desde Trípoli Leonor, la psicóloga mallorquí. ¡Puro sentido común! El lenguaje de la democracia de los cazabombarderos de la OTAN Pepe Escobar / Asia Times Online (Traducido del inglés para Rebelión por Germñan Leyens) La guerra es la paz. Ahora los manifestantes están fuera de cámara, ahora se filma la diplomacia de…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *