CONFLICTOS-PERIODISMO. De los trabajadores del diario El Ciudadano de Rosario, pedazo de mi corazón
Hace ya trece años y por unos pocos meses, fui director periodístico del diario El Ciudadano, de Rosario. La Capital se había hecho con el control de su único competidor y la patronal había echado a muchos de sus periodistas, ya que había reconvertido a un diario que procuraba asemejarse a El País de Madrid (que todavía no había sido comprado por los norteamericanos) y competía con él (La Capital es el más antiguo de los diarios argentinos) en una especie de Diario Popular. Me había nombrado director a mi para desconcertar a quienes protestaban: no era de Ñuls ni de Central y no tenía antecedentes fachos ni de sumisión a los dictados del capital concentrado. Por el contrario, era conocido por los colegas rosarinos por haber sido jefe de Política de El Porteño, redactor especial, kamikaze, del diario Nuevo Sur y mis libros sobre el asalto al cuartel de La Tablada y el atentado a la AMIA. Fue un invierno muy frio, y en el diario no había calefacción ni dinero, que debía negociar casi a diario en La Capital, diario del que había sido corresponsal free lance. Me impuse como límite que en El Ciudadano no hubiera despidos y no los hubo mientras fui su director periodístico. Y fue en el despacho de éste que empecé el que es hasta ahora mi mejor libro, Ultramar Sur. Desde allí hice tambien mi mejor humorada, que pasó desapercibida. El país estaba de rodillas y yo saqué, en El Ciudadano, un suplemento llamado El Súbdito, en el que la Corriente Realista del Río de la Plata planteaba el regreso del paìs a la España de las autonomías a condiciòn de que se nos dejase conservar un seleccionado nacional de fútbol como el que tuvieron los vascos en 1936-38 (el team euskera estaba en Buenos Aires cuando Euskadi cayó en manos de Franco, y uno de sus pilares, Isidro Lángara, se sumó a mi San Lorenzo, y debutó en el Gasómetro haciéndole 4 -cuatro- goles a River, uno desde media cancha). Aquel suplemento fue la mayor humorada de mi vida (¡minga de Barcelona!) y pasó desapercibida, acaso porque nadie estuvo totalmente seguro de que fuera una broma.
Toda esta monserga viene a cuenta de que amo al diario El Ciudadano. Y que me ha llegado este comuncado de sus trabajadores. Con quienes soy solidario.
