Ecoperonismo. «Perón proponía una revolución mental»
Levanté esta entrevista (que no sé quien hizo) del diario electrónico Mendoza, que a su vez consignaba haberla levantado de Veintitrés. Pero yo compró Veintitrés y no recuerdo haberla visto… En cualquier caso, como es obvio, me resultó interesante. JS
ECOPERONISMO
Habla la titular de la primera Secretaria de Medio Ambiente del pais durante la tercera presidencia de Juan Perón
Yolanda Ortiz: «Perón proponía una revolución mental»
A comienzos de los 70, Perón escribió un texto destinado a las Naciones Unidas en el que instaba a los dirigentes políticos del mundo a iniciar una “revolución mental” en el terreno de las relaciones entre el desarrollo, el consumo y el medio ambiente, una iniciativa que con la muerte del anciano líder fue cajoneada.
Se trató de un mensaje visionario del que nadie hizo acuso de recibo, y que incluso fue rechazado dentro de las filas del peronismo, dice Yolanda Ortiz, que fue entonces la primera secretaria de Medio Ambiente del país. Hoy, a los 84 años, Yolanda sigue trabajando en el Consejo Federal del Ambiente de Mendoza. Y habla de «la revolución mental» que, dice, proponía Perón y qyue fue saboteada por el propio peronismo oficial.
Con el giro que los nuevos gobiernos de izquierda en Latinoamérica le han dado a la perspectiva ambiental, el Perón ecologista adquiere un eco antes impensado y cuenta con una referente histórica de lujo: Yolanda Ortiz, primera secretaria de Medio Ambiente en Latinoamérica en 1973. Si bien no provenía del justicialismo sino de los movimientos sociales que emergieron durante el Mayo Francés, esta tucumana de nacimiento fue la sorpresa de muchos cuando Perón la eligió para conciliar el desarrollo con el medio ambiente. Su labor se cortó drásticamente con la avanzada de López Rega y las Tres A, quienes la obligaron al exilio.
–¿Cómo se explica el casi total desconocimiento que reina sobre la visión pionera de Perón que se anticipa a la concepción actual de desarrollo sustentable?
–Es que nadie recibió aquel mensaje aunque sí se difundió, no se entendió el significado de la revolución mental. Incluso la gente del peronismo fue la primera que lo rechazó.
–¿Por qué razón?
–No lo entendieron. Es algo que siempre me llamó la atención porque yo en cambio me había metido tanto en el mensaje que sentía que lo comprendía frente a todo el resto que de ciego o tuerto no lo captó. Curiosamente las mujeres decían que esto de la ecología era una trampa del sistema para darles más trabajo a ellas. Yo discutí muchísimo pero no había caso, se preguntaban ¿qué es esto? ¿Por qué sale con esto Perón? Y realmente él lo había enfocado como correspondía; no era un problema más, era “el” problema de la sobrevivencia del planeta. Tiempo después hice un documento de análisis de aquel mensaje que le llamé las directrices del discurso, aún con bastante resquemor de que sonara pretencioso de mi parte.
–¿Cómo fue su experiencia al frente de la secretaría? ¿Y cómo jugó el poco tiempo que tuvo ese tercer gobierno de Perón?
–Fue poco tiempo pero una época muy rica en cuanto a compromiso. Fue algo tan intenso que no se explica sin contabilizar los movimientos que arrancaron en mayo de 1968. Si se atiende a ese período que yo viví en Francia como becaria se aprecia lo increíble de esa riqueza, era mucha la inquietud de los movimientos estudiantiles que buscaban algo, no solamente la democratización de la enseñanza porque había una diferencia muy grande entre el profesor y el alumno, mucha solemnidad y pavada pero no un encuentro real. Lamentablemente el golpe militar del ’76 cortó eso y entonces apareció el silencio y el “no te metás”. Pero fijate que hoy la gente joven anda explorando, es la misma cosa que sucedía entonces. El otro día estuve con un grupo de chicos que revisó toda la posición de Perón relacionada con la integración latinoamericana e hicieron un libro hermosísimo; cuando les pregunté qué referentes tenían, me dijeron que ninguno.
–Perón hablaba de la crisis del modelo de producción del capitalismo y del agotamiento de los recursos naturales.
–Fue una ideología maravillosa la de la conciliación del medio ambiente con el desarrollo. Incluso, él recordaba que había sido mentor de la Tercera Posición, treinta años antes, son esos ciclos que ocurren. Creo que todo se diluyó un poco por desidia de muchos, además todo lo que ocurrió después con la desaparición de gente comprometida y a la vez el surgimiento de dirigentes delirantes, todo contribuyó a una mayor confusión y a que no se haya podido captar bien la realidad.
–A la muerte de Perón, ¿qué pasó dentro del gobierno?
–Estaba López Rega que era lo más nefasto que se ha podido pensar. Yo siempre intenté explicarme cómo era posible que integrara el gabinete de alguien tan inteligente, tan lúcido y visionario como era Perón un ser que no sólo le afeaba el frente peronista sino que sobre todo era una persona mala. Cuando murió Perón, él me invitó a tomar un café para pedirme que pasara la Secretaría de Medio Ambiente a Bienestar Social. Yo le dije que no porque Perón tenía muy claro lo que quería, esto es, congeniar la economía con la ecología, por eso había puesto la secretaría dentro de Economía. López Rega retrucó que el resultado era el bienestar, de ahí que debíamos trabajar juntos.
–¿Pero su real intención era…?
–Él quería capitalizar una experiencia muy buena que se había dado de servicio de agua potable para pequeñas comunidades que no tenían agua; era un programa muy bien aceitado y él actuaba por puro proselitismo político, con esa simpleza y mezquindad propia de él.
–¿Es verdad que a partir de su gestión se empezó a obligar a las empresas a hacerse cargo de sus propios residuos?
–Sí. Hasta entonces los residuos eran una externalidad. Nosotros les dijimos que no, que si eran una externalidad entonces ellos no podían trabajar y que si no se iban a hacer cargo, directamente la fábrica no se habilitaba. Del mismo Ministerio de Economía protestaron diciendo que estábamos frenando el desarrollo, pero la orden era de arriba y clara. Fue interesante aquello, igual lo que alcanzamos a hacer en Ambiente Humano. Te diría que fue el inicio de la interdisciplinariedad. Organizamos una reunión en la que invitamos a Maurice Strong y nos pusimos a trabajar en grandes paquetes temáticos: poblaciones rurales, urbanas, educación, legislación, etc. A esta reunión fueron 500 personas, casi todos los gobernadores, fue algo espectacular ver cómo la gente se quedaba sin dormir para tener listo al otro día el documento. Ya entonces me di cuenta de que trataban de sacarme. Había quienes querían que yo me fuera para tomar mi lugar, para eso tuvieron que decir que era guerrillera o que tenía ecólogos que estaban en la guerrilla.
–¿Por el hecho de ser ecologistas fueron tildados de extremistas?
–Yo en realidad no sabía que había gente en la guerrilla, no sabía nada de eso. Recuerdo que estaba en el Consejo Federal de Inversiones en La Plata y me plantean que yo debía cortarle la cabeza a gente que trabajaba conmigo, alguno había tenido un pasado de militancia comunista y eran buenos profesionales. Yo no estaba dispuesta a cometer esa injusticia por gente tan obtusa que no tenía nada que ver con lo ambiental, porque creo que no se puede estar en lo ambiental y tener una mente tan estrecha. Como me negué me contestaron que era a mí a quien le iban a cortar la cabeza. Tuve que irme exiliada a Caracas por seis años y medio. Fue una lástima, si hubiéramos tenido tiempo de desarrollar aquello con todo el interés que había se habría avanzado mucho.
–Me imagino el efecto que habrá causado el que Perón designase a una mujer y le diese cierto poder…
–Fue duro porque no podían creer que Perón hubiera sido capaz de semejante cosa, sobre todo teniendo en cuenta que pasaban a depender de mí secretarías importantes como Recursos Hídricos, por ejemplo, que se había desarrollado muchísimo en la Argentina y sobre todo en Mendoza. Además estaba Recursos Renovables donde entraban bosques, parques, fauna, flora, todas áreas ocupadas por hombres venidos de FAO o de Naciones Unidas; en Minería, lo mismo, y entonces todos esos secretarios pasaron a ser subsecretarios y yo quedaba por encima. Los tipos ponían en el diario que era al revés, que cada uno de ellos era secretario y que yo era la subsecretaria, era increíble pero de esa forma confabulaban.
–Como contrapartida a la década del ’70, ¿en la actualidad cuál es su impresión sobre las políticas de medio ambiente?
–Creo que en este momento se pone de manifiesto una necesidad de cambiar y resignificar muchas cosas, incluso nuestra metodología de ambiente. Creo que debemos preguntarnos por qué cuesta hacer llegar nuestro mensaje, por qué de alguna manera seguimos siendo unos pocos y estamos en el mismo lugar. Entiendo que sin solucionar problemas que son esencialmente prioritarios, como el derecho de la gente a tener lo necesario para vivir dignamente, nosotros quedemos como un pequeño grupo que agita la bandera del medio ambiente. Ahora, cuál es la autocrítica. ¿No estamos obligados a encarar el tema de otra manera? Me pregunto: si Perón tenía claro hace cuarenta años que hacía falta una revolución mental, ¿quién la ha hecho? ¿Acaso no estamos con las mismas cosas viejas?
–Da la impresión de que mientras “ambiente” sea un área más de gestión, nada cambiará.
–Tiene que venir una cosa muy grosa para hacer el cambio y tienen que aparecer las buenas estrategias, este es un proceso que no se hace automáticamente. Lo que no nos puede pasar es que contemos con los mismos elementos de siempre. Hay que hacer más seguimientos, más discusiones, hay que comprometer más a la gente del arte, la literatura, de los medios de comunicación social. Comparado a lo que hay en el país lo de Mendoza ya es importante, se ha presentado un plan y se explicita qué es lo que queda por hacer. Pero claro, es duro porque en primer lugar tenés que hacer la integración, tenés que ponerles fin a las áreas compartimentadas, por acá ambiente, por allá deporte, transporte, vivienda. A su vez hay que tocar intereses muy profundos. Por ahí me da por pensar que son más oscuros los obstáculos de hoy que los que teníamos en el pasado, porque cuando lo tenés medio desdibujado al enemigo es más difícil, no así cuando lo tenés identificado. Y hay cierta trivialización de lo ambiental y una gran burocracia que no te permite ver el rostro por ejemplo de las trasnacionales que aparecen con extraordinarios poderes y nadie sabe quiénes son. Así las cosas, tenés que agudizar el ingenio y preparar mejor a las futuras generaciones para que enfrenten esos fantasmas.
–¿Cuál es su visión sobre el debate de la minería vs. medio ambiente?
–La cuestión es cómo hacemos el encuentro de la economía con la ecología y cómo pueden entender los productores estas cosas del equilibrio ecológico, la biodiversidad, el que todo el mundo se sienta bien y que no se sienta afectado. Es muy importante hacer converger estas cuestiones para que la economía pueda ser sustentable. Es una lástima que haya gente que no acepte vivenciarlo o sólo esté pensando en cómo ganar más, como sucede con la soja. Es un debate clave el de la minería y en esto no vale decir “esto no se toca” porque sí. Hay que debatir con estrategia y dar argumentos válidos y reflexionar conjuntamente.
–¿Qué cosas le dan esperanza? En Mendoza, muchos están señalando que se está dando una experiencia interesante al haber abierto foros de debate y recuperar el planeamiento estratégico.
–Eso es lo que quisiéramos. Mendoza tiene tantos recursos humanos, tanto apoyo logístico, tanta cantidad de gente válida desde el punto de vista de su competencia y profesionalidad, además del equipamiento del que se dispone, que todo eso ha de ser un foro permanente de discusión de los grandes problemas. Con respecto a Mendoza yo a veces me pongo a ver todo lo que se ha hecho y pienso que reúne las mejores condiciones. Es como si estuvieran tan cerca de la naturaleza que si fuera natural no hubiera podido ser mejor. Yo soy tucumana y allá veo que mis coterráneos tienen varios cafés donde se encuentran para arreglar el mundo; acá no, hay otra cultura, acá se está haciendo y la prueba es que tenés el oasis hecho por la mano del hombre, no podés dejar de reconocer que el hombre ha actuado y producido una organización increíble. Por eso la considero como la hermana mayor, la que ha de estar proponiendo a las demás, la que debe ayudar a seguir buscando la sustentabilidad de la economía. Aquí se está trabajando con el vino que es algo de la tierra que además tiene que ver con la diversidad. Esa historia ya le da un sello, a lo que hay que sumarle la gente eficiente trabajando en esa línea del mejoramiento.
–El problema de Mendoza es la escasez del agua, de ahí que sea fundamental que la política se centre en su cuidado y en su reparto equitativo en el territorio.
–Cuando digo que Mendoza tiene que hacer de hermana mayor no digo que deba hacerlo por modestia sino por obligación. Está en la vocación del mendocino porque la gente buena se hace en la escasez y no en la abundancia, por lo general. Si aquí se supo de los constreñimientos, de la escasez de agua y de suelo fértil, y supieron arreglarse con mucha sabiduría, este es un dato muy importante. Es todo lo contrario a lo que ha pasado en el mundo donde se creía en los recursos infinitos y por ende se ha dilapidado todo, se ha permitido el saqueo. Además, como todo aquel que tiene algo mejor que los demás, tiene obligación de ofrecerlo y empujar a los demás para que ellos también se expongan y salgamos de este estado donde nadie discute ni nadie gestiona. Mendoza tiene que contar lo que está haciendo para que otros lo tomen como modelo.
–¿Alguna recomendación especial?
–Una cosa que yo recomiendo muchísimo es que se pongan todas las miradas posibles, por lo general los hombres no terminan de entender el porqué de la necesidad de la intervención de la mujer. De ahí que las mujeres sí están a la hora del trabajo pero no a la hora de tomar decisiones. Ellas pueden introducir otra mirada, si el machismo impide verlo se pierde la complejidad necesaria, eso que le da el actuar con los dos hemisferios. Esto no es feminismo, es sólo decir que los hombres están siempre como saltando en una pata, simplemente porque se niegan a la complementariedad. Otra idea que sugiero es involucrar a todos los actores. Si esta es una crisis de educación y conocimiento, creo que hay que incluir, y eso puede hacerse a través de las tecnicaturas.
–¿En qué consiste eso?
–En que todo el mundo tenga derecho a que se le reconozca el conocimiento que ha adquirido en el trabajo. Que esté certificado que tal trabajo le ha dado tal conocimiento, es un papelito que te dice “yo soy esto”. Es un giro importante porque antes uno tenía que tener conocimiento para trabajar, ahora es al revés, ahora hay que salir a buscar a los que han tenido el conocimiento que les ha dado el trabajo para que sigan la carrera y sigan creciendo, dándoles el acceso que no se les ha dado a todos aquellos que han tenido necesidad de trabajar y ninguna oportunidad de estudiar. Yo creo que así, además, aumentás la masa crítica que necesitás para el medio ambiente, porque si vos no entendés lo que es el medio ambiente no entendés nada. Y no es que tenés que meterte un poco, tenés que meterte en serio, con alguna metodología que le permita al experto tener más tiempo para pensar y crear. Es una propuesta en la que deposito gran esperanza.
Fuente: Revista Veintitrés
