El descenso de Patti al infierno

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Patti y el crimen del periodista

Por  Raúl Arcomano / Miradas al Sur

La Justicia procesó al ex policía por el secuestro y asesinato de Ricardo Giménez, ocurrido antes del golpe de 1976.

La primera vez que lo fueron a buscar, Ricardo Gabriel Giménez se salvó. Fue una madrugada de diciembre de 1975. La patota cayó en la casa de sus tíos Marcos y Olga, pero no lo encontró. No estaba allí. Antes de irse, destruyeron la casa. Su tía reconoció en ese allanamiento ilegal a uno de los policías: era el entonces oficial subayudante segundo Luis Abelardo Patti, de la comisaría de Escobar. La segunda vez que fueron a apresarlo, Giménez no tuvo tanta suerte. Fue un par de semanas después, el 7 de enero de 1976. En esa oportunidad el operativo llegó a la casa de sus abuelos. Patti, que a principios de ese año había sido ascendido a oficial subinspector segundo, era de la partida. Había siete policías más, armados con fusiles FAL. Giménez estaba allí con otros tíos, Benito y Gerarda, que habían venido con dos de sus hijos desde Tucumán a pasar unos días en Buenos Aires. «Negro, te venimos a buscar», le dijeron. Y lo chuparon. De paso, las ratas se llevaron un botín de guerra: libros, una tijera, un bombeador de agua, una máquina de escribir, cubiertos. La familia de Giménez no supo más de Ricardo por treinta y dos largos años. Se lo considera el primer desaparecido de Escobar. Por su crimen, Patti fue procesado ahora por la Justicia.

Giménez era periodista. Se había integrado a la Juventud Peronista en 1972. Con sus compañeros de militancia se reunía en un sindicato rural de la zona. Daba clases a adultos por las noches. Y escribía en el semanario El Actual, de Escobar, que dejó de editarse en 1976. La publicación era dirigida por Tilo Wenner, un poeta y periodista que también está desaparecido.
El auto de procesamiento contra Patti, que dispuso el juez Adrián González Charvay, a cargo del juzgado federal de Campana, sostiene que distintos testimonios incorporados al expediente afirman que «producto de su militancia política, sumado a su labor en un diario que mantenía una posición crítica respecto del uso de la fuerza policial para resolver conflictos sociales y gremiales, Giménez venía sufriendo diversos hostigamientos por parte del personal policial de la comisaría de Escobar». En particular, de Patti. Por eso lo procesó por los delitos de «privación ilegal de la libertad agravada, imposición de tormentos agravados y homicidio agravado». Además, le embargó sus bienes por un valor de un millón de pesos.

Giménez estuvo secuestrado veintiún o veintidós días. Su familia, amigos y compañeros lo buscaron por todos lados. Publicaron solicitadas en el diario. Su hermano Juan Paulo Vergara presentó habeas corpus y denunció judicialmente su desaparición el 23 de enero de 1976. Pero a Giménez lo torturaron y lo mataron seis días después. El cuerpo maniatado, apuñalado y mutilado, con la cara desfigurada, lo tiraron el 29 de enero en un descampado conocido como La Quema, en Moreno. Allí los camiones tiraban la basura de la ciudad. El cadáver fue hallado un día después por la comisaría local. Y fue identificado por la policía el 2 de febrero, pero no dieron aviso a la familia ni al Registro Provincial de las Personas. Así, fue enterrado como NN en el cementerio de Moreno. En la morgue de Campana la familia creyó reconocer a Ricardo en un cadáver calcinado, con el rostro desfigurado por un escopetazo y amputado de manos y pies. No era él, supieron luego.

Recién en 2007, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, la familia supo que aquel cuerpo encontrado en un basural era Ricardo. Un año después, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional confirmó el dato. Según el escrito del juez González Charvay, «Patti habría ocultado elementos destinados a servir de prueba cuando a partir del 5 de febrero de 1976 se tapó el resultado de la identificación del cadáver y se lo inhumó, ese mismo día, como NN». Treinta y dos años después de su desaparición, la familia pudo saber qué había pasado con Ricardo. De todos modos, no pudieron contar con sus restos: en 1982 habían sido llevados al osario general.

Militancia vigilada. El grupo de militancia de Giménez estaba integrado por Héctor Iván Salas, los hermanos Raúl y Hugo Jaime, Gastón Gonçalves, Raúl Marciano, Lito López, Arturo Videla, Orlando Edmundo Ubiedo, Enrique Tomanelli. Comenzaron a ser perseguidos meses antes del golpe del 24 de marzo de 1976. ¿Cómo era y cómo actuó el aparato represivo en Escobar? Responde a Miradas al Sur una fuente judicial que conoce la zona: «Actuaron elementos policiales locales que hostigaron primero y luego directamente capturaron, torturaron y dieron muerte a integrantes del grupo de militantes de la zona. Siempre a partir de específicas actividades de inteligencia previas y respondiendo a la matriz criminal que impuso el Ejército.» El dictamen judicial refuerza esa idea. Sostiene que el grupo de militantes fue «perseguido, amenazado, amedrentado, secuestrado, atormentado, desaparecido y matado en la zona de Escobar por parte de grupos operativos de fuerzas conjuntas, integrados por personal de la comisaría de Escobar, y que tenían desde fines del año 1973 un rol protagónico en represión de manifestaciones sociales, gremiales y políticas».

Las pruebas contra Patti son contundentes. Hay testimonios directos de familiares, que estuvieron presentes en los allanamientos. Incluso se lo individualiza directamente. Y, por supuesto, describen en detalle todas las circunstancias de los episodios. «Están también los testimonios de los compañeros de militancia de Giménez, que coinciden en señalar que todo el grupo de la JP era hostigado y perseguido por los policías de Escobar, y especialmente por Patti.» A esto se suma la prueba documental: en los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense (Dipba) aparece claramente que este grupo de militantes fue objeto de seguimientos y observaciones, aun antes del golpe. Los archivos de la Dipba también vincularon el accionar de la comisaría de Escobar y sus «grupos operativos» en acciones conjuntas con el Ejército.

Perpetua en el hospital. Por el crimen de Gonçalves, en abril de este año Patti fue condenado a perpetua en cárcel común. Se lo consideró partícipe primario del asesinato. Lo condenaron –además– por siete casos de secuestros, tres de tormentos y dos allanamientos ilegales. Fue la primera sentencia que recibió por sus crímenes durante la dictadura. Hoy el ex policía está detenido en el complejo penitenciario de Ezeiza. En una sala del Hospital Penitenciario Central, porque hace un tiempo sufrió un accidente cerebrovascular. «Aunque la sentencia no está firme, en el propio juicio que se le siguió se estableció que la persecución de los militantes de la JP había comenzado antes del golpe. Y que la puesta en marcha de esa matriz represiva local tuvo en Giménez a su primera víctima, hasta ahora conocida», dice la fuente judicial. Patti fue luego subcomisario, y desde ese rol llegó a ser intendente de Escobar, en 1995. Diez años después fue electo diputado nacional. No pudo asumir porque ya estaba siendo investigado por delitos de lesa humanidad.

Por el secuestro y posterior asesinato de Giménez fue indagado. Lo hizo por escrito. Patti dijo que no existían en esos momentos cursos de Inteligencia en la policía. «Jamás hasta 1976 inclusive, período que se me reprocha actividad de Inteligencia o Informaciones, realicé curso alguno sobre el tema», declaró. Sobre Giménez sostuvo que «nunca» lo conoció. Y señaló: «El lugar donde se denuncia trabajaba tenía varios empleados y era una imprenta a no más de media cuadra de la comisaría de Escobar.» Se refería a la imprenta El Rayo, donde se editaba El Actual. Sí reconoció que él y sus compañeros policías conocían a Wenner. Negó también haber participado de los allanamientos y de haber reconocido el cuerpo de Giménez. Una aclaración: no estaba obligado a decir la verdad.

Sin embargo, el juez González Charvay logró establecer que Patti cometió los delitos de los que se lo acusa. «El entonces suboficial fue parte de una maquinaria ilegal y clandestina de represión que utilizó las estructuras del Estado.» Dentro de ese esquema, la investigación judicial estableció que policías como Patti actuaron subordinados al Ejército a través del Comando de Institutos Militares. «Se tiene establecido que Patti actuó integrando un aparato organizado de represión ilegal y clandestina, y que en ese marco tuvo perfecto dominio sobre la porción de los hechos que cometió, respondiendo a una decisión criminal superior. No puede descartarse que, en la medida que se establezca judicialmente quiénes integraban esa estructura ilegal al momento de los hechos en esa zona, pueda haber nuevos imputados en el caso», confió la fuente judicial. Que concluyó: «La causa se encuentra en la etapa preparatoria y con una decisión que, aunque provisoria, establece la responsabilidad de Patti frente a los hechos comprobados. Obviamente la investigación debe continuar avanzando hacia otros niveles de responsabilidad.».


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