Esta mina es un lujo
Ayer, un conocido me echó en cara mi «cristinismo». Pero bueno, realmemente miró a mi alrededor, escucho a la Presidenta ante la UIA y me parece un lujo.
Claro, miro al auditorio y veo que algunos supuestos cristianos son en verdad ratas y me da por las bolas ver detrás de la Presi la marca del canalla que fue cómplice de El Apagón y sus casi cuarenta desaparecidos. El octogenario Blaquier, un crápula que debería estar preso, fue, en dura porfía con los hermanos Bulgheroni, el empresario que más abierta y decididamente apoyó a la dictadura. Como éstos, puso dinero y dio otro tipo de apoyo material a las expediciones de los militares argentinos a Centroamérica a comienzos de los ’80, y muy posiblemente antes a la ejecución del golpe de estado que derrocó a la presidenta constitucional Lidia Gueiler a mediados de 1980. Ver a tipos como ellos junto a la Presidente, más que un sapo es un escuerzo buey que nos tragamos.
Pero bueno, las grandes mayorías populares no están reclamando ninguna revolución abrupta sino la continuidad y profundidad de un «modelo» de desarrollo autocentrado con creciente inclusión y justicia social, y en este contexto, el de la realidad, esta mina es un lujo: desde el primer Perón que el Estado no hablaba con la lengua que resucitó el kirchnerismo, la de la inclusión con justicia social.
Y hacer Tecnópolis todos los años en el predio dónde estaba el cuartel de Villa Martelli donde hace 22 años los milicos balearon a la gente me parece un símbolo muy claro de lo que está pasando. A diferencia de la vieja Europa, Argentina tiene futuro.
No nos lo dejemos arrebatar.
