Robo de bebés. La declaración de Silvia Labayru

Abuelas pidió que se investigue a tres civiles mencionados por una sobreviviente de la ESMA

TELAM

La Asociación Abuelas de Plaza de Mayo pidió hoy investigar a tres civiles, entre ellos un sacerdote, por su rol en la última dictadura militar, luego que una sobreviviente de ESMA detalló que sabían lo que ocurría en ese centro clandestino de detención.

El pedido de los querellantes fue formulado al Tribunal Oral Federal 6 al terminar la declaración de Silvia Labayrú, quien durante dos horas y media narró desde Madrid en videoconferencia su cautiverio en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde dio a luz una beba que fue entregada a su familia biológica.

El abogado Luciano Hazzan solicitó al Tribunal que derive la declaración de Labayrú al juzgado federal 12, donde se sigue la megacausa ESMA, para que “sin más demora se investiguen eventuales responsabilidades penales”.

Labayrú nombró a un sacerdote primo hermano de Jorge “Tigre”Acosta; al hermano del ex dueño de la disco Mau Mau en Buenos Aires y a un periodista televisivo de la época.

La ex militante montonera narró su secuestró a los 20 años, cuando estaba embarazada de cinco meses, el parto en una sala de tortura de la ESMA y luego la entrega de la niña, Vera, a sus abuelos maternos.

Y relató que la pequeña fue bautizada por un sacerdote primo hermano del detenido represor Jorge “Tigre”Acosta, Eugenio Acosta, en una iglesia de Barrio Norte.

Además aseguró que cuando fue liberada y viajó a Madrid, Acosta le dio la “instrucción personal” de reportarse “semanalmente con un amigo de él que vivía allí, José Lataliste”.

“Era el hermano de Alberto Lataliste, el dueño de Mau Mau en Buenos Aires y manejaba una sede en Marbella, me dijo que era un querido amigo suyo y tenía que llamarlo y decirle que estaba ahí. Era una conversación por demás ridícula, sin ton ni son, lo llamaba y le decía que ahí estaba yo”, recordó y ofreció el número telefónico que usaba al tribunal.

También aludió a visitas que un periodista televisivo de la época, al que identificó como “Héctor Auyero” hizo a la ESMA.

“Había personas del mundo civil amigas del capitán Acosta y entraban por ahí a ver el espectáculo. Hubo otros periodistas y estaba Héctor Auyero, periodista de TV de la época, sabían los que estaba ocurriendo”, aseguró.

“Esta idea de que lo que ocurría en esos días era completamente desconocido era una idea bastante falsa. A veces me obligaban a asistir con Antonio Pernías a reuniones con señoras de la alta sociedad en la calle Posadas donde se reunían para congratularse de los resultados de la lucha antiterrorista”, refirió.

“Y el señor Eugenio Acosta, que bautizó a mi hija, llegaba a medianoche a la ESMA con una carpeta donde recortaba todos los artículos de prensa donde se veía cuántos grupos habían exterminado”, añadió.

Y contó que el represor Acosta la mandaba a escucharlo.

“Supongo que su primo hermano lo aburría mucho y entonces me hacía bajar a mí a atenderlo y escuchar sus charlas y platicar con él. El sabía que yo era una secuestrada y lo sabía tan bien que cuando bautiza a mi hija dijo que esperaba que esta niña no fuera mala como era su madre”.

“Sabía positivamente quiénes éramos y se presentaba en la ESMA para compartir la alegría por las personas asesinadas esa semana, ese era el clima”, concluyó.

Labayrú provenía de una familia militar, su padre era marino retirado y logró hablar por teléfono con Acosta en una oportunidad luego del secuestro para decirle que él también era “antimontonero”.

Por ello supuso que su beba se salvó de ser apropiada y fue entregada a su madre en la puerta de una iglesia de Belgrano y ella liberada tras un año y medio de cautiverio.

Tras dar a luz a los diez meses de embarazo en una sala de torturas de la ESMA y atendida por el ginecólogo del hospital Naval Jorge Magnacco, Labayrú siguió secuestrada y se incorporó a lo que se conoció como la “mano de obra esclava” en la ESMA.

Antes contó que Acosta entró con un ramo de flores al cuarto de torturas y que luego fue de compras con el ex represor Héctor Febrés a un comercio en Belgrano donde adquirieron el ajuar con que la beba fue entregada a su abuela materna.

En diciembre de 1977 comenzó a trabajar como secretaria en “una empresa montada por la Marina en una propiedad de un secuestrado, se llamaba Multivisión, y filmabn cortos mostrando ‘que estaba todo lindo’ en Argentina”.

También fue usada para infiltrarse como ocurrió en la iglesia de la Santa Cruz, donde el entonces capitán Alfredo Astiz se hizo pasar por Gustavo Niño en busca de un hermano desaparecido y la llevaba a ella como otra hermana de la falsa víctima de la represión ilegal.

“El nacimiento de mi hija y que fuera entregada a familiares fue presentado como un gran privilegio por estas personas que se apropiaban de los bebés y permitían a las embarazadas llegar a término para luego apropiarse de la mercancía”, concluyó.

Y recordó que en los cinco meses de embarazo cursados en la ESMA durmió en una colchoneta en el sector Capucha , nunca recibió asistencia médica para ella ni el bebé y comió lo mismo que otros secuestrados.

“Quiero poner de manifiesto la falsedad de estos presuntos sentimientos humanitarios” con que decían justificar el robo de los bebés y la entrega a otras familias para criarlos.

De profesión psicóloga, Labayrú fue secuestrada el 29 de diciembre de 1976 en Barrio Norte y pese a que estaba embarazada de cinco meses la golpearon, desnudaron y torturaron en un camastro.

“Me preguntaban por mi marido y mi cuñada, Cristina Lennie, una militante montonera muy buscada”, que se suicidó con una pastilla de cianuro al acudir a una cita donde se dio cuenta era esperada por el grupo de tareas de la ESMA.

“Yo formaba parte de esa organización y no quiero eludir en ningún caso ese dato, era aspirante a miembro, mi cuñada era oficial como su marido, Alberto Lennie, quien se exilió tras el secuestro de otra hermana de 17 años y sus padres, respetabilísimos empresarios que luego fueron liberados”, concluyó.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: