Verbitsky cambió de diario

… al menos, el domingo pasado.

La habitual columna de los domingos de Horacicio Verbitsky en Página/12 no se publicó. En cambio, Verbitsky estuvo presente con igual despliegue (tres páginas) en Tiempo Argentino.
Es verdad que no se trató de una nota escrita por Verbitsky, sino de la transcripción de una charla que dio en el lugar donde en los primeros tiempos de la dictadura estaba el centro clandestino de detención de la Fuerza Aérea conocido como Mansión Seré, en Morón.
La charla comenzó con un «Este año cumplo 50 años como periodista» y consistió básicamente en un racconto de su vida. Por primera vez (al menos, que yo sepa) Verbitsky habló en público de su militancia en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y Montoneros, a los que se pasó a fines de 1972.
Verbitsky esbozó alguna autocrítica al decir que «El más grave error de la militancia en ese momento era esa línea operativa de asesinar dirigentes sindicales» y añadir que «visto desde la edad y experiencia que si tengo hoy, no le encuentro la justificación que si le vi entonces».
Llamó la atención que al referirse al diario Noticias aparezca diciendo «Dirigí a Paco Urondo, Rodolfo Walsh, Juan Gelman, Gregorio Levenson -que se ocupaba de la parte administrativa del diario-, Miguel Bonasso…», ya que es sábido que al menos Levenson, Bonasso (director) y Urondo (jefe político en nombre de Montoneros) estaban bajo su férula.
En descargo de Verbitsky puede decirse que acaso se trate de un error, y que está claro que él no revisó la transcripción, ya que cuando se habla de la imprenta cooperativa donde se imprimía Noticias se pone «Costal» cuando se trata de Cogtal.
Puntualizó que tras la clausura de Noticias vivió en Perú (a dónde fue, dijo, invitado para «escribir un libro sobre el proceso de los diarios») durante un año, regresó al país en diciembre de 1975, es decir, antes del golpe, y no hizo referencia a ningún viaje posterior.
Verbitsky se reivindicó como uno de los fundadores de la Central de Trabajadores Argentinos a comienzos de los ’90 («Me acuerdo cuando fundamos la CTA. Participamos conjuntamente con el MTA de Hugo Moyano y ‘Bocha’ Palacios en la lucha contra el proyecto económico neoliberal») y estableció una relación causa-efecto entre la aparición de «El Vuelo», su larga entrevista al desgraciado marino Adolfo Scilingo (a quien ni siquiera nombró) y la eclosión en 1996 de una nueva generación de militantes: «Esta confesión en primera persona trajo como un alivio para los familiares de detenidos y desaparecidos, para sus hijos, que se habían escondido, (que) tenían vergüenza de contar su historia,  de sentirse marginados, (que) ocultaban su historia. A partir de ahí se juntaron, se manifiestan y surge HIJOS, de descendientes de las víctimas, todo un cambio generacional», concluye la transcripción, que acaso no sea completa, pues hay omisiones tan notables como cualquier referencia a «Robo para la corona», lejos el libro más vendido de toda la larga transición de la dictadura a la democracia.
Otras omisiones resonantes fueron la inexistencia de cualquier comentario respecto a sus añejas relaciones con la cúpula de Clarín (que determinaron en 2002 tanto su oposición a la detención de la apropiadora Ernestina Herrera de Noble como la posterior desaparición de la Asociación Periodistas, de la que era principal animador) y que sólo se refiriera a la actual primera espada judicial de aquella,  el ex juez Gabriel Cavallo, como quien «en marzo de 2001» y «en un clima de mucha movilización … declaró nulas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y comenzó todo un proceso». Y es que Cavallo, el supuesto prócer de los Derechos Humanos (que hoy procura por todos los medios que no pueda establecerse la identidad de quienes fueron apropiados de bebés por la viuda de Roberto Noble) fue en enorme medida una invención suya.

     

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