El pueblo protege a Maradona de «la gorra periodística»

El Oscuro sigue respondiéndole a Diego O. (que hace muchos años vive en NY), un riquelmista de ley. Como el Pájaro Rojo, que no obstante hace rato ha llegado a la misma conclusión que el autor.


Por Teodoro Boot

Si la versión que tengo (provista por el ubicuo señor Fuentes, santo patrono del mundo periodístico) sobre las razones del quilombo Riquelme-Maradona es aproximadamente fidedigna, te aseguro que estarías del lado de Maradona. Y si vamos a hablar en serio, esto no es cuestión de Maradona. Basta con hacer zapping por los programas deportivos para quedar demudados: Bielsa es Gardel, al menos en la opinión de los mismos tipos que en su momento lo hicieron mierda y de las peores maneras, primero porque era un atravesado en las conferencias de prensa (lo sigue siendo, y peor, pero ahora no les importa) y después porque en ese mundial el seleccionado no pasó de la primera ronda. Y detrás de los periodistas, el mundo empelotudecido de la afición deportiva y argentina en general.
Ah, y Bielsa también se había peleado con Riquelme…Y no fue el primero, ni Maradona el último.
Pero resultó en mi opinión mucho peor el destrato a Peckermann, para mí, de lejos, el mejor técnico que tuvo la selección desde Mennotti en adelante. Y nombro a Menotti a pesar de que fue un muy buen técnico en la selección gracias al apoyo oficial, que en esas épocas no era para tomarse en joda. Pero no voy a decir que «así cualquiera», porque en Argentina se jugó de una forma antes de Menotti y de otra, después.
Lo de Peckermann fue horrendo y escuchar a cuanto pelotudo andaba dando vueltas por ahí decir que era un inútil el mismo tipo que había dirigido más de cinco o seis selecciones juveniles campeonas, daba hasta verguenza ajena. Claro, «una cosa es con los chicos y otra con los grandes…». ¡Con chicos como Carlitos Tevez cuando vivía en Fuerte Apache! Si lo mirabas y le dabas la billetera… Fácil es ahora, que es un pibe feliz.
Lo felicito a Peckerman por haberlos mandado a todos a la puta que los parió, porque acá cualquiera se pone a decir giladas y se siente Sócrates.
Con Maradona la cosa se encarajina. Primero, porque más allá de sus rasgos de carácter, sigue siendo un ídolo popular, y de la clase más querida, tipo ángel caído.
Segundo, porque es la versión moderna y decadente de Bairoletto: siempre contra el poder, los canas, «la gorra». Al pedo y mal, pero no es un líder político sino un gran jugador de futbol retirado. A veces da risa que alguna gente se escandalice de lo mal que habla. Borges hablaba mal, y encima escribía, no jugaba al futbol.
Tercero, porque a Maradona se le ocurrió manifestarse a favor de la ley de medios: fue entonces que los periodistas de los grupos mediáticos se lo pusieron entre ceja y ceja. En serio, ahora que es fácil, en la gráfica es posible rastrear la cronología. En la radio y TV, que es donde resultó más evidente, hacen falta recursos que no los tiene cualquiera. Pero hay quienes los tienen y los usan, como la productora de 678, TVR y Duro de domar, que justamente lo que usan es mucho archivo.
A Maradona lo empezaron a matar después de eso, pero ocurrió que además de meterse con Maradona, en este y otros temas los grupos mediáticos se pasaron de la raya tanto y tan mal, que pusieron en cuestión hasta aquello en lo que no mentían. Algo así como el Indec de Clarín y Vila/Manzano.
Entonces, por un lado en el último año el mundo periodístico gráfico, radial y televisivo fue perdiendo y en forma muy acelerada la poca credibilidad que podía tener. Por la otra, se metieron con Maradona. Y encima con una selección que, no importan ni aciertos ni errores, la afición (que es muy mucha) tomó como suya, no sé por qué. Pero fue más suya, más popularmente querida (al tiempo que periodísticamente criticada), que las de los últimos dos mundiales.
El domingo laburaba tranquilo y sin afeitarme cuando Juan me mandó un mensaje telefónico: «Estoy en el bar de la esquina, enfrente de la farmacia». Deduje, perspicaz, que se refería a la esquina de mi casa, donde además de la farmacia hay un bar.
Estaba medio podrido de mejorar la versión española que había recibido de Cumbres Borrascosas, así que decidí bajar a tomar un café con Salinas. Estaba en el ascensor, en este caso descensor, medio pelotudo de tanto Heathcliff, Catalinas y Eleneas Dean cuando una vecina anciana con modismos medio gallegos me comentó que venía de visitar a su hijo y que en TV había visto lo emocionados que estaban los muchachos, que era tanta la gente, que no se lo esperaban, que lloraban y qué sé yo. «De qué mierda hablará esta vieja», me dije mientras le dedicaba mi sonrisa más encantadora.
En el bar, una pantalla de TV onda Cinerama mostraba lo que había emocionado tanto a la vieja charlatana: un toco de gente rodeando el micro en Ezeiza, saludando a los jugadores del seleccionado.
Malo de mí le comenté a Salinas: Deben estar ahí todos los kirchneristas.
Un comentario estúpido. Cuando lo ví más tarde, en noticieros y demás programas que, a falta de noticias sangrientas que levanten el rating, se dedican a repetir siempre lo mismo, pude observar que no habia carteles ni banderas partidarias. Y el kirchnerismo no es tan sutil, sino más bien lo contrario. Eran tipos sueltos, barritas, grupos de muchachos, mayoritariamente de las cercanías, ese horrendo conurbano en el que pueden ganar monstruosos robots como De Narvaez, los que habían ido ¿a qué?
La respuesta es fácil: eran miles (más de 20 mil, según Clarín) que habían concurrido con el propósito casi explícito de proteger a Maradona.
¿De qué? ¿De quién?
¿Y de quién va a ser? De la gorra periodística.

En fin, que no hay ni lucha de clases, ni reales discusiones sobre futbol, ni poesía simbolista, aunque sí, capaz, que una pelea simbólica.
En todo caso, en el mundo de los chantas, este petiso melancólico y  lleno de defectos, es rey.

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