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COREA DEL NORTE. Homenaje a los militares que combatieron en Rusia repeliendo la invasión ucraniana

Hubo entre 15.000 y 20.000 soldados ucranianos peleando a las órdenes del estado mayor ruso en la reconquista de la ciudad rusa de Kursk, que había sido tomada por invasores ucranianos. Que al parecer lograron tomar prisioneros a tres norcoreanos, pero todo indica que muchos prefirieron suicidarse haciendo detonar granadas antes de entregarse.

Corea del Norte es uno de los países más opacos para los medios periodísticos de Occidente. Como ha permanecido cerrado a cal y canto desde la guerra contra los Estados Unidos y el gobierno títere de Seúl (1950-1953) excepto por la ayuda proporcionada por el ejército chino, tengo la sospecha de que los coreanos del norte son étnicamente homogéneos, casi todos emparentados pues de otro modo no sería comprensible la falta de oposición visible.

Se mucho más de Irán que de Corea del Norte gracias a mi investigación de los atentados a la Embajada de Israel y a la DAIA-AMIA y las infundadas acusaciones formuladas contra funcionarios y ex funcionario de la República Islámica. Eso hizo que no me sorprendiera por el hecho de que sus ciudadanos, ante los bombardeos, en lugar de esconderse bajo tierra, se amuchen en las calles de sus ciudades.

Y es que la inmensa mayoría de los iraníes tienen, además de una religión que exalta el sacrificio, un acendrado sentimiento nacional.

En mi ignorancia, me resulta sobrecogedor la actitud de los soldados norcoreanos. Porque no creo que su heroísmo pueda explicarse solo por el temor a las represalias de sus jefes en el caso de defeccionar. Aunque las haya.

Hay algo que se nos escapa y es preciso averiguar.

A falta de cifras oficiales, el servicio de inteligencia de Corea del Sur (SNI) calcula que en la región rusa de Kursk y combatiendo contra los invasores ucranianos hubo unos 2000 muertos y unos 4000 heridos norcoreanos.

Los servicios de inteligencia de Ucrania dieron cifras seguramente infladas y ridículamente precisas: 2.251 muertos y 4.807 heridos.

Diversas fuentes, incluyendo servicios de inteligencia occidentales, describen las tácticas de dichos militares como «casi suicidas» debido a «una combinación de doctrina de combate extremadamente agresiva, una política explícita de evitar la captura a toda costa y una aparente indiferencia por las bajas masivas».

Según estas fuentes –que como es obvio en nada simpatizan con la República Popular Democrática de Corea–, los comandantes norcoreanos emplearon tácticas obsoletas propias de la guerra de la cual devino la partición de su país (1950-1953) como los asaltos frontales masivos de 600 o 700 soldados a la vez, aún a través de campos minados y sin protección de blindados, lo que los convertían en blancos fáciles para la artillería y, sobre todo, para los drones ucranianos.

Según las mismas fuentes, los soldados coreanos tenían la orden de no entregarse, y antes de ser capturados se suicidaban haciendo estallar una granada.

No les hubiera hecho mucho caso si no fuera porque el pasado lunes 27 el líder indiscutido de la RPDC, Kim Jong Un hizo una clara referencia a este asunto.

Fue cuando el lunes pasado Kim, en su caracter de secretario general del Partido del Trabajo de Corea y líder de la RPDC, inaguró un monumental «Museo Conmemorativo de Méritos de Combate en la Operación Militar en el Extranjero» en referencia a la cruenta batalla que libraron librada en la ciudad de Kursk y sus alrededores para repeler a los invasores ucranianos.

Batalla que terminó hace exactamente un año.

El monumento es impresionante, con un bloque escultórico central y obelisco elevados y plazas amplias y simétricas, incluye un museo con paneles, imágenes y relatos de los caídos que axaltan la lealtad, sacrificio y resistencia frente a la arrogancia occidental.

Persiste el misterio de si hay en el lugar verdaderas tumbas: se soltaron globos por unos 280 occisos, pero no está claro que sus osamentas hayan sido enterradas en el lugar.

Kim habló en presencia de altos funcionarios de la Federación Rusa quienes, como Kim, se prosternaron ante el cenotafio que rinde homenaje a los caídos y ratifica la alianza entre ambas naciones.

Fue entonces, cuando se verá, Kim enalteció ese carácter ¿casi? suicida de los soldados norcoreanos.

Entre otras muchas cosas dijo que «escogieron una muerte que sigue siendo una incógnita para el mundo»; «que optaron sin titubeo alguno por suicidarse en aras de su gran honor» y que aunque «su cuerpo se esparcía en mil pedazos a merced del viento en tierras foráneas, confiaban en que con ese sacrificio aportaban su grano de arena al cumplimiento de la misión».

¿No les resulta sobrecogedor? A mi me resulta más fácil comprender la fe de los chiítas iraníes, de Hezbolá y de sus primos hutíes pues tienen vasos comunicantes con el cristianismo, pero no soy ducho en la filosofía juche (que la IA china traduce como «protagonismo» y «autonomía») que constituye la base ideológica fundamental del peculiar comunismo norcoreano, impuesta por Kim Il Sung, primer líder de la RPDC (y abuelo del actual) desde su creación en 1948 hasta su muerte en 1994.

Lo poco que sé es que la filosofía juche se basa en una defensa a rajatabla de la soberanía nacional, sin depender de potencias extranjeras ni aceptar ingerencias, ser autosuficientes en insumos básicos (el país soportó hambrunas en los años finales del siglo pasado) y en caso de necesidad poder ser autárquicos (sostenerse con lo que producen) y como todos sabemos, asegurar los medios militares, incluidos el armamento nuclear, como para garantizar que nadie pueda sojuzgarlos.

Ver aquí: https://www.facebook.com/watch/?v=1223174369891993

Transcribimos el discurso de Kim (nieto) tal como lo difundió la agencia noticiosa norcoreana. Los destacados son nuestros:

Pyongyang, 27 de abril (ACNC) — El estimado camarada Kim Jong Un pronunció un discurso en la ceremonia inaugural del Museo Conmemorativo de Méritos de Combate en la Operación Militar en el Extranjero.

Su texto completo es el que sigue:

Oficiales y demás combatientes de la unidad de operación en el exterior del Ejército Popular de Corea que asisten a este acto con la sagrada misión y el gran honor,

Oficiales y soldados del Ejército Popular, familiares de los mártires de la operación militar en el extranjero,

Ciudadanos de Pyongyang,

Constructores militares, funcionarios y creadores que han concluido exitosamente y con gran responsabilidad esta importante obra de construcción,

Miembros de la delegación oficial de la Federación de Rusia que visitan Pyongyang para celebrar como amigos entreñables con nosotros este momento significativo y amigos.

Compañeros:

Hoy efectuamos la ceremonia inaugural del Museo Conmemorativo de Méritos de Combate en la Operación Militar en el Extranjero, consagrado a transmitir eternamente las hazañas heroicas y el noble espíritu de los orgullosos hijos de la República Popular Democrática de Corea quienes dieron su valiosa vida a la sagrada lucha por la justicia y la dignidad.

En nuestra capital que los valerosos guerreros tenían como lo más sagrado y veneraban invariablemente, la patria ha levantado una plataforma de honor, morada solemne de su valiosa existencia y espíritu, y está en vísperas de amparar con amor a todos ellos.

Todos y cada uno de nosotros hemos esperado este día.

Como sus familiares que contemplando de cerca este lugar han esperado ansiosamente el día en que cobije a sus amados, todos sus compañeros de armas, todos los militares y el pueblo entero hemos aguardado este momento para depositar en la plataforma las flores por su eternidad, percibiendo con profundo respeto el aspecto heroico y el gran valor de nuestro ejército que en el pasado no supimos estimar del todo.

Con este vehemente deseo y sinceridad como fundamento, se ha alzado esta estancia que perpetuará la condición de los mártires como hijos genuinos y orgullosos de la patria.

Al fin se ha logrado el deseo de traer los restos de todos los que cayeron a la temprana edad, cubrirlos con la bandera nacional y enterrarlos en el cálido suelo patrio; el anhelo del ejército de rendirles el más sincero saludo militar en calidad de compañeros de batallas enconadas y del servicio; y la aspiración de todo el pueblo de agradecer y rendir tributo a sus defensores como ciudadanos de este país.

En representación del Partido del Trabajo de Corea y el Gobierno de la República Popular Democrática de Corea, extiendo mi más cordial agradecimiento a los oficiales y soldados de las unidades constructoras a todos los niveles, así como a los funcionarios y creadores de las entidades correspondientes, quienes no han escatimado esfuerzos e inteligencia en la construcción del museo en reflejo del ardiente deseo de todo el pueblo y ejército de enaltecer y eternizar la preciosa existencia de los soldados caídos.

Muchas gracias a los queridos compañeros de la delegación rusa, presentes aquí como mensajeros de la profunda recordación y obligación moral del pueblo hermano.

Compañeros:

Hoy se cumple un año del término de la operación de liberación de Kursk.

Fieles al ideal de la justicia, los ejércitos coreano y ruso batallaron hombro con hombro en una misma trinchera en aras de la paz y la soberanía, logrando éxitos trascendentales en el empeño de impedir el resurgimiento del fascismo y frustrar las ambiciones belicosas de las fuerzas hegemónicas.

Si bien estas acciones militares fueron llevadas a cabo en una región determinada y con duración de unos meses, sus resultados adquieren suma importancia desde el punto de vista estratégico.

A todo lo largo de la historia de la humanidad, han coexistido la justicia y la injusticia y su enfrentamiento ha sido intenso. Pero nunca como hoy las fuerzas dominacionistas y despóticas han irrumpido con cinismo en el centro del planeta en un intento de suprimir la aspiración a la soberanía y libertad, como alianza reaccionaria ultraderechista más descarada y agresiva, quitándose la fina máscara que las cubrían.

En esta etapa cruenta y decisiva en que toda justa demanda de la autodeterminación política y del derecho al desarrollo de un país y nación, así como el cumplimiento de su deber al respecto, se convierten en el blanco de la violencia, los ejércitos coreano y ruso, leales a su noble misión ante la patria y el género humano, demostraron la fuerza de la justicia en cruentos combates.

Con su fervoroso sentido de la justicia y capacidad de sobreponerse a la muerte, probaron con elocuencia que en el globo terráqueo sí existe una fuerza capaz de destruir el mundo del mal engendrado indudablemente por el imperialismo y que con la tiranía de la injusticia jamás se puede conquistar a la humanidad.

En ese transcurso, los excelentes hijos de ambos países sentaron el genuino ejemplo de la fraternidad y derramaron profusa sangre por un objetivo común.

Ningún aporte es más sagrado que el sacrificio de la vida y esta constituye la expresión más convincente del deber moral.

En el sagrado bregar por aniquilar a los invasores ucranianos, violadores flagrantes de la soberanía de la hermana nación rusa, y liberar la región de Kursk, las unidades de nuestro ejército lograron una victoria carísima con su coraje impar, heroísmo colectivo, espíritu indomable y sacrificio noble.

Su valerosa gesta de haber rechazado la invasión junto con los militares rusos hizo añicos las intentonas hegemónicas y aventuras militares de los Estados Unidos y el Occidente.

Los héroes, quienes merecen todo el honor de estar presentes aquí con nosotros, encabezan esta formación enarbolando nuestro prestigioso y glorioso pabellón, con un espíritu y fe que ni el fuego es capaz de quebrantar.

Ahora todos sabemos bien la razón por la cual inmolaron sus lozanos abriles en los lejanos campos de batalla.

Sin embargo, no es aún del dominio público cuál fue la situación concreta en que cayó muerto cada uno de ellos y cuáles fueron sus últimas voluntades y peticiones.

Da mucha pena que no hayamos podido reproducir aquí sus últimos instantes en toda su dimensión.

No habrá en el mundo un museo que describa con toda fidelidad su nobleza y recoja, sin temor a arrepentirnos, toda su pureza y belleza.

Fue en plena batalla en que nuestros soldados, no tan notorios, comunes e ingenuos en los días ordinarios, mostraron su más auténtica imagen.

La resistencia tenaz y el ataque sin tregua de quienes no se dejaban llevar por ninguna presión y no detenían el avance aunque caían, la lealtad a la misión con que no claudicaban hasta en el último momento, el sacrificio sin par cuando encaraban la muerte, la épica opción entre la vida o la muerte, todo esto causó gran asombro a nosotros antes que al mundo y fue sin precedentes, legendario y venerable incluso para la generación de vencedores en la Guerra de Liberación de la Patria.

Sus excelsos sacrificios pavimentaron sólidamente la trayectoria de combates encarnizados y, pisándolos, nuestras tropas anticiparon el día de la liberación.

El monumento simbólico de este Museo no representa en particular a un solo mártir sino es el perfil de los valientes militares del Ejército Popular de Corea y la figura del conjunto de los mártires y héroes que encarnan el espíritu y temple del coreano.

El mundo espiritual del héroe no descansa solo en su relevante mérito y su gesta heroica no se realiza por un impulso momentáneo.

Las enconadas batallas en Kursk fueron la continuación y un tramo del servicio de nuestros militares en aras del Partido, la revolución, la patria y el pueblo.

El último momento de su vida también forma parte de ellos.

Todos ellos fueron fieles, patriotas y hombres de los hombres, indistintamente de dónde y cómo perecieron.

Nunca se habrían imaginado que abandonarían la patria, habrían asido el fusil jurando convertirse en un puñado de la tierra patria ante la necesidad de darle la vida. Partieron sin vacilación alguna al campo de batalla en el extranjero donde no podrían recuperar sus cadáveres y al pasar la frontera redoblaron la determinación de cumplir la orden a costa de la vida, antes de pensar en su tierra natal, sus padres, esposas e hijos de los que se distanciaban más y más. Son detalles muy nobles, inexplicables con la mera obligación militar.

Como muestran las fotos y los objetos que se exhiben en el museo, aunque físicamente estaban en tierras extrañas, nadie olvidó al Partido ni se imaginó fuera del regazo de la patria.

La bandera de la República que previo al asalto contemplaban respetuosamente con la determinación de defender a Pyongyang deseando su paz y prosperidad, las bolsas con el puñado de la tierra patria que guardaban en el pecho para respirar su olor, las cartas en que dejaron constancia de que eran dignos de la patria y los queridos que les dieron la vida aunque no pudieran regresar con ella, los solemnes juramentos y las solicitudes de ingreso al Partido teñidas de sangre explican, en lugar de ellos, su opción admirable y fin heroico.

De veras, nunca concibieron una vida apartada ni separada de la patria y por eso, aunque lograron méritos destacados, no preguntaron por su precio ni pidieron la recompensa por la explosión suicida.

Al caer derramando sangre pidieron a sus compañeros que cumplieran hasta el fin la orden del Partido y ante la inminencia de la muerte dieron vivas a Pyongyang deseando la prosperidad de la patria.

Lo único que deseaban era que el Partido y la patria los recordaran. Y aunque cabía la posibilidad de que no los recordaran, se sentían satisfechos de haber cumplido la orden del Partido, se sentían orgullosos de haberse consagrado de lleno a la madre patria, y esto era su suprema dignidad y felicidad.

Su fin duró apenas unos minutos, unos segundos, pero ese corto lapso fue suficiente para proyectar su inmaculada fidelidad y la máxima de su servicio auténtico al Partido y la patria.

El sacrificio y la consagración que no desean ninguna recompensa ni remuneración definen la elevada fidelidad de nuestro ejército.

La inmaculada pureza nutre el heroísmo excepcional, santifica el juramento, reafirma la voluntad del castigo y realza la personalidad del hombre fuerte para quien la muerte es una gloria.

Con su lealtad al Partido y la patria, adquirieron el valor del ave fénix y el poder de ataque que van mucho más allá de la ley de la fisiología humana, escogieron una muerte que sigue siendo una incógnita para el mundo y dieron la vida para salvar a sus compañeros.

La operación militar en el extranjero de nuestro ejército ha sido una gesta inaudita en la historia de la humanidad, protagonizada por los combatientes que acataron la orden del Partido y la patria no como una simple disciplina y obligación militar de obedecer y cumplir, sino con su propia conciencia y derecho moral, por los hombres más sinceros y hermosos que enardecieron el corazón con la inmaculada fidelidad y traspasaron los límites con su inagotable vitalidad.

Ese espíritu y esas proezas no establecían límites entre especialidades, cargos, edades y rangos, ni hacían distinción entre los miembros del Partido y los de la Unión de la Juventud.

Nuestros militares vivían el mundo heroico antes de ser héroes de ultratumba y el noble mundo espiritual de militantes del Partido antes de ingresar en él.

Soldados fieles al Partido y patriotas son las únicas definiciones que tenemos para los héroes que optaron sin titubeo alguno por suicidarse en aras de su gran honor y también para los que cayeron al frente del asalto y los que se retorcieron de dolor no por el sufrimiento físico de acribillarse a balazos sino por la frustración de no haber podido cumplir la orden.

Dicen que los méritos y la victoria honran más que nada al soldado en combate, pero aun más sublimes y preciosos son su conciencia limpia dedicada al Partido y la patria, y su férrea convicción.

Aunque se desplomaban solos en medio del bosque nevado y su cuerpo se esparcía en mil pedazos a merced del viento en tierras foráneas, confiaban en que con ese sacrificio aportaban su grano de arena al cumplimiento de la misión, que con su ráfaga de luz contribuían al prestigio de la patria grandiosa y que esta es la mayor de todas las glorias. Intentar medir únicamente con el volumen de méritos esas ideas y sentimientos tan inmaculados y bellos sería como tratar de borrar el verdadero amor, las lágrimas y los sacrificios incalculables de un sinfín de soldados magníficos.

Son hijos de nuestro Partido y patria que en los parajes más apartados del mundo son capaces de explicar su razón de ser con tal amor y lealtad.

Por todo ello, enaltecemos como símbolo de la combatividad de nuestro ejército y del heroísmo de este país la ardiente lealtad al Partido y la patria y el noble espíritu de sacrificio que emana de ella, por encima de las hazañas excepcionales.

Se puede decir que el mural de recordación de este museo representa a numerosos mártires quienes, si bien ya no están físicamente entre nosotros, siguen siendo paradigmas descollantes y perduran con la patria.

Las estrellas del mural, que brillan día y noche por estas vidas inextinguibles y por estas almas inmarcesibles nos ayudarán a conocer la verdad de la eterna existencia y apreciar la posición y el peso del museo.

El museo se alza a la vista del mundo como baluarte inmenso en que perviven las almas de los hijos fieles y laten fuerte los corazones de los patriotas.

Con todas las riquezas del mundo no se podrá levantar un museo como este, equivalente a la medalla dedicada a la patria por nuestros hijos laudables.

El tiempo correrá sin parar, pero el museo seguirá acercando a los héroes a todas las generaciones de la República y nuestros futuros soldados se fundirán con ellos en un efusivo abrazo y continuarán escribiendo la historia del patriotismo apasionado para que no sea en vano la sangre derramada por los guerreros.

El país sostenido por el ardiente patriotismo de sus defensores es eternamente fuerte y grande.

La actual ceremonia se registrará en una página de nuestros anales como acto sagrado que perpetúa la absoluta dignidad y fama de nuestro Estado.

Compañeros:

En el museo dejamos constancia de una nueva historia de la amistad escrita a sangre por los pueblos coreano y ruso, una nueva historia de la justicia conquistada al precio de la sangre.

Esto simboliza la firme continuación y nuestra voluntad.

El futuro se proyecta con toda claridad.

Para defender la soberanía y los intereses nacionales en estos tiempos de cambios repentinos, debemos metamorfosearnos de continuo como rivales temibles del enemigo y a tal efecto unirnos y fortalecernos cada vez más.

Como he mencionado en varias ocasiones, debemos consolidarnos como bastión auténtico, abnegado y poderoso, capaz de encarar siempre con la fuerza mancomunada cualquier regla de la guerra, independientemente de cómo cambie, y cualquier crisis, sin que importe cuándo y dónde se produzca.

Lo desean los dos pueblos que aspiran a la independencia, la dignidad, la paz y el florecimiento. Lo señala la historia de la confianza y unidad escrita con la sangre.

Como nos enseñan las esculturas de la inmortalidad de los militares de ambos países, la época desea que estemos siempre preparados como ellos, podamos consagrarnos como ellos y seamos resueltos como ellos.

El Museo Conmemorativo de Méritos de Combate en la Operación Militar en el Extranjero, levantado con la historia de nuestra audacia, la justicia y la obligación moral, reafirma nuestra decisión de cara al futuro.

Compañeros:

Nuestro ejército seguirá luchando valerosamente en aras de la dignidad y el honor de su patria, la República Popular Democrática de Corea.

Al igual que las crónicas de defensa que escribimos con el sagrado sentido de la misión y la persistencia, el museo ostentará su aspecto ante el mundo y sus rayos radiantes perpetuarán a los mártires:

Deseando con toda el alma la eterna y preciosa vida de nuestros grandes militares, hijos dignos de nuestro pueblo, declaro inaugurado el Museo Conmemorativo de Méritos de Combate en la Operación Militar en el Extranjero.

www.kcna.kp (2026.04.27.)

 

 

 

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