A 30 años de la democracia, un documento inédito: «Una especie de milagro»

Laura Giussani es escritora y militó en la versión revolucionaria de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Es hija de Pablo Giussani, un periodista socialista que fue jefe de redacción de Noticias, el diario montonero (y que, escaldado, escribió el libro «Montoneros, la soberbia armada») y de Chiquita Constenla: Sus padres conocieron al Che y fueron amigos de Raúl Alfonsín. Laura (casada con el también ex militante de la UES y de la JP, periodista y escritor Hernan López Echagüe) regresó a la Argentina desde el exilio para votar a Alfonsín. Actualmente se dedica a recopilar correspondencia entre el interior del país y los exiliados en los años ’70 y ’80. Estas son las cartas enviadas a sus padres (que, prudentes, seguian fuera del país) en aquél histórico diciembre de 1983, hace treinta años.

Hoy, a treinta años de aquellas elecciones que nos conmovieron a todos, reproduzco nuevamente esta carta a mis padres. Yo acababa de llegar del exilio para votar. Ellos estaban en Italia. Un fresco escrito de manera espontánea sobre esos días. Como toda carta. Hoy forma parte del archivo «Cartas de la Dictadura» de la Biblioteca Nacional. Aprovecho para recordarles que todas las cartas son documentos históricos únicos. No dejen que las suyas se pierdan. Pueden donarlas a la Biblioteca: [email protected] . Gracias Horacio González por confiar en éste proyecto, y fuerza, te esperamos pronto de regreso. Aquí van dos cartas de muestra para recordar aquel magnífico día.

Buenos Aires, 30 de octubre 1983
Queridos todos:
Aquí estoy. Contenta, antes de ir finalmente a votar. Este es un especie de milagro, todos nos preguntamos incrédulos cómo pasó, pero pasó. HOY son las elecciones! Lo único que me entristece un poquito es que ustedes no puedan estar aquí conmigo, siento que mi voto los incluye, quizás por eso voy a cortar tanto las boletas: Alfonsín, por la democracia, Conte por los desaparecidos, PI por izquierda. Díganle a Franco que voto concejales del PI por su amigo (le pongo el voto yo, que esté tranquilo)
Un beso grande, hoy va a ser un día de fiesta, ustedes están conmigo, y ya muy prontito brindaremos todos juntos.
Nos vemos, Laura
……….

Buenos Aires, 1 de noviembre de 1983.

Queridos Mami y Papi:
Ahora les mando las impresiones inmediatas del día de las elecciones (y dos sucesivos).
El domingo fue todo muy extraño. Fui a votar después de hablar con ustedes. La cola fue muy larga (dos horas) pero tranquila, yo no podía creerlo, hasta que no entré en el cuarto oscuro pensaba que me iban a hacer algún problema. Una vez adentro me invadió un nerviosismo, como yo cortaba las boletas era un quilombo, no encontraba la de Conte (PDC-demócratas cristianos), en fin, después me calmé, encontré las boletas, salí y la introduje en la urna, sello y listo. Había votado. Les juro que daba mucha pena la idea de tanta gente querida que no podía votar (por desaparecidos o exiliados).
Me tomé un taxi y fui a lo de Jero y Clelia donde había un asado. Fueron cayendo de a uno de sus respectivas mesas electorales, se mezclaba la alegría, la melancolía, la ansiedad y el nerviosismo. Pero reinaba una euforia increíble esperando los resultados. De los que estábamos allí, Héctor (marido de Clelia), Hugo (marido de Alejandra) y yo habíamos votado Alfonsín, el resto a Alende (Clelia Luro no pudo votar porque llevó el documento original en vez del duplicado, estaba a las puteadas).
En la lindísima casa de Clelia y Jero pasamos la tarde. A las 19 entramos en la histeria de los resultados, los primeros datos eran todos de Alfonsín que arrasaba, pero pensábamos que era casualidad. Los que votaban al PI estaban tristes porque Alende ni aparecía, y porque el peronismo estaba por el piso. La derrota del peronismo, tan rotunda, provocaba en todos sentimientos contrastantes, incluso para los que habíamos votado a Alfonsín pero veníamos del peronismo. Pensábamos en amigos peronistas que debían estar llorando.
Además, había por la calle cada radical que daba asco (comentarios comunes tipo: «Los peronistas son negros ignorantes»), había en el aire una cierta revancha de clase. Los datos, igual, después demostraron que a Alfonsín lo votaron de todos los sectores, también populares (ganó en el cordón industrial). Pero en Capital te identificabas más con algunos peronistas de buena voluntad que con algunos radicales. No sé si puedo expresar lo que sentíamos, aclaro que yo lo voté convencida de que era lo mejor y lo sigo pensando, eran los «correligionarios» medio imbancables.
Bueno, sigo. A las 23 horas nos fuimos en coche para el centro, todavía no había resultados significativos, no sabíamos quién ganaba, íbamos a festejar las elecciones y el fin de la dictadura. Saludábamos a todos (peronistas y radicales) y cantábamos a voz en cuello por las ventanillas: «Mire, mire, que locura/mire mire que emoción/se acabó la dictadura/la reputa madre que los reparió». La calle era una fiesta. Todos los coches tocaban bocinas, la gente te sonreía.
Llegamos caminando hasta el obelisco. Pasaban los resultados en el noticiero luminoso de la 9 de julio. Ya la victoria de Alfonsín era clara. Los peronistas no sabían qué hacer con su alma. Los honrados se retiraron a llorar, supongo, los patoteros reaccionaban violentamente. El clima se cortaba con cuchillo, estaba lleno de cana que daba miedo (parecían decididos a actuar). Ahí empezó el bajón de todos, habíamos ido a festejar que se iban los militares y nos habíamos encontrado con que lo que más se festejaba era que se iban los peronistas.
Hubo momentos de tensión. Había una sede del PJ, la calle se había llenado de radicales, todo era rojo y blanco,. Los peronistas entraron a cantar la marcha con bronca, los radicales les cantaban «Alfonsín, Alfonsín», los peronistas empezaron a tirarnos botellas vacías, empezó la corrida, los patrulleros se preparaban. Nos alejamos. Estábamos con bronca, yo tenía muchas ganas de llorar, eran todos síntomas malos. Clellia hija se puso a putear a los gritos con lágrimas en los ojos: «E•sto es una mierda, esta democracia es una mierda, porque nosotros somos una mierda que no sabe vivir en democracia, carajo!». La idea era esa, los que la escuchaban la apoyaban. Era todo absurdo, teníamos que estar contentos y estábamos tristes. Cada tanto nos poníamos a cantar pero no era una felicidad plena.
A las cuatro de la mañana nos fuimos para la UCR. Pasamos antes por la sede del PJ. Estaban todos locos, les inventaban datos absurdos y ellos festejaban la victoria!
Llegamos a Alsina y Entre Ríos (UCR) y ahí nos levantamos la moral. La gente estaba distendida, contenta, el canto más lindo y común radical es: «Y siga, siga, siga el baile/al compás del tamboril/que vamos a ser gobierno/de la mano de Alfonsín». Acá nos prendimos en los cánticos Hugo, Héctor y yo. Nos mejoró el humor (de los peronistas, Hugo decía que era lógico, esto era un parto y doloroso, pero que podía salir algo bueno). Otros cantos eran: «Salta, salta, salta/pequeña langosta/Lorenzo y los milicos son la misma bosta» o «Me parece que el trolo no puede ganar/me parece que el trolo no puede ganar/gana el macho/gana el macho radical» (machistas, eh?).
Nos fuimos a dormir un poco más contentos.
Al día siguiente las cosas se calmaron.
Los peronistas empezaron a reaccionar bien. Ubaldini habló, casi llorando, muy bien («hemos luchado por la democracia y lucharemos para defenderla»). El resto de las declaraciones las saben (Luder, Isabel, etc). Yo me puse realmente contenta, empezamos a vislumbrar que quizás se nos hacía, conseguiríamos un mínimo de unidad. A la noche se festejó de vuelta y esta vez fue muy lindo. (todos los que me encontré, la noche anterior les había pasado lo mismo, depresión, también porque explotaba la bronca y veías lo mal que habíamos estado, los muertos, etc). Pero el lunes fue bárbaro. Los intransigentes del peronismo salieron también a festejar en forma unitaria. Llegué con Moira a Corrientes y había dos grupos enfrentados, los peronistas (pocos) en la vereda y un grupo de radicales en la calle. Cantaban cosas juntas contra la dictadura, los peronistas sacaban más el tema de los desaparecidos (eran de intransigencia) «Madres de la Plaza, el pueblo las abraza» o «Milicos, muy mal paridos, que es lo que han hecho con los desaparecidos…»Saludaron con la V, los radicales aplaudieron y se acercaron a abrazarlos. Yo la abracé a Moira gritando que quizás se nos hacía, lo conseguíamos. Seguimos dando vueltas, fuimos a La Paz. Nos fuimos a dormir temprano (a las 2), la noche anterior nadie durmió.
En fin, trato de contarles cómo lo vivimos, quizás allí pasó algo parecido. Tengo ganas de compartir con ustedes todo lo que vivo aquí. Estoy realmente contenta de haber venido. Pero me gustaría estar juntos. Quizás, si las cosas siguen así, podemos venirnos todos. Hay mucha esperanza, la gente quiere algo nuevo. También hay miedo que no dure (comentario general: primer cadáver que aparece me voy para siempre de este país de mierda).
Pero hay mucha fé que esta vez el gobierno consiga durar. Esperemos que así sea.
Les mando un beso grande a todos.
Abrazos,
Laura

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