Intringulís: Viernes peronistas… ¿Discípulos peninsulares de Bombita Rodríguez?

Es la segunda vez que me entero de la existencia de Viernes peronistas sin haber tenido jamás en mis manos uno de sus voluminosos y atractivos ejemplares/libros, y estoy estupefacto. Hace muchos años conocí al dibujante Adanti, que siendo muy joven colaboraba con la revista El Porteño cuando yo era uno de sus editores. También conocí en el exilio barcelonés a Horacio Vázquez Rial, el único periodista en todo el ancho mundo que se atrevió a hacer una reseña crítica de mi mejor libro, Ultramar Sur. La última operación secreta del Tercer Reich -que escribí con el recientemente fallecido Carlos De Nápoli- lo que mucho le agradezco. Ahora bien, nunca supe que Vázquez Rial haya sido militante del ERP (siempre lo vinculé con el Partido Comunista) y descuento que ha de ser cierto que no tiene pelos en la lengua, pero él mismo convendrá conmigo que se trata de un gorila más peludo que el mítico yeti del Himalaya, por lo que no se le puede pedir el menor equilibrio a la hora de justipreciar al peronismo. Es como Nixon hablando del bolcheviquismo y temo que haya sido él quien por maldad y para divertirse haya inventado el dislate de que los Montoneros sorteaban metralletas entre sus combatientes (los dirigentes montoneros hicieron cosas ridículas, como ponerse uniforme para realizar reuniones en un hotel madrileño, por lo que no hace falta ninguna cargarles la romana con mentiras tan aviesas) que el cándido Marcos Ordoñez (Barcelona, 1957) da por un hecho comprobado  (su nota lleva como texto destacado la siguiente oración, de diría que pergeñada bajo los efectos de la mescalina: «Los montoneros crearon el empleado del mes para los militantes con más ‘operativos»).
Por cierto, y aunque estoy distanciado de Juan Gelman por motivos que no vienen a cuento ahora, el asunto de que él se quedó con un millón de dólares de los Montoneros, no es cierto. Acaso se los haya quedado, no lo sé, la disidencia que Gelman encabezó en 1979 junto a Rodolfo Galimberti (que ya entonces comenzaba a demostrar una enorme avidez de dinero) quien debe haberlo «invertido» o gastado en su mayor parte.  Tal como aparece escrito, cualquiera puede entender que Gelman se quedó el dinero para su disfrute personal, lo que es tanto una infamia como una calumnia.
En fin, que estoy muy sorprendido. Y no digo más porque recuerdo cuanto me dolió y que triste me puso ver por primera vez un skecht de Bombita Rodríguez, y lo mucho que me gustó seguidamente al día siguiente, y lo geniales que me parecen Capusotto y su alter ego Pedro Saborido.
Soy hijo de españoles republicanos y tambien sigo sorprendiéndome con la imposibilidad de los peninsulares de poder acercarse desprejuiciadamente al peronismo. Los dejo con la nota de Ordoñez que publicó hoy El País:

Porompomperonismo
 
MARCOSORDÓÑEZ / EL PAIS

Han caído en mis manos los dos primeros números de Viernes Peronistas, un singular artefacto que alterna la zumba desacralizante con la información quintaesenciada. El presente fanzine -porque de un fanzine se trata, aunque a efectos prácticos estamos ante un libro en dos tomos- es una publicación que no dudaré en calificar de histórica por muy diversos motivos. Para empezar, logra el prodigio de explicar a los gentiles de modo sucinto ese arcano llamado peronismo, un fenómeno político hasta ahora tan insondable como el tercer misterio de Fátima. En segundo lugar, se atreve a enfrentarse por la vía del humor a las organizaciones extremistas surgidas a su sombra, espinoso sendero por el que hasta ahora solo se había aventurado, que yo sepa, el genial cómico argentino Daniel (sic) Capusotto, creador de Bombita Rodríguez, un apócrifo Palito Ortega montonero, responsable de éxitos como Ritmo, amor y materialismo dialéctico. La realidad desarma a la ficción cuando nos enteramos de que los montos adoptaron la fórmula del «empleado del mes» sorteando metralletas entre los militantes que habían realizado más operativos.
No es cosa fácil resumir el sumario de Viernes Peronistas, donde un cuarteto de reputados periodistas que desean permanecer en el anonimato alterna anuncios reinventados a la manera situacionista («Ford Falcon, el automóvil AAA: amplio baúl con capacidad para 3 o más subversivos; gran versatilidad: para la familia, para el trabajo»), recortables («Vista a su montonerita»), secciones fijas («Increíble Perón cierto») y crónicas paranoico-críticas como la que relaciona, olé talento, la teoría justicialista de la Tercera Posición con el invento de las gafas 3D y los experimentos nazis sobre el significante de la gama cromática. Pero lo mejor de Viernes Peronistas es que ofrece toneladas de información y un scoop fenomenal, la apasionante serie Superhijitos, extensas y muy reveladoras entrevistas con tres hijos de montoneros que cuentan su infancia en la clandestinidad: el hijo del jefazo Firmenich, el del disidente Bonasso (director del diario Noticias y autor del fundamental Recuerdo de la muerte) y la escritora Laura Alcoba, hija de los editores de la revista Evita Montonera. Es formidable su fervor familiar, su compromiso y su ausencia de reproches retrospectivos, aunque sorprende un poco (única pega) que en las preguntas no aparezca el menor cuestionamiento de la lucha armada ni su posible contribución a la escalada represiva. Por otro lado, la sección Figuritas peronistas, 50 retratos al minuto de héroes y hampones de la época, es toda una lección de periodismo narrativo, con historias tan tremendas (y ejemplares) como las de Tucho Valenzuela, Cipriano Reyes, Vicky Walsh o Hector Germán Oesterheld, cada uno de los cuales podría ser protagonista de un peliculón o de una novela de Osvaldo Soriano. Tampoco tienen un átomo de grasa las suculentas conversaciones con maestros como Martín Caparrós (¿se publicará en España algún día La voluntad, esa cumbre del periodismo de investigación que escribió con Eduardo Anguita?), Marcelo Larraquy, autor de otro libro esencial (Galimberti, con Roberto Caballero, editado por Aguilar pero me temo que descatalogadísimo) y Horacio Vázquez Rial, que comparece aquí como escritor y viejo militante de ERP para contar su peripecia sin pelos en la lengua. Es la entrevista más explosiva, con datos, mayormente económicos, que cortan el hipo, desde las cinco fábricas de armas de los montoneros, el dineral que se desvió a través de David Graiver y la empresa Papel Prensa («hice la cuenta y estimo que llegarían a 300 millones de dólares») y el millón que, según Vázquez Rial, se llevó Juan Gelman («y dijo que se lo volvería a llevar»). He aprendido muchas cosas leyendo Viernes Peronistas. Tengo verdadera curiosidad por saber cómo se recibirá en Argentina.


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