JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ LOSTALÓ (a) «DIOS», ciudadano ilustre de la Provincia de Buenos Aires
Ayer se informó de esta distinción, hoy Juanca cumple 86 años. No sabemos todavía cuando será el acto solemne en el que le conferirá solemnemente la distinción . Primero publico el principal antecedente de esta noticia, de hace casi tres años, cuando se lo nombró ciudadano ilustre de La Plata. Después la noticia, y por último mi semblanza del personaje.

Reconocen a Juan Carlos Dominguez Lostaló como Personalidad Destacada de la Provincia
Este jueves la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires declaró Personalidad Destacada de la Provincia de Buenos Aires a Juan Carlos Dominguez Lostaló.
El proyecto fue aprobado por unanimidad a partir de una propuesta del concejal del Frente de Todos Guillermo Cara, que destacó la labor del profesional en materia de Derechos Humanos.
«Hace alrededor de veinte años armábamos una agrupación y cuando empezamos a buscar personalidades paradigmáticas una de las primeras fue Juan Carlos, con quien realizamos varias charlas», recordó Cara, que destacó el trabajo del psicólogo en otros países durante su exilio obligado durante la dictadura cívico militar.
Durante su alocución en el recinto, Dominguez Lostaló afirmó estar «sorprendido» por el homenaje. «Nuestra tarea es ver de qué manera en condiciones conflictivas uno puede manejar su salud mental en diversas situaciones», comentó.
El profesional recordó los inicios de la psicología en La Plata y resaltó la labor de Roberto Pettinato en las cárceles.
«Me tocó vivir el bombardeo en Plaza de Mayo de 1955, que tuvo un sentido muy profundo para mí», recordó Domínguez Lostaló, y añadió que eso provocó su cambio de elección de carrera universitaria: pasó de Arquitectura a Psicología.
«En el 2000 pudimos derogar los dispositivos de seguridad que no tuvieran un objetivo claro», añadió el psicólogo, que aprovechó la ocasión para resaltar la importancia de la Ley de salud mental.
«Nosotros pensamos en los lugares que nos ha tocado trabajar que no hay persona peligrosa si antes no fue vulnerada en sus derechos y ese es uno de los principales aportes que podemos hacer», agregó.
«Dios»
A Juan Carlos Domínguez Lostaló lo llamábamos «Dios», porque aparecía y desaparecía de una manera un tanto caótica, y los muchachos bromeábamos que estaba en todas partes… y en ninguna.
Y es que, nacido en el laboratorio Lostaló (hoy Temis-Lostaló) en el barrio de San Cristóbal donde tenían vivienda sus padres y habiendo pasado su adolescencia en Castelar, luego se radicó en La Plata, pero atendía pacientes y desarrollaba otras actividades varias en la Capital. Como nunca quiso tener auto ni manejar, dependía básicamente de los ómnibus de la compañía Río de la Plata o del tren, lo que hacia que las citas que hacía fueran un tanto impredecibles. Cuando me refiero a los muchachos que a sus espaldas lo llamábamos «Dios» me refiero a los militantes del Movimiento de Acción Secundaria (MAS) principal antecesor de la segunda época de la UES, y a los que nutríamos la Unidad Básica Felipe Vallese, la primera que abrió el «peronismo combativo» cuando Alejandro Agustín Lanusse lanzó el GAN (Gran Acuerdo Nacional), un intento frustrado de derrotar al exiliado Perón en las urnas. Esa UB financiada por Julio Guillán, a la sazón secretario general de los telefónicos bonaerenses y vecino de ese barrio, Villa Pueyrredón, estaba en la avenida San Martín y Campana, frontera con Villa Devoto.
Conocí a Juanca en el casamiento religioso de dos compañeros en una iglesia de la avenida Cabildo, en el barrio de Belgrano. Me lo presentó Juan Leandro Hernández, mi preceptor en el Colegio Nacional Pueyrredón, en el barrio de San Telmo, quien me introdujo al proceloso mundo de la política insurgente, como alevín del peronismo encabezado por el mayor Bernando Alberte. Ambos juanes estaban vinculados a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y Juanca también a otras FAP, la Federación Argentina de Psicólogos. Cuando las FAP guerrilleras entraron en crisis y los secundarios masistas pasamos en tropel a Descamisados, Juanca fue brevemente el responsable de una célula que se reunía en la casa de Carlos «El Inglés» Ocampo en Olivos.
Como si nos referíamos a él en presencia de personas ajenas a nuestro círculo juvenil llamarlo «Dios» hacía mucho ruido y nos obligaba a deshacernos en explicaciones, pasamos a llamarlo «Teo». Lo que caducó cuando un gran amigo tanto suyo como mío, Raúl Enrique Blanco, adoptó el seudónimo de Teodoro Boot para su brillante carrera literaria.
Juanca evitó caer en la trampa del militarismo, y para escapar a las persecución de la dictadura se exilió en Costa Rica, donde fue importante protagonista de una reforma de su sistema penal. Durante esos años yo estaba en Barcelona, por lo que prácticamente no tuvimos contacto.
Lo retomamos a mediados de los ’80, otra vez de la mano de Blanco/Boot, y a comienzos de los 90 lo ayudé a editar Motorpsico, una revista-boletín del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, para lo cual solía viajar a La Plata.
Juanca era y lo fue hasta su reciente jubilación profesor titular de Psicología Forense en la Universidad Nacional de La Plata y un gran animador de sus agrupaciones peronistas.
Dispensé a Juanca de acudir hoy a la presentación de mi libro (junto al finado Rafael Cullen) El golpe que duro más de tres meses en la Federación Gráfica Bonaerense porque diluvia, descuento que celebrará su cumpleaños con sus hijos y también descuento que pronto habrá una nueva presentación en Villa Elisa.
Juanca conoció desde niño a Goyo Levenson (el montonero más viejo, padre de montoneros, antes comunista y miembro de las FAR) y disfrutó de su amistad hasta que Goyo murió.
Podría escribir más sobre Juanca, pero tengo programado un almuerzo con una amiga. Solo quiero decir que Juanca ha sido siempre un ser amoroso, cuyo afecto y calidez siempre entibió mi alma, por lo que le deseo con vehemencia apenas refrenada lo mejor, ahora y siempre.
