La muerte de Perón
Yo no fui. Estaba haciendo la colimba en La Tablada y me tocó quedarme de retén esos días. En uniforme de combate y armado. Igual estaba enojadísimo con el General. Más todavía que con los jefes montoneros. La tristeza lo tiznaba todo. JS
Por Fernando Muñoz
Nos habremos juntado en el sindicato de Farmacia, seguramente, no recuerdo exactamente, pero había salido del Nacional Urquiza al mediodía, justo cuando anunciaron su muerte por la cadena nacional, y habré pasado por mi casa, algunos llamados telefónicos y luego hasta Rincón 1044, el sindicato donde nos juntábamos para resolver entre todos.
Hicimos la fila que terminaba justo en la puerta de la facultad de Ciencias Económicas, sobre Av. Córdoba y Junín, seguía por Av. Córdoba hacia Pueyrredón, de Pueyrredón hasta Av. Rivadavia, y por Av. Rivadavia hasta el Congreso, donde lo estaban velando.
Era una de las tantas filas que bajo la lluvia y en un ambiente más triste que tenso –fue la primera vez en muchos meses que la tristeza ganó a la tensión dentro del peronismo-, se repartían como ríos por centenares de cuadras en la Ciudad.
Habrá sido a las tres o cuatro de la madrugada, que intentamos llegar, entrar, y empezaron los gases, el cierre de las puertas del Congreso, el fin del velatorio, se cerró, los que controlaban el gobierno mostraron otra vez su decisión de manejar el asunto, decidir sobre el Pueblo, reprimir si hacía falta, terminar con ese velatorio que mostraba a miles y miles de hombres y mujeres juntos, llorando a ese gran líder, llorándolo todos por lo mismo, más allá de las diferencias que nos atravesaban, diferencias a veces violentas, pero que en esas jornadas tristes no se mostraban, porque todos estábamos allí en homenaje a la justicia social, la soberanía, la resistencia, la perseverancia, la clase trabajadora, Evita, el Retorno, los mártires de Trelew, Perón vuelve, y muchos etcéteras.

