Llach y Guadagni, filibusteros pedagógicos
Ahora dicen que Alieto Guadagni y Juan Llach son "expertos en educación"
Por JORGE DEVICENZI / PATRIA O COLONIA
De la información aportada por el diario, me sigue sorprendido, si es que algo me sorprende hoy en día, que Juan Llach pase por ex-ministro de Educación y se oculte aviesamente que haya sido viceministro de Economía durante la gestión de Domingo Felipe Cavallo e integrante de la Fundación Mediterránea.
Recordemos de paso que fue Juan Manuel De la Sota quien presentó a Cavallo en el entorno de Menem cuando, a principios de su gestión, lidiaba con un ministerio de Economía entregado al grupo multinacional Bunge & Born.
Como segundo de Cavallo, Llach -junto a Horacio Liendo y Daniel Marx- fue uno de los artífices del desguace de la Argentina.
Pero me asombra mucho más que un viejo filibustero, Alieto Guadagni, ahora pase por experto en educación sólo porque el señor Porto le hizo un lugarcito en la Universidad de Belgrano inventando el Centro de Estudios de la Educación Argentina, aunque bien pudo ser un Centro de Estudios Orientales, de Lenguas Muertas o de Haut Couture.
Esa "alta casa de estudios" es un refugio privilegiado de la medianía académica y las recetas neoliberales, y su dueño y mandamás, el señor Avelino Porto, es un autodidacta que se otorgó a sí mismo el título de abogado.
Alieto Gadagni es un actual duhaldista que comenzó su carrera como titular del CFI (Consejo Federal de Inversiones) en la dictadura de Onganía.
Luego se recicló en 1973 y junto a otro filibustero, Guido di Tella, trabajó para realizar una evaluación del precio de la Compañía Ítalo de Electricidad, planeando entre David Graiver y Motor Columbus y contentando a unos y a otros, lo que en buen romance significaba hacer un buen negocio a costa del Estado. Como finalmente sucedió.
El general Bignone lo nombró secretario de Energía. Desde entonces, y junto a sus socios Mario Brodherson y Dagnino Pastore, participó en todos los gobiernos de la renacida democracia en su especialidad, "la energía". En esos años los financiaba el banco Macro.
Su rol durante la última parte de la dictadura había sido asegurar las concesiones de YPF otorgadas por Martínez de Hoz. Con la llegada de Alfonsín, pasó al otro lado del mostrador y negoció con Conrado Storani los precios de las concesiones. Si los contratos originales habían sido generosísimos con empresas sin antecedentes en extracción de petróleo (como Socma, Sociedades Macri), los nuevos precios que pagaría la gestión alfonsinista los puso mucho más contentos.
Todos ellos, del brazo y por la calle, celebrarán el 8N, la renacida Unión Democrática.
