Menem y De la Rúa gobiernan en Europa
Artepolítica
“Si se eliminan los privilegios profesionales en el sector de los servicios y la rigidez en los mercados de productos, eso tendrá un impacto más fuerte en el empleo cuando se le añada un sistema laboral más flexible, apoyado por una adecuada, pero no excesiva, protección del empleo” ¿Los consejos para Argentina por parte del FMI en los noventa? No, señores, este es un informe presentado en Viena por el mismo organismo, hace pocos días, presionando para una mayor liberalización del mercado de trabajo español…
“Vivir a expensas del Estado ya no es una opción, ha terminado” ¿El discurso de un neoliberal en la etapa de privatizaciones argentinas? Tampoco, son las declaraciones del Ministro de Finanzas del Reino Unido, George Osborne, quien impulsa un recorte del gasto público de 130.000 millones de dólares. Agregó que la medida barrería con cerca de 500.000 puestos de trabajo en el sector público y afectaría a varios beneficiarios del Estado de bienestar inglés. Keynes se revuelve en su tumba.
“Los recortes son inevitables”. Una frase anónima, pero que parece sobrevolar todo el continente europeo. En Grecia, España, Francia o Italia se comienza a aplicar una serie de recortes pocas veces visto, que buscan reducir los grandes déficits y revaluar el Euro a toda costa. Alemania y el Banco Europeo atizan a los miembros de la Unión para que se ajusten los cinturones.
¿Por qué cuando uno ve las reformas de los principales gobiernos de la UE siente que está de vuelta en la Latinoamérica de fines de los noventa? Por supuesto que sería necio comparar la riqueza y la igualdad social de las principales economías del planeta, pero en esencia y en discurso, los ajustes y recortes que se están dando en España, Francia o Inglaterra parecen un calco del ministro de economía de Menem y De la Rua. Y todo, con esa esperanza de que el achicamiento del déficit y del aparato estatal van a funcionar per se para salir de la crisis, una esperanza que a la mayoría de los argentinos nos suena a ciencia ficción después del corralito, el 2001 y las recomendaciones del FMI.
Pero es una realidad: en la España de Zapatero y el PSOE se está llevando adelante un plan de recortes y achique presupuestario sin precedentes, en un contexto de 20% de desempleo y presiones para una mayor flexibilización laboral. Para augurar peores pronósticos, en el presupuesto que se está negociando (y que ya tiene los votos necesarios para aprobarlo) el 60% de los gastos proyectados están destinados al pago de los intereses de la deuda pública y a sostener un seguro por desempleo que se encarece día a día ¿Cómo se pretende financiar esta sangría? Incrementando aún más el IVA.
España no es vanguardista, acompaña el concierto que sigue toda la Unión Europea. En lo que respecta al sistema de pensiones, por poner un ejemplo paradigmático, toda Europa está retrasando la edad de jubilación: España, de 65 años hasta los 67; Alemania lo atrasa en la misma cuantía; el Reino Unido hasta los 66 años; Dinamarca, Grecia e Italia son menos generosos. De Francia ni hablar, las imágenes de las protestas se repiten en los noticieros de toda Europa.
Lo que sorprende a un latinoamericano (y a un argentino de la generación post convertibilidad, en particular) es que nunca se pone en duda la política de ajuste. Todos sostienen que es la única solución y sólo se debate en torno al grado del achicamiento presupuestario o qué políticas estatales se van a dar de baja. Frente a la crisis más importante de las últimas décadas –por lo menos en el Viejo Continente- la respuesta concertada de todos los gobernantes es conservadora, como si la debacle del 30 no hubiera dejado ya ninguna enseñanza: comprimir el Estado de bienestar, mostrar solidez en las cuentas para seducir al mercado, cercenar el gasto público en la mayor cuantía posible ¿El consumo? Bien, gracias; las voces a favor de impulsar la demanda agregada se pierden en columnas de diarios marginales. La repentina hegemonía neoliberal que avanza sobre toda Europa, sorprende hasta al conservador más melancólico. Si el equilibrio en las cuentas le funciona a Alemania, hay algunos que dudan que tenga los mismos efectos cuando se apliquen políticas restrictivas en los países de toda la Unión.
Por supuesto que nadie tiene la solución. La integración europea, el Euro, la volatilidad de los mercados financieros, la alta velocidad de los intercambios son fenómenos complejísimos y extremadamente fluctuantes. Sin embargo, los recortes, el desmantelamiento del Estado, la depresión del consumo, la flexibilidad laboral y altas deudas públicas, son cosas que no conviene juntarlas, y menos abogar por que se profundicen. Latinoamérica sabe un poco de eso: el ajuste, solo trae más ajuste, una vez que se instaló un círculo vicioso en la economía. De más está decir que Francia o Alemania son Estados fuertes y consolidados, con sociedades ricas. No se quiere plantear aquí que sus economías puedan estar en un peligro sistémico. Pero el giro hacia un conservadurismo “modelo siglo XXI” no deja de intimidar, sobre todo teniendo en cuenta las experiencias en el sentido opuesto de la gran mayoría de los países latinoamericanos y, por otro lado, si ese volantazo viene de una Europa que fue ejemplo de Estados benefactores.
Quizás se podrá rebatir alguno de los planteos o dudas de esta nota alegando que el Euro es la moneda más fuerte del mundo, que los viejos gobiernos tienen las herramientas necesarias para sortear esta crisis, que la dirección de Alemania ya demostró ser efectiva… Puede ser y muy posiblemente tengan la razón. Es sólo que los discursos de la dirigencia política, las protestas en la calle, los pedidos de sacrificio y austeridad hacia los trabajadores, la estigmatización de los inmigrantes o los recortes sociales en masa son como un deja vú difícil de olvidar…
