EMILIO MAZA x NACHO VÉLEZ: “El Gordo no era sólo un hombre de acción”

A 40 años de la muerte del primer montonero, Emilio Maza

El primer montonero caído,  Emilio Ángel Maza, tenía una sólida formación intelectual, dice Ignacio Vélez.  Católico militante, Maza  había egresado del Liceo Militar, había sido dirigente estudiantil  y recibido instrucción militar en Cuba, lo que suele oscurecer que  poseía una vasta erudición en historia, política y filosofía y, también, la gimnasia de una práctica política cotidiana signada por el compromiso con los desposeídos. Lo recuerda Ignacio Vélez, su compañero desde la adolescencia.

POR JUAN SALINAS / Miradas al Sur
Un año y medio menor que Emilio, Nacho Vélez también fue liceísta, y lo acompañó en el recorrido que pasó por la fundación de Montoneros y la toma de la pequeña ciudad cordobesa de La Calera, acción a raíz de la cual Maza murió y Vélez fue herido y detenido.” El Gordo era muy alegre, irónico, muy inteligente y muy serio en los debates. No era sólo un hombre de acción: sabía muchísimo de Historia  y lo complejizaba  todo, lo discutía todo, lo daba vuelta, lo ponía del reverso y lo analizaba, dos, tres, cinco veces”, recuerda hoy  Vélez, con una admiración fraterna  incólume al paso del tiempo.
El jueves se cumplieron  40 años de la muerte de Emilio Maza, la primera de las miles de bajas que los Montoneros habrían de sufrir en el curso de poco más de una década.  Acaso porque circulan pocas fotos suyas (aunque fue por una foto que la esposa del general  Pedro Eugenio Aramburu lo habría reconocido como uno de los jóvenes militares que habían secuestrado al ex dictador un mes atrás), el cordobés Maza es prácticamente un desconocido.  Al menos,  si se lo compara con otros fundadores de Montoneros que habrían de morir poco después, como los  porteños Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus,  abatidos por la policía bonaerense en la pizzería La Rueda de William Morris el 7 de agosto, o el correntino José Sabino Navarro, que logró escapar de aquél tiroteo y que en julio de 1971, tras ser herido por policías cordobeses, decidió  no entregarse y debilitado por la pérdida de sangre, se internó en la sierra y se suicidó.
Maza, apodado Milo, falleció en el Hospital San Roque el 8 de julio de 1970 a consecuencias de las heridas que había sufrido una semana antes, cuando resistió a tiros el allanamiento de un chalet del barrio Los Naranjos, dónde se habían guarecido sin saber qué Fierro conocía su dirección.
La acción de copamiento de La Calera, una pequeña ciudad satélite de unos 25.000 habitantes 17 km. al noroeste de la capital provincial, se había iniciado esa madrugada desde la casa de Nacho Vélez  en Villa Allende.
La toma de La Calera se produjo pasado más de un año de El Cordobazo y un mes del secuestro del ex dictador Pedro Eugenio Aramburu, que había acabado con los cuatro años de dictadura del general Juan Carlos Onganía, quien había sido reemplazado por el ignoto general Roberto Marcelo Levingston, hasta entonces agregado militar en Washington.
Había sido Maza, precisamente, quién había dirigido la acción militar, que implicó la reducción y robo de las armas de la comisaría de La Calera y de una subcomisaría, la ocupación de las centrales telefónica y telegráfica y el corte de las comunicaciones, y el robo de unos cuatro millones de pesos de la sucursal del Banco de Córdoba. En la retirada, el vehículo que utilizaban dos montoneros, Luis Losada y José Antonio “Pepe” Fierro, se descompuso, obligándolos a hacerse de  otro a punta de pistola. Advertidos por el asaltado, policías de civil los interceptaron, hirieron a Losada y sometieron al llamado “submarino” a Fierro, que entregó la dirección del chalet de Los Naranjos.
La represión subsiguiente, dirigida por el general Jorge Carcagno (que trece meses antes había pacificado la capital provincial tras el estallido de El Cordobazo, y que antes de que pasaran tres años impulsaría un efímero giro antiimperialista del Ejército tras ser nombrado comandante de la fuerza por el presidente Héctor Cámpora) permitió detener a otros siete montoneros que habían participado en la acción, entre ellos a Nacho Vélez, herido, y  su esposa, Cristina Liprandi. Estas caídas pusieron en fuga, y en riesgo de virtual extinción,  a miembros y colaboradores de  Montoneros. Casi fue en un mismo acto inauguración y cierre, debut y despedida.
Pero eso no se sabría hasta bastante después. En el momento, la toma de La Calera le dio encarnadura a los hasta entonces controvertidos montoneros. Desde que el nombre había aparecido en público para reivindicar el secuestro, juicio sumarísimo y ejecución de Aramburu (acusado, entre otras cosas, de profanar y desaparecer el cadáver de Eva Perón) en un comunicado que finalizaba con un “que Dios se apiade de su alma” de fuerte olor a incienso y sacristía, los amigos del secuestrado habían echado a rodar sus sospechas de que Aramburu podía haber sido víctima de los servicios de inteligencia de la dictadura de Onganía, y más precisamente integristas católicos dirigidos por su defenestrado ministro del Interior, general Francisco Imaz. La toma de La Calera demostró que los montoneros tenían existencia física y se reivindicaban como “el brazo armado” del proscripto movimiento peronista hasta el punto de haber obligado a cantar la por entonces prohibida marcha “Los muchachos peronistas”  tanto a los policías que habían reducido como a los empleados y clientes del banco asaltado.
–¿Cómo pasaron Maza y vos del Liceo General Paz a la lucha armada?
–El inicio estuvo en la fuerte amistad que  hicimos Fierro, Maza, y yo  con los curas del liceo Alberto Rojas y Carlos Fugante, una amistad que continuó luego de nuestro egreso, en 1964. El Beto Rojas vivía en el Hogar Sacerdotal de Rioja y La Cañada, que se comunicaba por un patio interno con la parroquia universitaria de Cristo Obrero. Esa casa, que fue demolida, fue una especie de Jabonería de Vieytes. Ahí vivían Rojas y José Echeverría González,  a quien le decíamos “El Tío Pepe”. Eran Echeverría –que se movía de aquí para allá en una siambretta–  y Emilio –que era dirigente del integralismo– los principales animadores de los debates que convocaban a monseñor Enrique Angelelli, al padre Milán Viscovich  y otro curas muy comprometidos   así como a decenas de compañeros de origen cristiano. Debates sobre el compromiso que los cristianos debíamos tener con los pobres, las encíclicas del Papa Juan XXIII, los documentos del Concilio Vaticano II, a los que asistían  también compañeros no creyentes. Decíamos que debíamos postergar la discusión de que si Dios era o no mortal,cuando estábamos seguros que el hambre era mortal. Debatíamos la filosofía de (Pierre) Teilhard de Chardin y los materiales que nos llegaban de la Revolución Cubana.  Recuerdo como si fuese hoy cuando nos llegó el mensaje de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) y la brutal violencia que significó para nosotros la imperativa urgencia por asumir la violencia en defensa del pueblo explotado a la manera de Camilo Torres.  Todas las tardes, desde las cinco y media o seis de la tarde, ellos comenzaban a cebar mate, que empezaba a circular en ronda entre los que se iban incorporando a medida que llegaban de sus respectivas actividades. Había dirigentes gremiales, de la JOC (Juventud Obrera Católica), estudiantiles, curas, profesionales. El Gordo era una persona muy especial, conocía a fondo la historia de muenstro pueblo y como peronista de la época,  era un fervoroso revisionista. Leía muchísimo y también desarrollaba una intensa práctica política, siempre en estrecho vínculo con los más humildes.
–Era un teórico, un intelectual…
 –Emilio era muy alegre y positivo,  irónico y muy inteligente. Con seriedad,  complejizaba  todo, discutía todo, lo daba vuelta, lo ponía del reverso y lo analizaba, dos, tres veces. De él se han dicho muchas tonterías . Como venía de una militancia cristiana y había egresado del Liceo Militar, algunos dijeron que era fascista. ¡Nada que ver! Era un cristiano comprometido que se expresaba políticamente, apasionadamente,  como peronista revolucionario. Recuerdo que me regaló un ejemplar de “El diablo y el buen dios”, de (Jean-Paul) Sartre y le puso como dedicatoria: “Para compartir la belleza del alma de los sin Dios”. Juntos conocimos de cerca el sufrimiento de los trabajadores y la injusticia de la proscripción del peronismo. En esa época participamos en la formación del  MUCO (Movimiento Universitario de Cristo Obrero) pero ya en   1967 comenzamos  a organizar  el grupo que después terminaría siendo Montoneros”.

Fue entonces cuando nos vinculamos  fuertemente  con Juan García Elorrio y el grupo de la revista “Cristianismo y Revolución”, y a través de él, con John William Cooke, Alicia Eguren y los compañeros del ARP (Acción Revolucionaria Peronista, el grupo de Cooke y Eguren). No voy a decir que Emilio no era foquista, porque en aquél momento estábamos todos muy influidos por la revolución Cubana, las experiencias guerrilleras de toda latinoamérica y las lecturas de materiales como  “Revolución en la revolución” (el primer libro de Regis Debray, aparecido en 1968) . La lucha armada aparecía como el unico camino para avanzar hacia la justicia y la dignidad para nuestro pueblo.  No nos quedaba otra en un contexto de ausencia total de democracia política. Pero aun así, a diferencia de otros fundadores de Montoneros,  El Gordo tenía claro que el principal protagonista  era el pueblo, y en especial,  los trabajadores. Tenía una concepción política de masas.

–No era elitista. Según tu descripción, Emilio equivalía en Montoneros a lo que era (Carlos Enrique) Olmedo en las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias).
–Algo parecido.  Emilio emprendió una  búsqueda sincera, franca, transparente, y en ella, siendo dirigente universitario, el pensamiento cristiano se reencontró con el pensamiento cristiano, superando la división que los gorilas supieron utilizar para dividir al pueblo,  para evitar su promoción y liberación. Depende como se lo mire, no es algo tan distinto a lo que está pasando ahora.
Como un hermano
Miembro de una familia tradicional repleta de abogados y jueces, Ignacio Vélez Carreras acompañó todo el recorrido de Emilio Maza, desde el Liceo Militar General Paz hasta su muerte en La Calera, ocasión en que fue herido. Juntos participaron en numerosos viajes a  Buenos Aire , donde estrecharon lazos con  Juan García Elorrio y el grupo de la revista “Cristianismo y Revolución”,  de la que Nacho fue representante en Córdoba.  También anudaron juntos en Buenos Aires una relación con el padre Carlos Mujica, y emprendieron la formación  de  los “Comandos Camilo Torres”, antecesores directo de Montoneros.
Liderados por   Maza, y junto con Carlos Capuano,  Luis Losada, , José Antonio “Pepe” Fierro,  Héctor “Ciro” Araujo (desaparecido en La Perla),   Susana Lesgart y su esposa, Cristina Liprandi, Vélez fue uno de los fundadores del capítulo cordobés de Montoneros. 
Ya desde la cárcel  de 1972, fue junto con Luis Rodeiro, Carlos Soratti, José Fierro, Antonio Riestra, Jorge Cottone, Luis Losada y Carlos Figueroa, Vélez participó en la elaboración de un largo documento muy crítico de la conducción nacional de Montoneros. Dicho documento pretendía abrir un debate interno en torno al militarismo foquista  que remplazaba  la práctica política por la violencia armada,  por parte de una jefatura ejercida entre otros por los sobrevivientes Mario Eduardo Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Fernano Vaca Narvaja. La Conducción Nacional de Montoneros no les contestó, lo que hizo que al salir de la cárcel con la amnistía del 25 de Mayo de 1973, conformaran los llamados Montoneros Columna Sabino Navarro (también conocidos como “los sabinos” y “los de La Calera“) más cercanos al Peronismo de Base y con importante desarrollo en Córdoba, Tucumán, Santa Fé y Buenos Aires.
Durante la dictadura genocida que usurpó el poder  Vélez estuvo exiliado en México de donde retornó con el advenimiento de la democracia.
Durante la decada de los 90 enfrentó la traición menemista y el modelo neo liberal denunciando sistemáticamente la trágica exclusión social que marginaba a los sectores mas humildes.
A partir del 2003 participó activamente desde diversas funciones en la construcción del proyecto nacional que encabezan Nestor y Cristina Kichner. En la actualidad,  lo hace desde el Programa Argentina Trabaja del Ministerio de Desarrollo Social, convencido de que la mejor política social es la creación de fuentes de trabajo.
A partir de 2007 integra la Corriente Nacional y Popular del Frente para la Victoria y es un  militante activo del espacio Carta Abierta.

Comentario (1)

  1. Mujail

    Lamentablemente eligieron el camino de las armas y mataron muchas personas. Fue una guerra. La penetración marxista existía en todas las lineas de montoneros, no eran santos. Lamento que hoy se los idealice.

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