Perdón, Flaco
Conocí a Pablo Llonto hace más de un cuarto de siglo, poco después de regresar del exilio, cuando me vi forzado a hacerle juicio a unos sátrapas y, por eso mismo, paradójicamente y sin poder evitarlo, a un amigo del alma. Mis abogados fueron los de la Asociación de Periodistas (Apba), a la que nos habíamos afiliado los de la agrupación Rodolfo Walsh, Angel Di Paola y un Llonto muy…
