San Bernardo, El Melifluo ( todavía más misógino que el anterior)
Bernardo
Abad y doctor de la Iglesia, 1090 – 1153
El abad pronto se percató de que, afectado por anemia, migrañas, gastritis, hipertensión y una acusada pérdida del sentido del gusto y de la memoria inmediata, Bernardo era un líder monástico en potencia y lo envió, junto a doce compañeros, al Valle de la Amargura, en Langres, así llamado a causa de los incesantes ilícitos cometidos por los bandoleros. La prédica de Bernardo logró convertir aquel paraje en un baluarte de la Fe, de manera que a partir de entonces pasó a llamarse Valle de la Luz (Clairvaux).
Pronto se instalaron en la localidad más de setecientos hermanos, atraídos por la fama de santidad de Bernardo, quien había sometido al espíritu hasta tal punto que no sabía lo que comía ni adónde iba. Así y todo, consiguió mediante su elocuencia apoyar la dudosa (pero a la postre triunfante) causa del papa Inocencio II contra el papa Anacleto II, en lo sucesivo conocido como «antipapa».
Al erudito Abelardo lo acusó de sutilezas, consiguió que fuera excomulgado e hizo quemar sus obras, pero se abstuvo de quemar su persona.
De su genio quedaron muchas obras escritas y un trabajo de orden místico sobre el Cantar de los Cantares en el que intentó demostrar que no versaba sobre sexo. Convencido como estaba de que el pecado original se trasmitía mediante la cópula, argumentó vehementemente contra la popular creencia en la virginidad de María, la Madre de Dios; su elocuencia era tanta que debido a ella (y a algún milagro) no acabó en la hoguera.
Asimismo, sostuvo que en cierta oportunidad María se apersonó en su celda y a fin de consolarlo durante un ocasional bloqueo creativo, lo amamantó de su sagrado pecho.

