Como decía Dardo Cabo, los leales critican, los obsecuentes traicionan. Buscando revertir los errores que nos llevaron a este revés, a esta importante pérdida de votos, llega a Pájaro Rojo esta reflexión de Teodoro Boot, escrita sin haber leído la de Gerardo Fernández que, me acaba de informar, le pareció muy buena.
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| Losers. El que no se consuela es porque no quiere: dos grandes perdedores de la jornada de ayer. |
Por Teodoro Boot / Pájaro Rojo
Seguir los resultados electorales por la página del Ministerio del Interior y al mismo tiempo hacer zapping permitió encontrar diferencias notables. Primero porque pudo corroborarse nuevamente que para la TV el país termina en la ruta 41, y en el mejor de los casos, en Arroyo del Medio. Y luego por los zócalos que, en asombrosa coincidencia entre medios oficialistas y opositores, mostraba cifras incorrectas. Por ejemplo, Bergman 23 %, Cabandié 19%, Carrió 13%, obviando el hecho de que los votos de Carrió debían sumarse a los de los otros candidatos del UNEN.
De leerse los resultados como corresponde, la conclusión es que Unen se impuso en la capital sobre el Pro, tanto en diputados como en senadores.
Esa es una noticia: perdió el Pro en la capital.
No creo que obviarlo sea estupidez de los medios, sino que el clarinismo sigue protegiendo a Macri y el kirchnerismo no quería admitir lo evidente, que había salido tercero. ¿Por qué exhibían las cifras de diputados y no las de senadores? En los medios oficialistas tal vez porque ahí el kirchnerismo aparecía más «cerca» del Pro o porque alguien dio la orden de levantar la figura de Cabandié.
Hubo, en algunas mesas, corte de boleta en contra de Cabandié. Y digo en contra de él y no a favor de Filmus pues en el sobre aparecía únicamente la parte de la boleta correspondiente a Filmus sin acompañamiento de ningún diputado de ningún partido. Pero, por los resultados, el corte no fue mucho (o hubo también corte en sentido contrario) y se puede adjudicar a militantes kirchneristas cabreros, que no repetirán ese corte en octubre.
Corte en otro sentido fue el de una compañera que votó a Cabandié y a Pino. «Voto táctico –dijo– porque no quería que en el Unen ganaran Terragno o Pratt Gay». Costó que entendiera que había optado por lo más peligroso para nosotros, ya que Pino todavía arrastra a votantes de centroizquierda que, ante la opción Michetti, Pratt Gay o Filmus probablemente se inclinarían por Filmus. Por no mencionar que apenas los medios dejen de hacer ruido y se empiece a comprender el resultado de la capital, el Unen no sólo no se disolverá sino que aumentarán sus chances, aún las de Solanas (que le ganó por un hocico a Michetti) por mucha ansia popular y aun kirchnerista de ganarle a Macri.
Es posible que haya un número apreciable de votantes kirchneristas que en octubre voten a Pino contra la Michetti.
Tratando de no ser intoxicados por los medios opositores, terminamos intoxicados por los medios oficialistas. Porque este resultado no lo esperábamos ni los más pesimistas. Pensábamos que el FPV andaría entre un 35 y 40% a nivel nacional y estamos bastante abajo del 30 %. Perdimos donde era previsible, pero también donde no lo era, como en Jujuy, Catamarca, San Juan, Chubut o Santa Cruz.
Filmus, con el 20%, hizo una buena elección (es el doble de lo que obtuvo en el 2009) pero aún así no podrá renovar su banca de senador.
Hubo excepciones, como Entre Ríos, donde el FPV duplicó los votos de los radicales y los del Pro+peronismo bustista+federación agraria. Lamentablemente, a los radicales no les alcanzó para dejarlo tercero a De Angelis (un 2%), aunque esto tal vez ocurra en octubre, si al menos en senadores, los votos del FAP van finalmente a la UCR. Espero que así sea, porque para agravar el ya grave panorama que se viene, lo único que faltaría sería a De Angelis en el senado.
Dije que es esperable que muchos votantes kircheneristas corten boleta para votar a Pino Solanas como mal menor frente a Michetti. Si es así eso terminará beneficiando a una flojísima lista de candidatos donde el único dirigente político en serio es un extrapartidario.
Esta es la segunda noticia: a nivel nacional el FPV perdió la mitad de los votos que había conseguido hace menos de dos años.
La tercera noticia es el triunfo de Massa. Los oficialistas dirán que hace menos de un mes a Insaurralde no lo conocía nadie y que estuvo «apenas» un 5% abajo de Massa, pero ocurre que para octubre Massa engordará a expensas de De Narvaez mientras Insaurralde no tiene de donde sacar los votos… como no sea de Massa. Pero ¿perderá votos el que salió primero? No es sensato esperarlo, a no ser que meta mucho la pata.
El resultado de la provincia es muy duro, ya que hace menos de dos años el FPV obtuvo cerca del 60% de los votos.
¿Qué pasó en estos dos años? De mirarlo con objetividad, nada malo. Al contrario: las cosas están bastante mejor, fuera de que no se pueden comprar dólares para atesorar, algo que no hace nadie en su sano juicio en ninguna parte del mundo. Y que aquí sólo pueden hacerlo aquellos a quienes a fin de mes le sobra dinero, de lo que deberían alegrarse y mostrarse agradecidos. Pero ya se sabe como es el medio pelo de olvidadizo y desagradecido.
¿Qué otros factores pudieron variar tanto el panorama político? Lanata es uno, pero ¿es para tanto? ¿Pueden tanto desatinadas y desprolijas denuncias sobre graves actos de corrupción nunca comprobados?
El tercero factor que percibo es la omnipresencia de Cristina, que de tanto hablar (al menos una vez al día) termina aburriendo hasta a los propios y recordándole al pueblo que tiene el mismo gobierno desde hace diez años… cuando la pasión por la novedad es una falla de carácter muy argentina.
Y existe un cuarto factor, que sigue siendo negado absurdamente por funcionarios y aun por los militantes kirchneristas: el sostenido aumento de los precios de alimentos y de numerosos insumos nacionales de gran importancia, como lo es el papel para la producción de libros, por ejemplo.
Durante estos diez años, la política económica ha sido industrialista. En países como el nuestro, el desarrollo industrial requiere de protección frente a la competencia de industrias de mayor escala y del fortalecimiento del mercado interno, único modo de aumentar los niveles de producción hasta un piso mínimo de competitividad
El mercado interno requiere de una masa con dinero en los bolsillos, lo que supone incrementos de sueldos, combate a la informalidad y subsidios directos e indirectos. Luego de eso, la propia actividad provoca su crecimiento, con la aparición de nuevas fuentes de trabajo y el consiguiente círculo virtuoso («Cuando todos tienen empleo, los salarios suben solos», afirmaba Perón) y la consiguiente inflación, que en este caso es especulativa y por demanda y no monetaria, como se suele decir, ya que la emisión que tiene como propósito financiar la obra pública (otro lubricante de la industria) no provoca necesariamente inflación.
Combatir la inflación por demanda es complicado, pues obedece a una regla básica del capitalismo: a mayor demanda, mayor precio. Hay soluciones parciales, como las que se implementan, pero las de fondo o más largo aliento consisten en aumentar la oferta y, fundamentalmente, la cantidad de oferentes, ya que la actual inflación por demanda reconoce otra causa: la concentración económica.
Cuando se pretende combatir la inflación con la tradicional receta de restringir el crédito y el circulante (vale decir, bajar o congelar los sueldos y encarecer los costos financieros), el resultado es el colapso de la industria y el comercio, con la consiguiente pérdida de empleo, el incremento de la conflictividad social y la crisis política. Para ejemplos frescos en la memoria de casi todos, tenemos los desdichados finales de los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa, quien tuvo que lidiar con la crisis terminal del modelo implementado en 1976 y perfeccionado sucesivamente con el Plan Austral y la Convertibilidad.
El gobierno no ha hecho esto, pero tampoco fue exitoso en fomentar el aumento de la oferta. Por el contrario, ha intentado controlar los precios mediante acuerdos con los grandes formadores de precios. El resultado está a la vista. Y está a la vista también uno de los mayores errores ya no sólo gubernamentales sino también de los militantes: el creer en su propia propaganda. Así como no es posible cubrir el cielo con un harnero, no se puede creer que se sostiene el acuerdo con los supermercadistas de congelamiento de los precios de 500 productos, cuando ese acuerdo no se respeta en ningún supermercado y, a diferencia de los funcionarios, las personas compran alimentos todos los días.
Desde luego, criticar a Guillermo Moreno es en el kirchnerismo ofensa de calibre mayor, pero como sea, la estrategia de Moreno ha demostrado ser equivocada y replica la estrategia kirchnerista en varias áreas, cuyo más claro ejemplo fue el inicial intento de acuerdo con el grupo Clarín en base a la innecesaria prórroga de las licencias.
Lo que viene
Habrá que ver cuál fue la causa que provocó semejante fuga de votos en tan poco tiempo, pero lo que fue, es de una gravedad cuyos alcances ni empezamos a vislumbrar. Que sea o no un «fin de ciclo» como dicen los opositores dependerá de qué hace el kirchnerismo, porque el fin de un gobierno no es necesariamente un «fin de ciclo», si ese gobierno, o el movimiento que dio origen a ese gobierno, consigue determinar cuales son los elementos centrales de su proyecto y encuentra el modo de garantizar su continuidad. Y cuando digo el modo, me refiero al candidato capaz de ganar en el 2015 y del modo en que se acuerda con él y también se lo condiciona.
Admito, sí, que temo que los gurkas del kirchnerismo terminen arruinándolo todo con su stalinismo de cartón pintado.