Cuaderno de un perseguido a sus hijitos: “Lo más ansiado y difícil es la (noble) igualdad”

Juan José Galamba lo escribió escondido hasta que lo atraparon y desaparecieron  

 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    Perseguido Galamba. Pero tu siempre acuerdate / de lo que un dia yo escribí/ pensando en ti   
Mendoza. (Télam). – El tercer juicio por delitos de lesa humanidad que se realiza en Mendoza se reinició hoy con el recuerdo de un cuaderno escrito por un desaparecido. Juan José Galamba, desaparecido el 28 de mayo de 1978 luego de casi dos años de esconderse y huir de las fuerzas policiales y militares que habían apresado a su esposa, estando clandestino y sobreviviendo escondido gracias a la solidaridad de compañeros que le dieron refugio en sus casas de Mendoza y San Juan con riesgo de sus vidas, escribió sus vivencias dirigiéndose a sus pequeños hijos en un cuaderno.
 
Luego de estar enterrado casi treinta años en la casa de su padre, ese cuaderno llegó a manos de sus ya adultos destinatarios, Paula Natalia y Mauricio Galamba, al cumplirse el trigésimo aniversario del golpe de marzo de 1976.
“Queridos hijos: con la caricia más tierna que un padre puede hacer, quiero que sepan que papá nunca los olvida y todo lo que hace es por la felicidad de ustedes. Así como con mamita los quisimos, hoy más que nunca debemos seguir adelante hasta conseguir lo más ansiado para todos y que es lo que se llama igualdad, que cuesta mucho conseguirla pero que no es imposible alcanzarla”.

El cuaderno llegó a manos del padre del infortunado Galamba gracias a los buenos oficios de una joven militante, Susana De Monte, que entonces tenía apenas 18 años. Ella mismo lo recordó ante el TOF nº1 de Mendoza. ““A pedido de otros compañeros por ser yo la menos sospechosa, fui la elegida para encontrarme con Galamba a escondidas y que él me diera el cuaderno que pude entregarle a su padre”.

“Desde la clandestinidad y en sus escondites, como si supiera que lo iban a secuestrar y hacer desaparecer, le escribió cartas a sus hijos; les contó lo que esperaba del mundo y sus sueños de igualdad; y les dijo que junto a su mamá, que en ese entonces estaba detenida, los amaban mucho”, recordó la mujer.

De Monte pudo entregarle el cuaderno al padre de Galamba, quien al pasar los años se los dio a sus nietos para que supieran la historia de su papá.

“No podemos seguir aguantando que los miserables por un poco más de dinero estén haciendo estragos, mientras en unas mesas hay caviar en otras apenas hay pan”, agregó. También relataba para conocimiento de sus hijos cuanto quería a su mamá, Alicia Morales, la esperanza de volver a verla a ella y a ellos, y la desazón de no saber si ello iba a ocurrir.

“Entre esas grises paredes, donde está mamá, están miles de madres y de padres que no callaron por decir la verdad”, les escribió.

Galamba fue secuestrado a fines de mayo de 1978, al igual que ocho personas que lo ayudaron en distintos momentos a esconderse y sobrevivir durante casi dos años: Margarita Dolz, los hermanos Juan Carlos y Daniel Romero, Ramón Sosa, Raúl Gómez, Gustavo y Mario Camín, padre e hijo, y Víctor Hugo Herrera, cuyos secuestros y desapariciones son objeto de debate.

La hija de Galamba, Paula Natalia, había declarado el pasado 8 de septiembre. Recordó que desde que Alicia, su mamá, fue secuestrada el 12 de junio de 1976, su papá tuvo que escapar, y como entregó el dichoso cuaderno a la entonces joven militante Sonia de Montes.

“Siempre cuestioné a mis padres, porque pensaba ¡cómo no se fueron del país! ¡cómo no noes evitaron el sufrimiento que fue para mí era crecer sin padre y con una madre presa. Pero después de leer este cuaderno me cerró todo, y entendí sus valores”.

Natalia leyó entonces parte del cuaderno. “Quiero que sepan que papá nunca los olvida y que todo lo que hace y hará es para la felicidad de ustedes. Así como con mamita los quisimos, hoy más que nunca debemos seguir adelante, hasta conseguir lo más ansiado para todos, y que simplemente se llama igualdad, y que cuesta mucho conseguirla pero no es imposible. Querida Natalia, querido Mauricio, es demasiado pedir para ustedes, tan pequeños, tan inocentes, pero sé que lo van a entender, se que serán más fuertes que nosotros mismos, debemos hacer ese esfuerzo, pues no sólo mamita está en la cárcel. Entre esas grises paredes están miles de padres y madres, miles de personas que no callaron nunca por decir la verdad, miles que por sólo luchar por la igualdad están encerrados esperando la libertad, o esperando que los masacren como lo están haciendo día a día. Miles que dijeron no puede ser que trabajemos para otros, y nuestros hijos mueran enfermos o de hambre. Miles que nunca dudaron en entregarse por completo a la lucha de liberación, miles que ya perdieron sus vidas. Entonces, queridos hijos, no podemos dejar que se pisoteé la justicia y la libertad, no podemos seguir con esta crisis creada por los capitalistas y pagada por el pueblo, no podemos seguir aguantado a los miserables que por un poco más de dinero están causando estragos, no puede ser que el que trabaja lo haga cada vez más para que los ricos puedan disfrutar, mientras en unas mesas hay caviar en otras apenas si hay pan”.

Luego de leer estos párrafos, la hija de Galamba agregó: “Cuando me encontré con este cuaderno fue una forma de conocerlo, entenderlo, y hasta de compartir los mismo ideales que defendía y por los que murió. Por eso quería compartir esto y que se escuchara su voz, porque creo que a través de él habla una generación, la de mis viejos, a los cuales les reproché el hecho de que no se fueran. Después de leer éste y otros fragmentos entendí por qué: porque tenían hijos y querían lo mejor para ellos, y por eso, como muchos otros se quedaron y dieron pelea”.

Antes había prestado la madre de Natalia, Alicia Morales, quién contó lo que conocía de lo ocurrido con Galamba: “Desde que a mí me detuvieron, el 12 de junio de 1976, no supe ni quise preguntar por miedo. Lo único que preguntaron sobre él fue acá, en Mendoza que preguntaron por él, pero fue la única vez, y yo les conteste `para que lo quieren, si ya me tienen a mi’. Es más, no entiendo por qué me preguntaban, si en la sala de tortura tenían un organigrama con nombre y detalles de cada uno.”

Por último, Alicia Morales narró un episodio inquietante:  “En noviembre del ‘76 fui dejada en libertad por tres días, al término de los cuales fui nuevamente detenidas. Durante mi estadía en casa de mis padres, los tres días estuvo revoloteando Víctor Hugo, y con el  tiempo me entere que era personal de Inteligencia del Ejército. Para mí, fui dejada en libertad para ver si me reunía con Juan José”.

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