La Cámpora y el trasvasamiento generacional

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Ojalá.

Demonizar a La Cámpora = conservar el statu quo

Cynthia Ottaviano

En el imaginario colectivo, la juventud representa el cambio, la renovación, incluso el empuje irreverente. No importa si es de La Cámpora o no. Si es de La Cámpora, el problema que se agrega es que esa “juventud” está organizada.
Cada vez que un medio de comunicación –como dispositivo constructor de sentido, como aparato que pretende el monopolio y la dominación del sentido–, demoniza a un sector, lo hace con una clara intencionalidad política.
La Cámpora fue satanizada desde el principio por la prensa hegemónica. Decenas y decenas de notas lo demuestran: “La Cámpora, el grupo del hijo de Kirchner que va contra la prensa” (Clarín, 14-04-08), “La Cámpora jóvenes K que ocupan cargos en el Estado” (Clarín, 6-11-10), “La Cámpora en busca del poder real” (La Nación, 27-11-11), “La Cámpora busca adueñarse del despacho de Kirchner” (Clarín, 28-02-12), “La Cámpora gana espacio en el entorno kirchnerista” (La Nación, 31-08-10), “La Cámpora gana influencias en el área de los medios” (La Nación, 09-02-12) “La Cámpora gana espacio concreto en la gestión” (La Nación, 10-12-11), “El poder de la Cámpora alcanza ya casi todo el Poder Ejecutivo” (Clarín, 11-02-12), “Con todo el poder, La Cámpora llegó a la Legislativa” (La Nación, 08-12-11).
Las notas no se proponen conocer cuáles son sus ideas, sus proyectos, sus ejes de debate, su formación o su ideario político. El mecanismo fue asociar la política al paradigma excluyente de “acumular poder”, “poder real”, “ocupando cargos”, “adueñándose” de cosas y lugares, llegando y alcanzando “ya casi todo”.
Un ataque, se sabe, puede esconder una defensa, pero ¿qué defienden las corporaciones mediáticas, qué peligro corren Clarín y La Nación si La Cámpora crece?
La Cámpora está allí donde el kirchnerismo lo necesita, son considerados por muchos como “guardianes” o “herederos” de Cristina. Representan el famoso trasvasamiento generacional, político y cultural que la última dictadura militar quiso arrancar de raíz a sangre y fuego, a fuerza de tortura y desaparición. Tal vez sea eso lo que ponen en peligro: el orden conservador ideológico de La Nación y el orden conservador económico de Clarín. Tal vez por eso, desde sus naves insignias Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre desempolvan la persecución asesina de Menguele, de Lombroso o de Videla. Quieren reabrir el baúl de la historia para que recobren vida sus aliados más nefastos, yendo a contramano de esta Argentina democrática, que todos los días busca ensanchar la calle de los Derechos Humanos, transformándola no ya en una avenida sino en una autopista. Con la fuerza de las mayorías. El futuro es hoy


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