LA MALDICIÓN DEL PLÁTANO
En vísperas de elecciones la Fábrica de Jingles produce a tope, y con un muy alto promedio de calidad que no disminuye por las crecientes incorporaciones a la irónicamente llamada «mafia de los jingles». Más allá de si el excelente ánimo de los conductores es natural o inducido, los gelatines restituyen el sentido común que impulsó a la crema de la generación de los 60/70 a intentar cambiar el rumbo de la historia. Porque a pesar del trágico final de aquél intento de no sucumbir al neocolonialismo, suele olvidarse que aquellos jóvenes teníamos la alegría de Jesús y el Che, Serrat, los Beatles, Almendra, Sui Generis, Los Olimareños, Chico Buarque, etc.
Me inicié en el camino de las letras redactando volantes (a los que hoy les llaman flyers) que imprimíamos con mimeógrafos en la medida de lo posible en papel de colores. Hoy, algunos de los letristas de las canciones populares reversionadas son tan buenos como éramos entonces, con el plus de un humor sardónico, ora sarcático, ora irónico. Que me dan 40 minutos de alegría. Lo que no me parece poco.
