NSI. El tridente de medios opositores deja de considerar a Cristina tirana para acusarla de desquiciada

Furor por el Nado Sincronizado Independiente

Termina una semana trepidante, en la que pasamos de la certeza de la victoria en las PASO a la realidad de la derrota, y de la unidad hasta que duela al dolor sin unidad. Como ya es casi una tradición, CFK movió las piezas y desconcertó, tranquilizó, enfureció, y al final ordenó. En un nuevo Nado Sincronizado Independiente (NSI), nuestros medios serios pasaron de describirla como una tirana que controla al títere Alberto Fernández a presentarla como una desquiciada que busca dinamitar ese poder que el presidente nunca tuvo. Niños, no lo intenten en sus casas, podrían hacerse daño.

La Mentalista Carrió denunció que “un vicepresidente que vacía de poder al presidente está haciendo un golpe de Estado” con el mismo ahínco con el que en 2008 saludó el voto no positivo de Julio Cobos, aquel extraño vicepresidente opositor que sin embargo fue un ejemplo de institucionalidad y coso. Recordamos con algo de nostalgia cuando la titular de la Coalición Cívica calificó ese voto no positivo como un “nuevo 17 de Octubre, un momento bisagra de nuestra historia”. Al parecer, votar en contra de su propio gobierno ayudaría a consolidar las instituciones.

Por su lado, Fernández Meijide consideró que la carta de Cristina constituye “un golpe institucional contra el presidente”. Graciela tiene razón, el Frente de Todos debería imitar al gobierno de la Alianza que ella integró en materia de solución pacífica de conflictos.

Desde las jaulas de La Nación +, varios de los periodistas serios pidieron respeto hacia ese presidente que hasta el día anterior calificaban de títere, tirano o criminal. Para no ser menos, desde la Mesa de Enlace exigieron que el gobierno respete la institucionalidad. No sabemos si cortarán las rutas durante meses en defensa de esa institucionalidad o sólo exigirán la renuncia de Alberto como en 2008 exigieron la de CFK.

En realidad, nuestra derecha suele ver golpes de Estado por todos lados salvo cuando ocurren, como en Bolivia, del mismo modo que denuncia que todo es una dictadura salvo la Dictadura. El debate a cielo abierto en el seno de una coalición política es asimilado a una guerra, a enconos personales o a problemas de egos desmesurados. Llegamos a escuchar que el oficialismo era una casta alejada de las penurias de sus representados. En realidad, la crisis en el seno de la coalición parece demostrar lo contrario: la derrota electoral fue tomada tan en serio que generó un cambio de gabinete. Pero la magia de nuestros medios serios permite criticar al gobierno tanto por sobrerreaccionar como por no escuchar el mensaje de las urnas.

Como luego de cada derrota, las explicaciones son múltiples e incluso contradictorias. El Frente de Todos habría perdido el apoyo de las mayorías por llevar adelante una agenda palermitana alejada de las verdaderas preocupaciones populares, como el DNI no binario o el aborto legal, y además no tendría en cuenta los cambios en la sociedad al elegir a Juan Manzur en reemplazo de Santiago Cafiero. Es decir que habría perdido las PASO por focalizar su campaña en ampliaciones de derecho como la IVE y perdería las elecciones generales por nombrar como Jefe de Gabinete al gobernador de Tucumán, opositor a la legalización del aborto. Es un tema complejo.

Parte del electorado que votó al oficialismo en 2019 esperaba una mejora en su poder adquisitivo que no llegó. Consideró que la pandemia no fue una justificación suficiente y votó en consecuencia. Es en esa mejora que el gobierno debería poner el eje, sin por eso dejar de lado la agenda de ampliación de derechos (cupo trans, IVE, DNI no binario… etc.). La idea de que haber avanzado demasiado en ese aspecto impidió avanzar en la agenda social urgente no sólo es falsa: es sobre todo tóxica. Deja abierta la puerta a una vieja letanía reaccionaria: siempre estamos a una pérdida de derechos del paraíso. El peronismo es sinónimo de ampliación de derechos y mejora de la calidad de vida de las mayorías. No hace falta elegir.

No sabemos si el debate se podría haberse resuelto puertas adentro, con formas más amigables y tomando el té en Las Violetas, pero de lo que no tenemos ninguna duda es que el peor escenario luego de una derrota hubiera sido seguir como si no hubiera ocurrido y como si las penurias de las mayorías, relacionadas con salarios por el piso desde hace 5 años, informalidad creciente y precios por las nubes, pudieran solucionarse como por arte de magia, confiando sólo en el derrame de una reactivación incipiente.

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