PERONISTAS / MONTONEROS (Nos quieren hacer pelear)

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Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera / que si entre ellos pelean/ los devoran los de afuera

Un tal Juan Manuel Duarte que era un bebé de pecho cuando el cura Carlos (al que algún nabo con patente de corso llama «Carlitos») Mujica fue asesinado escribe un libro que, sin una mísera evidencia, proclama que lo mataron su ex amigos montoneros. Ceferino Reato, siempre diligente para buscar la quinta pata al gato, lo publicita. Claudia Peiró, que fue íntima de Galimberti cuando éste era confidente de la CIA y socio de «Ruger» Radice -el principal killer de Massera y el que más aprovechó las propiedades muebles e inmuebles de los desaparecidos en la ESMA- hace una larga reseña del libro de Duarte en la que destaca parrafadas que delatan su vacua sustancia e intencionalidad.

Dice una «fuente» que pretende apuntalar las forzadas conclusiones de Duarte:

«Yo no te digo que haya sido la Orga [Montoneros] sola. Pero hay muchas cosas que no cierran. Mugica salió en la revista de la hija de López Rega diez días antes de que lo acribillaran diciendo que estaba conforme con el gobierno. Y lo hizo junto al mismísimo (Arturo) Jauretche, que se murió a fin de ese mismo mayo. El 1º de mayo lo reputearon y amenazaron en la plaza, mientras la gente del Brujo miraba con sus fierros desde el techo de la Catedral y sus lacayos habían entregado volantes contra los curas del Tercer Mundo. Todos querían que Mugica se muriera».

Bull shit. Jauretche fue velado con la bandera de Montoneros sobre el cajón, que le puso su sobrino Ernesto. ¿Eso prueba que fuera Montonero? ¿O solamente prueba que había montoneros que lo apreciaban? De la misma manera, en la ruptura montonera tuve muchos amigos que quedaron en el bando contrario. Y, como mucho (éramos jóvenes entonces) podría haberme agarrado a piñas con alguno (no lo hice), pero ¿matarlo? Ni en pedo.

Sigue las citas del libelo de Duarte escogidas por Peiró, que en 1989 entró a trabajar como agente de la SIDE menemista (me consta, en otro momento, si cuadra, contaré cómo):

«A cuarenta años del crimen, lo realmente importante no es quién sino por qué tuvieron lugar la pasión y muerte del padre Mugica. (…) Sólo la verdad nos ahorrará nuevos errores en el futuro y nos permitirá estimar la dimensión real de un ser humano, este sacerdote que además de su profundo cristianismo y su igualmente profundo amor por los pobres y por su Iglesia, ofreció todos sus recursos en la pelea por la democracia».

Bla, bla, bla. El libro de Duarte es, según surge de la reseña de Peiró, una empanada rellena de aire. Como tantas notas de la revista Noticias pergeñadas por Fontevecchia y sus adláteres: Nada por aqui, nada por allá.

Como bien señaló la compañera Presidente, Mujica tenía razón en su principio de no matar, qué duda cabe. Y también en su posición de no romper con un Perón disminuido y agonizante.

Y es que nunca, nunca, la Juventud Peronista debió haber acudido a los fastos de ese Primero de Mayo -cuya escenografía y programa le habían sido confiadosa López Rega y Osinde- a increparle al anciano general que «está lleno de gorilas el gobierno popular» y que «si Evita viviera, Isabel seguiría soltera», humorada que el viejo general no estaba en condiones de apreciar y que, por el contrario y tal como debía haber sido previsible, lo sacó de quicio.

Como han explicado reiteradamente Fimenich, Perdía y Vaca Narvaja, no fue la conducción de Montoneros la que decidió irse la plaza, sino sus bases, que  a casi un

Hoy, que hay un consenso general sobre estos asuntos tan lejanos y sin embargo tan urticantes, aparecen los interesados en promover divisiones y enfrentamientos, como señaló Cristina.

Pero solo las almas muy simplotas y papanatas pueden caer en semejante trampa. El miente (o calumnia) miente que algo quedara» es una frase efectiva. Por más que se le atribuya falsamente a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler, a Voltaire o a Maquiavelo.

Independientemente de su autor original, está claro que resulta operativa, como bien saben los Reatos, Duartes y Peirós, especialistas en hacer charcos de mierda.


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