POCONÉ, el crack de Malvín, mi primer ídolo deportivo

A la memoria de Jorge «Coco» Barreiro Cavestany, insigne habitante del barrio.
El hecho de tener un sitio, un blog personal, nos permite cada tanto incurrir en la autorreferencialidad. Mis tres hermanos y yo siempre identificamos la felicidad con los veraneos en Malvín, a un tiro de ídem de la Playa Honda, la mejor de Montevideo, durante los lejanos años ’60, cuando éramos niños. Siendo el mayor, allí me pilló la adolescencia, los primeros cigarrillos, las primeras crisis de fe atemperadas por lo simpáticos que eran los muchachos de la Acción Católica de la bella –por sencilla y luminosa– parroquia local (que coleccionaban la revista «Cristianismo y Revolución», editada de este lado del charco), la demoledora atracción por las chicas transpiradas con las que jugábamos, por los todavía misteriosos Tupamaros y por los Beatles.
Todavía recuerdo con emoción los anocheceres cuando íbamos a un cine en plena playa, nadar con Luis hasta el islote sobre cuyas rocas se había construido una gran torre de cemento que decía en letras enormes FIDEL (supongo que por un ya entonces extinto Frente de Izquierda de Liberación) y las veladas en el Club Malvín, que jugaba en la primera de la liga nacional de basquetbol.
En fin, que soy más malvinero de Malvín que de las inhóspitas «hermanitas» secuestradas por la pérfida rubia Albión, las mismas que los cipayos del Partido del Extranjero que gobiernan mi país quieren resignar a cambio de un plato de lentejas o de nada porque las consideran un posible gasto, como dijo alguna vez el mas prominente miembro local de la N’Dranghetta, hoy en caída libre.
Pero volvamos a Malvín. En aquel equipo de básket, brillaba un pivot de elegante prestancia que no siendo tan alto como otros players embocaba desde larga distancia con insólita facilidad. Tenía un nombre rarísimo, Poconé, Poconé Fossa. El fue mi primer ídolo deportivo, antes de que lo fuera Héctor «Coco» Rossi y quien lo reemplazó como «8» de San Lorenzo, Alberto «Toscanito» Rendo (como aquel, procedente de Huracán) y Héctor «Bambino» Veira y los demás «carasucias».
Curiosamente, como Rossi y Rendo, Fossa llevaba en su camiseta el número 8. Y fue el mayor encestador en la historia del club, que ya en este siglo ganaría varios campeonatos.

Poconé era un dios tangible, ya que solía acudir como nosotros (y otros personajes públicos, como el actor Emilio Vidal, de Telecataplum, y el comisario-referí de fútbol Alejandro Otero, especialista en apresar tupamaros, quien sin embargo iba sin custodios) a la Playa Honda.

Me acabó de enterar con alegría tanto que, octogenario, sigue vivo y con buena salud como que debe si nombre al municipio del Matto Grosso donde nació por razones de trabajo de sus padres, nombre que a su vez provendría de que la tribu asentada en esa zona se llamaba Beripoconé.
Si les interesa el tema, les sugiero mirar estos enlaces, aquí y aquí.
Los dejó con el grito naïf con que nos identíficabamos y expresábamos nuestra alegría los hinchas del club ¡Vamos a la playa!!
