Si Apold inventó el peronismo ¿el kirchnerismo fue un invento de Pepe Albistur?

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Iba a escribir un libro sobre Raúl Apold junto a Omar Quiroga pero no logramos convencer a su secretario privado de que colaborara con nosotros, nos deprimimos y el proyecto quedó en agua de borrajas. Por fi, Silvia Mercado sacó el libro que a continuación reseñó Hugo Presman, libro que todavía no he leído. Tengo buenos recuerdos de Silvia, a la que conocí a principios de 1984 en la redacción de la Caras y Caretas de Helvio "Poroto" Botana y Pocho Descalzi, una revista inscripta dentro de la izquierda peronista, que como quien dice chorreaba sangre y en la que tambien descollaba Roberto Mero. Pero deje de verla con frecuencia poco después de asumiera Menem. Silvia había sido, era o sería poco después (no lo tengo claro) la pareja de Claudio Lozano. Era la periodista que cubríó su campaña en las internas que el riojano le ganó a Antonio Cafiero y creo que también en el inicio de las presidenciales. La recuerdo en la sala de prensa de la Cámara de Diputados narrando horrorizada las cosas que pasaban en el menemóvil. La cosa es que ella se bajó de ese polvoriento vehículo y fue reemplazada por Gabriela Cerruti. Pasó mucho tiempo desde entonces ¿no? Como todavía no leí el libro me abstengo de comentarios excepto que el título me pareció muy efectista y exagerado.

La falsedad de contrarrelato


                                                 

La idea que se propaga desde los medios dominantes, es que el kirchnerismo es mero relato sin ningún contenido. Para apoyar esta afirmación de una evidente falsedad parcializada  por quien ha perdido el más elemental equilibrio por padecer de un odio que veda la posibilidad del menor reconocimiento, ha venido en su apoyo un libro de la periodista Silvia Mercado, ex pareja de Héctor Huergo (director de Clarín Rural y el principal propagandista de la extensión de la soja).   

En su libro “El inventor del peronismo, el cerebro oculto que cambió la política argentina”, citado fervorosamente por Jorge Fontevecchia en Perfil del 7 de abril,  la autora, escribió (págs. 24 y 25): “Sin Apold los únicos privilegiados no serían los niños. Ni Evita la abanderada de los humildes. Ni el amor entre Juan y Eva no hubiera llegado hasta nuestros días, a través de esa foto que cruzó las generaciones, donde el presidente contiene en un abrazo a su mujer enferma de cáncer, pocas semanas antes de su muerte. Tampoco se recordaría que Evita pasó a la posteridad a las 20.25, claro. Y el 17 de octubre no sería una bisagra en la historia, un antes y un después definitivo, escindido por completo del golpe militar del 4 de junio y de la lucha de los trabajadores desde que empezaron a organizarse, en los finales del siglo XIX….. Por el fenomenal y eficiente aparato de propaganda que comandó Apold, los símbolos como el Himno Nacional Argentino o el Escudo Nacional fueron perdiendo importancia en los actos frente al Escudo Peronista o la Marcha Peronista. Por su talento, las imágenes del trabajador que dominaron la comunicación -gráfica, escultórica, cinematográfica- de los primeros años del gobierno, se fueron corriendo del centro del escenario, para que sólo existieran las figuras de Perón y Evita……. Vimos en algún momento los noticieros Sucesos Argentinos con las realizaciones de su gestión. Recordamos que “Perón cumple y Evita dignifica”. Pero sólo los expertos -y contemporáneos- pueden recordar los nombres de los ministros y  gobernadores. Hasta 1954, incluso cuando realizó el exitoso Festival Internacional de Cine en Mar del Plata y su cara se hizo conocida, el propio Apold cultivó un perfil bajo, que sólo empezó a levantar tibiamente tras la muerte de Eva.”


El increíble argumento es que el peronismo, el único movimiento popular de América Latina que ha persistido con  contradicciones a lo largo de 67 años, debe su perdurabilidad, no a sus profundas transformaciones, el ser una divisoria de aguas en la sociedad argentina, sino meramente a un relato falsificado cuyo inspirador fue Apold.


La historia de un pretendido buen gobierno, según la particular visión de su autora, se reduce a tener un buen jefe de prensa. Aquí el relato se convierte en fábula.


Es tan pueril la argumentación y va a contrapelo de la más elemental interpretación histórica que hasta resulta agraviante perder el tiempo en refutarla. Los millones de argentinos que han visto cambiar su nivel de vida, los que tuvieron un reconocimiento de  su dignidad a través de leyes y su aplicación que garantizaron derechos, está materializado en el amor que los sectores populares siguen dispensando a las figuras de Eva y Juan Perón. No fue el relato, sino las obras concretas la que explican su persistencia en el corazón de los humildes y su lugar cada vez más destacado en nuestra historia.


Pero el objetivo no está dirigido fundamentalmente al pasado sino al presente. Se trata en este caso de identificar que “el relato falsificado del peronismo” se continúa potenciado en el kirchnerismo.

Apold aquí es sustituido por Cristina Fernández, quien se encarga de reemplazar con cuentos los hechos inexistentes o cambiados de signo de su gobierno y los de Néstor Kirchner.

El libro de Mercado (su apellido identifica premonitoriamente los intereses que representa) tiene el mismo sustento que dos libros hoy justamente olvidados referidos al peronismo, escritos inmediatamente a continuación de su caída por dos intelectuales izquierdistas del establishment.

Se trata de Ezequiel Martínez Estrada con el significativo título de “¿Qué es esto?”,  aparecido en 1956; y otro de Ernesto Sábato, que nunca volvió a ser editado, tal vez por justificado pudor, con el nombre de “El otro rostro del peronismo”,  publicado el mismo año que el del autor de “Radiografía de la Pampa”.

                                           

Basado en el libro de Silvia Mercado argumenta Jorge Lanata, el mejor operador de Clarín, en el prólogo del libro de Pablo Sirven sobre Víctor Hugo Morales, al que de los medios dominantes se lo descalifica como “el relator del relato”. Ahí puede leerse: “Cuando se analice en perspectiva se podrá ver al kirchnerismo como lo que es, una remake de las peores cosas del peronismo de los años cincuenta. El “relato” ya está inventado: un excelente trabajo anterior de Pablo Sirvén (” Perón y los medios de comunicación 1943-1955″) y el reciente “El inventor del peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”, de Silvia Mercado, editado por Planeta, dan sobradas muestras de este punto.”

La admiración  de Lanata sobre el anterior libro de Sirven llegó al punto de plagiarlo en una nota periodística sin mencionar la fuente. Así el 19 diciembre del 2011 puede leerse en “el diario 24.com: “Según indicó Pablo Sirvén a través de su cuenta en la mencionada red social, su artículo “El papel del peronismo”, aparecido el 27 de agosto de 2010 en La Nación, fue copiado por Jorge Lanata para una columna en Perfil en “más de la mitad”. “Más de la mitad de la nota de Lanata se inspira en esta mía de 2010, pero no la cita” aseguró el domingo el secretario de redacción de La Nación. De hecho, y según el blog Indie Politk, al menos el 18 por ciento del artículo de Lanata titulado “Un remedio peor que la enfermedad”, aparecido en Perfil, está conformado por oraciones y párrafos textuales e idénticos al de Sirvén, que sin embargo prefirió tuittear que ello se debió a “un olvido” de Lanata más que a lo que igualmente llama “plagio”.”

A su vez Luis Majul, ahora a cargo de un emprendimiento editorial que editó la biografía de su autoría sobre Jorge Lanata y el de Pablo Sirven sobre Víctor Hugo, acusó hace unos años al ex director de Crítica, de recibir dinero del jefe de la SIDE del gobierno de De la Rúa, Fernando de Santibáñez, que llegó a una mediación judicial.

Mercado, Sirvén, Lanata, Majul.  A pesar de mi agnosticismo, creo que Dios los cría y el antikirchnerismo  los junta.

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