Un asunto de vida o muerte: las amenazas de la Federal a Cristina y la valija de Ezeiza

Sugiero leer, junto a la nota de Verbitsky de ayer (que suscribo con puntos y comas) la publicada por Noticias Urbanas el pasado 20 de enero (que pongo más abajo). A mi juicio (véase, sobre todo, su último párrafo) se trata de una clarísima amenaza de la cúpula de la Policía Federal. Dice ahi que está dispuesta a asesinar a la Presidenta en el caso de que ésta o la ministra Garré intenten nombrar “un civil” al frente de la repartición.
Así las cosas, y en la certeza de que los golpes de Estado del tercer milenio ya no son protagonizados por las Fuerzas Armadas sino por las Fuerzas de Seguridad y especialmente por las policías, es posible apreciar hasta que punto el affaire de la valija de Ezeiza es, además de un acto de afirmación de la más  elemental soberanía, un asunto de vida o muerte. Porque no es posible dejar pasar amenazas como éstas.  
Cada cual atiende su juego
Luego de varios días de silencio, el gobierno de los Estados Unidos elaboró una estrategia de control de daños en el escándalo del avión de su Fuerza Aérea que intentó desembarcar en la Argentina armas, equipos sofisticados de comunicación, software de seguridad y drogas narcóticas y estupefacientes que no habían sido declaradas.
Por Horacio Verbitsky
Los diarios La Nación, Clarín e Infobae avalaron de modo acrítico en sus portales de ayer la posición estadounidense. “Documentos oficiales prueban que el Gobierno sabía en detalle lo que traía el avión de EE.UU.”, tituló Clarín. Son los mismos medios que intentaron vincular el hecho con el itinerario que el presidente de aquel país seguirá en su visita del mes próximo a la región, donde sólo visitará El Salvador (sede de la Escuela secreta donde se instruye a policías), Brasil (donde se acaba de emplear al Ejército para una operación de seguridad en las favelas de Río) y Chile (país cuya moneda se está apreciando respecto del dólar igual que la de Brasil, lo cual los vuelve dependientes del ingreso de capital especulativo e inclinados al tipo de política de ajuste que el gobierno argentino rechaza).
Sin embargo, ninguno de esos medios publicó la nómina de material declarado ni la cotejó con las actas de secuestro confeccionadas en Ezeiza por las autoridades argentinas. De este modo, adoptaron el punto de vista estadounidense en el más grave conflicto de ese país con la Argentina desde noviembre de 2004. Ese mes intentaron desembarcar en el puerto de Buenos Aires 250 marineros de la fragata “USS De Wert”, pero ante el pedido de las autoridades locales se negaron a identificarlos. Según la crónica publicada entonces por los periodistas de Clarín Guido Braslavsky y Daniel Santoro “el capitán del buque informó que solo entregaría una lista con la cantidad de efectivos que bajarían pero sin identificarlos, por ‘razones de seguridad de los Estados Unidos’”. La fragata había participado del Operativo Unitas en el Uruguay, del que también tomaron parte fuerzas argentinas. Luego de una consulta de la Cancillería con el presidente Néstor Kirchner. Recién cuando el capitán de la nave admitió cumplir con la ley 25.880, que sólo autoriza el desembarco de tropas extranjeras si se identifican y no portan armas, los 250 marinos pudieron pisar the beautiful Buenos Aires, como la llamó el embajador Lino Gutiérrez. Sin estridencias, el gobierno nacional hizo cumplir las leyes argentinas, en aplicación de sus propios criterios de seguridad, que no coinciden con los de quienes entienden que su destino manifiesto es actuar como policías del mundo. La Argentina también se negó a conceder inmunidad a los militares estadounidenses que participaran en ejercicios en el territorio nacional.
El procedimiento fue similar en el caso del avión que aterrizó el jueves 10 en Ezeiza con material para un curso que los paracaidistas del Ejército estadounidense impartirían al Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) de la Policía Federal, sobre rescate de rehenes y manejo de crisis. Al cotejar la lista enviada por los militares estadounidenses con el cargamento que traía el avión los funcionarios de la Aduana y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria constataron la discrepancia: había armas largas y materiales que no figuraban en la documentación. También un baúl y una valija que los militares estadounidenses se negaron a abrir, aduciendo una vez más razones de seguridad. El vocero de la cancillería estadounidense, Philip Crowley, admitió a regañadientes ante la prensa que “tal vez un número de serie no fue declarado debidamente” pero “nos preocupa cómo fue manejado”. El encargado de América Latina en ese ministerio, Arturo Valenzuela, dijo sin sonreír por la humorada que los militares estadounidenses fueron “amedrentados” por los funcionarios civiles argentinos. Sin embargo, otro funcionario del mismo ministerio dijo a la agencia Associated Press, en una declaración reproducida por el diario The Washington Post, que los amedrentados forman parte de “un equipo de elite” que necesita sus propias comunicaciones encriptadas “por si es necesario llamarlos para que intervengan en una crisis con toma de rehenes en cualquier lugar del mundo”. Igual que en el caso del barco de 2004, la consulta pasó esta vez por la Cancillería y llegó al Poder Ejecutivo. La presidente CFK ordenó que todo el material se precintara y que a su apertura, al día siguiente porque ya había anochecido, asistiera en persona el ministro Héctor Timerman. Ante la reiterada negativa a revelar el contenido de esos bultos, Timerman ordenó abrirlos. Y allí aparecieron, además de armas que no figuraban en la lista, sofisticados equipos de comunicaciones, hardware y software informático rotulado como secreto, y drogas narcóticas y estupefacientes, cuya descripción se publicó aquí el domingo. Los facsímiles de las actas oficiales que se publican aquí indican con toda claridad la secuencia narrada: el descubrimiento el día 10 de la incongruencia entre la lista y el cargamento y la verificación el día 11 de ese contenido luego de la apertura de los bultos secretos. Se podrá discutir acerca de la gravedad del ingreso de ese tipo de armas y materiales informáticos y de comunicaciones en forma clandestina, de modo que luego podría quedar en el país para usos también ilegales; también es admisible argumentar sobre la cantidad y tipo de las drogas narcóticas y estupefacientes encontradas y especular sobre el sentido de introducir medicamentos que según sus propios envases estarían vencidos. Pero no hay forma de negar que se intentó violar las leyes argentinas y que las autoridades lo impidieron en un procedimiento impecable. Algo grave debe estar ocurriendo con la prensa y los partidos de oposición si con tal de desmerecer al gobierno pierden de vista estos datos básicos del episodio y se alinean con quienes quisieron, y no pudieron, allanar la soberanía nacional.
http://www.noticiasurbanas.com.ar/info_item.shtml?x=98625
Noticias Urbanas 22/01/2011
LA FEDERAL EN PIE DE GUERRA

La amenaza de los azules

El jefe de la Federal, Eduardo Capdevila, le planteó a la ministra Nilda Garré que la fuerza se encuentra “inactiva” debido al rechazo que le ocasionan las nuevas iniciativas K. Sin embargo, Capdevila logró imponer a varios de los jefes actuales. La amenaza de la inseguridad.

Por Antonio Lizzano / Noticias Urbanas

La verdad se revela de una manera cruel y sin derecho a la apelación. En el «Manual del asesinato político» incluido en un informe preparado por la CIA y publicado en agosto de 1997, al ser levantado el secreto que lo mantuvo oculto durante décadas, se afirma: “El magnicidio es una medida extrema y debe darse por supuesto que jamás será ordenado ni autorizado por ningún cuartel general de los Estados Unidos. Las instrucciones para el asesinato político jamás deben ser escritas o grabadas”.

La honestidad brutal del texto no necesita ninguna explicación adicional. La inteligencia norteamericana no les pide factura a sus agentes para abonarles los crímenes, ni las malas acciones. Esta premisa se transformó con el paso del tiempo en un mandamiento sagrado de las fuerzas de seguridad de todo el planeta.

En el caso concreto de la Policía Federal sucede algo parecido. La institución que controla el poderoso termómetro callejero de la inseguridad puede provocar, en un abrir y cerrar de ojos, que los delitos y crímenes contra la ciudadanía aumenten de una manera desmedida y tengan una fuerte repercusión social. Esto se logra liberando zonas estratégicas de la Capital Federal, dejando que los delincuentes actúen libremente y haciendo que los efectivos de la fuerza trabajen a reglamento, lo que se traduce en una especie de huelga de brazos caídos.

Obviamente que todo esto se lleva a cabo sin una orden escrita, que la jefatura de la Federal emite a sus subalternos y a los chorros. Para eso hay otros métodos. Y de esa forma y pese a lo llamativo del crecimiento de la inseguridad, no existe ninguna prueba concreta que culpe a la institución. Pero tanto los federales como sus jefes políticos entienden a la perfección el mensaje, ya que ésa es la forma clásica en que los federicos les expresan a los funcionarios de turno su malestar por alguna decisión política que los incumbe.

Esta sutil (¿) amenaza le fue comunicada a la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, la semana pasada. Y los mensajeros fueron nada menos que las nuevas autoridades de la institución, el flamante jefe de la Federal, comisario general Enrique Rubén Capdevila, y el subjefe, comisario general Alejandro Eduardo Di Nizo. Para demostrar la gravedad del malestar que tienen los integrantes de la policía, al final de la cordial reunión, los dos pesos pesados de la fuerza anunciaron verbalmente que renunciaban a sus cargos.

El impacto de la noticia sorprendió de tal manera a la funcionaria kirchnerista, que la dejó momentáneamente sin habla. La jugada de los comisarios fue bien planeada, al dejar a la ministra en un callejón sin salida, en donde sólo tenía una salida al planteo de los miembros de la cúpula: no podía de ninguna manera aceptar la dimisión de los uniformados.

Eso hubiera provocado un gigantesco papelón del Gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a lo que se hubiera sumado la total acefalía de la conducción de la Federal, ya que los K no tenían reemplazantes confiables e inmediatos para llenar el espacio vacío que hubieran provocado las inesperadas dimisiones.

Por eso, luego de recomponerse del silencio en que la sumió la noticia de sus interlocutores, Garré les pidió en tono amable que no tomaran decisiones apresuradas y que pensaran con tranquilidad lo que querían hacer, para lo cual les dio varios días de tiempo y dio por terminado el encuentro manifestando que no aceptaba sus renuncias.

“Los líderes de la Federal no pensaron en ningún momento en dejar la institución. Su plan era bien distinto. Los jerarcas habían solicitado una reunión urgente con Garré, que se llevó a cabo el martes 11 de este mes. Allí, le plantearon sin rodeos que sus subalternos estaban al borde de la desobediencia y que se les hacía muy difícil controlarlos, debido al enorme enojo que les habían provocado las principales medidas adoptadas por la ministra con respecto a la Federal.

Los capos azules se victimizaron afirmando que su poder era muy reducido ante los oficiales y que por eso estaban obligados a renunciar. Pero eso no fue todo. Los jefes señalaron que la policía estaba inactiva debido a la prolongada indefinición del Ministerio de Seguridad para nombrar a los trece nuevos superintendentes de la Federal. Estos puestos no son para nada menores, son los que siguen en la jerarquía al jefe y el subjefe.

Mucho poder pasa por los superintendentes, lo que quiere decir que ellos manejan a los casi 30 mil efectivos que integran la fuerza. Con esto, Capdevila le echaba la culpa de la situación a Garré, ya que ella asumió el 15 de diciembre su puesto y de inmediato pasó a retiro a los trece superintendentes que respondían al ex jefe azul Néstor Valleca.

La importancia de las vacantes obligaba a un rápido nombramiento de los reemplazantes. Pero ante la sorpresa de todos, los nombramientos se dilataron exageradamente, ya que según Capdevila, la ministra rechazaba todos los candidatos que el nuevo jerarca le proponía. También, le dijeron que la Federal estaba muy sensibilizada por el trato que el Gobierno nacional les daba. Principalmente, por las cosas que los políticos kirchneristas dicen de la institución en los medios de comunicación.

«Finalizaron dejándole bien claro que esa parálisis se reflejaría de una manera alarmante en la inseguridad de los habitantes de la Ciudad”, explicó los detalles del encuentro a Noticias Urbanas un alto líder de la policía cercano al nuevo capo de la institución.

El hecho cúlmine que desencadenó el planteo de los jefes fue el pase a disponibilidad del electo superintendente de Asuntos Internos, el comisario general Raúl Timossi, un íntimo amigo de Capdevila que aunque todavía no había sido nombrado oficialmente en su cargo, ya tenía la aprobación de Garré. Lo que no sabía la funcionaria nacional es que Timossi estaba implicado en una causa judicial que lleva adelante la jueza federal María Romilda Servini de Cubría y que se inició cuando un ex cabo, con sumarios internos en la fuerza, acusó a sus jefes porque nos les pagaban los adicionales.

La primera en enterarse de esta situación fue la secretaria de Seguridad Operativa de la Nación, María Cristina Caamaño, a quien recurrió en primer lugar Capdevila para defender a su amigo.

Sin embargo, luego de que Caamaño le comunicó a Garré la situación judicial de Timossi, la ministra no escuchó ningún tipo de argumento y bochó la elección del comisario general como futuro superintendente de Asuntos Internos, pasando a disponibilidad al comisario.

Esta fue la gota que rebalsó el vaso y por eso Capdevila decidió mostrar los dientes y recordarle de manera elegante a la funcionaria kirchnerista, quién controla a la Federal en los hechos. Garré comprendió enseguida que el mensaje que le manifestaban los comisarios no era una bravuconada y de inmediato accedió a poner en marcha ciertas de las exigencias solicitadas.

Eso quedó demostrado al día siguiente de la reunión, el miércoles 12, cuando Capdevilla y la ministra volvieron a reunirse para definir rápidamente los nombres de los nuevos superintendentes. Al día siguiente se hicieron públicos los nombramientos.

El dato clave del anuncio fue que la gran mayoría de los elegidos fueron propuestos por el jefe de la Federal. NU pudo averiguar que las exigencias de la policía a la funcionaria K no se detuvieron. “Hubo otros dos reclamos importantes que le realizaron y que se centraron en la solicitud de que la Gendarmería no realizara acciones para la cual no tiene atribuciones y que le pertenecen únicamente a la Federal. Además, manifestaron su rechazo a los supuestos malos tratos que algunos de los nuevos funcionarios K, que fueron nombrados por Garré, impartían a experimentados e importantes hombres de la institución”, señaló un comisario inspector.

En definitiva, la idea central de los federicos era dejar en claro que ellos no eran la Policía de la Provincia de Buenos Aires, haciendo alusión a la intervención que había sufrido esa fuerza, que llegó a ser comandada por un civil, algo que la Federal no está dispuesta a aceptar bajo ninguna circunstancia. Y que eso incluye llevar adelante aquellas acciones que la CIA confirmaba que nadie ordenaba.

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