SEFINI: Milei está acabado, pero el Círculo Rojo no termina de encontrarle un sustituto
Ante una crisis que parece terminal, Milei pide disculpas mientras sigue argumentando que «somos el mejor gobierno de la Historia». Está fuera de órbita.

El de ayer fue un discurso patético. Milei acudió a deponer ante el Círculo Rojo precedido por insistentes rumores de sus papagayos que aseguraban que sería algo señero, inolvidable, que dividiría aguas con administrciones anteriores; que les cantaría las cuarenta a quienes tienen la sartén por el mango y el mango también. Por no apoyarlo como se merece.
Con enorme sorpresa, nos topamos con un hombre taciturno y que, por increíble que parezca, encomió la mesura, virtud que recomendó a su auditorio tenga a la hora de juzgarlo.
Que apenas si lo aplaudió.
Esos contertulios paquetes y nosotros asistimos a una larguísima y compungida monserga de alguien, que, fuera de la realidad, no paró de dar explicaciones.
Su abstinencia de insultos sorprendió tanto como si hubiéramos conocido a un Santiago Cúneo pacato.
MIlei procuró darle apariencia de seguridad a sus dislates. No tanto en sus disparatadas matemáticas, que nadie toma en serio, como en arraigadas convicciones suyas: como su fe en el capital monopólico y su odio a las regulaciones estatales.
Contra lo que el más insensible de los observadores puede constatar luego de trajinar las calles porteñas, Milei insistió en que habría extraído de la pobreza a «14 millones» de personas, ratificó su arrobado amor por uno de sus auspiciantes, Marcos Galperin al que presentó como el mayor empresario argentino (a pesar de su radicación en Uruguay) en desmedro de Paolo Roca, al que volvio a llamar «Don Chatarrín».
A pesar de haber calificado (cuando se postulaba a la Presidencia) a nuestra moneda de «excremento», ahora de jactó de que su valor seguiría apreciándose frente al dólar.
De la prometida dolarización no dijo nada, pero arremetió contra su predecesor en el cargo, Alberto Fernández, del que criticó su posición frente a la pandemia, una de las cosas más exitosas que tuvo el pusilánime presidente socialdemócrata ungido por CFK, que no termina de arrepentirse de ello.
Aunque se empeñe en no ver la realidad y se distraiga con viajes que solo tienen la finalidad de seguir haciéndoles la pelota y sorbiéndoles los zoquetes a Trump y el killer cázaro Bibi Netanyahu (nacido , Milei,,,kowski) aunque no lo quiera ver, Milei, «el presidente más sionista de la Historia» lidera un experimento que a él en su burricie quizá le parezca innovador, pero es más viejo que el pan duro: exprimir a las mayorías y desmantelar el estado en beneficio del capital concentrado,. Que así podrá arrasar con los recursos del país.
Milei está obsesionado con una izquierda que por desgracia en Argentina tiene poco peso, lo que parece revelar (al igual que cuando se obstina en ponerle a Kicillof el marbete de «soviético») su creencia en que ese gigante invertebrado y miope que es el peronismo si carece de conducción, puede reconvertirse en la némesis de su diz que «anarco-libertarismo».
Como si lo afirmado por John William Cooke pudiera ser cierto: «En Argentina los verdaderos comunistas somos los peronistas».
En su monserga, Milei enfatizó que su gobierno ofrecía una reforma laboral que anteriormente los ricachones no podían ni siquiera haber soñado, y pretendió librarse rápidamente de las muchas denuncias de corrupción que recaen en su gobierno (Manuel Adorni, junto a su hermana Karina, estaban en una mesa del proscenio aprobando sus dichos a cabezazos) diciendo que todos eran inocente «hasta que el fisco (sic) demuestre lo contrario».
Inusualmente serio, nada efervescente, Milei dijo que si hubiera podido cumplir con sus promesas sería «Gardel con guitarra eléctrica». Y luego de elogiar al «Coloso» Sturzenegger por su reformas (que dijo continuarán a ritmo acelerado) subrayó la supuesta austeridad de su administración al decir que él era el presidente que menos dinero percibía por su labor en toda América Latina, y que incluso tenia esos haberes congelados.
Su exposición ya dijimos, fue larguísima, prolífica en gráficos y nada complaciente con las necesidades y entendimiento y del pueblo trabajador. Traté de escucharla sin interrupciones, primedo en A24 y luego en TN pero me vi obligado a pasar a la denostada TV Pública luego de que los presentadores de ambos canales lo interrumpieran y silenciaran para hacer comentarios tan insulsos como bobalicones. Lo que dejó claro el el nulo respeto que tienen por la palabra del más alto dignatario de la república.
Es que a Milei ya nadie parece tomarlo en serio. Sin embargo, sigue estando donde está, mientras los nuestros asistimos al espectáculo de que los más más ricos asociados con el imperialismo, buscan quien pueda sucederlo preservando el «modelo» extractivista y de timba financiera.
Millonario, auspiciado por la internacional facha de los sionistas cristianos, la CIA y el Mossad, el no pastor Dange Gebel no parece poder decolar a pesar del mucho dinero invertido, lo que sitúa a Macri, si no de candidato, al menos si de árbitro de quienes ansían la continuidad del actual «modelo».
Milei, entre tanto, se las ve en figurillas en laudar entre su hermana (que le reclama sostener a Adorni, los Menem y otros bandidos) y Santiago Caputo, que cuenta con el apoyo de la CIA y Peter Thiel.
Milei no puede enfrentase con Caputo-Thiel, no tiene como.
Tampoco puede contrariar a su hermana «Moisés», a la que le prometió no sólo acompañar a Adorni al cementerio, sino incluso a la tumba.
Así como Milei no pudo siquiera balbucear que respeta la democracia, Thiel no pudo decir que está a favor de la sobrevivencia de la especie humana. Cree en el transhumanismo: el futuro de una minoría con acceso a los transplantes de cerebro y de psiquis gracias a la IA.
Capaces de emigrar a otra galaxia cuando hayan terminado de desertificar este planeta.
Milei, en la libre compra-venta de niños y de órganos humanos.
Todo está la vista . Salvo qué es lo que haremos nosotros.
