Todo sigue un rumbo previsible. Salga pato o gallareta, Argentina está en default desde que a el gobierno de Macri & Caputo se le cerraron todas las puertas y tuvo que tirar la toalla y acudir al FMI para emprender la retirada fugando lo remitido por el Fondo, desvalijando, saqueando, raspando el fondo de la olla. En este contexto, Alberto Fernández (que aun se resiste en llamar «miserables» a los miserables para mantener en pie su predisposición negociadora) da la talla al mantenerse firme junto al ministro Guzmán. En cualquier caso, debemos apoyar al Gobierno como quien dice monolíticamente, a pesar de nuestras discrepancias. Atiendan a lo que dice Jeffrey Sacjhs acerca de que en cuestión de días habrá muchas naciones en default.
Alberto trató de «ingratos» a empresarios de AEA e IDEA
Afirmó que se mantendrá «firme» ante los bonistas de Wall Street y se mostró abierto para esperar unos días una contra oferta, pues quiere evitar el default.
Frente a un rival que no afloja, jugará con pierna fuerte. El presidente Alberto Fernández, antes de anunciar que sólo mantendrá la oferta a los acreedores externos hasta el lunes (tiene tiempo hasta el 22), volvió a maltratar a los empresarios argentinos (no a todos, aclaró, pero llamó “ingratos” en lugar de “miserables” a los miembros de AEA y al stablishment local nucleado en IDEA), y aseguró que ordenó trasladar la propuesta y esperar una respuesta con la intención de “no caer en default”.
Antes de reunirse con el ministro Martín Guzmán, hizo una descripción donde combinó intereses monetarios y psicológicos ante Alfredo Zaiat, conductor de Futurock. Contó que el economista Jeffrey Sachs, le dijo que no debía “preocuparse”, pues en unos días más muchos países “caerán en default”.
Sobre esa base, como lo viene anticipando Humanidad en distintas notas de la última semana, se mostró asombrado por la tozudez de los empresarios argentinos y de los “singulares” fondos financieros. “Axel Kicillof me dice que los defino elegantemente”, comentó con sorna.
Anticipó luego que con “firmeza” esperará que “entiendan (los fondos de inversión) y puedan ofrecer una contra oferta”. Puntualizó que la Argentina “tiene el aval del principal auditor mundial. El FMI”, quien apoya por sostenible el 100 por ciento de la proposición protocolizada de “buena fe” y trasladada por Guzmán a los bonistas.
Señaló Fernández (quien se consideró en las actuales circunstancias como un ajedrecista disputando partidas simultáneas), que los directivos de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) y del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), no sólo quieren “pagar la cuota para seguir siendo socios del Jockey Club”.
Fue a fondo contra ellos, previa aclaración que “no todos son iguales”. Como un docente, delineó primero que los fondos de inversión, “en un mundo que se ha dado vuelta” por la pandemia, “no perderán, sino que ganarán menos”.
Lo explicó así: “Del capital solo redujimos un 5 por ciento. De los intereses del 7 al 2, en un mundo que paga cero…y ahí está la parte penosa del empresariado local, que quiere pagar a cualquier costo de manera perversa y por dependencia cultural: no van a poder comer muchos argentinos y ellos igual seguirán sin poder entrar al Jockey Club”.
La metáfora del Jockey Club, ante las agudas preguntas de Zaiat, quedó insignificante. Alberto reconoció que parte de esos empresarios argentinos “tienen bonos, con una mirada individual y patrimonialista. Quieren cobrar como sea y se olvidan que son sujetos sociales”.
No mencionó la palabra “miserables”, utilizada por Zaiat, pero sí “ingratos”. Recordó que ellos solos se metieron en el problema el año pasado al “aplaudir” y adquirir bonos que sabían que eran “inviables”. Agregó: “Advertí que el FMI (con las autoridades de entonces) iba a tener que rendir cuentas por haber incumplido el estatuto: prestó plata para sostener a un gobierno (el de Mauricio Macri) y no para el progreso del país. Y sabían que no se iba a poder pagar: de 39 mil millones de dólares que entraron, se fugaron 30 mil”.
Alberto trató de “ingratos” a ejecutivos de AEA e IDEA
Pese a los indicios negativos, Alberto guardó una cuota de optimismo. Dijo que se está frente a “una oportunidad maravillosa de lograr un mundo más justo, equilibrado y solidario”, algo en lo que coincidió con el presidente de Francia Emmanuel Macron, según puntualizó.
Trató de llevar tranquilidad a los que ven la sombra del “comunismo” detrás de su gobierno, expuso: “No vamos a un sistema socialista, sino a uno más realista, con justicia social”.
Cuando le preguntaron por su relación con Cristina (en medios de risas, pues comentó que se trataba de una requisitoria típica de TN), Alberto declaró: “Es perfecta. Todos los funcionarios que elegimos salen de la misma palangana. Nos reunimos para repasar el funcionamiento del gobierno. La escucho mucho, pues ella fue Presidente 8 años y yo apenas más de 4 meses…nos hemos reencontrado y tenemos un equipo que funciona muy bien”. Aclaró, puntualmente, que él es muy “racional” y responde a un patrón “peronista atípico”, pues no cree “en los personalismos” y sí “en la democracia como un proyecto político colectivo”.
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Frente a un rival que no afloja, jugará con pierna fuerte. El presidente Alberto Fernández, antes de anunciar que sólo mantendrá la oferta a los acreedores externos hasta el lunes (tiene tiempo hasta el 22), volvió a maltratar a los empresarios argentinos (no a todos, aclaró, pero llamó “ingratos” en lugar de “miserables” a los miembros de AEA y al stablishment local nucleado en IDEA), y aseguró que ordenó trasladar la propuesta y esperar una respuesta con la intención de “no caer en default”.
Antes de reunirse con el ministro Martín Guzmán, hizo una descripción donde combinó intereses monetarios y psicológicos ante Alfredo Zaiat, conductor de Futurock. Contó que el economista Jeffrey Sachs, le dijo que no debía “preocuparse”, pues en unos días más muchos países “caerán en default”.
Sobre esa base, como lo viene anticipando Humanidad en distintas notas de la última semana, se mostró asombrado por la tozudez de los empresarios argentinos y de los “singulares” fondos financieros. “Axel Kicillof me dice que los defino elegantemente”, comentó con sorna.
Anticipó luego que con “firmeza” esperará que “entiendan (los fondos de inversión) y puedan ofrecer una contra oferta”. Puntualizó que la Argentina “tiene el aval del principal auditor mundial. El FMI”, quien apoya por sostenible el 100 por ciento de la proposición protocolizada de “buena fe” y trasladada por Guzmán a los bonistas.
Señaló Fernández (quien se consideró en las actuales circunstancias como un ajedrecista disputando partidas simultáneas), que los directivos de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) y del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), no sólo quieren “pagar la cuota para seguir siendo socios del Jockey Club”.
Fue a fondo contra ellos, previa aclaración que “no todos son iguales”. Como un docente, delineó primero que los fondos de inversión, “en un mundo que se ha dado vuelta” por la pandemia, “no perderán, sino que ganarán menos”.
Lo explicó así: “Del capital solo redujimos un 5 por ciento. De los intereses del 7 al 2, en un mundo que paga cero…y ahí está la parte penosa del empresariado local, que quiere pagar a cualquier costo de manera perversa y por dependencia cultural: no van a poder comer muchos argentinos y ellos igual seguirán sin poder entrar al Jockey Club”.
La metáfora del Jockey Club, ante las agudas preguntas de Zaiat, quedó insignificante. Alberto reconoció que parte de esos empresarios argentinos “tienen bonos, con una mirada individual y patrimonialista. Quieren cobrar como sea y se olvidan que son sujetos sociales”.
No mencionó la palabra “miserables”, utilizada por Zaiat, pero sí “ingratos”. Recordó que ellos solos se metieron en el problema el año pasado al “aplaudir” y adquirir bonos que sabían que eran “inviables”. Agregó: “Advertí que el FMI (con las autoridades de entonces) iba a tener que rendir cuentas por haber incumplido el estatuto: prestó plata para sostener a un gobierno (el de Mauricio Macri) y no para el progreso del país. Y sabían que no se iba a poder pagar: de 39 mil millones de dólares que entraron, se fugaron 30 mil”.
Pese a los indicios negativos, Alberto guardó una cuota de optimismo. Dijo que se está frente a “una oportunidad maravillosa de lograr un mundo más justo, equilibrado y solidario”, algo en lo que coincidió con el presidente de Francia Emmanuel Macron, según puntualizó.
Trató de llevar tranquilidad a los que ven la sombra del “comunismo” detrás de su gobierno, expuso: “No vamos a un sistema socialista, sino a uno más realista, con justicia social”.
Cuando le preguntaron por su relación con Cristina (en medios de risas, pues comentó que se trataba de una requisitoria típica de TN), Alberto declaró: “Es perfecta. Todos los funcionarios que elegimos salen de la misma palangana. Nos reunimos para repasar el funcionamiento del gobierno. La escucho mucho, pues ella fue Presidente 8 años y yo apenas más de 4 meses…nos hemos reencontrado y tenemos un equipo que funciona muy bien”. Aclaró, puntualmente, que él es muy “racional” y responde a un patrón “peronista atípico”, pues no cree “en los personalismos” y sí “en la democracia como un proyecto político colectivo”.