EDUARDO LUIS DUHALDE, su recuerdo contrasta con la reivindicación de genocidas como Videla, Netanyahu, Falcon y Villar
En estos momentos está comenzando en la Legislatura porteña un merecidísimo homenaje a Luis Eduardo Duhalde (ver abajo) a quien conocí personalmente en el exilio español gracias a otro prócer, el hoy injustamente olvidado Gustavo Roca (padre) . Ya ambos de regreso a Buenos Aires, Eduardo Luis me contrató dos veces, primero como redactor especial del diario Nuevo Sur que dirigía, y 18 años después, siendo Secretario de Derechos Humanos de la Nación, como investigador histórico del hoy destruido Archivo Nacional de la Memoria.
Sentía como un deber ineludible asistir al homenaje, al que me invitó su hermano Marcelo, por lo que me siento ahora como un desertor. Pro en mi descargo digo que creía que el homenaje era a las 18 y no a las 17, me dormí una siesta y cuando me desperté diluviaba, estoy sin auto y con mucha pereza y considerable splín…. Y es que no termino de digerir que hace dos años el personal militar destacado en la Antártida haya votado a quien quiere destruir el Estado, y recientemente los bahienses y el pueblo de Villa Constitución a sus partidarios… a 50 años de la represión parapolicial que produjo centenares de detenidos, asesinados y desaparecidos. Y en momentos en que una justicia venal y corrupta absolvió a los pocos asesinos que siguen vivos tanto ex policías de la Triple A de José López Rega y del comisario Alberto Villar, como directivos de Acindar. Claro que no todos vptaron a LLA y hubo quienes protestaron, pero el resultado electoral es descorazonador. Como el comprobar que solo una pequeña de israelíes deplora y condena el genocidio de los palestinos originarios.
En fin, que me resulta más interesante y menos frustrante seguir las incidencias de la política de la metrópoli, hasta que advierta alguna masificación de las protestas contra el estatuto colonial con el que la pareja presidencial de estafadores internacionales en el gobierno ha consumado la entrega del país. Si no se produce esa reacción, en lo inmediato nuestra única esperanza radica en que el rey no las tiene todas consigo. Tal como le pasó a Fernando VII, que para mayo de 1810, llevaba dos años destronado por Napoleón, que lo había reemplazado por su hermano José Bonaparte.
Volviendo a Eduardo Luis: siempre me llamó la atención que habiendo pasado tantas épocas y momentos de peligro, conservara un acusado sentido del humor, que yo atribuyo a una comprensión cabal de la naturaleza humana. Trabajar con él siempre me fue aleccionador y placentero. También a Ricardo Ragendorfer con quién solemos recordarlo.
La dictadura genocida y sus partidarios, abiertos o vergonzantes, jamás le perdonarán haber tipificado de forma medular el Terrorismo de Estado que sumió a la nación en el horror.
Hoy, cuando la perversión genocida campea en Gaza, y una otrora joven partisana pone-bombas ¿en jardines de infante? vendida hoy al sionismo reivindica a asesinos seriales como Ramón L. Falcon y Alberto Villar, el ejemplo de Luis Eduardo refulge. Es vital preservarlo.
También quizá sea una buena idea recopilar las innumerables anécdotas que protagonizó en su rica vida de luchador.

