Exclusivo: El veraneo de Snowden en Moscú provoca gran batifondo en los servicios secretos

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Disidente Ludmila Alexeeva. El caso Snowden reveló su dependencia de Washington

Lo envia Maria Pomier, que también tradujo la nota del ingles y que planteó una hipótesis inquietante. ¿No sabrá Snowden sobre la autoría y motivos de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA?. Lo cierto es que con el caso Snowden hay un revival de la Guerra Fría, y mientras algunos amigos míos, a mi juicio muy despistados y/o paranoicos, se obcecan en considerar a Snowden, Assange y hasta al buenazo de Manning, meros «botones», espías como cualquier otro, yo (y la mayoría de la humanidad pensante, afortunadamente) lo considera un objetor de conciencia, un héroe cívico y, ojalá, el inicio de un alud ético que termine con el mundo unipolar dirigido desde Washington… motivo éste por el que su vida estaría en grave peligro si hubiera conseguido llegar, por ejemplo, a Ecuador, Bolivia o Venezuela, países que le ofrecieron refugio. Está crónica de Israel Shamir es muy interesante además porque muestra que no sólo es Cristina quien tiene problemas con unos servicios de informaciones e inteligencia que han sido colonizados por Estados Unidos e Israel, pues esos mismos problemas los tiene Putin, que es el «Gran Siloviki». En Rusia llaman así, literalmente, «la gente en el poder») a los políticos o influyentes que casi siempre provienen de las fuerzas armadas o de los servicios de inteligencia o seguridad, particularmente de la KGB o del FSB, el equivalente ruso del FBI.
Debajo, como remate, un comentario humorístico de Lido Iacomini. 


Snowden en Moscú


Por Israel Adán Shamir, desde Moscú


A mediados de su corto verano, Moscú está refrescante y relajado. Cunden en las aceras mesitas y clientes alegres, y el tráfico ha amenguado, merced a las vacaciones. El peligro para los hombres está en las minifaldas atrevidas.

Dentro de poco, Edward Snowden podrá disfrutar de los encantos y peligros de la ciudad, en cuanto reciba su carta de refugiado, con la cual se podrá mover libremente por Rusia y entablar relaciones con los habitantes.

Será un cambio feliz, después del aeropuerto internacional de Sheremetyevo, donde se le tuvo acorralado un buen rato. Es un aeropuerto amplio, y hay desdichados, refugiados sin documentos en su mayoría, que viven allí, llevando diez años o más estancados, en tránsito. Pareció que nuestro héroe iba a quedar atrapado en el limbo para siempre. Los rusos y el intrépido Snowden se mantenían a raya, observándose unos a otro, hasta que el hielo se rompió. Snowden consiguió  un encuentro con representantes del público ruso: algunos miembros del Parlamento (la Duma, en ruso), algunos defensores de los derechos humanos, abogados prestigiosos.

A todos les recordó que él estaba autorizado, sin ningún límite, «para buscar, confiscar y leer las comunicaciones de cualquiera, y … cambiarle el destino a la gente.» Invocó la Constitución usiana que violan los embozados, explicando que «prohíbe semejantes sistemas de vigilancia masiva e invasiva.» Rechazó justamente el ardid legal de Obama con sus tribunales secretos, pues ningún secreto puede purificar lo sucio. Recordó la regla reconocida en Nuremberg: «los ciudadanos tienen el deber de violar las leyes de su país para impedir crímenes contra la paz y la humanidad.» Y este sistema de vigilancia total es un crimen contra la humanidad, no cabe duda, es la piedra angular del férreo régimen que pretenden imponer al planeta entero.
Cuando interrumpió su declaración el altoparlante anunciando mecánicamente un vuelo por salir, sonrió delicadamente y comentó: «¡Cuántas veces me ha tocado escuchar eso esta semana!». Les cayó bien a los rusos; cambió totalmente la actitud hacia él como calculaba cuando llamé al diario ruso más leído, KP (Komsomolskaya Pravda) pidiendo que hicieran lugar en sus páginas para este encuentro.Y acabamos de enterarnos que Rusia ha decidido darle una carta de refugiado y libertad ambulatoria en toda la federación.

¿Por qué tardaron tanto en hacerlo?

Snowden es norteamericano, y los yanquis, como los británicos, tienen fuertes prejuicios contra Rusia, su enemigo común durante la Guerra fría. Para ellos, es el país del gulag y de la KGB. Ambas amenazas se esfumaron hace décadas, pero las tradiciones no mueren fácilmente, si es que mueren. Gulag y KGB, además no eran sino versiones modernizadas de los horrores zaristas del XIX, con knut y servidumbre, que pueden verse superadas por un nuevo Estado mafioso y brutal en Rusia, como postula Luke Harding. Para un estadounidense medio, la idea de emprender un acercamiento a Rusia es casi inimaginable. Peor aún en el caso de un agente de la CIA o la National Security Agency (NSA), como era Snowden. Consciente de ello, Snowden sintió que si abrazaba a Rusia, perdería su estatuto de alertador y sería considerado un simple agente del enemigo.

Lo mismo le pasó a Julián Assange. Cuando se le propuso escapar a Rusia, lo cual técnicamente era posible, le dio largas al proyecto,se le pasó el tiempo y se quedó en Inglaterra, incapaz de saltar la zanja que separa a Occidente de Oriente.

Snowden no estaba buscando  los focos mediáticos, más bien todo lo contrario. Lo que quería era detener los crímenes que comete la NSA en nombre del pueblo americano, ni más ni menos. Esperaba convertirse en la nueva Garganta profunda, cuya identidad jamás debía revelarse. Sus primeras, profundas revelaciones las hizo por correspondencia; voló a Hong Kong porque está bajo soberanía china, él habla chino con fluidez, y China es un Estado poderoso, no fácil de doblegar.

Les chinos  sacaron provecho de las revelaciones de Snowden para contrarrestar las acusaciones yanquis de espionaje electrónico, pero no estaban cómodos con él y querían desprenderse de la papa caliente. Tuvieron una última delicadeza, le avisaron que o se iba, o en 24 horas lo detendrían. Por lo que tuvo que salir corriendoy se subió a un vuelo de Aeroflot para Moscú acompañado por una encantadora inglesa, lady Sarah Harrison, de la dirección ejecutiva de Wikileaks.

Snowden aterrizó en Moscú, pero nunca contempló la posibilidad de refugiarse en Rusia. Para él se trataba simplemente de un lugar de tránsito hacia un país neutro, que podía ser Islandia o Venezuela, cualquier punto del mundo occidental. Pensaba volar a La Habana, y de allí seguir para Caracas. No había medido cuán largo es el brazo del Estado usiano, que ya lo estaba persiguiendo para darle un castigo ejemplar.

Al principio, los yanquis ejercieron presiones enormes sobre Cuba para que le negara el paso a Snowden. La amenazaron con un  bloqueo cerrado y hasta con una invasión, y Raúl Castro le pidió a Snowden que por favor buscara otro itinerario. Pero Aeroflot es la única línea que podría sacar a Snowden de Rusia, y Aeroflot sólo vuela via La Habana, de modo que se cayó el primer plan.

La cumbre sobre el gas en Moscú ofrecía otra salida:  asistían a ella los presidentes de Bolivia y Venezuela, que vinieron ambos en sus aviones privados capaces de recorrer largas distancias. Primero salió Evo Morales de Moscú. Se le obligó a aterrizar y registraron la nave, sentando un precedente histórico inédito. Esto le sirvió de advertencia al presidente Nicolás Maduro, quien se marchó sin llevarse a Snowden.

Para Snowden fue un importante descubrimiento: lo sucedido le enseñó que no hay más que un país fuera del alcance de las garras del tío Sam. El único que es una real alternativa al imperio, el único donde la US Navy no invadirá pueblos poblados ni los drones de Obama caerán, el único país cuyos aviones no pueden ser detenidos ni registrados. Entendió que Moscú es el único lugar seguro en el mundo para un enemigo del imperio. A partir de entonces, estuvo listo para contactar a los rusos y retomó su pedido de asilo provisional, que co  toda probabilidad se le concederá.

Los rusos también estuvieron dudando. No tenían ganas de irritar a los yanquis, sabían que Snowden no había intentado acercarse a ellos, que fue de casualidad que quedó atrapado en una zona de tránsito del aeropuerto. El era la papa caliente, y mucha gente estaba convencida de que era mejor seguir el ejemplo chino y sacárselo de encima.

El lobby usiano movió todas las fichas para conseguir su extradición. Hubo activistas por los derechos humanos y miembros de ONG que son a la vez empleados del Departamento de Estado. A esa gente y sus organizaciones se les promueve en Rusia como quinta columna. Un claro ejemplo es Ludmila Alexeeva. Era una disidente antisoviética, consiguió la nacionalidad usana, volvió a Rusia y a su combate por los derechos humanos y contra el Estado ruso. La grabaron diciendo que Snowden no es ningún alertador ni defensor de los derechos humanos sino un mercenario y un traidor. «Conviene devolverlo a los Estados Unidos», musitó. Otros disidentes conocidos y  opositores al régimen de Putin hicieron lo mismo, revelando su verdadero color.

Algunos siloviki también estaban en contra de Snowden. Son los miembros y ex miembros de los servicios de inteligencia rusos, que se adhirieron al concepto de convergencia entre servicios de seguridad y colaboraron con los servicios americanos y otros, especialmente los israelíes. Dicen que la lealtad al servicio al que uno pertenece es la virtud más importante, y que no se puede confiar en un traidor. Despreciaron las revelaciones de Snowden, asegurando que todo eso lo sabían desde hacía mucho tiempo. Recomendaron no disputar con Washington por ello. Esta fue también la línea de Konstantin Remchukov, dueño de muchos medios, como Nezavisimaya Gazeta, que sostuvo que Snowden era… un espía chino.
Hubo conspiracionistas que ladraron que Snowden es un caballo de Troya, enviado para descubrir los secretos de Estado de Rusia. Ya era un agente doble de la CIA, alegaron. No, del Mossad, agregaron otros. Devuélvanlo a Rusia, acordaron. Snowden fue así la piedra de toque que permitió desenmascarar a muchos agentes de USA disfrazados de defensores de los derechos humanos o de siloviki de la seguridad.

En cambio, entre los defensores de Snowden se encuentra mi amigo el poeta Eduardo Limonov, que lo calificó de «presagio del derrumbe del mundo unipolar». Mi diario, KP, también defendió su causa mientras la televisión estatal tuvo un enfoque cauteloso, más bien escéptico, ante las revelaciones de Snowden. 

El presidente Putin también se movió con cautela. Al principio, ordenó cesar los rumores de que Ruisa iba a entregar a Snowden. Fue con un planteo tan general como lacónico: «Rusia no extradita nunca a nadie a ningún país.» Después le ofreció asilo a Snowden con la condición de que no actuará contra USA, la condición habitual que se le pone a cualquier refugiado político. Putin agregó que posiblemente Snowden no aceptaría, ya que quiere continuar en su lucha «exactamente como el profesor Sajarov», el famoso disidente de la era soviética. También trató de disuadir a USA de perseguir a Snowden, para lo que comparó la situación con la de «aquél que quiso esquilmar un cerdito: desató una gritería infernal, y muy poca lana sacó.» Tanta prudencia dio sus frutos: Snowden aceptó la condición y pidió formalmente un asilo provisional hasta que se le abra el camino hacia América latina, a la vez que Putin quedó bien y haciendo lo posible para evitar una crisis con los yanquis y con el poderoso lobby proamericano en Rusia. Agrego yo que a pesar de su imagen de machista y autócrata, Putin no controla los medios en Rusia, que tienen por dueños señorones muy prooccidentales, y apenas si reflejan sus intervenciones en los debates nacionales.
Putin  no buscó la confrontación. Por regla general no le gustan las turbulencias. Se destaca más bien como un gobernante precavido y conservador. Es probable que prefirese que Snowden volara a otros cielos, tanto más cuando Snowden, que es un patriota americano, no quería compartir la corona de joyas robada con los rusos. Así, tardó lo más posible en autorizar, es decir en garantizar a Snowden el encuentro con el público ruso.
No obstante, durante ese período, los yanquis sumaron muchos nombres a la secreta lista Magnitsky de rusos cuyas pertenencias y cuentas están por ser secuestradas («congelar» es la fórmula técnica) a petición de USA y sus aliados. Hubo miembros del Congreso que vituperaron a Putin, regando calumnias sobre Rusia. «Espérense y  verán, Obama llamará a Putin esta noche y él les devolverá a Snowden en el acto», fanfarroneó el vocero de la Casa Blanca. Mientras tanto, los yanquis siguieron alentando y armando maquinaciones contra Siria en Oriente Medio e Israel bombardeó la costa siria probablemente con respaldo americano. Obama se equivocó al desafiar a Putin. El tiro le salió por la culata.
Rusia llevó a cabo una súbita inspección de sus capacidades militares de intervención en Siria, manteniendo abiertas todas las opciones.  Este gran país no está buscando agrandar la crisis, pero nadie lo hará retroceder. Snowden está a salvo aquí en Moscú, y podrá contarle al mundo los crímenes contra la humanidad cometidos por los servicios secretos yanquis. Moscú es un bello lugar para estar, sobre todo en verano.

Traducción del inglés: Maria Poumier
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Datchenko

Por Lido Iacomini




Para Elina
E.W. Lange (CIA), en realidad Boris Datchenko (ex ¿ex? KGB), le susurró al oído a John Kerry que Putin había tramado con Evo la fuga de Snowden de Moscú, disimulado en la bodega del avión presidencial boliviano. Es decir contrabandeado. Enterado inmediatamente por teléfono satelital, Obama creyó oportuno dar una señal disciplinadora a Latinoamérica: la orden era que la OTAN no permitiera el sobrevuelo por Europa y que al aterrizar en un país extraOtan (Austria) se exhibiera a Snowden como un criminal transgresor  de las leyes norteamericanas y obviamente a EVO como cómplice del terrorismo internacional. El manto de sospecha y escarnio caería sobre el aymará pero también sobre el resto de Latinoamérica e incluso sobre Putin y la nueva nomenklatura rusa.
Prestos a cumplir una orden de tamaña importancia en momentos que las revelaciones de Snowden amenazaban incluso enturbiar las relaciones entre EEUU y sus socios europeos, expuestos al ser mostrados como felpudos de los yanquis al permitir el espionaje norteamericano en sus territorios, incluidos ellos mismos, los líderes de España, Portugal, Italia y Francia se restregaban las manos al unísono imaginando los galones que iban a agregar a su prestigio de estadistas, consecuentes en la lucha contra los violadores de la legalidad internacional, Evo y Snowden.
Grande fue la sorpresa del embajador español en Austria cuando vio que en la bodega Evo tan sólo llevaba un poco de café para invitar a sus ocasionales visitantes. Se dio cuenta inmediatamente de que habían caído en una trampa del contraespionaje ruso. No le quedó mas remedio que solicitarle al indio una invitación a un café en el avión.
Ahora quién se restregaba las manos con malévola cara de dibujo animado norteamericano era Putin mientras felicitaba a sus hombres del servicio secreto ruso, fieles herederos de la tradición  de la KGB soviética y artífices de la brillante operación de contraespionaje que había logrado hacer pisar el palito a el negro Obama.

Mientras tanto Snowden descansa de tanta fatiga en una tienda de los qom de Félix Díaz, producto del acuerdo alcanzado por el Papa Francisco con la mediación de Perez Esquivel, verdadero motivo del viaje de éstos a Roma.
Hay quienes afirman que el talentoso Datchenko es quien estuvo detrás de la magnífica operación que D´Elía le montó al tandem Magnetto Lanata, ya que nadie que no sea un experimentado Maxwel Smart (pero ex ¿ex? soviético) podría planear una entrada al aro tan impecable. Nadie podría afirmar que tamaña inteligencia pudiera anidar en un dirigente piquetero como D´ Elía. La reconocible era la de Ella que al día siguiente y rápida de reflejos encendería con su oratoria a Cochabamba.
¿Quién dijo que terminó la “guerra fría”?


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