Falleció Duhalde, El Bueno

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Eduardo Luis Duhalde fue además de secretario de Derechos Humanos de la Nación un campeón  en la materia. Falleció en la Clínica de la Providencia, dónde estaba internado desde hace casi 50 días a causa de una operación de doble aneurisma de aorta. Justamente ayer estuve allí, y al menos antes de que subieran a verlo, reinaba en su hijo Mariano y en su hermano Marcelo, un cauto optimismo (porque abria los ojos y evidentemente reconocía a sus afectos más cercanos) aunque también explicaron que estaba muy débil, debilidad que se acrentaba después de cada sesión de diálisis. Ayer tuvo la última. Me quedé conversando en la puerta con el subsecretario, Luis Alen, que acababa de regresar de Ushuaia. También Lilia Ferreyra había ido a verlo.Nada hacia presagiar un desenlace inminente.   

La contribución de Eduardo Luis Duhalde a este presente argentino con Memoria, Verdad y Justicia fue monumental. Inseparable compañero de Rodolfo Ortega Peña (Marechal se inspiró en ellos para forjar en Megafón o la guerra sus personajes Barrantes y Barroso) ambos ueron precoces en todo: abogados de la Unión Obrera Metalúrgica primero, y enseguida historiadores revisionistas, defensores de presos políticos y periodistas.

Luego del regreso de Perón al país, siendo Ortega Peña diputado. ambos se consagraron a consolidar  una corriente de izquierda del movimiento nacional, corriente que tuvo su expresión en el mensuario Militancia (peronista para la liberación) dirigido por Duhalde rprimero, y más tarde, luego del asesinato de Ortega Peña por la Triple A,. en el pequeño partido PROA. después.Ya en el exilio madrileño, Eduardo fue el principal artífice y animador, junto al doctor Gustavo Roca, de la Comisión Argentina de los Derechos Humanos (CADHU), por lejos el organismo del exilio argentino más eficaz en la lucha antidictatorial. Porque, entre otras cosas, la CADHU recopiló los testimonios de los sobrevivientes del terror e inició su difusión, sin desalentarse por el poco caso que el periodismo español y europeo hacia al principio del exterminio practicado en estos lares, perseverando hasta que hasta el más escéptico de los periodistas le resultó evidente la magnitud de los crímenes dictatoriales.

No soy abogado y no estaba en Madrid sino en Barcelona, pero cada tanto tenía algún contacto con Duhalde y más aún con Roca (cuyo hijo homónimo vivía en Barcelona) y siempre era gratificante. Así, acompañé a la CADHU publicando a fines de 1980 una amplia síntesis del testimonio de Graciela Geuna, sobreviente del ccd cordobés “La Perla” en el mensuario El Viejo Topo, y también cuando hace 30 años estalló la Guerra de las Malvinas. Porque, a pesar de lo que dicen ahora Sarlo, Lanata y compañía, hubo quienes no fuimos belicistas. Y, que yo recuerde, Eduardo Duhalde fue quien con más claridad expresó esa justa posición.

Ya de regreso al país, Duhalde montó primero una editorial, Contrapunto, fue luego cofundador del mensuario Fin de Siglo (donde colaboré), y seguidamente director del diario Nuevo Sur (donde trabajé como redactor especial primero y jefe de noticias policiales después). Cuando el menemato se consolidó, buscó refugio en el Poder Judicial, desempeñándose como miembro de la Cámara en lo Penal de la Capital Federal.

Duhalde fue el primero en tipificar el Estado Terrorista Argentino (con su libro homónimo) y también uno de los primeros en tenerle fe y respaldar la candidatura de Néstor Kirchner a la Presidencia. Con su muerte se pierde un pormenorizado conocimiento de las luchas argentinas, desde la época de las montoneras gauchas, pero sobre todo de las que fue contemporáneo. Duhalde conoció, en su triple papel de abogado, político y periodista, a gran parte de los jefes de las organizaciones guerrilleras, desde Fernando Abal Medina a Enrique Gorriarán Merlo, pero siempre evitó subordinarse a cualquiera de ellas.

No quiero extenderme más ahora. Solo darle mis condolencias a sus familiares y amigos. Porque Duhalde, a diferencia de otros periodistas célebres, tenia muchísimos compañeros. Que casi siempre eran también amigos. Porque sabía de rebeldías y heterodoxias, pero también de lealtades.

Eduardo es velado en  la sede de la Secretaría de Derechos Humanosm en la calle 25 de Mayo entre Lavalle y Tucumán.


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