Massera y su biógrafo, Claudio Uriarte

Conocí a Claudio Uriarte en 1976, militando. Era un grupo en el que también estaban Alejandro Horovitz y una tanita hermosa que me pelaba los cables. Claudio era muy pibe, quizá no tuviera más que 16. El resto es sabido: yo me fui al exilio, Horovitz y él se quedaron, y al abrirse el masserista diario Convicción fueron contratados por su director (y principal redactor de los discursos de Massera)  Hugo Ezequiel Lezama, que sabía de su anterior  militancia pero que habia aprendido de Jacobo Timerman que los diarios no pueden hacerse solo con periodistas de derecha porque en general éstos son demasiado brutos. Así ambos sobrevieron al exterminio. Volví a ver a Uriarte cuando se recuperó la democracia, en épocas de Alfonsín. El trato con él no era fácil porque era imposible seguirle el ritmo ni las obsesiones. Una de ellas era con Massera. A ésta, por suerte, pudo darle curso positivo y terminó escribiendo un interesantísimo ensayo sobre el «Almirante Cero» (así se llamó) y el poder, que se vendió junto a otros libros de «investigación periodística»(género entonces de moda) absolutamente prescindibles. Quizá esta nota inédita date de esa época, antes de que se  convirtiera en un reaccionario casi de manual. Los que lo apreciamos y conversábamos con él sobre todo de amor y mujeres, otra de sus obsesiones,  nos consolamos pensando que debía estar un poco loco.
En cuanto a Massera, lo repito: para mi se había muerto hace mucho. Y parece que para todo el mundo: nadie puso una esquela fúnebre en La Nación, sin ir más lejos.
A mi perro Negus lo hemos llorado mucho más.

Leer nota hasta hoy inédita de Uriarte sobre Massera.

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