OH SORPRESA: Nicolás Massot denunció el genocidio sionista

POR CARLOS BALMACEDA (1)
Viene de una familia que no solo brindó apoyo explícito a la dictadura, sino que a través del medio de su propiedad,«La Nueva Provincia», fue abierta propagandista de sus crímenes.
De hecho, la justicia determinó que su tío, Vicente Massot, fue parte de un plan criminal, cumpliendo un rol reglamentado en los estatutos del Ejército y la Armada, vinculado con la función de los medios y la propaganda.
Estas acciones se manifiestan en los encubrimientos de operativos de la dictadura, que el medio hacía pasar por enfrentamientos, «cuando en los juicios ya celebrados quedó demostrado que las víctimas fueron torturadas y muertas”.
Por último se imputa a Vicente Massot por «los secuestros y asesinatos de (Enrique) Heinrich y /Miguel Ángel) Loyola”, trabajadores del diario.
Sin embargo, con todos estos antecedentes familiares a cuestas, Nicolás Massot se pronunció en el Congreso contra el régimen terrorista, y llamó genocidas a Netanyahu y a sus «dos ministros», tal como los identificó, Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, a los que no les ahorró adjetivos mientras de fondo, la diputada sionista Sabrina Ajmechet intentaba interrumpirlo.
Que aquí se le puede endilgar el mote de genocida a Villarruel y no haya ni un solo político o periodista que se atreva a llamar así a la diputada, es obra de un descomunal disciplinamiento que ha hecho pasar a estos asesinos como demócratas, civilizados, defensores de los derechos humanos, y a sus fuerzas genocidas como el «ejército más humano del mundo».
En Argentina el sionismo ha sido siempre perverso, cruel y siniestro como en cualquier lugar del planeta, pero, si se quiere, y contando aquí con una de las comunidades judías más grandes del planeta, lo actuado y manifestado supera la media.
Veamos:
«En agosto 2005 en un evento en la Facultad de Derecho de la UBA ofrecieron una distinción al Movimiento Judío por los Derechos Humanos, y el encargado de recibirla Pedro Resels la rechazó sentenciando que “no olvidamos que mientras desaparecían 30.000 argentinos, entre ellos 2.000 judíos, el entonces presidente de la Daia afirmaba que a la comunidad judía le convienen más los gobiernos de facto que los democráticos, porque las dictaduras controlan mejor el antisemitismo”.
«Frida Rosenthal, recordó el “manoseo despiadado sufrido en la Daia cuando acudíamos buscando auxilio y nos decían: ‘A ustedes les pasó esto porque no dieron a sus hijos educación sionista’”.
Varias perlas más: «Hasta el rabino Marshall Meyer -creador del Movimiento Judío por los Derechos Humanos- denunció al entonces presidente de la entidad Nehemías Resnizky por disuadir a los familiares de presentar recursos de hábeas corpus».
«Distinta fue la reacción ante el secuestro en julio de 1977 de Marcos Resnizky, hijo del titular de la Daia, a quien sí rescataron con gestiones ante los militares y enviaron luego a Israel. Es que los vínculos eran estrechos. La dirigencia sionista se había reunido con el mismísimo Emilio Massera en los días previos el golpe de Estado, en la casa de Jacobo Kovadloff, representante para América Latina del American Jewish Comittee. El apoyo político al Proceso fue público. Su vicepresidenta Amalia Polack participaba de las jornadas de “beneficencia” de Alicia Raquel Hartridge de Videla, esposa del jefe de la Junta».
Vale la pena aclarar que Don Jacobo es el padre de Santiago, el reputadísimo filósofo y ensayista (2).
«En definitiva, la colaboración del sionismo con la dictadura genocida fue contundente, empezando por la asistencia del Mossad a la Side y la venta de armamento. En palabras de Renee Epelbaum, madre de tres detenidos-desaparecidos: “no quisiera enterarme que a mis hijos judíos los asesinaron con armas israelíes”. Incluso ante una sucesión de atentados a instituciones judías en 1976 que incluyeron detonación de bombas y ataques con ametralladoras a clubes, cooperativas y sinagogas, con la obvia complicidad de los milicos, la Embajada de Israel consideraba que “no constituyen una amenaza grave”
Esto ha sido el sionismo en la Argentina, y luego, el encubrimiento de los dos atentados terminó por tejer una trama mucho más gruesa, que con el gobierno de Milei llegó a un techo.
Massot lo denuncia, pone en perspectiva el abandono de una línea diplomática histórica, y habla no solo con la verdad, sino con la efusividad dolida del que verdaderamente ha entendido y quiere comunicar que lo que está ocurriendo en Palestina es un genocidio.
No le voy a pedir a Massot que entienda que Hamás es el brazo armado y político que representa, por libre elección, al pueblo gazatí, que la Autoridad Palestina, que tanto parece simpatizarle, es una organización claudicante y entreguista, que no representa ni siquiera a los cisjordanos, que los actos de guerra entre un ejército con 500 bombas nucleares y milicianos en zapatillas incluyen necesariamente las tácticas de los que no tienen nada, empleadas por todos los resistentes a lo largo de la historia, de aquellos que, tal como vemos día a día, saben que van a morir y que solo vivirán en el recuerdo de su heroísmo y en el mañana en el que su pueblo se libere. (3)
No le voy a pedir entonces a Massot que reconozca que las tomas de rehenes del 7 de octubre son «una continuación de la política por otros medios», ni que jamás hubo bebés pisoteados, de que el régimen terrorista no puede presentar pruebas para iniciar procesos judiciales contra abusos de los que no tiene registro, y que de los 1200 muertos, un tercio son militares, otro tercio fueron asesinados por las propias FDI cumpliendo el «Protocolo Hannibal» y finalmente el último tercio son las que podrían considerarse «víctimas civiles» (siempre con pinzas, porque no hay nadie en esa entidad ocupante que no reciba entrenamiento militar y prácticamente no existe el que no apoye al genocidio). (4)
Pero le voy a creer a Massot, porque la maquinaria totalitaria dispuesta aquí por la DAIA, embajada paralela del régimen terrorista, inhibe a cualquier personaje público con cierto poder y responsabilidad de pronunciarse contra el genocidio, y Massot lo hizo; no sé si sufrirá las consecuencias, es posible que sí, pero de hecho, su acto, de un enorme coraje civil, pone en perspectiva a diputados como Leandro Santoro, que integra el Grupo Parlamentario de Apoyo al régimen genocida, presidido por la sionista Ajmechet.
La demolición de las identidades está en marcha y Massot empezó a tumbar la suya.
Bienvenidos a este nuevo mundo, y vayan dándole duro a su martillo neumático para derrumbar todos los cimientos de lo que hemos sido hasta ahora.
Notas

1) Ante algunas críticas de feministas al hecho de que Pájaro Rojo le de espacio al autor, quiero precisar que Carlos Balmaceda es un intelectual y un artista polifacético, muy talentoso… y polémico, para utilizar el que quizá sea el adjetivo más frecuente en boca de periodistas que se refugian en la imprecisión para no jugarse (hace unas décadas solía utilizarse un término más elegante: «inefable»). Como se trata de un denunciante pertinaz de las existencia de falsas denuncias por parte de mujeres a hombres por supuestos abusos sexuales contra ellas o sus propios hijos, ha sido cancelado por muchas feministas. A la vista de los embates que ha recibido Pedro Rosemblat por haberle hecho una entrevista a Gustavo Cordera, se que me arriesgo a represalias por el mero hecho de publicarlo. Curándome en salud, digo que no comparto con Balmaceda que haya taaaaaantas denuncias falsas (aunque que las hay, las hay) y que a pesar de los abusos, yo, si hubiera nacido mujer, sería una celosa defensora de la igualdad de derechos. Pero aun así, me parece un abuso que se lo cancele, como se considere a Cordera, por unas declaraciones desafortunadas, como si fuese un violador sin que haya habido una sola denuncia de ello, cuando hemos tenido un presidente violador sin que las feministas se hayan preocupado por investigarlo y denunciarlo ni hayan defendido a Cristina Fernández de Kirchner cuando fue objeto de brutales ataques machistas.
Diez años de cancelación, me parece, han sido más que suficiente castigo para los deslices verbales de Cordera. Soy enemigo de la «cultura de la cancelación» y nunca he cancelado a nadie, y es que suelo denunciar a los autores de crímenes execrables y me horroriza el peligro de poder equivocarme. Me deja atónito que se escrache, persiga y cancele como si se tratase de genocidas a vulgares pajeros, y conste que no lo digo por Cordera.
En su caso creo que debería ser tomado en cuenta que fue cofundador de Bersuit Vergarabat, grupo progre si los hubo que solía actuar gratis en campañas benéficas (e incluso en el décimo aniversario de la revista El Porteño, a la que siempre apoyo y de cuyo vientre surgió Página 12) y cuyo mayor pecado, a fin de cuentas, fue blanquear, supongo que por candidez, al canalla de Jorge Lanata.
En cuanto a Balmaceda es, entre otras muchas cosas, un polemista formidable. Aun cuando uno no coincida con sus apreciaciones, es innegable que sacuden las telarañas mentales de quienes se conforman con regurgitar como rumiantes y repetir como papagayos la papilla que le dan masticada algunos comunicadores.
Los dejo con Balmaceda, entrevistado por Gabriel Fernández. Después siguen las notas :
2) Aquí, Balmaceda se equivoca. El padre del sofista Santiago se llamó David y era hermano de Jacobo, que no solo no fue partidario de la dictadura sino que debió exiliarse en Nueva York por su oposición. En Buenos Aires habñia vivido en el mismo edificio que el almirante Massera, por lo que desafortunadamente para él, eran vecinos.
3) Nunca tuve simpatías con Hamás, que en su origen fue el capítulo palestino de los Hermanos Musulmanes de Egipto (lo que explica en parte la casi nula solidaridad del régimen militar egipcio con Gaza) y luego fue financiado subrepticiamente por Israel a traves de Qatar para esmerilar a la Autoridad Palestina a la vez que corrompía a muchos de sus dirigentes laicos, pero lo cierto es que ante la defección de ésta, ganó limpiamente las elecciones en 2006 y bajo la presión de los asediados y bombardeados gazatíes se convirtió en la principal organización de la resistencia.
4) Desconozco como hizo Balmaceda sus cuentas pero tengo presente que de los alrededor de 1200 muertos contabilizados inicialmente unos doscientos no pudieron ser identificados por lo que presumo que en su mayoría debieron ser incursores. Por otra parte tengo presente el testimonio de una ex soldado israelí que dijo que ella y varios jóvenes israelís fueron tomadas prisioneros por los incursores; que quedaron rodeados en una vivienda por las tropas de las FDI y que todos menos ella fueron muertos por los cañonazos de los tanques que la destruyeron.

Hola, Sr. Salinas:
Sigo siempre su blog con mucho interés. Me parece muy interesante y de gran nivel.
Quería comentar unas palabras sobre este artículo.
Soy de origen judío. No soy religioso.
Repudio el genocidio que se comete en Gaza, así como tantas acciones de Israel desde mucho antes del 7/10/23.
Repudio el uso de la acusación de «antisemitismo» de Israel y sus seguidores (incluidas las instituciones «judías» argentinas, es decir «los que trabajan de judíos») contra quienes enjuician la masacre.
Pero también está claro que los judeófobos de siempre (inexactamente llamados «antisemitas») aprovechan y se hacen un festín.
No me refiero a la extrema derecha no judía que siempre tuvo tendencia judeófoba y hoy resulta, «mágicamente», ser proisraelí (bastaría con que hubiera un gobierno izquierdista en Israel para que dejaran de serlo).
Me refiero a los judeófobos «clásicos», los que odian a los todos los judíos de todo el mundo.
En las décadas de mi infancia, un niño judío en la Argentina empezaba a salir a la calle e ir a la escuela, y en pocos meses podía ostentar un título de «Licenciado en Judeofobia en la Universidad de la Calle y de la Escuela».
Valiéndome de ese temprano título, y de los posgrados hechos en la escuela secundaria, en varios empleos, en consorcios de departamentos y en distintos ambientes, puedo asegurar que Balmaceda es exactamente uno de esos judeófobos «clásicos». Casi «de libro».
Alcanza con valorar la *intensidad* y la *amplitud* con que se refiere al «sionismo». Como otros también hacen, lo muestran como un enemigo de «clase mundial». No lo limitan al Asia Occidental. Ahí se nota la cosa.
(Mínimo detallecito: no le gusta que llamen «genocida» a Villarruel. No tengo nada más que agregar).
Raúl, tendré muy en cuenta su comentario y le puedo adelantar que no publicaré ningún comentario judeófo. Soy admirador de Jesús, Pablo de Tarso, Spinoza, Marx, Freud, Trotsky y de decenas de grandes compañeros judíos que perdieron la vida en la lucha por una sociedad justa, libre y solidaria.
Perdón! Sí tenía algo más que agregar.
Lo que dice Nicolás Massot es correcto, pero…
Viene de una familia judeófoba. Eso puede haber influido algo en él.
De todos modos, repito, fue correcto su discurso.