PERONISMO K. Samid explica bondades elementales como para que las entiendan los niños

Omar Quiroga me hizo llegar esta entrevista que vi completa por su recomendación. Me parece extraordinaria. La paliza dialéctica que Alberto Samid le da a su entrevistador es de antología. Lo arrolla. Invito a difundirla urbi et orbe por estimar que servirá para ganar votos, sobre todo entre los tibios (sangre de horchata, decía mi madre; bosta de paloma, definía El General) que votaron a ese insípido agente del Imperio que es Sergio Massa.

Hay momentos estelares como cuando Samid se refiere muy en general al blindaje mediático de que goza el gobierno, y Novaresio, con enorme cola de paja, se siente aludido y obligado a defenderse.

Y otros, para mi muy gratos, como cuando Samid utiliza el concepto “peste amarilla”, que he utilizado aquí desde antes de que M.M. sentara a su perro en el sillón de Rivadavia.

Debo necesariamente autocriticarme. Cuando volví del exilio me encontré con que un par de compañeros de militancia de los comienzos de los ’70 (es decir, de la época anterior a la convergencia de todos en Montoneros, organización de la que ellos se fueron rápidamente) trabajaban para Samid y me trataban de “zurdo”, lo que me predispuso mal contra su patrón.

Si bien me cayó simpática la actitud de Samid de despachar un envió de carnes al Irak sitiado por Bush padre con la Operación Tormenta del Desierto a comienzos de los ’90, fui permeable a la propaganda de Cavallo y el Imperio posterior al atentado a la AMIA, que lo sindicaba como participante en el ataque.

Hasta el punto de que en mi libro “AMIA. El Atentado…” de 1997, le dediqué a Samid todo un capítulo.

En mi defensa, puedo argüir que sabía que el atentado había sido encargado a mercenarios locales desde el entorno del presidente Menem, y que Alfredo Yabrán estaba al tanto de su ejecución, por lo que presumí que Samid también debería estarlo.

Domingo Cavallo había dado una rueda de prensa en la Casa Rosada acusando a Samid de ser el mayor evasor del fisco, y los medios concentrados, siempre sensibles a la oligarquía agropecuaria, sugerían que se trataba del mayor cuatrero del planeta.

Debo confesar que -por no pensarlo con detenimiento- me comí esos embelecos.

Que tuvieron ribetes de cierta comicidad como cuando en 1997 o 1998, en los viejos estudios de Canal 9 en la palermitana calle Castex, Chiche Gelblung le advirtió a Samid en una comunicación telefónica que yo me encontraba allí para cruzarnos, y El Rey de la Carne solto con voz aflautada: “Ese es un hijo de puuuuuuta”.

Hoy resulta obvio no solo que Samid siempre ofreció carne al pueblo a precios considerablemente más bajos que las demás cadenas de carnicerías, sino también que los mayores evasores han sido siempre las trasnacionales y otros grandes empresarios que utilizan recurrentemente guaridas fiscales y empresas fantasmas, cáscaras u offshore.

Es obvio que Samid no pertenece a ese círculo en el que descuella el presidente y su familia, porque de haberlo siquiera intentado, lo hubieran denunciado y metido preso.

Si hace dos décadas creí que que Samid, como Alfredo Yabrán, era algo así como un Al Capone vernáculo, hace mucho que tengo claro que, luego de la destrucción de la obra peronista-gelbardiana y la cerrada noche de la dictadura, Samid es un raro sobreviviente de nuestra raquítica burguesía nacional.

Samid es, además, un cabal representante de un peronismo que fue crítico del gobierno de Cristina (muchas veces injustamente, por no tomar en cuenta la gravedad de la crisis global de 2008 que debió capear y por obviar los muchos rubros donde los gobiernos de CFK avanzaron mucho más allá de lo que había podido NCK) pero que ahora cierra filas por entender que nada es posible sin ella.

Insisto: esta entrevista es muy buena a la hora de ganar a los sectores menos politizados (esos que al decir de Soriano se identifican con la frase “yo nunca me metí en política, siempre fui peronista” y otras víctimas del gobierno oligárquico) y es conveniente hacérselo llegar como inicio de imprescindibles charlas cara a cara.

Si hasta Mauro Viale, otrora enemigo jurado de Samid, está diciendo hoy cosas muy parecidas.

Vamos, compañeros, que el gorilaje se cae a pedazos. Luchemos para que sea pronto y no nos arrastre a un infierno del que sea imposible salir.

Para los apurados, tres minutitos:

Acá, la entrevista completa:

 

 

Comentario (1)

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