POR ROBERTO ROLDÁN / PÁJARO ROJO
¿Qué hacia el Papa Francisco I recorriendo la Plaza de San Pedro en un jeep descapotable arropado en una enorme bandera azulgrana con su efigie? ¿Acaso los colores papales no son el blanco y el amarillo? ¿Se trata de que el nuevo Papa argentino es uno más de los simpatizantes globales del «dream team», del Barcelona F.C., considerado el mejor equipo del mundo?
No, el Papa Francisco es fanático de San Lorenzo de Almagro, un club fundado por Lorenzo Massa, un sacerdote salesiano hace ahora exactamente 105 años, en lo que eran entonces los arrabales de la ciudad de Buenos Aires, con el ánimo de atraer a los niños a su oratorio, de sacarlos de la calle.
San Lorenzo tiene la hinchada más creativa de la Argentina, el país de las hinchadas más creativas, dónde se aprovechan hits, canciones populares y jingles y hasta se compone música para hacer canciones tribales de amor, odio y pertenencia totémica. Es, también, el que más apodos tiene.
Obviamente, Los Santos, pero sobre todo Los Cuervos (por la sotana del cura Massa) y El Ciclón (desde los años ’30), pero también Los Gauchos de Boedo y (desde fines de los ’60), Los Matadores.
El Papa Francisco se ha convertido en el hincha más famoso de San Lorenzo, desplazando al actor neoyorkino Viggo Mortensen.

Aunque la traidición dice que los colores azul y grana provienen del manto de la imagen de María Auxiliadora que había en el oratorio «San Antonio» del padre Massa, en las calles México y 33 Orientales, y esos mismos colores son los del unforme de los Granaderos a Caballo creados por el coronel Jopé de San Martín que debutaron en su lucha por la independencia en el combate de San Lorenzo, lo cierto es que el Barcelona F.C. y San Lorenzo de Almagro comparten los mismos colores y, en rigor, puede sospecharse que en su origen su casaca fue exactamente la misma, ya que el cura Lorenzo Massa, luego de atraer a la canchita que estaba detras del oratorio a los muchachos que jugaban en la calle autodenominándose «Los forzosos de Almagro» (forzoso = necesario, obligatorio, obligado, inevitable, ineludible, inexcusable, indispensable), les regaló unas camisetas importadas de España, es decir, del Barcelona.
Sin embargo, San Lorenzo y el Barcelona no sólo se diferencian porque usualmente el primero usa pantalones blancos y el segundo azules, sino porque su historia durante el último medio siglo ha sido absolutamente divergente, casi opuesta.
Así, mientras el Barcelona no paró de crecer, San Lorenzo acompañó la parábola descendente de la Argentina.
Era, sin dudas, uno de los mejores equipos del mundo en 1946 y 1947, cuando emprendió una victoriosa gira por España y Portugal. En los últimos días de 1946 y los primeros de 1947, en medio de un invierno crudo, disputó diez partidos, gano cinco (dos a la selección de España, otro a la de Portugal, y también al Atlético Madrid y al Oporto), empató cuatro y perdió uno, con 46 goles a favor y 28 en contra.
Tenía entonces sobre la Avenida La Plata, en el sureño barrio de Boedo, un gran estadio de tablones como el viejo estadio de Wembley que había sido el escenario de la primera presentación del seleccionado de la Asociación del Fútbol Argentino y lo sería pronto (en 1951) del primer partido televisado en Argentina.
Sin embargo, al regreso de aquella gira invicta, los futbolistas argentinos entraron en huelga y sus mayores estrellas emigraron hacia Colombia y otros destinos. Y el fútbol argentino entró en una pronunciada decadencia, que tocó fondo con la derrota 6-1 ante Checoeslovaquia en el mundial de Suecia de 1958.
En esa época, San Lorenzo volvió a ser el tercer equipo de la ciudad de Buenos Aires, a distancia de Boca Junior y River Plate, los más populares de toda la Argentina, con nombres teñidos de un inglés macarrónico.
A diferencia de ellos, San Lorenzo fue una víctima más de la dictadura, y su estadio fue desaparecido, literalmente borrado de la faz de la tierra, so pretexo de que debían abrirse unas calles que nunca se abrirían.
Pocos años después, esos terrenos serían vendidos por una cifra nueve veces mayor a la concedida por la dictadura a San Lorenzo, y allí se instalaría el más importante hipermercado de la cadena francesa Carrefour.
San Lorenzo pasó desde entonces a ser un equipo itinerante, que jugaba en estadios alquilados, y en 1981 llegó su hora más aciaga, cuando perdió la categoría.

En 1982, la dictadura pretendió zanjar su crisis con un salto hacia adelante: ocupar las “irredentas” islas Malvinas. La derrota militar sellaría su suerte. Ese mismo año, San Lorenzo, jugando en la división “B” (Ascenso) y sin estadio propio, batiría todos los récords de recaudación Hasta el punto de que un San Lorenzo-Tigre jugado en el Estadio Monumental un sábado, recaudó más que el Ríver-Boca que se jugó en el mismo escenario ese mismo domingo.
A partir de entonces, el club construyó un nuevo estadio en el Bajo Flores, a pesar de lo cual, y cada vez con mayor insistencia, su hinchada –como los judíos de la diáspora con Jerusalem- se conjuró a conseguir que le devolvieran los terrenos de Avenida La Plata, de los que el club fue despojado con malas artes.
Aunque parecía un empeño demencial, fue ganando fuerza con el correr de los años, hasta que el año pasado, después de manifestaciones masivas frente a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, se dictó una “Ley de restitución histórica”, que permitirá la expropiación de dichos terrenos a cambio de
un pago indemnizatorio a Carrefour.
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A todo esto y tras una serie de crisis, el vicepresidente y hombre fuerte del club es Marcelo Tinelli, lejos, el showman más exitoso de la televisión argentina, productor y conductor de los ciclos de entretenimiento de mayor audiencia, muy criticado el movimiento feminista por su incesante exhibición de bellas mujeres semidesnudas.
Al mismo tiempo, tiene una comisión de Derechos Humanos que lleva con asiduidad a los jugadores juveniles a la vieja Escuela de Mecánica de la Armada, acaso el mayor campo de concentración de detenidos-desaparecidos de la dictadura militar que asoló la Argentina entre 1976 y fines de 1983, reconvertido en Espacio para la Memoria, a fin de concientizarlos de que Nunca más habrá de tolerarse algo semejante.
Esa comisión de Derechos Humanos es presidida por Adolfo Res, quien es a la vez vicepresidente de la Subcomisión del Hincha, historiador del club y directivo de la Biblioteca Popular “Osvaldo Soriano”.
Soriano, el novelista argentino de mayor éxito en la segunda mitad del siglo pasado, huelga decir, era fanático de San Lorenzo.
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Res suele vestir una remera en cuya pechera, en letras azulgranas, puede leerse «Luche y vuelve», la consigna que levantó la Juventud Peronista een 1972, en vísperas del retorno del ex presidente Juan Domingo Perón a la Argentina luego de 178 años de exilio, sólo que ahora se aplica al regreso a la «Tierra Santa» de la Avenida La Plata, en Boedo.
En la actualidad, San Lorenzo parece resucitar en medio de una masiva conscripción de socios, simultáneamente tomados de las manos del mayor pastor de almas de occidente y de quien es acusado de ser el mayor proxeneta de la Argentina.
Ambos y la abrumadora mayoría de los hinchas de San Lorenzo están de acuerdo en construir un estadio supermoderno en el mismo sitio dónde estuvo el viejo Gasómetro. Uno de los proyectos contempla formar una sociedad con Volkswagen.

En cualquier caso, San Lorenzo sobrevivirá a las celebrities. Pero está en duda si podrá seguir célibe.