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SUBMARINOS NAZIS. Apareció un testigo del desembarco clandestino cerca de Necochea

Dónde ya aparecieron, a poca profundidad y cerca del puerto de Quequén, los restos de un U-Boot, al parecer de la clase IX:

Otra Historia Oficial que se cae a pedazos

En 2002 Carlos De Nápoli y yo publicamos «Ultramar Sur. La última operación secreta del Tercer Reich», libro en que refutamos las conclusiones de la Comisión de Esclarecimiento de las Actividades Nazis en la Argentina (Ceana) formada por el presidente Carlos Menem para ocultar o al menos relegar a segundo plano su pertinaz encubrimiento de quienes habían puesto bombas mortíferas en la Embajada de Israel (1992) y en la AMIA-DAIA (1994).

Para abordar el misterio de los submarinos alemanes que habían venido a la Argentina al término de la II Guerra Mundial en Europa, la Ceana menemista contrató al historiador canadiense Ronald Newton. Quien concluyó para su satisfacción que «Dos y solamente dos se dirigieron a la Argentina (…) es imposible probar que algún otro submarino nazi haya arribado a las costas argentinas. Una hipótesis tal es ciertamente improbable».

Se refería a los dos U-Boote que entregaron en la Base Naval de Mar del Plata en julio y agosto de 1945, es decir, antes y después de el estallido de sendas bombas nucleares en Japón.

De Nápoli se indignó porque había  recopilado sobradas evidencias (entre ellas, documentación de la Armada Argentina y del FBI)  de que los U-Boote alemanes que habían llegado a las costas argentinas habían sido más, no menos de cinco, muy posiblemente media docena.

Yo era entonces director del diario El Ciudadano de Rosario y con su ayuda comencé a publicar un cuadernillo central sobre el tema, con afiches callejeros de gran tamaño que se preguntaban si Hitler no habría podido venir y ocultarse en Argentina.

Ese fue el comienzo del libro, que publico Norma en medio de la agudísima crisis de 2002 y que aún así logró mantenerse a flote.

En Ultramar Sur dimos cuenta con detalles del desembarco de dos submarinos alemanes en la cercanías de Necochea. Incluidos los testimonios en el Congreso de la Nación de ex tripulantes del acorazado alemán Graf Spee (hundido frente a Montevideo en 1939) supuestamente detenidos en Sierra de la Ventana, que habían ayudado a esos desembarcos.

Testimonios de los cuales no han quedado más rastros que lo publicado en diarios y periódicos.

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Ve al final, el facsímil de las páginas del libro en las cuales se dio cuenta de estos desembarcos.

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En nuestro libro también se citaba a Abel Basti, un ex periodista de Ámbito Financiero radicado en Bariloche, que ya entonces había hecho aportes muy importantes para esclarecer esos misterios.

Basti siguió investigando y no sólo sostiene que Hitler vino en un U-Boot (lo que a mi me parece muy difícil, aunque parezca claro que los submarinos que arribaron a nuestras costas tenían la misión de preparar su llegada) y vivió largos años en la Patagonia argentinas, sino que ha publicado una serie de libros en los que fundamenta, con abundancia de indicios y evidencias, la presencia de Hitler, no sólo en Argentina  sino también en Chile, Paraguay y Colombia.

No contento con eso, Basti formó un grupo de profesionales interesados en dilucidar el misterio de los submarinos alemanes que habrían arribado a las costas argentinas. Hasta el hallazgo del submarino hundido, el talón de Aquiles de nuestra historia era la falta de testimonios de alguno de los marinos que habían desembarcado clandestinamente después de haber –presumiblemente– haber hundido las embarcaciones para no dejar rastros.

Ese grupo se llama «Eslabón perdido» y en él participo junto a personas que tienen distintas miradas sobre el tema. Y también, no me cabe duda. hubiera participado De Nápoli si no hubiera fallecido.

Pues bien, Basti no sólo encontró los restos de un U-Boote destrozado y hundido a poca profundidad en las cercanías del puerto de Quequén, como se ha dado constancia en estas páginas  en varias oportunidades, sino que acaba de encontrar un testigo vivo de aquellos desembarcos.

Es un golazo.

Publico pues primero la noticia de este enorme hallazgo tal como la dio (con video incluido) el Diario de Necochea, y seguidamente un facsímil de la parte de Ultramar Sur que se refirió a estos desembarcos.

Habló el testigo clave que vio a los tripulantes nazis en Necochea: «Fueron a parar a casa de mi abuela»

Omar Cernadas, de 94 años describió con detalle a los marineros que los vio entrar y salir de la vivienda, describiendo su vestimenta y conducta. Dijo también explicó que un tío le contó que el submarino había sido explotado por su propia tripulación en el acto de desembarcar.

Durante décadas se investigó la presencia de jerarcas y colaboradores nazis en la Argentina y en la Patagonia en particular, tanto en tierra firme como en el Atlántico Sur. A lo largo de los años se publicaron libros como Hitler en Argentina, El exilio de Hitler, Tras los pasos de Hitler y otras obras que combinan documentos, expedientes oficiales y testimonios de personas que aseguran haber visto o tratado con fugitivos del Tercer Reich, trabajos que también llevaron a su autor a participar en documentales y conferencias dentro y fuera del país.

En este contexto, Abel Basti, periodista y escritor argentino radicado en Bariloche, profundizó en la investigación sobre el supuesto submarino alemán hundido frente a las costas de Necochea y en los relatos de quienes dicen haber tenido contacto con tripulantes que desembarcaron en la zona, una línea que busca poner en discusión la versión oficial de la historia y abrir un debate público sobre lo que ocurrió realmente en la posguerra en el sur de la Argentina.

La entrevista con este testigo clave permite reconstruir, con una claridad inusual para un hecho ocurrido hace tantas décadas, el paso de aquellos marineros por Necochea y el rol que cumplió su familia al alojarlos en silencio. Su relato aporta datos directos sobre la llegada de los tripulantes, su apariencia, la forma en que ingresaron y se retiraron de la vivienda y el estricto hermetismo que se mantuvo durante años. La conversación, registrada mediante videollamada, ofrece por primera vez un testimonio en primera persona que complementa la investigación previa y abre una nueva vía para comprender cómo fue la presencia de estos hombres en la ciudad tras el hundimiento del submarino.

A continuación, la entrevista completa:

Abel Basti: Esto de tratar de revisar la historia de más de 80 años es muy difícil, especialmente porque hay temas que no están en los documentos de época, no están en los diarios, y la única posibilidad es mediante testigos. Ahora, encontrar testigos de hace 80 años, la verdad es que es muy difícil por una cuestión biológica, obviamente. Pero acá está.

Vamos a sintetizar, así ustedes ven este testimonio, que es lo que quieren ver. Yo en videos anteriores publiqué la historia del submarino nazi que llegó a Necochea. Yo hice la denuncia con el grupo que trabajo, con el que encontramos el submarino, que se llama Eslabón Perdido. En el 2022 hice la denuncia. Hicimos dos pericias, una nacional y una internacional, que determinaron que se trata de un submarino alemán clase IX, que eran transoceánicos.

El Servicio de Hidrografía Naval tuvo que incorporar este naufragio como un nuevo naufragio en las cartas náuticas de la zona. Y al día de hoy estoy reclamando al Gobierno argentino que se digne a reconocer oficialmente que en la boca del puerto de Quequén, cerca de Necochea, a escasos 4 kilómetros y a muy poca profundidad, 28 metros, tiene un submarino alemán hundido.

Esto contradice la historia oficial que dice que ningún submarino alemán llegó en forma fugitiva a la Argentina. Es una prueba de casi 70 metros de largo, para resumirlo. Bueno, eso respecto al submarino, que está explicado en otros videos.

Ahora, siempre me decían: bueno, ¿y testigos? Porque a veces la gente cree que yo tengo que conseguir las cosas, no la Justicia, no el Gobierno. No, yo tengo que conseguir las cosas. Bueno, testigos. Les voy a presentar a don Omar Cernadas, oriundo de Necochea. Estamos en el año 25, cuando estoy editando este video. Don Omar está cumpliendo los 95 años. Un testigo de la época, que son muy difíciles de encontrar.

¿Qué cuenta don Omar? Que estaba viviendo en la casa de su abuela en Necochea, con su mamá, y la abuela —que era alemana, todos los hermanos de la abuela eran alemanes y hablaban en alemán—que les dijo: miren, se tienen que ir un par de días porque tengo visitas.

Él se sorprendió un poco, ya tenía 14, 15 años, pero la mamá se ve que sabía de que iba la cosa, porque le dijo: vamos a la casa de la tía, que está cerca, a cuatro cuadras. Y llegaron las visitas. Y don Omar conoció a las visitas, las vio, los vio, los describe. Sabe exactamente quiénes eran. Su familia después reconstruyó toda la historia que él cuenta.

Omar Cernadas: Salió el tema este de la gente que bajaba de los submarinos, que me tocó vivirlo, porque realmente está en la historia y nadie lo debe saber. Fueron a parar a casa de mi abuela cinco de ellos. Yo sé que uno quedó en el coche, los otros cuatro lo vinieron a buscar con un micro y se lo llevaron, no sé adónde. Dijo que no llegaron, y los vi cuando se fueron.

Abel Basti: – Sitúeme un poquito en la fecha. ¿De qué año estamos hablando?

Omar Cernadas: – Estamos hablando ya del año 40, y en agosto más o menos fue del 45, por ahí fue.

Abel Basti: – ¿Usted era chico?

Omar Cernadas: – Y tendría 14 años, tengo 94 ahora, soy del 31.

Abel Basti: – Claro. ¿Y usted estaba viviendo en la casa de la abuela?

Omar Cernadas: – Estaba accidentalmente, yo estaba viviendo en La Rioja en ese momento y vinimos acá a Necochea. Acá a Necochea, estoy en Buenos Aires, como yo soy de Necochea, pasamos unos días en la casa de mi abuela en Necochea y de repente nos sacaron volando porque venía gente.

Omar Cernadas: Y yo qué sabía lo que era, lo que pasa es que por curioso volví al segundo día y los encontré justo cuando se iban. Después de que pasaron unos cuantos años, un tío mío me comentó quiénes eran. Eran de uno de los submarinos justamente que había quedado entre Lobería y Necochea. Lo hundieron ellos, pero parte de la tripulación fue para la casa de mi abuela.

Abel Basti: – ¿Su abuela era de ascendencia alemana?

Omar Cernadas: – Sí, exacto, sí.

Omar Cernadas: Ahora, cómo vino el contacto con ellos, lo desconozco, porque nunca lo supe. Tampoco quise preguntar ni nada. Estuvieron ahí parando dos o tres días, después vino un micro que era color verde y se los llevó.

Abel Basti: – ¿A dónde fueron?

Omar Cernadas: – Uno quedó en Necochea y cuatro se fueron.

Abel Basti: – ¿Usted entonces pide a la abuela, a usted y a su mamá que se vayan de la casa esos días?

Omar Cernadas: – Claro, pues fuimos a la casa de otra tía mía que estaba viviendo en Necochea. Ese espacio lo ocuparon ellos.

Abel Basti: – ¿Su mamá no le dijo por qué se iban?

Omar Cernadas: – No, no, no, no. Después yo me enteré a través del tiempo, por un tío mío, quiénes eran.

Abel Basti: – ¿Pero su mamá sabría por qué se iban?

Omar Cernadas: – Sí, estaba sabiendo, claro que estaba sabiendo. Pero había una reserva total.

Omar Cernadas: Yo me fui a enterar cuando ya tenía unos 18 años más o menos, me enteré recién quiénes eran.

Abel Basti: – ¿Y ustedes se van a otra casa? ¿De quién era la otra casa a la que se van?

Omar Cernadas: – De una tía mía, porque tengo toda mi familia allá. Tengo varias propiedades de mis tíos allá en Necochea. Y la otra de la tía mía también allá, porque estaban todos enterados. El único que no estaba enterado era yo, porque era uno de los más jóvenes.

Abel Basti: – ¿Cómo se llamaba la casa de la tía donde fueron a vivir? ¿Nombre de la tía?

Omar Cernadas: – De la tía mía, Sara era el nombre. Entonces fuimos a la casa de esta Sara. Nosotros fuimos a la casa de Sara.

Omar Cernadas: Ellos, los que bajaron de los submarinos, yo ni sabía que estaba el submarino ahí. Estaba entre Lobería y Necochea, paraban en la casa de mi abuela ahí en Necochea. Y nosotros nos retiramos y al segundo día los vinieron a buscar y se fueron.

Abel Basti: – ¿Y usted cuándo los ve por primera vez a los tripulantes?

Omar Cernadas: – Los vi en el momento que ellos estaban llegando, porque me llamó la atención y yo volví.

Abel Basti: – ¿Estaba cerca de la otra casa? ¿Estaba cerca de esa casa?

Omar Cernadas: – Sí, está cerca.

Abel Basti: – ¿Un par de cuadras?

Omar Cernadas: – Sí, cuatro o cinco cuadras nada más.

Omar Cernadas: Entonces los vi llegar, pero no sabía quiénes eran. Y me enteré después de varios años, porque también los vi salir, con el mismo micro con el cual habían llegado.

Omar Cernadas: En un momento determinado nos dijeron que teníamos que ir a la casa de esta tía Sara Díaz. El por qué no lo sabía. Y esta gente vino y se instaló ahí. Cinco de ellos se instalaron ahí. Y como yo me quedé con la espina, ya tenía 14 o 15 años más o menos, volví otra vez y los vi justo cuando salían. Dios de casualidad, nada más. Y bueno, se los llevaron en un micro y se fueron.

Abel Basti: – ¿Cuáles eran las características de estos hombres? ¿Claramente eran alemanes?

Omar Cernadas: – Sí, sí, claramente sí. Porque en mi casa, por parte de mi abuela, eran casi todos nueve hermanos, todo el mundo hablaba el alemán. Ahora cómo vino el contacto, no sé cómo venía el contacto. No me interesé en eso.

Abel Basti: – ¿Qué se acuerda de esa gente? ¿Estaban uniformados? ¿Cómo era?

Omar Cernadas: – Estaban uniformados con un traje de color medio azulado, un gris un poquito oscuro. Estaban iguales. Era gente joven, no pasaban de los 30 años.

Abel Basti: – ¿Era como un overall?

Omar Cernadas: – Sí… no, pero la ropa no era gris azulado, era un azulado suave. Ese era el tipo de ropa que tenían puesta.

Abel Basti: – ¿Pantalón y camisa o tipo mameluco?

Omar Cernadas: – No, no era tipo mameluco. Era una chaqueta y pantalón.

Abel Basti: – ¿Y habían llevado pertenencias, valijas, algo o nada?

Omar Cernadas: – No, no, no tenían una especie… no, no, nada de valija. Tenían pertenencias así, las personales, que las tenían puestas por supuesto. Y había dos que tenían una especie de… antes no se llamaba bolsón, una especie de, como se decía antes, como dos bolsones, eran chicos. Papeles y una carpeta que tenían en la mano y nada más.

Abel Basti: – ¿Usted los escuchó hablar? ¿Le dijeron algo a usted, que era chico?

Omar Cernadas: – No, no, no, un saludo solamente, un saludo y nada más. Y salieron porque, vuelvo a repetir, los vi de entrada y los vi salir, pero de pura casualidad, ni sabía. Después me enteré cuando yo ya era mayor, ya bueno, un día me contaron.

Abel Basti: – ¿Los vio dos veces, entrar y salir?

Omar Cernadas: – Exactamente, exactamente.

Omar Cernadas: Y la conversación vino de casualidad, porque un día me metieron a la playa, entre Necochea y Lobería, y ahí me enteré de que estaba el submarino, la ubicación del submarino cuál era. Creo que hay doce.

Abel Basti: – ¿Pero quién se lo cuenta eso?

Omar Cernadas: – Un tío mío, un hermano de mi madre. Después se sabía, porque había un peón de campo que los vio a ellos y los vio salir del agua con unos botes que tenían especiales, porque al submarino —me contaron— le pusieron una bomba y lo hicieron explotar ellos, lo hundieron ellos el submarino. Y los pocos que quedaban fueron los que fueron a parar a la casa de mi abuela.

Abel Basti: – ¿Y eso frente a qué playa sería? ¿Qué playa?

Omar Cernadas: – No, las playas no tenían nombre ahí desde entonces, era un lugar desértico que está entre Lobería y Necochea. De la costa estará unos 500 metros, más de eso no creo que estén. Creo que los restos del submarino están todavía ahí.

Abel Basti: – ¿Y esto de que hubo un poblador o alguien que los vio bajar, eso lo escuchó de su tío o de otra persona?

Omar Cernadas: – Yo creo que fue un tal Rojas, que era un peón de campo de ahí, de una estancia, que fue el que dijo que habían bajado. Creo que se llamaba Rojas, me parece, de apellido. Ese fue el que dio la voz de alerta, que habían bajado, pero nadie se enteró, porque posterior a todo eso, después nadie fue a tocar el timbre en la casa de mi abuela porque esta gente había estado ahí. Fue un silencio total, un secreto, pero que yo me enteré cuando tenía recién 18 años, 20 años.

Omar Cernadas: Había un contacto muy reservado, extremadamente reservado, para que yo me enterara después, cuando ya era grande. Se puede imaginar que no era una cosa muy vulgar. Después la gente de Necochea sí sabía toda, que habían llegado, que habían bajado en Necochea, pero estaban averiguando en qué casa habían bajado, dónde habían parado, pero nadie vino a tocar el timbre a preguntar si habían estado ahí, una reserva absoluta.

Omar Cernadas: Eran gente joven, que no llegaba a los 30 años, todos con mucha disciplina, con mucho orden, con mucho respeto. Yo me acuerdo que uno de ellos, cuando pasó que salía, me tocó la cabeza como despeinándome todavía, ya de la gracia de otra manera, y yo no sabía de quién se trataba.

Abel Basti: – Claro, y su abuela nunca lo contó.

Omar Cernadas: – No, nunca, nunca.

Abel Basti: – ¿Esto usted lo habló en su familia?

Omar Cernadas: – Pues sí… no, después lo hablamos con la familia. No, después se comentó, porque es inútil. Después, claro, después de mucho tiempo se comentó. Es una familia muy grande y quedo yo vivo nada más. Tengo 94, voy para el 95. El resto de la familia desapareció también, ¿no?

Omar Cernadas: Me acuerdo que estaban todos vestidos con un color grisáceo, eran todos bien uniformados, y con gorra… no, con una especie de birrete que tenían puesto.

Abel Basti: – ¿Y su madre lo habrá hablado después con la abuela? ¿Lo habrán hablado?

Omar Cernadas: – Y lo habrán comentado, no sé, no sé. Yo con el tema no me metí más ni nada, no, porque no sabía lo que podía pasar, entonces mantuve reserva también, ¿no? Y tal es así que lo comenté con mi hijo nada más, porque con otro no lo había hablado. A mi yerno sí lo conoce, y una prima hermana mía también, que está viviendo en Córdoba, también conoce el tema. Pero nada más.

Abel Basti: – ¿Cuál es el domicilio de la casa?

Omar Cernadas: – Antes tenía calle con nombre, ahora es por número. Era Coquet 244.

Abel Basti: – ¿Queda alguien de la familia en Necochea?

Omar Cernadas: – No, no queda nadie. No, no, ya están todos fallecidos. No queda nadie. El único que queda soy yo, nada más.

Abel Basti: – Pero mire qué interesante que usted pueda contar esto, porque es historia viva, digamos, porque no se conoce.

Omar Cernadas: – Claro, en forma directa, sí.

Omar Cernadas: Y salió en la conversación porque no se lo comenté a mi familia, por supuesto que después, a través de tantos años, aparecen cosas así y se viene por comentarlas, ¿no? Las personas, las pocas personas que se han enterado han mantenido una reserva total y no queda nadie vivo tampoco, ¿no? Fallecieron.

Abel Basti: – ¿Usted cree que en su momento había miedo de comentar esto? ¿Que tenían miedo de comentarlo?

Omar Cernadas: – No, no, no, temor no. Temor no, miedo, temor no, pero reserva. Sabíamos lo que es una reserva, entonces uno ya estaba educado ya en esa línea, ¿no? Esto lo viste, callaste y se terminó, y no se hablaba más.

Abel Basti: – Claro, ¿y a usted quién le podía decir “callate”? ¿Su abuela, su mamá, quién?

Omar Cernadas: – No, mi madre. Mi madre y un tío mío que acá, Omar, acá mi hijo lo conoció, fueron los únicos dos que me hablaron del tema.

Omar Cernadas: Mi tío fue el que estaba más informado y fue el que me contó toda la historia. Debe ser el único que lo vio, ¿no? Porque sé cómo estaban vestidos, lo conozco al más vivo, lo tengo en mente todavía, ¿no?

Abel Basti: Bueno, lo que hemos visto es historia viva y la verdad que me alegro de que hayan podido disfrutar de este testimonio, que como dije es excepcional, ¿no?

Ahora bien, yo tengo que además continuar investigando a partir de los dichos de don Omar. Y bueno, anoté algunos datos en mi cuadernito. Si este cuadernito hablara… El hombre dice que la casa de su abuela estaba en la calle Coquet. Bueno, hoy Necochea no tiene el mismo nomenclador en sus calles, o sea, antes tenían nombres, ahora son todos números, las calles están numeradas. Entonces esta calle es la número 16.

Digo esto porque a lo mejor hay gente de la zona que quiere ir a ver el lugar, que está interesada en la historia, juntar más datos, que eso siempre es muy bueno y a mí me ayuda mucho cuando me pasan información. Así que es la calle número 16. La abuela, que era alemana, se llamaba Anna de la Heda Rusche y estaba casada con Zenón Valentín Albonos, un argentino.

Recordemos que la abuela es clave, evidentemente formaba parte de la comunidad alemana pronazi y tenía que ser de mucha confianza para tener el privilegio de dar hospedaje a los marineros que habían llegado en el submarino. Hay una persona que le dice a don Omar toda la historia, le cuenta toda la historia, también sabía, y era su tío. Y el tío se llamaba Pedro Albonos. Toda esta gente, como dijo él, está fallecida, el único que queda vivo es él.

Hay otro dato muy interesante. Él dice que, por los datos que le da a don Omar, por los datos que le da su tío, al submarino lo explotaron. Esto que afirma coincide con las pericias. Yo dije que se habían hecho pericias de ese submarino. Hay una realizada por la Liga Naval Italiana con un experto, Fabio Vigiotti, que es especialista en este tipo de naufragios, ha buceado submarinos en la Segunda Guerra en el hemisferio norte, barcos de la Segunda Guerra, con los aviones hundidos.

Abel Basti: Y el dictamen de este doctor es terminante respecto a que el submarino encontrado en Necochea fue explotado. Esto porque hay cortes en la estructura, en los hierros de la estructura, que sin lugar a dudas, para los peritos, son producto de explosiones. Así que este dato que tiene el hombre coincide con la pericia.

Otro tema es la ubicación. Él dice: bueno, las playas no tenían nombre, pero sería hoy a la altura de la playa Costa Bonita, Arenas Verdes, son dos playas muy colindantes. Bueno, sí, esa es la ubicación. Es la misma ubicación. Estamos hablando del mismo submarino.

¿Y qué pasa con el tema de los tripulantes? Yo, según mis investigaciones, los submarinistas llegan, desembarcan y son llevados a una estancia que se llama Moromar, que está muy cerca de ahí. Esto es rápidamente. O sea, los submarinos llegaban o al atardecer, cuando ya había penumbras, o al amanecer, en la misma condición, con poca luminosidad. Son llevados de una a la estancia.

¿Esto por qué? Porque hay una actuación policial que dice que el submarino desembarcó. O sea, estos pobladores que vieron el desembarco —Cernadas menciona uno de ellos, el apellido— denunciaron a la policía. La policía actúa, ve los rastros de desembarco y los llevan a una estancia que es Moromar.

Lo que pasó ahí fue increíble, porque cuando quisieron entrar a la estancia, había unos rubios con la ametralladora que les dijeron: “Para atrás, váyanse de acá”, y cuando el comisario, que era Mariotti, pide ayuda a la central de policía que estaba en La Plata, le dicen: “Olvidate del tema”. Así de corto. Eso lo cuento en el otro video, que es del submarino.

Lo concreto es que hay una primera llegada masiva a esta estancia. Y después se ve que había un sistema de distribución. Es decir, bueno, provisoriamente ustedes se quedan en tal lado, los sacan de la estancia. Y se ve que a estos cinco les tocó la casa de la abuela de Omar.

Y lo más significativo que él dice: “Yo vi cuando pasó un micro de color verde que se los llevó”. Tipo un micro de la escuela que va pasando haciendo el recorrido, juntando a los alumnos. Bueno, así parece que pasó con los marineros. La entrevista es muy larga, yo la corté. Yo le pregunté: “¿Era del Ejército ese micro?” Y dice: “Eso no lo puedo afirmar”. Muy honesto el hombre, me dice: “Yo eso no lo puedo afirmar. Yo lo que recuerdo era de color verde”.

Podría ser del Ejército tranquilamente, porque este plan de recepción de los submarinistas alemanes estaba coordinado con el Gobierno argentino. Así que tranquilamente es posible que en esta planificación muy minuciosa hayan dicho: bueno, primero la estancia, después en estos lugares, después pasa el micro y los vamos llevando a otras partes del país, donde seguramente ya estaba todo coordinado para recibirlos.

Hay que pensar que se les tenía que dar vivienda, después un trabajo con documentación nueva y empezar una nueva vida del otro lado del Atlántico.

Bandera de la Kriegsmarine que llevaban los U-Boote en superficie.

 

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