El Lanata de Majul / 6. Con los huevos en la sartén

El Lanata de Majul, un Casanova alto, siempre al palo, campeón de las señoras gordas (nota 6)
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Nota 3
Nota 4
Nota 5

Con los huevos en la sartén(perseguido por el Paqui Forese)
Un blog de los franquistas guaraníes que destituyeron a Lugo (http://paraguaysoberano.org) ensalza y cita a Lanata (al parecer, sus dichos habrían sido  inventados)  erigiéndolo poco menos que en líder conservador del subcontinente en reemplazo del alicaído Vargas Llosa. 

Lanata publicó su larga nota sobre el supuesto protagonismo del represor Osvaldo Forese en la rotura de los vidrios de la sastrería Modart a sabiendas de que no era el de la foto. Lo sé perfectamente porque, como conté en la nota anterior, yo mismo se lo advertí. La persecución judicial que desató el auténtico Forese sobre él a partir de entonces tuvo gran impacto sobre su psiquis. Tanto que le dedicó al tema el principal relato de su primer libro, Polaroids, volúmen que confirmó que aunque el mismo -acaso como recurso literario- se describa miedoso, es muy pero muy audaz.
«Palacio de justicia», que así se llama el relato de marras, comienza y termina con la misma frase: «A esta hora, en algún lugar de la ciudad, mi verdugo cocina huevos fritos». El relleno del sandwich consta de a) Una descripción del asesinato del miembro de la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) Jorge Dubchak por los custodios de Lorenzo Miguel, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM); b) De la guerra desatada a continuación entre ambas bandas, que se saldó a favor de la CNU gracias a la alianza de ésta con el tándem Aníbal Gordon-Forese, que para entonces (octubre de 1975) ya estaban íntimamente vinculados con los servicios de inteligencia del Ejército, abocados  a la preparación de la Operación Aries: el golpe de Estado que habría de desencadenarse a las 23 horas del 23 de marzo de 1976; c) Puntualiza luego Lanata que Forese fue visto por múltiples testigos en el centro clandestino de detención conocido como «Automotores Orletti», del que Gordon era jefe indiscutido, y repitió el lugar común de que su apodo, «Paqui», por paquidermo,  se lo habían puesto por «su capacidad de derribar puertas». Por último, d) hizo un racconto del prontuario de Forese, repleto de estafas y de amistades policiales, redondeando lo ya aportado por Nancy Pazos con datos puntuales recopilados por el Centro de Documentación del CELS, por entonces a cargo de Daniel Frontalini.
Tras esta presentación del objeto de su desvelo, fue al grano:
El viernes 9 de septiembre de 1988, durante un acto masivo de la CGT, provocadores de los servicios de inteligencia produjeron disturbios en la Plaza de Mayo. La imagen más recordada serála rotura de las vidrieras de la sastrería Modart, y su saqueo posterior. Enrique Rodríguez Larreta, periodista uruguayo exiliado en Suecia, reconoce a Paqui Forese en las fotografías que aparecen un día después en la prensa. Paqui Forese fue indagado por el juez Blondi, que lo liberó de inmediato luego de compararlo con las fotografías: en las fotos aparecía «más alto, y las orejas eran distintas».
Conocí a Forese ocho meses después (en la primera audiencia, de conciliación, a partir de su demanda. N. del E.) Era más bajo y más gordo que en las fotografías. Me miró a menos de dos metros de distancia y pensé que también él comparaba mi imagen con la que había construido en su memoria. Desde la publicación de la nota los roles se habían revertido: él era el acusador y yo el acusado, en una causa por calumnias e injurias.
Tras lo cual, pasó al objetivo de su relato: manifestar su estupefacción ante el hecho de que él, «el bueno» y denunciante original, haya terminado perseguido por el malo y denunciado en primera instancia. Algo absolutamente previsible si se acusa a un asesino serial de violador de menores, o a la inversa.
Lanata describió luego someramente el absurdo interrogatorio a que debimos someternos quienes fuimos procesados bajo la (ya derogada) acusación de calumnia e injurias, ocasión en la que, además de «tocar el pianito» (dejar todas nuestras huella digitales por triplicado) debimos prestarnos a un extenso interrogatorio de una asistente social del juzgado, que ya sea en la «leonera» de Tribunales o en casa, nos preguntaba que tal nos llevamos con nuestros vecinos y padres, independientemente de nuestra edad y politesse(cuando a Rogelio García Lupo le preguntaron cómo se llevaba con su amado padre no pudo menos que ironizar: «Muy bien. Desde que falleció hace (una punta de) años no tengo con él ni un si ni un no»). Lanata puntualizo que en  esa ocasión no pudo menos que trasmitirle a dicha asistente social una síntesis de lo (poco) que había averiguado de su maligno perseguidor: 
Tuve un estúpido ataque de compasión por ella. La imaginé en el almuerzo, ese mismo día, en uno de los cafés cercanos a Tribunales. Dos huevos duros, un yogurt, un café con sacarina. Podía abrazarla, o asesinarla, pero no podía hablar con ella. Nuestras voces serían sólo ecos.
-¿Usted sabe qué fue lo que hizo el tipo que me querelló? -le pregunté.
-No. No sé. ¿Fue una pelea?
Decidí explicarle, de todas maneras.
-Era guardaespaldas de la UOM, mató a otros guardaespaldas, y los testigos que en un principio lo acusaron, luego se desdijeron. Fue torturador en Orletti, ¿se acuerda de Orletti? Era el campo de concentración para uruguayos. Zafó por la obediencia debida.
Me quedé mirándola. Estaba agitado, como si hubiera sido yo el que acababa de confesar. La mujer me miro y no atinó a pronunciar una palabra. Sólo dijo:
-Gracias, señor.
-Gracias -le contesté-, buen día.
Para haberse convertido en su bestia negra, nos es mucho lo que Lanata averiguó sobre Forese. En vez de investigar, desbarrancó en la autoconmiseración y el melodrama:
Acorralados por la incertidumbre buscamos datos, fechas, referencias, con la desesperación con que se arrastran los viejos a la iglesia cuando presienten el aleteo de la muerte (…) el objeto de estudio se burla de la ciencia: es redondo cuando lo acercan a la mesa, se astilla en mil partículas mientras lo estudian y se hace humo al ser puesto bajo el foco del microscopio.

En cuanto a su perseguidor, no sabiendo mucho que decir, lo comparó con otros represores famosos.

(…)  La historia de Osvaldo Paqui Forese no es muy distinta de la de Alfredo Astiz, el marino que asesinó a las monjas francesas y a Dagmar Hagelin y que se infiltró entre las Madres de Plaza de Mayo. O la del teniente Radice, Rudger, que declaró durante el Juicio a las Juntas:

-Yo sólo disparaba contra blancos móviles.

Rudger salió de la pantalla de cine para cumplir casi todos los pasos de Dirk Bogarde en Portero de noche: se casó con su víctima, a la que conoció en la mesa de torturas, la ex montonera Barbarella, tuvo hijos con ella y -reincorporado a la vida civil, libre de culpas después de la Ley de Obediencia Debida- montó un pequeño astillero en la zona norte de Buenos Aires. 

Más allá de que el apodo del teniente (de navío, Jorge Carlos) Radice es «Ruger», no «Rudger», el lector queda en ascuas, perplejo. ¿Forese mató monjas? ¿Se infiltró entre las madres o abuelas de la Plaza? ¿Disparó sobre una muchacha? ¿Es un tirador de elite? ¿Se casó con una detenida-desaparecida? ¿Montó un astillero? ¿Fue miembro de la Armada? ¿O lo dice sólo porque los tres fueron represores? Claro, también tenían, todos, color blanco en sus ojos. 

Lanata concluyó su texto y el libro así:

Le decían Paqui -creo que ya lo dije- por Paquidermo, porque derribaba puertas de una patada. Enlas noches posteriores a la publicación de aquella nota esperé que mi puerta cayera derribada. No cayó. No sé si caerá alguna vez.
Supuse, mientras escribía, que él iba a leer estas líneas. ¿Lo necesito? ¿Necesito su ausencia, para sentirme más vivo? El tiempo convirtió esta historia en una anécdota. Relaté esta anécdota a turistas, periodistas, abogados; todos se sorprendían ante la paradoja. Repetí esta historia ante un juez. La escuchó con atención, preguntó algunos detalles y comentó:
-¿Pero su abogado no interpuso la exceptio veritatis?
Sentí tristeza por él, no sólo por su destino. ¿Cómo dormir siendo juez? 
A esta hora, en algún lugar de la ciudad, mi verdugo cocina huevos fritos.
Ahora bien, Forese no era -para nada- lo que creía Lanata: un energúmeno de la CNU, proveniente de la Guardia Restauradora Nacionalista, especialista en derribar puertas en los secuestros de infortuados militantes populares secuestrados y asesinados por la Triple A.
Por el contrario, lejos de ser un simple matón, un hombre de acción, este ex militante del Comando de Organización (C. de O.) de la Juventud Peronista (nunca fue miembro orgánico de la CNU, a cuya conducción atribulada por la ofensiva de los custodios de la UOM abordó en compañía de Gordon para proponerles subordinarse al Ejército faccioso como única manera de doblegarla y zanjar el pleito, como efectivamente hicieron en Florencio Varela) vinculado a los sectores más retrogrados de la Iglesia, que tuvo relación personal con el almirante Massera y otros capitostes de la dictadura y está sospechado de haber sido el cerebro nada menos que de la Operación Langostino, que en su época (1988) y durante muchos años, fue la mayor operación de tráfico de cocaína descubierta en el país, en la que estaban involucrados la Superintendencia de Comunicaciones de la Policía Federal, miembros de la CNU (como el todavía prófugo por delitos de lesa humanidad) Eduardo Salvador Ullúa y del SOMU, sindicato del cual, sin haber estado nunca embarcado, Forese ofició de negociador paritario (?).
Nada de esto averiguó Lanata. A pesar de que Forese nunca me persiguió, de algún modo yo si lo perseguí a él, por considerarlo uno de mis bativillanos favoritos. Tengo plena conciencia de que mi interés no tuvo nada de masivo, hasta el punto de que fui el único periodista que dio noticia de su muerte, ocurrida en Mar del Plata a fines de enero de 1999.
El fenómeno tiene semejanzas con el silencio que hubo al producirse la misteriosa muerte de Diego Ibañez, a quien Forese asesoraba cuando, al recuperarse la democracia a fines de 1993, Iñabez se convirtió en jefe del bloque de diputados justicialistas.
Ibañez también era el jefe del otrora poderoso Sindicato Único de los Petroleros del Estado (SUPE), y vaciador de YPF en sociedad con el general Carlos Guillermo Suárez Mason. Y en el ínterin se había convertido en capi di tutti capi del puerto de Mar del Plata y socio par de Alfredo Yabrán, a quien le legó su chofer y guardaespaldas favorito, Coco Mouriño. Que no lo acompañaba cuando Ibañez murió, en 1993, se supone que en un misterioso accidente automovilístico producido en la ruta 29 sobre el que, incomprensiblemente, los grandes medios hicieron un silencio casi absoluto.
Me gustaría publicar un libro con estas notas y los perfiles de Forese, Ibañez y otros villanos de película con el título de Lanata y otros bativillanos más ignotos, pero me da fiaca buscar editor y el que parecía cantado, Carlos Benítez, de Punto de Encuentro, no ha dado señales de vida y sólo sé de él que se encuentra en tierras guaraníes, entre Posadas y Asunción.
Un día de estos, si me levanto con ganas, acaso les cuente con más detalle quien era Paqui Forese. El hombre que persiguió a Lanata y del que Lanata poco averiguó, conformándose con imaginarlo friendo sus huevos.

(Continuará) Si se quedaron con ganas, aqui Miguel Russo le toma el pelo al increíble libro de Majul sobre Lanata. Que les aproveche  


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