La noche que Astiz estuvo a punto de quedarla
Mi amigo Carlos «Quique» Muñoz recordó así en Facebook el día en que, hace exactamente 35 años, lo secuestró la patota de la ESMA. Lo comparto.
Cuando la puerta cedió, un tipo rubio entró como una tromba, y le metí el arma en el medio del pecho. Si disparaba, un pedazo del corazón de ese hijo de puta terminaba en el living del vecino. Pero no pude, no pude o no quise matarlo. No logré atravesar la barrera que significa matar a un ser humano. Entonces un gordo me puso el caño de una Ithaka en la frente, y otro, un típico policía de bigote, una 9 entre las costillas. Tire el Colt al piso y levante las manos, el «Gordo Tomas», el teniente de fragata Cionci, para más datos, me metió un culatazo detrás de la oreja derecha, que me partió el hueso y me hizo caer desvanecido al piso. Un policía que nunca pude identificar me arrastró de los pelos hasta la habitación del pibe y me empezó a pegar. Mientras tanto el «Gordo Tomás» y «Fafa» (Claudio Pitana, oficial de la policía federal, hoy con perpetua) se encargaban de Ana, que los puteaba. El rubio al que casi le arranco el corazón, «Gonzalo» (el teniente de fragata Alfredo Astiz, con perpetua hoy también), descorchó una botella de champán que me había regalado mi hermano, y tomando un sorbo del pico gritó: «Brindo porque este hijo de puta no me mató».
Dieron vuelta el departamento, se robaron la plata, algunos, los únicos, objetos de valor, nos encapucharon, esposaron, y ante los ojos de decenas de vecinos que miraban calladamente desde los balcones, nos metieron en dos autos y partimos hacia la ESMA.
Lo que siguió, era lo previsto: golpes, tortura, picana,grilletes, esposas, capucha, siempre la capucha. Cuatro meses tirado en un colchón, rodeado de compañeros, que pese a lo tremendo de la situación siguieron siendo solidarios, Con una palabra de aliento. con un cigarrillo que no se sabía, ni se preguntaba, de donde venía. Con un pedacito de chocolate, para matar tanto hambre y tantas amarguras.
Después, un año falsificando documentos para los milicos como mano de obra esclava. En el mismo sótano donde la picana no paraba nunca y donde la gran mayoría de los compañeros se la bancaba sin largar ningún dato. Porque ojo, que quede claro, los que cantaban eran una ínfima minoría.
Hoy, mi tarea y mi mandato es dar testimonio de lo vivido. Para que se haga justicia con los verdaderos héroes, los únicos, los que ya no están. Los que fueron tirados vivos al mar desde los aviones, los que resistieron a los tiros, los que se tomaron la pastilla…
Mi recuerdo entonces para Yoyi, Danielito, Raimundo, La Gallega, Josefina, Dina, Ricardo, Tito, El Turco, Pablo, El Topo, Catalina, Tachito, Nando, Pisco, Leticia, Patricia, Mely, y tantos, tantos otros de los cuales sólo supe el número con lo que los torturadores nos identificaban.
Para todos ellos grito «PRESENTES, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE».
CARLOS MUÑOZ «QUIQUE»
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ELena Carbone Que triste historia!!!!Cuanto dolor hubo en mi país….Cuantos chicos desaparecidos como mi amigo Julio Pacheco…….
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Beto Canteros CON RELATOS COMO EL TUYO CARLOS ,UNO SE DA CUENTA QUE VA POR LA SENDA CORRECTA .UN ABRAZO COMPAÑERO
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Susana Carolina Beccerra Rey mi más sincero respeto compañero, sabemos que el camino que elegimos es el correcto … un orgullo contarte entre mis contactos.







