PEDRO CAZES CAMARERO: El testimonio vital de un revolucionario

Pedro Cazes Camarero es mi amigo. Nunca tuve cercanía política con el Partido Revolucionario de los Trabajadores – El Combatiente (si lo había tenido en la adolescencia con una pequeña fracción trotskista conocida como PRT – La Verdad con quien coincidiamos en la Federación Gráfica Argentina, sede de la CGT de los Argentinos) ni con su hijo, el Ejército Revolucionario del Pueblo, pero la dolorosa derrota acercó posiciones y hoy disfruto de la amistad de varios ex militantes de estas organizaciones, la mayoría de los cuales, como Pedro, si están vivos es porque en los momentos más agudos del exterminio estaban presos.
Su testimonio me parece valiosísimo para quienes sin haber vivido aquella segunda mitad de los años ’60 del siglo pasado y la primera de los años ’70 se interesen en comprender por qué hubo tantos que estábamos comprometidos y decididos a empeñar nuestras vidas en darle un vuelco radical, copernicano, a la historia de nuestra nación.
«La revolución tiene un momento, una oportunidad fugaz»

Pedro Luis Cazes Camarero es ex Director de «El Combatiente» (órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores), «Estrella Roja» (órgano del Ejército Revolucionario del Pueblo), «Crisis» y «En la Calle». Autor de «Las Llaves del Tiempo», «El Che y la Generación del ’70», «El baqueano Molina y los Tragaleguas», «Las Estrategias de la Aurora», numerosos libros, artículos científicos y políticos. Preso durante las dictaduras de Onganía y Lanusse, la presidencia de Isabelita, y las dictaduras de Videla, Viola, Galtieri y Bignone. Partícipe de la fuga de la cárcel de Rawson (1972) y del Devotazo (1973). Argentino de 74 años, Farmacéutico, Magister Scienciae en Metodología de la Investigación Científica, Especialista en Epistemología, Diplomado en Salud Pública. Docente de Biofísica en la Escuela de Enfermería Profesional de la Facultad de Medicina de la UBA y de diversos Cursos de Postgrado en Metodología para Profesionales de la Salud. Actualmente es investigador en el Centro de Investigaciones en Nanomedicina y Nanofarmacología de la Facultad de Medicina de la UBA (CIN-NanoF) y colabora con la publicación virtual «Purochamuyo».
— El surgimiento de Montoneros es contemporáneo a la creación del ERP ¿Cómo explicás esta coincidencia?
— Después de cada golpe de estado, hasta 1966, los militares afirmaban que se trataba de circunstancias excepcionales y que en breve llamarían a elecciones y volvería la democracia. Con Onganía fue diferente, ya que explicitaron la voluntad de quedarse para siempre. Eso provocó entre los revolucionarios, tanto peronistas como marxistas, una polémica respecto a si la violencia política debía mantenerse en el plano defensivo, como fueron la primera y segunda resistencia peronista, o si debía diseñarse una estrategia de poder en base a la lucha armada como forma principal de lucha política, por lo menos mientras se mantuviera la dictadura militar. Esta discusión según tengo entendido se produjo también dentro de la más madura de las organizaciones guerrilleras, las FAP- Peronismo de base, durante el año 1967 y en el caso del PRT provocó un par de escisiones, primero del morenismo durante ese año y después, a comienzos de 1968, de un par de pequeñas fracciones trotskistas que asumían formas de autodefensa obrera, no de guerra de guerrillas. La muerte del Che en Bolivia polarizó bastante el panorama y en ese lapso aparecieron varias organizaciones político militares, como las FAL por ejemplo.
Resumiendo: una cierta cantidad de organizaciones con estrategia político- militar surgieron entre 1966 y 1968, y entre ellas el PRT (que fundó el ERP recién en 1970) y algunos grupos marxistas y peronistas, generalmente con características locales, en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, etc. El Che en su paso por Buenos Aires había dejado armado un grupo ELN que después se dividió, constituyendo por un lado las FAR y por el otro un colectivo que se incorporó después al ERP. Esa miríada de pequeñas organizaciones existía, todas al mismo tiempo, después del Cordobazo, así que no nos sorprendió el surgimiento de Montoneros. Con algunos líderes de estas organizaciones nuestro partido se había cruzado en el escenario internacional, como por ejemplo en Cuba y Argelia. También tuvimos que convivir en la calle durante las luchas anti dictadura. Desde 1970 hasta 1973 los distintos grupos fueron convergiendo poco a poco en dos grandes vertientes, Montoneros y ERP. En las cárceles en las que convivimos pudimos discutir y fijar acuerdos y diferencias. La fuga de Rawson fue un hito donde se pudo trabajar en común con un objetivo concreto. Hubo un lapso de divergencias graves durante 1973 y comienzos de 1974, durante el cual Montoneros fue tolerado a regañadientes por Perón, y el ERP se sectarizó y aisló respecto al peronismo. Pero con la muerte de Perón, Isabelita y López Rega declararon la guerra civil abierta contra las FAP, el PB, los Montos y toda el ala izquierda del peronismo, lo cual nos acercó nuevamente.
–. ¿Cuáles fueron las diferencias y los acuerdos con Montoneros?
— El problema con Montoneros siempre tuvo cierto componente ideológico más que político. Cuando al principio eran los Montoneros propiamente dichos hubo acuerdos mas bien pragmáticos, como en Córdoba, una coordinadora para no ir a hacer expropiaciones el mismo día a la misma hora y en el mismo lugar. Ideológicamente, ellos pensaban que eran “hegemónicos” y tenían el derecho a mandar en el sitio donde estuvieran, independientemente de su influencia o fuerza real. El PRT, simétricamente, pensaba que era la materialización del proletariado y los demás eran pequeños burgueses o directamente capitalistas. Pero en la práctica, todo el mundo pensaba que las organizaciones guerrilleras eran la vanguardia y las otras como el PC, los trotskistas, los peronistas sindicalistas, la JP no guerrillera etc. bueno eran una especie de “retaguardia militante” o algo así. Sacando por supuesto a los líderes mas reconocidos como Ongaro, Tosco o Atilio López. Asi que con los Montos había cierto respeto, pero no una fraternidad como con el PB y las FAP con quienes habíamos mantenido relaciones por años. Después, cuando se unieron con FAR, tuvieron una posición menos macartista, porque muchos jefes de ellos eran de izquierda. Cuando Isabelita empezó la persecución, empezaron las conversaciones de unidad con nosotros para formar una organización federativa, pero con la represión se hizo difícil.
Viéndolo retrospectivamente hubo un antes y un después de la fuga de Rawson.
El maravilloso documental de Mariano Arruti. Nadie que lo vea se arrepentirá.
— ¿Cómo interpretaron el surgimiento de Montoneros?
— Al principio como una organización guerrillera peronista más.
— ¿Y cómo interpretó en su momento el PRT el ajusticiamiento de Aramburu?
— Estuvimos de acuerdo, inclusive sacamos un comunicado al respecto. El comunicado era del PRT.
— ¿Hubo diferencias entre las distintas fracciones existentes entonces en el PRT sobre este hecho?
— No había fracciones en el ERP en ese entonces. Todo el mundo aplaudió. En 1969 el PRT estaba bastante caotizado por las detenciones, especialmente la de Santucho. Después logramos reconstruir las regionales, Santucho se fugó y todo se ordenó a comienzos de 1970. No recuerdo ni siquiera a nadie individualmente que estuviera en contra de la ejecución de Aramburu. La única curiosidad era para que diablos lo secuestraron, nosotros lo hubiéramos matado en el acto.
–¿Hubo análisis, discusiones internas sobre el significado de la muerte de Aramburu en la coyuntura?
— Hubo análisis, como para todo lo que ocurría, pero en general se interpretó como un ajusticiamiento más que justificado, pero a nadie se le ocurrió que fuera a cambiar nada en términos estratégicos. Para nosotros fue una importante acción más, con mucho valor simbólico.
— El sociólogo alemán Robert Michels dice que el hecho fundante de un partido determina su trayectoria. ¿Qué opinás?
— Esas extrañas leyes generales descubiertas por sociólogos me parecen epistemológicamente poco fiables y difíciles de confirmar. El PRT por ejemplo se fundó en un congreso, pero el acontecimiento fundante de esa época fue el Cordobazo, justo cuatro años antes, el 29 de mayo de 1969, y posiblemente el asesinato del Che el 8 de octubre de 1967. Fundaron una época, un antes y un después, no el PRT o Montoneros. Por lo tanto no me parece que esa afirmación de Michels, a quien no conozco, sea otra cosa que una opinión suya. Personalmente soy metodólogo y epistemólogo de oficio, y me fastidian un poco los “opinólogos”. Inclusive leemos muy críticamente a Marx, Engels y Lenin, al Che Guevara y a Perón, Fidel Castro, Scalabrini Ortiz…Tratamos de aprender, no de hacer entrar la historia a martillazos en un molde de cemento o un lecho de Procusto.
— Cargarse a un general de la nación, con la trayectoria y el rol político que jugaba históricamente y en la coyuntura Aramburu ¿no era un salto de calidad en la lucha revolucionaria?
— El único tipo con un rol histórico en esa época era Perón. Comprendo el valor simbólico que tenía cepillarse a Aramburu para los peronistas en general y los Montoneros en particular, los felicito y si nos hubieran pedido los habríamos ayudado, pero Aramburu no hacía sombra en el piso, era un infeliz reemplazable como efectivamente ocurrió. Su ejecución fue magnificada por el eco que tuvo en la derecha, pero era absolutamente imposible evitar que llamaran a Perón, un poco antes o un poco después. La diferencia era que el sapo se lo tuvo que tragar Lanusse y no Aramburu.
— ¿Cuál era la lectura que hacían del peronismo y las disputas entre las tendencias existentes?
— El PRT siempre pensó que el peronismo era la forma política de una alianza de clases, la burguesía nacional y el proletariado, bajo la hegemonía de la primera. Lo llamábamos “bonapartismo sui generis” según lo había bautizado el compañero Milcíades Peña. Bonapartismo porque era un modo de la dictadura de la burguesía en que un grupo cívico- militar, ante una grave crisis de Estado, se apoderaba del gobierno para actuar supuestamente a nombre de toda la sociedad, como ocurrió en Francia con Louis-Napoleón Bonaparte en 1848. En aquella época la alianza era entre la burguesía y el campesinado francés, que era bonapartista desde la época de Napoleón el grande, en 1796. Por eso lo de sui generis, porque en la Argentina el sector plebeyo no era el campesinado, sino el proletariado urbano. Siempre bajo la hegemonía de la burguesía nacional, en la Argentina (Miguel) Miranda por ejemplo, presidente del Banco Central en la primera época de Perón, industrial de la hojalata. Nosotros acabábamos de salir de las corrientes del peronismo revolucionario, no hay que olvidar que una de las fuentes del PRT, Palabra Obrera, procedía del “entrismo”, esto es, era una corriente marxista que concebía al peronismo como una cantera de lucha y militancia. Respecto de las distintas corrientes peronistas revolucionarias, manteníamos relaciones con las FAP y con Gustavo Rearte. De los Montos no sabíamos nada.
— ¿Reconocían la existencia de una tendencia revolucionaria?
— De varias, por supuesto que sí, y teníamos una política activa de alianzas con todos.
— ¿Cuáles eran esas políticas?
— Con las corrientes como las de Rearte y el PB era fácil, porque donde nos encontrábamos militando nos incorporábamos en las mismas organizaciones intermedias. Eran políticas básicamente programáticas. Otra tendencia revolucionaria respondían a Montoneros y ahí había que hacerse respetar porque tendían a hacer como que no existíamos, y solían patotear a los demás peronistas y organizaciones progresistas. A nivel estudiantil inclusive hubo un par de tiroteos de verdad, con armas de fuego y todo. Pero a partir de 1974 las relaciones se encauzaron porque todos enfrentábamos a Isabelita, López Rega y la triple A. La fugaz Organización de Liberación de la Argentina (OLA) reflejó ese acercamiento. Programáticamente estábamos casi en todo de acuerdo. En general en el PRT/ ERP no coincidíamos con el burocraticidio, tipo Rucci, pero era un tema menor. Contra el golpe te imaginarás estábamos de acuerdo en todo, aunque ellos muy justificadamente eran escépticos sobre las aventuras como (fue muchos años después la de) La Tablada, para frenarlo.
— ¿Hubo cambios en la interpretación del rol de la izquierda peronista?
P.C.C.: En general no, pero chocábamos con la hostilidad de Montoneros, que era bastante macartista. FAP y PB y otros siempre fueron más flexibles. Hay que tener en cuenta el sectarismo un poco gorila del ERP.
— ¿En qué consistía “el sectarismo un poco gorila del ERP”?
— En el PRT desde su fundación existía un ala medio antiperonista encabezada por Santucho. Otro sector era más pro peronista e incluso procedente del peronismo obrero revolucionario. Cuando la fracción 22 de agosto rompió con el PRT en 1972, un grupo grande se fue, sin dar mucha discusión interna, y participó de las elecciones en 1973. Después se metió en Montoneros. La caracterización del peronismo como un movimiento burgués con base obrera tenía un defecto crucial: la identificación política es una cosa distinta a las clases sociales que participan. Eso era el carácter medio gorila del PRT. Hay sofismas simétricos. Los montoneros hablaban de “las masas peronistas” como sinónimo de “las masas argentinas”. Eso era inexacto. Por ejemplo, en el Cordobazo las masas no eran todas, ni tal vez mayoritariamente, peronistas. Son expresiones sectarias que provocan discusiones interminables y evitan ir al grano.

— ¿Qué distinciones hacían entre los distintos grupos de la tendencia Revolucionaria del Peronismo?
— Conocíamos poco, y actuábamos según la actitud con nosotros. Montoneros tenía prioridad por razones cuantitativas, pero siempre nos llevamos mejor con el PB.
— ¿Por qué?
Las organizaciones revolucionarias como la de Gustavo Rearte, De Frente y el PB tenían una larga historia de militancia peronista, y nos veníamos encontrando año tras años en los frentes de masas. El pacto Perón-Frondizi, por ejemplo, se firmó en un local de nuestro partido Palabra Obrera, situado en la avenida Paseo Colón. La Segunda Resistencia 1959- 1960 nos encontró peleando hombro con hombro. La desperonización total del PRT fue un hecho tardío. Entonces con esos compañeros nos teníamos muchísima confianza y acuerdos no escritos. El grupo del vasco (Ángel Amado) Bengochea, que murió en la explosión de la calle Posadas a mediados de 1964, estuvo antes en Palabra Obrera y sus supervivientes fundaron con (Gerardo) Ferrari lo que después fue la FAP. No el anticomunismo, pero sí el antimarxismo y antisocialismo de los primeros Montos tampoco ayudaba. Después empezamos a conocer a algunos de ellos en Cuba y en Uruguay y la desconfianza disminuyó.
— ¿Cómo interpretás hoy estos acontecimientos, qué significado histórico tuvieron?
— Coincido con Ramón Torres Molina (uno de los fundadores de FAP) en que a mediados de 1972 se presentó una posibilidad fugaz y maravillosa de unificar a todo el mundo en una sola gran orga revolucionaria y acometer la cuestión del poder. Pero éramos demasiado sectarios e inmaduros. La revolución tiene eso, es un momento u oportunidad fugaz. Gracias a Perón, el GAN cumplió su cometido. Coincido también con Alejandro Horowicz cuando dice en “Los cuatro peronismos” que lo que obligó a los gorilas y los militares a tragarse la horrenda pócima del peronismo tenía nombre, eran el PRT y los Montoneros.

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