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NISMAN Y EL SIONISMO. El suicidio del corrupto fiscal en clave de comedia por un inspirado Carlos Balmaceda

No me puedo explicar como no vi antes  este monólogo o stand-up, «La noche que Pepe Arias veló al fiscal». Es extraordinario: Balmaceda sintetizó los avatares de una causa infame, la abierta a partir del suicidio del hipercorrupto fiscal Natalio Alberto Nisman. Al que, por cierto, jamás nombra. A pesar de lo cual, su puesta en escena dio inicio a una tenaz e impiadosa  persecución por parte del sionismo.

Publico  esta pieza teatral hoy a pesar de  estar convencido de que lo mejor sería publicarla el próximo 18 de enero, cuando se cumpla 11 años del momento en que Nisman se disparó con una Bersa .22 que había pedido prestada. Lo hizo, tras tomar conciencia de que su vida de privilegios acabaría abruptamente tan pronto tuviera que afrontar la misión imposible de fundamentar su acusación a la Presidenta CFK y salieran a la luz sus corruptelas y servidumbre a potencias extranjeras.

Como saben, el episodio dio pie a que la reacción se unificara detrás del embuste de que a Nisman lo había asesinado un comando venezolano-iraní entrenado en Cuba y procedente del Uruguay que luego se había hecho humo sin dejar rastros. A pesar de lo cual, decían, la instigadora del ataque no podía ser sino ella.

Recomiendo hacerse un tiempo para apreciar este trabajo en toda su polisemia, pues Balmaceda siguió atentamente el tema (es obvio que leyó todo lo publicado, incluido mis libros) y además de digerirlo le agregó un plus: su enorme talento.

A mi me hizo revisitar a Pepe Arias, capocómico que dejó de tener presencia pública y murió cuando todavía era adolescente, por lo que no lo tenía en el radar, aunque si recordaba a Adolfo Stray y a Pepitito Marrone. Nunca supe cual era la ideología ni la adscripción política de Arias, sólo que mi tío hipergorila lo reivindicaba, acaso por conocer su enemistad con Raúl Apold, el mandamás de la comunicación peronista.

Balmaceda está empeñando a la vez en dos grandes batallas, una, contra el sionismo genocida y su grosera manipulación –cuando no directo sabotaje– a las investigaciones de los atentados a la Embajada de Israel y a la DAIA-AMIA (1). La otra, a mi juicio menor, contra las falsas denuncias de mujeres hacia varones supuestamente abusadores. No tengo remilgos en apoyarlo en la primera y si, muchos, en lo que hace a la segunda:  no creo que las canalladas de algunas turras –sean más o menos numerosas– invaliden las luchas feministas. Yo solamente les reprocho a algunas feministas, que no reivindiquen la hermosa marcha El pan y las rosas. que manifiesta amor por sus compañeros varones.

Balmaceda me considera un cobarde por no seguirlo en esa deriva (2). Pero aún si creyera como él que la mayoría, o al menos un gran porcentaje de las denuncias de mujeres contra supuestos abusadores  son falsas, no combatiría en dos grandes frentes a la vez porque no me creo con suficiente fortaleza para hacerlo. Y en cambio me parece atendible el consejo vizcachero de quienes repiten que «soldado que huye sirve para otra guerra». Y esta es la principal: la lucha contra el racismo, el consumismo, los genocidios, etc. Y por la soberanía popular, lucha que es vital para el futuro de la especie y del planeta.

Como discípulo de Rodoldo Walsh, me parece más útil, ya septuagenario, adoptar la posición de Seymour Hersh y pasar lo que me reste de vida leyendo, escribiendo y apoyando causas nobles. Como canta el Indio Solari «yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí». Si tuviera veinte años menos es posible que imitara a Gary Webb, un héroe, ganador del premio Pulitzer por haber demostrado que la CIA introducía en los Estados Unidos toneladas de cocaína so pretexto de financiar a los «contras» que hostigaban al gobierno sandinista de Nicaragua. Hacerlo, demostrar que esa cocaína había iniciado una epidemia de crack (que había afectado sobre todo a la comunidad afroamericana de Los Ángeles) le valió una tan infame como tenaz persecución por parte de los tres principales diarios, que destinaron a decenas de reporteros a desacreditarlo.  Hasta que, dicen, Webb se suicidó. Con dos disparos en la cabeza.

Volviendo a «La noche que Pepe Arias…».  Darle difusión a esta gema, lo sé , tendrá un precio, pues Balmaceda es –a tono con esta epoca de deslenguados vociferantes– poco cuidadoso a la hora de adjetivar a los sionistas genocidas, quienes lo odian y persiguen (como él mismo recuerda: ver después del video) con mayor énfasis que a mi.  Estoy dispuesto a pagarlo. Y es que, no siendo creyente, amo a los judíos humanistas tanto como a los discípulos de quien fue torturado y asesinado como «Rey de los judíos». Me refiero a quienes  ensalzan su sermón de la montaña y no olvidan que Jesús dijo que es «más dificil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico (un multimillonario) acceda al reino de los cielos». Y así como amo a aquellos detesto a los farsantes que propagan una inicua «teología de la prosperidad». Que en su mayoría son sionistas, mientras que mis hermanos judíos no lo son.

En línea con Juan XXIII y el Papa Francisco, comparto la gran mayoría de los valores católicos. Y me la refanfinfla que los sionistas («¡Que bufen los eunucos!», decía Arlt), en su mayoría de origen polaco o ucraniano, nos acusen de «antisemitas»). Por suerte hay muchos compañeros judíos que les tapan la boca.

No todo está perdido. Fuera de Israel la ciudad con mas población judía es Nueva York. Y con el apoyo de muchos judíos, un musulmán se ha convertido en su alcalde

En medio del genocidio del pueblo palestino por el sionismo racista de Bibi Netanyahu y sus acólitos (como los de la DAIA) el enorme trabajo de Balmaceda adquiere cada vez mayor relevancia.

Sobre todo, porque los sionistas hicieron lo imposible por impedir su difusión. 

No se lo pierdan.

Les recomiendo que, además, escuchen/lean a Balmaceda, que dice lo suyo debajo del video.

Balmaceda me escribió: «Sugiero verla con parlantes, y si puede ser en un televisor, mejor. Fijate que hay muchísima información extraída de varios de tus libros. Por ejemplo, las llamadas que hacen entre las que creo recordar a la fábrica de alfombras, cuando llamaban directamente al cuartel de Hezbolá. De hecho hay un acto que toda la parte de los inicios de Nisman, con Olita, Pollicita, el grabador, la billetera con los dólares marcados, La Tablada, las saqué de tus libros».
Antes, el 10 da agosto de 2019, Balmaceda publicó en Resumen Latinoamericano):

Anoche, al terminar la función de “La noche que Pepe Arias veló al fiscal”, se presentaron cuatro policías de civil en el hall del Teatro “La Máscara”. Previamente, abonaron sus entradas y vieron la obra completa, es decir que, evidentemente, se les indicó desde la fiscalía interviniente, que observaran el contenido, porque son oficiales especializados en la temática de ese ministerio fiscal, esto es, la DISCRIMINACIÓN.

No creo que haya antecedentes en el teatro argentino, ni siquiera en épocas de dictadura, en los que una fuerza policial se presente en una sala, vea la pieza teatral y luego proceda a notificar al director (así está encabezada el acta) sobre los motivos de su presencia allí.

A continuación, una subcomisaria me pidió el guión de la obra, porque ASÍ ESTÁ EXPRESAMENTE PEDIDO EN LA DENUNCIA, EN LA QUE SE “REQUIERE” EL GUIÓN. Es decir, se PIDE EL SOPORTE TEXTUAL DE UNA OBRA DRAMÁTICA.

¿Cuál puede ser el sentido de exigirle a un autor que entregue su obra como si se tratara de la prueba de un delito? ¿En qué estado de derecho es admisible un atropello de esta naturaleza? Y algo más, ¿quién determinará a partir de esa entrega qué está bien y qué está mal en una obra de arte?

El gobierno cambiemita, con Patricia Bullrich a la cabeza, ha ido muy lejos en su afán persecutorio. Respondiendo, como en el caso de los hermanos Salomón, a denuncias anónimas, canalizadas a través de agencias paraestatales de control social, se han extraviado hasta llegar a estas instancias, en las que el sagrado ámbito del teatro, un lugar de libre expresión y reflexión, es convertido en un ámbito de persecución judicial.

Así, el elenco gubernamental que venía a instaurar el diálogo entre los argentinos, muestra su verdadera cara, la de una administración que comienza a extender su persecución, ya instaurada en las redes y en las calles, al ámbito del arte y la cultura.

Me negué de plano a entregar el guión, no solo porque hacerlo significaría adjudicarle el carácter de una culpa que no existe, de un delito por el que nadie puede ser imputado, sino porque, además, ese guión puede ser consultado en la Sociedad Argentina de Autores (Argentores) donde fue inscripto.

Cualquiera que conozca mínimamente el sistema de inscripción de una obra teatral podría haberlo hecho, y a partir de allí, si pretendiera continuar con este dislate, proceder de oficio y determinar si la pieza tiene carácter discriminatorio. Pero no, la idea, claramente, fue amedrentar al autor de la obra, que en este caso es además el director y el actor; la pretensión fue invadir su ámbito de trabajo, con el público presente todavía en la sala, para conseguir el efecto intimidatorio adecuado a estas épocas.

Se me exige concurrir hoy a la fiscalía, so pena de realizar un allanamiento a mi domicilio. Lo haré el lunes, como consta en el acta labrada, para conocer, entre otras cosas, la identidad de las personas o de la institución que iniciaron esta persecución.

Entre otras denominaciones legales, se menciona una “unidad antiterrorista”. ¡¡Unidad antiterrorista!! Desde ya, le informo al elenco gobernante, que si es un acto terrorista mencionar a Hezbolá en una obra de teatro, me declaro culpable. Si lo es impugnar la delirante teoría de un comando iraní venezolano “asesinando” al fiscal Nisman, me declaro culpable; y si lo es afirmar que la voladura de la AMIA ha sido encubierta durante 25 años, pues también me declaro culpable.

A decir verdad, Hezbolá es un partido legal, que ni siquiera las Naciones Unidas han caracterizado como grupo terrorista, el fiscal Nisman se suicidó, lo que largamente ha demostrado la autopsia realizada por el Cuerpo Médico Forense, noción que han reafirmado entre otros, investigadores de fuste como Juan Salinas y Pablo Duggan, en varios y documentados libros, y la AMIA es una herida lacerante que ustedes mismos han procurado encubrir, tal como Mario Cimadevilla, quien investigó la causa en nombre del propio gobierno, ha demostrado.

Todas estas cuestiones han sido manipuladas por medios hegemónicos afines, hasta instalar teorías tan perversas como un candidato a gobernador enviando sicarios a matar a tres personas, o funcionarios del gobierno anterior con cuentas fantasmas en Delaware.

Ustedes se han beneficiado de esa confusión y de esa ignorancia instalada por los medios, hasta el punto de no reconocer los límites entre su propio delirio y la verdad. Intoxicando las cabezas de millones de argentinos, repiten que lo que ustedes hacen “no es relato”, pero cada una de sus acciones se sostiene sobre esta larga cadena de mentiras.

Sé que en caso de responder, procederán con el mismo mecanismo; dirán que se trata de una denuncia anónima, privada, de alguien que creyó advertir, tal como deslizaron los propios policías intervinientes ayer, algo “discriminatorio” en un video de promoción. Y luego alegarán que la fiscalía solo es un eslabón técnico judicial que solo procede con un trámite legal.

No es así. Ustedes han instalado este clima de persecución y muerte. Con la llamada “doctrina Chocobar” le han dado vía libre a los policías de San Miguel del Monte, con la muerte de Santiago Maldonado en oscuras circunstancias, habilitaron el asesinato de Rafael Nahuel; con la detención arbitraria e ilegal de los hermanos Salomón, procedieron ahora a invadir el ámbito del arte y la cultura.

Lo que se ha podido ver por las redes en estos días, además de un video de promoción de “La noche que Pepe Arias veló al fiscal”, fue la dedicatoria de la pieza: “A los hermanos Salomón, a la memoria de Héctor Timerman y a la heroica lucha del pueblo palestino”.

¿Creen que lo que pasó anoche es casual? ¿Suponen que ustedes no tienen nada que ver?

Ustedes detuvieron de manera humillante a los hermanos Salomón, la justicia manipulada por ustedes mismos le negó al ex canciller Timerman salir del país (algo que ni siquiera la dictadura le negó a su padre), y ustedes son los que acuden a un régimen terrorista para que sus ejércitos de ocupación entrenen a nuestras fuerzas policiales. Sí, ese régimen represivo es el mismo sobre el que todos los días se subleva el bravío pueblo palestino.

Ustedes no son el diálogo, ni la convivencia pacífica entre argentinos, ustedes no son la paz que sobreactúan con un “coaching” cada vez menos eficaz. Ustedes son esto, son la entrada a un teatro con fuerzas policiales para requerir el guión de una obra, desvergüenza que no se permitió siquiera el régimen militar.

En la memoria de los comediantes de stand up siempre estará presente Lenny Bruce, que no solo reformuló las reglas del género, sino que además, fue tan revulsivo que el propio estado de Nueva York lo censuró allá por los setenta. Para hacerlo, alguna vez dispuso policías durante su acto, y al finalizar, lo llevaron detenido junto con los espectadores.

Ustedes están a un paso de hacerlo, de hecho, casi cincuenta años después, han retrocedido hasta habilitar una forma de censura e intimidación hasta ahora desconocida. Han judicializado al arte. A favor de los efectivos policiales, hay que rescatar su buen trato, que tuvieran la cortesía de abonar sus entradas y que comentaran que la obra les había gustado.

No es poco para este autor que los designados como verdugos, simpaticen con lo que pasa arriba de las tablas. Al menos, han demostrado una humanidad y don de gentes que no tienen ni los denunciantes anónimos ni los que han propiciado desde el escenario político este estado de cosas.

Por mi parte, espero que el señor ministro de Cultura, don Pablo Avelluto, al menos se exprese sobre este episodio, y que la bancada cambiemita pida una reunión urgente en la comisión de Libertad de Expresión para repudiar estos hechos.

Por mi parte, “La noche que Pepe Arias veló al fiscal” seguirá representándose con toda su carga de sarcasmos, ironía y humor negro, haciendo lo que el teatro político tiene que hacer: es decir, hacer que duela, que se sepa, que al menos desde esa misa que es el teatro, la verdad se cuele por los intersticios del poder.

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Aquí, una reciente entrevista al autor:

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Notas

1) He escrito varios libros insistiendo en que los atentados fueron cometidos por mercenarios de una banda enquistada en la Policía Federal contratados desde el entorno del presidente Menem, pero tengo claro que gozaron de complicidad de algún sector de un servicio de inteligencia israelí, probablemente el mismo que le vendía armas a grandes traficantes árabes que instigaron el atentado luego de haber sido «mexicaneados» por los encargados de lavar y blanquear el producto de la venta de armas y drogas. Probablemente haya sido el mismo sector de los servicios de inteligencia israelí que estuvo involucrado en el asesinato de Rabin.

2) Que no es la única. Otra de sus fobias (que lo emparenta con la derecha trumpista), más allá de las «femirulas», es contra «los progres»,  etiqueta tan abarcativa que no define nada. Y entre los progresistas de los que Balmaceda abomina incluye a… Víctor Hugo Morales, a mi juicio el comunicador que, jugando en las grandes ligas, más hizo por esclarecer la verdad respecto a la muerte de Nisman. Se puede estar o no estar de acuerdo con VHM pero creo a rajatabla en su honestidad intelectual. A mi parecer, al atacarlo Balmaceda se comporta de manera infantil. Como si él fuera revolucionario y VHM retardatario cuando no reaccionario. No entiendo cual es la revolución que cree encarnar. Porque si se trata de construir mayorías, que es con lo que se ganan elecciones y se tienen posibilidades de transformar la aciaga realidad que estamos viviendo, no sobrará nadie y necesitaremos a todos los progres que, como VHM,  se sumen a la causa nacional.

Otra cosa: en la misma nota en que ataca a VHM, Balmaceda sostiene que la Argentina es el país en dónde más gente se suicida, un bolazo tremebundo que lo pone en pie de igualdad con el Milei que dice que a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX (época a la que nos quiere retrotraer) Argentina estaba en el podio de las potencias mundiales. Una lástima.

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Un comentario

  1. En ningún momento mencioné que se trató de un auto atentado. Luis D’elía hizo un aporte basado en el testimonio del secretario de Galeano, del que se desprende esta hipótesis, en el que afirma que la CIA y el Mossad fueron los autores. Si en mi asentimiento de su testimonio (que asegura se sostiene sobre un vídeo de 40 minutos) da la impresión de que avalo el auto atentado, la afirmación es incorrecta. De hecho, si lo pensara así, lo hubiera incluído en la obra.

    Sobre la cuestión «judíos de mierda», creo que queda largamente explicada en la entrevista, pero ya que se da esta oportunidad, me extenderé un poco más: como profesor de stand up en la AMIA, tuve una relación entrañable con todos los participantes de ese ciclo durante tres años (2007/09).

    Solo en 2014, y producto de mi opinión publicada en redes sociales sobre la operación»Borde Protector», desplegada en Gaza, se inició una campaña de agresiones, que comenzó a través de algunas discusiones que derivaron en amenazas como «grabarme una magem David en la frente» y «meterle un borsch en el orto».

    A eso se le sumó la página «Soy otro pelotudo que eliminó Carlos Balmaceda», con una foto de portada con mi cara con bigote hitleriano y un Twitter falso. De hecho, una ex pareja me previno sobre una maniobra que la involucraba, cuando la presionaron para que hiciera una falsa denuncia.

    El exabrupto ocurre como respuesta a esto, y de una manera en la que dirijo mis palabras, de la manera más ofensiva como suele ocurrir sobre todo frente a una agresión artera, al grupo que mueve estos hilos.

    No es que «advertí» que «está mal», (de hecho, mi convivencia y trato con la comunidad judía, mucho más cercana que la de cualquier «goi», incluído el autor de este blog) vuelve obvia cualquier prevención y monserga en ese sentido.

    En lo que el autor del blog no se detiene es en las amenazas previas y la confabulación, tendientes sin dudas a producir está reacción para luego proceder a la denuncia. La típica victimización sionista.

    Que Jorge Elbaum, el policía bueno del sionismo, insista en el programa de Sebastián Salgado en esta acusación, deja blanco sobre negro no solo el carácter de la denuncia, las agresiones previas (ocurridas en 2014) sino también el uso posterior que el cobarde de Elbaum sigue repitiendo 6 años después de que la emprendiera contra mi persona y mi obra.

    Lo curioso, o no tanto, es que Elbaum tiene una sola vía de acceso a esta información (solo disponible para los que estuvieron presentes en la mediación judicial) y es la DAIA, embajada paralela del régimen terrorista con la que presuntamente cortó vínculos en 2011, cuando asume con sueldo de embajador plenipotenciario en Cancillería para fogonear al nefando IHRA que equipara antisemitismo y antisionismo.

    Lo cierto es que, más allá de las consideraciones formales del autor del blog, y por supuesto de las presuntas «pruebas» de mi «antisemitismo» que presentó el cobarde Elbaum en Data Urgente, la mediación terminó «sin hechos ni derechos» y sin la consabida visita aleccionadora al Museo del Holocausto o la Casa de Ana Frank. Es decir, ni siquiera la sometida justicia argentina (más todavía, la de CABA en particular) consideró que detrás de mi insulto soez había una ofensa racista.

    De un modo similar, durante la polémica ocurrida en 2006, en el correo de lectores de «Barcelona» (que termina con la publicación de la carta más extensa en la historia del medio, escrita por este servidor), tampoco se consideró que el mote «ruso del orto» usado recurrentemente como un recurso retórico tuviera una motivación racista. Quien terció en aquella oportunidad fue el representante legal de la revista, el reconocido Pablo Jacoby, que para más inri, era judío.

    Hay un celo excesivo, cuando no temor inducido frente a cada una de las palabras que se usan contra probados genocidas y apologistas de crímenes de lesa humanidad como son los sionistas. Tengo para mí que es necesario utilizar artillería gruesa contra estos monstruos, los peores que ha dado la humanidad en los últimos 80 años.

    Corresponde a los judíos argentinos marcar ese distingo, ese «no en mi nombre» que hasta ahora se escucha con sordina. Por otra parte, a los que estamos en la tarea de denunciar los crímenes del sionismo, el uso del anatema más brutal es licito para crear conciencia sobre este enemigo.

    Quien tenga dudas, dése una vuelta por los videos de Hamza Sadah, joven palestino que ha recogido decenas de miles de testimonios en los que invariablemente reservistas israelíes e incluso niños, aprueban sin dudar el asesinato de criaturas en Gaza o directamente confiesan sus crímenes con una sonrisa cínica. Entonces, cómo no referirse a estos subhumanos en el momento de su desgracia como «basura despanzurrada», estimado Salinas.

    La entrevista es bastante completa y abarcadora, sobre todo en lo que se refiere al accionar del policía bueno del sionismo, el cobarde Elbaum.

    Pero como me he comprometido a denunciar sus difamaciones con pelos y señales, he aquí un recordatorio de sus felonías con sus correspondientes mentís:

    -«Judeofobia»: largamente rebatida en la entrevista de Radio Rebelde y específicamente en las líneas precedentes.

    -«Misoginia»: La sociedad argentina se convirtió en ferozmente macartista a partir del accionar público del feminismo punitivista que un servidor bautizó como femirulismo. El cobarde Elbaum, sin conocer un ápice de mi vida privada, no dudó en descalificar mi obra argumentando que era un «misógino» (??).

    En el programa de Salgado dio un paso más, leyendo una presunta «carta» de alguien que sería una «ex suegra». Sería tedioso y engorroso introducir al lector en estos vericuetos, pero la única persona con la que mantuve un vínculo similar recibió de mi parte una extensa comunicación detallando precisamente las difamaciones que aparentemente había hecho circular su hija, ausente en ese momento del país. La respuesta fue que «ni mi hija ni mi nieta ni yo tenemos nada que decir de vos».

    Solo el clima represivo de censura y persecución impuesto por el femirulismo pudo hacer posible que una especie de ese tenor se mantuviera por casi diez años reavivada por el cobarde Elbaum, que dicho sea de paso, como corresponde a su posicionamiento en la izquierda globalista, es un tenaz propagandista de la ideología de género.

    Al respecto, quiero agradecer al autor del blog que pese a recibir amenazas de dos mujeres que prefirió mantener en el anonimato, ha seguido publicándone luego de que lisa y llanamente pidieran mi censura.

    -«Malena Pichot»: el cobarde Elbaum afirma que la conocida conductora me ha «denunciado», mito propalado por un personaje similar al inefable Artem Resheniak. Ya pasé por Futurrock para concertar una cita y que me explique de qué se trata.

    -«Observatorio de Falsas denuncias»: no pertenezco, como afirma el cobarde Elbaum, al observatorio pero me precio de ser amigo y colaborar en lo que pueda con su referente, Andrea Guacci. Mi participación asesorando a Cris Cuicchi, en la 2da jornada sobre falsas denuncias, permitió que se conozca la desgarradora historia de Emanuel Gómez, su hijo, suicidado junto con otro medio centenar (insuficiente y artesanal cuenta personal) de varones falsamente acusados.

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